SARCASMO EN LA DIFUSIÓN DE LA GRAN MENTIRA. Por Rogelio A. Carega, Ph.D. Stanford University


El mentiroso más grande de la historia presidencial de los Estados Unidos, el ahora ex presidente, Donald Trump, anunció que va a lanzar una plataforma propia a la que sarcásticamente va a llamar Verdad Social. Su decisión se debe a que Facebook y Twitter le cerraron su cuenta por fomentar la violencia sobre la base de la gran mentira: que él ganó las elecciones, que hubo fraude y que Joe Biden no fue el verdadero ganador. Eso a pesar de los esfuerzos de los republicanos para probar que Trump tenía razón.

En efecto, los republicanos exigieron el recuento de votos. Se hicieron múltiples recuentos en los varios estados de los resultados de las elecciones, y quedó más que claro que no hubo fraude. Incapaz de aceptar su derrota, Trump recurrió a la vía judicial para anular algunos resultados debido a supuestas irregularidades en la forma de votación. Pero todas sus peticiones, cuarenta aproximadamente, fueron rechazadas por los juzgados.

Trump, cuando todavía era presidente, personalmente presionó a oficiales encargados de certificar el resultado de la votación en sus estados para que fabriquen votos que le den la victoria. Admirablemente, estas honorables personas, del mismo partido que Trump, se negaron a hacerlo, y declararon que no hubo fraude y que el ganador fue Biden. Cabe resaltar el coraje de dichas personas, entre ellas el Secretario de Estado de Georgia, Brad Raffensperger, quién no obstante las numerosas amenazas de muerte a él y a su familia y a la insistencia de Trump, no cedió a la enorme presión. De no ser por la integridad de dichas personas, el golpe de estado perpetrado por Trump hubiese tenido éxito.

No dispuesto a aceptar su derrota, Trump trató de utilizar otro subterfugio para  prevenir que se lleve a cabo lo que manda la Constitución Americana, es decir el traspaso pacífico de la presidencia al ganador de las elecciones. Para ello presionó a su vicepresidente, Michael Pence, para que impida el proceso de certificación de los votos del Colegio Electoral. Con dicha certificación por el Congreso Biden se convertía oficialmente en el nuevo Presidente electo.  Pero Pence, a pesar del violento ataque al Capitolio, tampoco se prestó y procedió conforme al mandato de la Constitución.

Así, gracias a la conducta honorable de algunas personas se frustró el intento de Golpe de Estado encabezado por Trump y apoyado por quienes prefirieron vender su dignidad y traicionar a la patria con tal de permanecer en el poder.

Aunque en este caso ha triunfado la verdad, el peligro y amenaza contra la Constitución y el sistema democrático persisten. Trump sigue realizando actos públicos que atraen a sus numerosos seguidores, donde repite ad nauseam que él es el verdadero ganador de las elecciones. Lo lamentable es que aproximadamente el 70 por ciento de los republicanos le creen y que los diputados y senadores republicanos que saben perfectamente bien que no hubo fraude, no se atreven a contradecir a Trump por temor a perder el voto de sus seguidores y a no ser reelectos. Cobardemente anteponen sus intereses personales al interés nacional e histórico de preservar el sistema democrático.

Cabe resaltar que Facebook y Twitter le cerraron la cuenta a Trump no solo por mentir sino por fomentar violencia y  por exhortar a la masa de sus seguidores a atacar el edificio del Capitolio, donde se reunían los miembros del congreso para certificar la victoria de Joe Biden y declararlo oficialmente presidente electo.

Por Rogelio A. Carega, Ph.D. Stanford University

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