TEXAS Y LA FALTA DE PREVISIÓN: LECCIÓN PARA OTROS PAÍSES.


Por Rogelio A. Careaga, Ph.D. por la Universidad de Stanford

La experiencia Texas debe servir de advertencia a otros países. Según la experta en cuestiones de cambio climático, Katharine Heyhoe, es importante que los países se preparen para enfrentar cambios climáticos.  La razón es que en adelante los cambios van a ser mucho más frecuentes. Según explica, en el pasado los cambios climáticos ocurrían dentro de parámetros menos amplios y eran más estables.

Es decir permanecían dentro de esos parámetros por largos períodos de tiempo. Las variaciones no eran drásticas. Por tanto era posible estimar la magnitud de los cambios y adecuar la infraestructura para esos cambios. Pero, debido al calentamiento global, actualmente los cambios salen de los parámetros normales, son más frecuentes, menos predecibles y van de un extremo al otro.

Por ejemplo, el clima oscila entre intenso calor y frío que congela, entre sequías e inundaciones. Asimismo, grandes tormentas y huracanes con mayor fuerza destructiva, acompañados de grandes precipitaciones parecen ser la nueva norma. Todo esto, según los entendidos, se debe al calentamiento global y a su efecto sobre las corrientes atmosféricas.

En efecto, en la zona del ártico la temperatura ha subido en 25 grados fahrenheit. El hielo se derrite y queda una masa de agua oscura que convierte la luz solar en calor. El Paraguay, aunque no es responsable del calentamiento global como lo son China, Estados Unidos, los  países europeos y otros más, lo mismo sufre las consecuencias. Así pues sería conveniente que nuestras autoridades presten atención a la advertencia de Katharine Heyhoe y de otros científicos y adopten las medidas necesarias para evitar una experiencia similar, aunque probablemente no idéntica a la de Texas.

En dicho estado un frío ártico, con temperaturas por debajo de cero celsius, castiga a su población. Y esto ocurre en medio de la pandemia. La inesperada llegada de este fenómeno climático tan severo y tan poco usual en un estado donde casi nunca nieva, está causando estragos. La población de Texas hace varios días se encuentra en situación crítica, sin electricidad, sin agua y sin calefacción.  Ni la infraestructura, ni las casas están preparadas para un invierno crudo como el que está pasando. El frío ya ha causado varias muertes. 

Es comprensible que las casas no estén preparadas para las bajísimas temperaturas registradas últimamente, ya que el problema de Texas siempre ha sido el calor intenso, tanto es así que el mayor uso de electricidad se da en el verano por el uso de los aparatos de aire acondicionado.  Sus generadores, sus redes de transmisión y distribución están preparadas para el calor pero no para este tipo de invierno.

Tampoco las cañerías están preparadas para temperaturas muy bajas. Cuando la temperatura se mantiene por debajo de cero grado, el agua que se encuentra en las cañerías se congela y hace que éstas revienten. Las plantas de tratamiento de agua no funcionan sin electricidad. Por eso las autoridades recomiendan hervir el agua para evitar enfermedades. Pero sin electricidad ni gas el problema es con qué hervir el agua. 

Ante la situación que vive Texas, cabe preguntar si esta calamidad pudo ser evitada. Es evidente que por lo menos pudo ser paliada si se hubiesen adoptado medidas para preparar la infraestructura para funcionar en estaciones de bajísimas temperaturas,  pero adoptar medidas preventivas tiene su costo. Y  cuando la maximización de utilidades gobierna las decisiones de las empresas del sector privado y el costo de las consecuencias recae sobre  la sociedad, solamente mediante reglas impuestas por el gobierno se logra que las empresas inviertan para prevenir futuros desastres.

De ahí la necesidad de contar con entes estatales reguladores de las compañías que proveen servicios básicos. No solo es importante contar con dichos entes sino también que cumplan su función a cabalidad. El problema surge también cuando éstas caen bajo el dominio o la influencia de las compañías sujetas a regulación. Eso parece haber ocurrido en Texas.

En el año 2011, dicho estado tuvo una experiencia similar y las compañías proveedoras de electricidad, todas ellas del sector privado, fueron advertidas sobre la necesidad de preparar sus equipos y redes para funcionar en condiciones de severo invierno. Pero las mismas  hicieron caso omiso a las recomendaciones. A su vez los entes reguladores, tal vez por ideología e influencia de gobiernos republicanos, no exigieron el cumplimiento de las recomendaciones. 

Para colmo de males, para evitar la injerencia del gobierno federal en su política energética, Texas optó por no conectar su red de transmisión y distribución a las de otros estados que podrían proveer electricidad en casos de necesidad. Es así que, paradójicamente, Texas, el mayor proveedor de petróleo y gas natural, combustibles utilizados para la generación de electricidad, esté en esta situación tan crítica y lamentable.

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