“Queremos sacarnos el complejo de la derrota sobre tema Itaipú”


 

Despacho.  Euclides Acevedo asumió como canciller

Despacho. Euclides Acevedo asumió como canciller, el cuarto en dos años y medio de gobierno, el 25 de enero, en reemplazo del embajador Federico González.NOTA: NUESTRO JEFE, EL PRIMER INVESTIGADOR DE ITAIPU PIDIO UNA ENTREVISTA CON ACEVEDO. FUE ACEPTADA EN PRINCIPIO PERO ELIMINADA POR ACEVEDO. QUISO NUESTRO DIRECTOR CONTARLE TODO EL PROCESO CON ESCOBAR FAELLA DICTAMINANDO Y DICIENDO QUE LA BINACIONAL ES UN ESTADO. AHORA CON LAS DECLARACIONES DEL CANCILLER   REPITIENDO EL CUENTO DE LAS USINAS DE TRANSMISIÓN QUE DEBEN SER HECHAS POR PY Y NADA DICE DEL PRECIO VIL QUE EL BRASIL VIENE PAGANDO ENTENDEMOS QUE ACEVEDO VA A VENDERNOS PUES NO QUIERE ESCUCHAR DE BUENA FUENTE LA VERDAD. SU VERBORRAGIA SE PREPARA AL ENGAÑO AL LEER SU ENTREVISTA

Euclides Acevedo es el cuarto canciller en dos años y medio del Gobierno que preside Mario Abdo Benítez. Por el cargo, al frente de la Cancillería Nacional, es quien debe liderar la revisión del Anexo C del Tratado de Itaipú. Una misión hacia la cual, reconoce, existe escasa credibilidad ciudadana, por lo que tiene como un objetivo inmediato transparentar todas las propuestas, criterios y recomendaciones que la comisión asesora, ad honórem, y otros actores de la sociedad produjeron y entregaron al Gobierno. Considera que este será el antídoto contra las especulaciones que son “la sombra que termina liquidando el horizonte de los intereses nacionales”. Descarta que la renegociación del Anexo C, marcada para el 2023, se adelante para este año. “Nuestra obligación como Gobierno es dejarle la mesa puesta al siguiente para que pueda gestionar la renegociación del Tratado y sus colateralidades. Esta es una cuestión de política de Estado”, dice. Con relación al Ministerio de Relaciones Exteriores, anuncia que no habrá cambio en el enfoque de la política exterior y que personalmente centrará su gestión en apoyar con la red de embajadas y consulados la salud pública, prepararse para la revisión del Anexo C, pero desde una perspectiva más amplia de política energética, y centrarse en la reactivación económica pospandemia. Está preparando viajes a Buenos Aires, Santiago y Brasilia. Dispondrá cambios en embajadas dando por terminadas las funciones a embajadores que ya deben jubilarse o cumplieron el plazo de permanencia en el servicio exterior. No se opone a modificar la Ley del Servicio Diplomático (Nº 1335) y a revisar el número de funcionarios en algunos consulados y embajadas.

–Usted viene resaltando que desde el Gobierno buscarán ganar la credibilidad ante la ciudadanía con respecto a la gestión en la renegociación del Anexo C del Tratado de Itaipú. ¿Cómo piensan hacerlo?

–En primer lugar, nosotros tenemos una cultura de la sospecha. Sumada a ella, hay una legitimada falta de credibilidad que viene como consecuencia del hartazgo social, de la medianía de la clase política, entonces, un tema sensible como la revisión del Anexo C va a tener que suponer como primera medida de la Cancillería, desmontar esa desconfianza. ¿Cómo hacerlo? Compartiendo información, análisis y propuestas que no van a ser todas necesariamente del Gobierno.

Una de las primeras labores que vamos a hacer es recolectar propuestas, opiniones, críticas, sugerencias, etc., etc. Entonces, a través de la coparticipación, de compartir informaciones en común, creo que no solamente intentaremos recuperar la confianza, sino hacer que las futuras propuestas tengan el respaldo mayoritario de la ciudadanía. No hay otra forma.

–¿Cómo?, si de hecho ya se recopilaron y procesaron esos aportes de los distintos sectores sobre el tema.

–Sí, pero no se divulgó. Necesitamos que el ciudadano común tenga acceso a la información. Lo que nosotros queremos es que lo que se posee, se divulgue al ciudadano común que finalmente es el destinatario de lo que quiera o pueda obtenerse en las negociaciones.

Este es un tema del que todo el mundo habla, y muy poca gente entiende, porque es un Tratado no leído, o habiéndose leído, se leyó mal. Y si se leyó bien, no se divulgó. Entonces, lo que queremos hacer es fumigar supersticiones, dejar de lado fantasías, y sacarnos el complejo de la derrota. Tener el consentimiento del éxito.

–¿Cómo lograr ese consentimiento del éxito?

–Sabiendo lo que se quiere, teniendo una estrategia sobre cómo obtener lo que se quiere y, por sobre todo, una unidad completa en el proyecto nacional. Esto último se obtiene entendiendo que los intereses nacionales abarcan a todos. No puede ser, jamás, porque sería una obscenidad, usar esto como recurso de campaña electoral.

–A esta altura, ¿se sabe ya lo que se quiere obtener de la revisión del Anexo C?

–Creo que de alguna manera se sabe. Lo que tenemos que precisar es lo que se sabe. En primer lugar, 50% de la producción de Itaipú ñanemba’e (es nuestro). Esto no se puede discutir. En segundo término, los tratos tienen que ser paritarios, esto es un contrato donde cada uno defiende los intereses expuestos en el propio Tratado. Lo que queremos es no agotarnos en la revisión del Anexo C. Me gustaría formular un alcance moderno a la renegociación del Anexo C, crear un nuevo escenario regional en el sentido de usar este recurso energético como una fuente de despegue de desarrollo continental. Y paso a exponer ejemplos muy sencillos: tenemos que hacer que se construyan las esclusas, que forman parte del Anexo B. A lo mejor necesitamos dos turbinas más. Estos dos proyectos significan 3.000 millones de dólares.

Tenemos el proyecto hidroeléctrico Corpus Christi, que puede ser una obra trinacional que Itaipú podría financiar. Ya le estamos incorporando a otro socio. Más abajo tenemos el proyecto de la central hidroeléctrica de Itatí e Itá Corá. Todas estas obras implicarían alrededor de 11.000 millones de dólares, pero no nos quedemos en esta cifra, sino miremos el desarrollo de toda la región, pero contemplando los presupuestos universales del medioambiente. Todo esto hay que debatir, hay que divulgar y no fijarnos solo en la revisión del Anexo C. Todos tenemos que saber de esto y no sea que Itaipú domine solamente los siete sabios de Sión.

–¿Podría convertirse así en una causa nacional?

–La causa nacional no es otra cosa que un movimiento cívico, pluralista, sin exclusiones, pero con rigor, fuera de la superstición política, fuera del curanderismo político. Oî ningo la oentendevea (Existen los que más saben del tema) y la función de la Cancillería es hacer eso. Para mí lo fundamental, antes que cualquier revisión o negociación, es la construcción de nuestra red de transmisión. Eso tenemos que hacer sí o sí, ¡de ser posible este año! Ma’era eguerekota la energía, nikatumoairo remoguahé (para qué poseer o disponer de la energía si no la puedes transmitir). Necesitamos una autopista energética, que es la red de transmisión, que es la famosa línea de transmisión de 500 kV.

–¿Cuáles son las fantasías que a criterio suyo instalaron algunos en torno a la revisión del Anexo C del Tratado de Itaipú?

–Creo que aquellos industriales de la discordia, sin el fundamento argumental del conocimiento, terminan dividiendo a la sociedad y al Estado. Esto a los únicos que beneficia es a los brasileños.

La causa nacional pues supone trabajar en conjunto, nada debajo de la mesa. Cuando se es transparente y claro, cuando no se tiene nada que ocultar, se evita la especulación. Esta es la sombra que termina liquidando el horizonte de los intereses nacionales. Eso es muy importante señalar. Por eso digo, payadores, supersticiosos, curanderos políticos: no hay sitio para eso. El patriotismo es el aporte con la inteligencia a los intereses nacionales. Si entramos (por el proceso de revisión del Anexo C) con el maniqueísmo, entreguistas versus patriotas, estamos fritos.

–Pero eso está instalado…

–Sí, pero el tema es saber quiénes lo instalaron y para qué. El maniqueísmo político jamás contribuyó al progreso de los pueblos.

–¿Tiene identificados quiénes propician ese maniqueísmo?

–No tengo una información calificada, pero el resentimiento social es grande y con este es muy difícil de negociar. Y esto va a requerir un análisis más cercano al sicoanálisis que a la sociología.

–¿Cómo blindar de las cuestiones electorales un tema de Estado como este y lograr la unidad completa, como dice usted, en torno a él, considerando que el electoralismo difícilmente se detenga hasta el 2023?

–El electoralismo tiene siempre la vinculación tóxica del populismo. Ahora bien, pregunto: ¿les parece que Itaipú puede formar parte de una campaña electoral municipal? Eso sería realmente un despropósito y un insulto a la inteligencia. Ahora, a partir del 2023 probablemente sea otra cosa. Nuestra obligación como Gobierno es dejarle la mesa puesta al siguiente Gobierno para que pueda gestionar la renegociación del Tratado y sus colateralidades. Porque esta es una política de Estado, da igual que quien venga sea del mismo partido o contrario. Esto nos va a unir a todos, como nos unió el Chaco, nos unirá Itaipú.

–Por cuanto dice, ¿hay que descartar entonces que se pueda adelantar y empezar este año la renegociación marcada para el 2023?

–La renegociación puede hacerse en cualquier momento. No creo que sea prudente ahora. Lo que sí son necesarias son las formulaciones para que efectivamente se puedan ir gestionando. Las negociaciones políticas se hacen con anticipación. Esto implica información adecuada, análisis de lo informado y propuestas que tienen que ser discutidas, pero siempre teniendo en cuenta que es una política de Estado. Quién se va a oponer a la utilización inteligente de nuestro capital energético.

–¿Tiene intenciones de imprimir su impronta al servicio exterior como cuarto canciller en dos años de este Gobierno y en un escenario de pandemia?

–Al hacernos cargo de la Cancillería nos propusimos tres objetivos para lo que tiene que servir nuestra gestión: uno es la salud pública, les sonará desubicado esto, pero todo lo que haga la Cancillería en primer lugar tiene que ser en favor de este tema, porque estamos en pandemia. Dos, la revisión del Anexo C del Tratado de Itaipú. Tres, la reactivación económica. Con un pueblo enfermo y, si no se tiene el presupuesto de nuestro capital energético, la reactivación no será posible.

Y sobre su pregunta, cada canciller deja una impronta especial; yo, para nada tengo la pretensión de dejar mi marca. Soy respetuoso de lo que han hecho mis antecesores. La política exterior es política de Estado. En este momento, nuestro desafío es cómo administrar la pospandemia y qué características particulares van a tener hoy las relaciones internacionales.

–Que ha cambiado….

–Absolutamente, en todo el mundo.

–¿Y la Cancillería Nacional está preparada en ese sentido?

–Absolutamente. Acá el único que no es profesional es el canciller. El resto de mis colegas son profesionales de primerísimo nivel. Por eso, una de las cosas que tengo que hacer es cuidar a la tropa de la Cancillería. ¿Cómo?, manteniendo su calidad de conocimiento y buscando la equidad salarial. Esto implica un mayor presupuesto. En la práctica, la Cancillería es el departamento de relaciones públicas del país, de los comerciantes, de la producción, de los industriales y de la producción intelectual. Para mí es muy importante en esta causa nacional y cultural, y eso también tenemos que exponer al mundo.

–¿Cómo piensa encarar el déficit presupuestario que arrastra el Ministerio de RREE?

–Afortunadamente tengo muy buena relación con el Parlamento y con el Ministerio de Hacienda. Yo tengo que aprovechar esto para reprogramar no solamente mi presupuesto en términos aritméticos, sino en explicar su racional aplicación. Vamos a aplicar austeridad, pero no pobreza. Tener embajadas funcionales no quiere decir ostentosas. Vamos a volver a tener nuestra embajada en la Unesco y vamos a potenciar el Centro Cultural en Buenos Aires. Para nosotros esto es fundamental. Cómo vamos a reactivar la economía con un pueblo desvinculado de los avances de la ciencia.

–Algunos senadores de la Comisión de RREE critican la superpoblación de funcionarios en algunas representaciones diplomáticas y consulares del país, así como el que mantengamos 13 consulados en la Argentina. ¿Prevé revisar estos temas o no son una prioridad?

–Nosotros tomamos nota de todo eso que es un escenario real. De hecho, cómo tener 4 funcionarios en Marruecos y dos en Japón. Es irracional. Otro ejemplo, nuestro Consulado en Foz de Yguazú es el que más aporta a la Cancillería: 400.000 dólares al mes, y tiene 10/12 funcionarios. Curitiba aporta 400 dólares, y tiene la misma cantidad de funcionarios. Tenemos que racionalizar, esto no es un problema de caprichos ni privilegios. Al contrario, privilegiados, abstenerse. Se trata de racionalidad al servicio de la producción nacional y de la gestión internacional moderna.

–¿Su administración podría revisar toda la red de embajadas y representaciones consulares, entonces?

–Sííí. Y tenemos que mejorar nuestro sistema tecnológico. Nuestro parque informático tiene que ser un capital secreto de la Cancillería. No obstante, esto no va a ser el legado del canciller Acevedo. ¡No!

Yo voy a dar continuidad a las pretensiones de mis antecesores. Todo esto que estoy diciendo no es ocurrencia mía. Está en la carpeta, ya lo quisieron hacer los otros. Espero no morirme en el intento.

–Hay embajadores que ya cumplieron el plazo legal de permanencia en el servicio exterior, ¿qué hará al respecto?

–Van a venir todos, inmediatamente. Tenemos que hacer cumplir la ley. Tienen que venir los que cumplieron el plazo y los que tienen que jubilarse. Tiene que circular, moverse esto.

–¿Ve necesario realizar algunos cambios a la Ley 1335 del Servicio Diplomático y Consular, que ya tiene 22 años, para aggiornar el servicio exterior a los nuevos tiempos?

–Si hace falta una nueva ley que sirva a los intereses del país, fantástico. Pero la producción legislativa tiene que estar supeditada a la armonía entre el destinatario de la ley y quienes la produzcan. Lo peor que podemos hacer es negarnos al debate. Las leyes no son perennes.

–¿Existe la posibilidad de que la Cancillería insista ante el Gobierno argentino sobre la apertura de las fronteras con nuestro país?

–Sí, estoy esperando el momento oportuno para visitar Buenos Aires. Uno de los temas a abordarse es el de la situación en las fronteras. Mi obligación es defender los intereses de mis compatriotas que trabajan en la frontera y dependen del comercio fronterizo.

Tengo que defender a los comerciantes y empresarios de Encarnación, Pilar, y de Alberdi. Así como en su momento lo hicimos con los de Ciudad del Este, Salto del Guairá, Bella Vista, Pedro Juan Caballero.

Se trata de conversar cómo combinar el protocolo sanitario con el protocolo comercial, y eso se hace solamente a través del diálogo, no por nota. El trato personal produce efectos fantásticos. Se solucionan muchos obstáculos burocráticos y administrativos. Tengo comprometido ya ir a hablar con las autoridades argentinas en Buenos Aires. También voy a ir a Santiago y a Brasilia.

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