UN BORRADOR REVISADO DE NUESTRA LIBERTAD DEL 15 DE MAYO DE 1811


Por Osvaldo Bergonzi, director de  EL COLORADO (Primera parte)

Debemos nuevamente formular algunas interrogaciones. 1.- América fue artífice de su independencia. 2.- Paraguay fue el artífice de su independencia.

La revolución inglesa 1620 – 1639 y el nacimiento de la revolución industrial, la revolución francesa 1789 – 1804, Napoleón 1804 – 1815 y la revolución americana 1774 – 1779. Cuando Cronwel le corta la cabeza al Rey Carlos I de Inglaterra comienza el republicanismo democrático o como se desee llamarlo dado que la cámara de los comunes solo se reunía a pedido del Rey y luego de la Revolución de Cronwel, ya se auto convocaba. Por su lado la revolución francesa ya habla de la separación de los poderes. Solo existe un poder. Pero al efecto de la funcionalidad se dividen en tres. El filósofo Montesquieu es el libro de cabecera de la lumbrera americana, Thomas Jefferson. Por su parte la revolución americana puede darse el lujo de rebelarse al nieto del rey a quien habían cortado la cabeza, CARLO III.

El precursor en América hispana fue Francisco de Miranda. Este importante personaje casi no es citado por historiadores paraguayos ni americanos salvo los venezolanos. Lo cierto constituye que la revolución por la independencia de los Estados Unidos respecto de Inglaterra, es decir, de las 13 colonias americanas originales tributarias del océano atlántico, se produce durante el congreso de las referidas colonias el 4 de julio de 1784 en la ciudad de Filadelfia. Allí declararon su independencia y cuyo testimonio con las firmas de los primeros patriotas se puede leer en la biblioteca nacional de Washington D.C. Luego llega la revolución Francesa el 14 de julio de 1789, el primer grito de libertad en Francia. Sin embargo en Sudamérica otra constituye la causa de su liberación respecto de España. Un nuevo régimen se apoderó del mundo y un nuevo líder lo impulsa a dominar casi toda Europa. Su nombre, Napoleón Bonaparte. Pero sus hazañas no tienen mayor relevancia que el asombro, asombro que llega al temor cuando en Sudamérica se enteran que general Francés hasta entonces victorioso, invadió España y apresó a su rey, Carlos IV. En tanto a su heredero, Fernando VII, lo tiene preso en Paris. Cuando estas noticias llegan al Virreinato del Rio de la Plata estalla la indignación del pueblo. Fue entonces que un general inglés, de motu proprio intento y tomó su capital, Buenos Aires. Es bueno recordar que la revolución industrial inglesa generaba manufacturas a bajo precio y era preciso venderlas en el mundo. Pero España ejercía un monopolio en que solo ella podía disponer de sus importaciones y exportaciones y eso incluía a todas sus colonias diseminadas por el mundo. Reinaba en Inglaterra una gran monarca,, Isabel I, que propiciaba la piratería en el Caribe con los navíos españoles cargado de oro y plata del Perú. Numerosos corsarios ingleses sorprendían a los pesados buques españoles en la ciudad de Cartagena, Colombia. Allí levantaron un alto muro a 200 metros de la costa lo cual permitía matar a los piratas que se acercaran. Cartagena era una ciudadela rodeada de tal empalizada que hasta hoy es visitada, Por su lado en Buenos Aires los ingleses son rechazados. Tropas del Uruguay y el Paraguay vienen en su socorro y vences a los ingleses. Entre los paraguayos milita un brioso capitán, Fulgencio Yegros, entre otros paraguayos. Pero los ingleses no se dan sosiego. Vuelven y toman Montevideo. Entre tanto siembran la semilla de la libertad diciéndoles a través de su periódico, Estrella del Plata, que los americanos tenían el derecho de vender y comprar al mejor postor. La verdad era que los manufactureros ingleses necesitaban vender sus mercancías dado que la nueva armada de la reina Isabel, se sostenía gracias al aporte de los industriales ingleses. Es en ese momento que toman partido en el desafío los Masones. Estos personajes estaban ligados a la banca y manejaban mucho dinero. Fue así que invitaron a jefes destacados en España durante las invasiones napoleónicas. Entre ellos, José de San Martín y Carlos María de Alvear. El primero había participado decididamente en Bailen una batalla ganada por los españoles y donde San Martín recibió los honores. Los ingleses propiciaron la fundación de una logia masónica con el pomposo nombre de LAUTARO. En tanto les pagaron su estadía y emolumentos en Londres a los jefes referidos hasta hacerlos volver al Rio de la Plata.

Pero antes, los porteños de Buenos Aires lograron independizarse reconociendo a Fernando VII como soberano. Ambos monarcas Carlos IV y Fernando VII estaban bajo el control de Napoleón. Eso hizo posible introducir la trampa jurídica para logran sus fines. Fue Juan José Castelli el adalid del 25 de mayo de 1810 fecha de la independencia del Virreinato del Rio de la Plata. Su biógrafo, Julio César Chaves, nos relata la trampa. En esos tiempos los monarcas recibían el poder de Dios. Pero Castelli significó que el poder de Dios les venía a los monarcas del Pueblo Soberano. Y como Carlos y Fernando estaban presos. El pueblo recuperó el poder y nombró una nueva junta de gobierno. El virrey Cisneros quedó atragantado sin poder reaccionar. Fue destronado con buena imaginación. Acto seguido, el nuevo presidente, Cornelio Saavedra, nombra a una nueva junta y a un nuevo tribunal de apelación – Audiencia-, con hombres de su entera confianza. Juan José Castelli y Manuel Belgrano tenían estudios jurídicos en común donde trabajaba un joven procurador Paraguayo, Fernando de la Mora. En tanto Castelli se había recibido en la universidad de córdoba y lo había conocido y tratado a José Gaspar de Francia que como se verá serán ambos paraguayos grandes protagonistas.

Si uno lee los documentos que precedieron al 25 de mayo de 1810, fecha que según los argentinos se produce su independencia, no se entiende muy bien dado que los allí reunidos juran lealtad a Fernando VII. Además Buenos Aires cree que puede convocar a un congreso a delegados de la Banda Oriental, Paraguay y Perú. Al no tener respuesta envían a tomarlos por la fuerza a estas provincias que integraban el virreinato del río de la plata.

Esta noticia sensacional llega a América poniendo inmediatamente en la cuerda floja los lazos administrativos con la metrópoli del viejo mundo en estas latitudes. Del poder proveniente de Dios, los monarcas reparten una migaja a sus representantes en el nuevo mundo sea bajo el instituto de virreinatos o capitanías según cada lugar y circunstancia. Estos a su vez delegaban el poder a los gobernadores de cada provincia sometida a su jurisdicción. Pero un hecho nuevo como la señalada invasión inmediatamente convulsiona a la América hispana pues los poseedores de los sellos reales están presos o escondidos, a la vez que ni entre ellos se llevan bien a pesar de tratarse de padre e hijo. Al principio parece que España seguirá en la liga napoleónica, consecuentemente sus dominios allende el atlántico supuestamente quedarán resguardados. Pero Inglaterra así como apoyaba a Portugal, vio en España la tabla salvadora y buscó su alianza. Fracasado su plan debido a la iniciativa del emperador francés, se lanza a conquistar el Rió de la Plata y con ello comienza una nueva historia sudamericana entre los futuros países tributarios del río de la plata.

En esta época se produce con Artigas un encuentro con un joven ingles quien conoce a los protagonistas del río de la plata, Juan Robertson. El visitó el campamento de Artigas y nos cuenta. “Sin más preludio o disculpa puso en mi mano un cuchillo y un asador con un trozo de carne muy bien asada. Me rogó que comiese y luego me hizo beber, e inmediatamente me ofreció un cigarro. Participé de la conversación; sin apercibirme me convertí en gaucho; y antes que yo estuviese cinco minutos en el cuarto, el general Artigas estaba de nuevo dictando a sus secretarios y despachando un mundo de asuntos al mismo tiempo” “Muy poco después de estallar la revolución (Libertadora), los habitantes de Buenos Aires se mostraron inclinados a enseñorearse de las ciudades y provincias del interior. Todos los gobernadores y la mayor parte de los funcionarios superiores eran nativos de aquel lugar; las ciudades eran guarnecidas por tropas de allí; el aire de superioridad y, a menudo, arrogante de los porteños disgustaba a muchos de los principales habitantes del interior, y los hacía ver en sus altaneros compatriotas solamente otros tantos delegados sustitutos de las antiguas autoridades españolas”

Hemos visto como se condujeron los porteños tratando de imponer una autoridad que ni de hecho ni de derecho la tenían. Acá se encuentra la explicación para que la inmensa mayoría de las provincias rechazaran tal pretensión al extremo que en un momento dado Buenos Aires para sobrevivir deberá en el futuro hacer carpa aparte convirtiéndose en un Estado independiente a la par que aislado de los demás. Al principio las provincias se limitaron a observar los hechos luego del 25 de mayo de 1810. Nuestro joven observador que vivió de cerca los acontecimientos nos explica:

“Por consiguiente, tan pronto como las armas de Buenos Aires sufrieron reveses en el Perú, Paraguay y Banda Oriental, las ciudades del interior se negaron a obedecer, nombraron gobernadores de su elección, y para fortificar sus manos, pidieron la ayuda de Artigas, el más poderoso y popular de los jefes alzados. Así quedaron habilitados para hacer causa común contra Buenos Aires”. Esto lo descifra una persona de de 20 años sin muchas vueltas, lo mismo que más tarde lo harán investigadores de la historia con mayor documentación. Así hablan los porteños: “Sería muy del caso atraerse a dos sujetos por cualquier interés y promesas, así por sus conocimientos, que nos consta son muy extensos en la campaña, como por sus talentos, opiniones, concepto y respeto; como son los del Capitán de Dragones don José Rondeau y los del Capitán de Blandengues don José Artigas; quienes, puesta la campaña en este tono y concediéndoles facultades amplias, concesiones, gracias y prerrogativas, harán en poco tiempo progresos tan rápidos, que antes de seis meses podría tratarse de formalizar el sitio de la plaza”.

El joven Robertson nos habló de arrogancia y tuvo mucha razón. ¿Se puede concebir una nota tan hiriente solicitando el concurso de gente que va exponer la vida llamándoles “sujetos que por cualquier interés o promesas” van a enrolarse en las filas? Qué creen los porteños que es el capitán de blandengues es… ¿un mercenario?, ¿un ambicioso de riquezas? Este plan va a nacer nonato en su esencia dado que los posibles actores son tenidos de menos de entrada. Basta con meterle unos pesos en el bolsillo y una alta graduación para responder a las órdenes como pajes, supone Mariano Moreno, el nuevo líder de Buenos Aires. Este forzó la invasión a las referidas provincias. Manuel Belgrano a punto de dar batalla en Cerro Porteño viene al Paraguay para tomarlo por la fuerza. Pero fracasa. Acampa en el Cerro más tarde llamado Porteño cerca de la ciudad de Paraguarí y al parecer parece llevarse las palmas de la victoria. Pero el jefe paraguayo Gamarra reacciona y él logra la victoria. Los porteños se dan a la fuga y son perseguidos de cerca (continuará)

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