EL DECRETO DE UN GOBIERNO ABYECTO Y TRAIDOR


7 Votos. Escribe el doctor Humberto Zaracho.“Nadie es Héroe contra su Patria” : Víctor Hugo

El 19 de enero de 1906 fallecía en Buenos Aires el general Bartolomé Mitre, ex presidente de la República Argentina. Durante su gobierno, junto con el esclavólatra emperador Pedro II y el general uruguayo Venancio Flores, se unieron para traer la guerra al Paraguay, so pretexto de “liberarla del tirano Francisco Solano López” (?). El conflicto fue denominado por el ilustre argentino Juan Bautista Alberdi como la Guerra de la Triple Infamia, la cual fue injusta, despiadada y genocida. Bartolomé Mitre nunca ocultó su desprecio al Paraguay. Creó una escuela histórica que sistematizó la corriente ideológica adversa a nuestro país. “En sus obras Historia de Belgrano y en algunos pasajes de la Historia de San Martín, cooperó vigorosamente a suscitar erróneas interpretaciones. En ésta última sostuvo que el Paraguay obedecía por instinto a su naturaleza, siendo el producto de una civilización embrionaria injertado en el tronco de una raza indígena, que no había alcanzado a encontrar dentro de sí mismo los gérmenes fecundos de la vida orgánica” (1).

En el mismo día del deceso, el gobierno paraguayo dictó un Decreto que dispuso “SE MANTENGA IZADA LA BANDERA NACIONAL A MEDIA ASTA EN LAS OFICINAS PUBLICAS POR LA MUERTE DEL TENIENTE GENERAL BARTOLOME MITRE”. El Artículo 1º ordenaba: “Manténgase la Bandera Nacional a media asta en las oficinas públicas en los días 20, 21 y 22 del corriente COMO HOMENAJE A LA MEMORIA DEL ILUSTRE DIFUNTO”. El abyecto documento fue firmado por el Presidente de la República Dr. Cecilio Báez y el Ministro de Guerra general Benigno Ferreira. De este modo el máximo ideólogo del Partido Liberal y el ex integrante de la “Legión Paraguaya” rindieron su postrer homenaje a uno de los autores del genocidio paraguayo, crimen de lesa humanidad de la que millones de argentinos y brasileros se sienten avergonzados. Algo digno de comentar es que en la edición del mismo día el periódico liberal ALONrecordaba a Benigno Ferreira como en una época anterior, siendo él Ministro del Interior en el gabinete de Salvador Jovellanos, se había incautado de muchísimas libras esterlinas de los empréstitos de 1871 y 1872, y cómo había dilapidado dinero del Estado (o se había quedado con ellos) mediante negocios sucios, tales como el de la compra de 20.000 bueyes y 80.000 arrobas de maíz que debieron ser distribuidos entre los pobresY días después, en febrero 12, recordaba también a Ferreira que ese día se cumplía el 33º aniversario de su fuga de Asunción hacia Buenos Aires después de los sucesos de 1873, que culminaron en Campo Grande, llevándose muchas de las 125.000 libras esterlinas depositadas en casa de Salvador Jovellanos, y que jamás ingresaron en arcas fiscales” (2).

Ahora bien, cabe preguntarse ¿cuales fueron los motivos que impulsaron a Cecilio Báez y a Benigno Ferreira adoptar tan ruin resolución? El primero sostuvo con su discípulo Juan E. O´Leary una célebre polémica entre los meses de noviembre de 1902 a febrero de 1903. La controversia surgió a raíz de las expresiones de Báez escritas en el diario “El Cívico” en la que descargó todo su odio sobre el Mariscal López: “…El Paraguay es un pueblo cretinizado por secular despotismo y desmoralizado por treinta años de mal gobierno….” A su vez O’Leary replicó a su ex maestro en el diario “La Patria”: “Nos da vergüenza reproducir estas palabras escritas por un ciudadano a quien, no hace mucho, hemos recibido con vítores, a quien hemos saludado como el representante legítimo de la juventud paraguaya….Nosotros, que somos paraguayos, nosotros que para los paraguayos escribimos, protestamos en nombre de todos nuestros conciudadanos indignados por las palabras del doctor Báez, a quien no concedemos derecho alguno de llamarnos cretinos y cretinizados”.

¿A qué había obedecido este giro historiográfico de Báez? El mismo O’Leary sostuvo en el inicio de la polémica que “los viajes, el trato con la gente más civilizada, el espectáculo de pueblos cultos e instituciones grandiosas, variaron totalmente su personalidad. Después de su primer viaje a Buenos Aires volvió amigo de Mitre y partidario de la Argentina. Después del segundo viaje volvió enemigo del Paraguay, aunque quiera disimularlo”.

En cuanto al “legionario” Benigno Ferreira, de triste memoria, nació en Limpio el 3 de febrero de 1846. Fue hijo de Concepción Ferreira, de padre desconocido. Según el historiador Manuel Pesoa, su padrino de bautismo fue el general Justo José de Urquiza, representado por el cónsul argentino José Tomás Ramírez. Aquel envió a su ahijado una beca de estudios en el Colegio deConcepción del Uruguay (Provincia de Entre Ríos). Más tarde inició sus estudios de abogacía en la Universidad de Buenos Aires, que lo interrumpió al estallar la Guerra de la Triple Infamia alistándose a la “Legión Paraguaya”, de la que fue fundador junto con otros paraguayos fanáticos antilopiztas. Ferreira fue, además, uno de los legionarios que influyeron para la rendición del contingente paraguayo en Uruguayana comandado por el coronel Antonio de la Cruz Estigarribia. Posteriormente prestó servicios en el ejército argentino a las órdenes del mercenario general uruguayo Wenceslao Paunero, donde alcanzó el grado de capitán. Este se hallaba encargado de reprimir los alzamientos de los caudillos provinciales contra el gobierno mitrista, quienes se negaron a ser cómplices en el genocidio contra el Paraguay.

Ferreira jamás sintió ningún remordimiento de haber servido en el ejército de “Don Bartolo”, como se lo llamaba irónicamente a Mitre, que armó y utilizó a la “Legión Paraguaya” para combatir y matar con saña y crueldad a los paraguayos que la defendían con bravura y patriotismo. Por el contrario, sin ningún rubor confesó: “La verdad es que haber sido legionario, lejos de ser depresivo, es un título honroso, en el sentido de haber combatido la tiranía y procurado la libertad de su patria. Los que se han sacrificado por tal causa, lejos de ser calificados de traidores, han sido considerados por los pueblos oprimidos, como patriotas y libertadores” (3).

Ante esta afrenta, el cantor de nuestras glorias escribió: “Un mitrista tiene que sentir y pensar como un legionario, ya que son manifestaciones de un mismo fenómeno moral. Fraternizan en el odio al Paraguay y un mismo rencor les anima contra el grande hombre proclamado un día SALVADOR DE BUENOS AIRES Y UNIFICADOR DE LA REPUBLICA ARGENTINA. Están en el mismo plano y están vinculados por la misma tradición familiar” (4).

El sadismo que los legionarios exhibían contra sus compatriotas llegó a despertar la reacción de los propios jefes militares argentinos. Uno de ellos, el coronel Donato Alvarez, después de la matanza de Campo de Pedrozo, el 8 de agosto de 1869, informó a Mitre lo siguiente: “He debido ordenar la vuelta del Escuadrón Paraguayo, para ponerse a disposición de Vuestra Excelencia, pues el ardor que esta gente muestra al encontrarse con sus compatriotas, les lleva a cometer excesos de mortandad y pillaje que comprometen la disciplina de las demás tropas y la rapidez de los movimientos exigidos a la vanguardia. En la reciente acción, no obstante las órdenes perentorias que expedí, no se pudo evitar que saquearan las 17 carretas que el enemigo tenía consigo, acuchillando a los carreteros que trataban de conducirlas fuera del combate” (5).

Cuando en enero de 1969 Asunción fue ocupada por las tropas de la Alianza regresó al país, dedicándose al periodismo y a la política. Fue uno de los redactores del diario La Regeneración; y al año siguiente colaboró en la formación del Gran Club del Pueblo (origen del Partido Liberal) que dirigía Facundo Machaín. Semanas después se le designó comandante de Batallón de la Guardia Nacional con el grado de Sargento Mayor. En julio de 1873 se le confiere el grado de Coronel Mayor, grado que no existía en el escalafón militar paraguayo pero sí en el de la República Argentina como equivalente al de General de Brigada, lo cual es poderosamente sugestivo. Por desavenencias surgidas entre los ex legionarios fue al exilio en la Argentina en 1874, regresando al país en 1895. Se incorporó al Partido Liberal y lideró el grupo de los “cívicos o civiquistas”. Siendo el presidente de este partido encabezó más tarde la revolución de 1904, financiada por grupos financieros portuarios de Buenos Aires, que derrocó al Partido Colorado y dio inicio a la prolongada anarquía que vivió nuestro país. Fue ministro en el gabinete de varios presidentes liberales, entre ellos el Dr. Cecilio Báez, en el que ocupó la cartera de Guerra y Marina. En 1906 le sucedió en la presidencia de la república, y en retribución de favores, designó a aquel como ministro de Relaciones Exteriores. El 2 de julio de 1908 se produce un levantamiento cívico militar con el mayor Albino Jara a la cabeza, secundado por los dirigentes de la fracción radical del Partido Liberal. Después de dos días de duros combates en la capital el ex integrante de la “Legión Paraguaya” se rindió a los insurrectos y presentó renuncia al cargo. El saldo de esta calaverada política fue la de una gran cantidad de bajas humanas, decenas de edificios y casas en ruinas, y el inicio de la prolongada anarquía que experimentó el Paraguay. Sus correligionarios liberales de la fracción victoriosa enviaron a Ferreira al exilio de donde nunca regresó. Vae victis, ¡Ay de los vencidos!, como lo diría Breno, el galo vencedor. Falleció en Buenos Aires, en medio del olvido, el 24 de noviembre de 1920. Con su derrocamiento el sector cívico fue definitivamente defenestrado del poder político, naciendo lo que fue conocido como la hegemonía del radicalismo, cuyo jefe fue otro triste personaje el coronel Albino Jara.

NOTAS:

(1) ARTURO GARCÍA MELLID, “Proceso a los falsificadores de la historia del Paraguay”, Tomo II, Ed. Theoría, pág. 201, Buenos Aires, 1964

(2) CARTILLAS POLITICAS Nº 28, Publicación de la Honorable Junta de Gobierno del Partido Colorado, 30-VIII-1959, págs. 7/8, Asunción

(3) ARTURO BORDON, “Historia Política del Paraguay”, pág. 19, Talleres Gráficos ORBIS, 1976

(4) JUAN E. O´LEARY, “Prosa Polémica”, Ediciones NAPA, pág. 41, Asunción, 1982

(5) ARTURO GARCÍA MELLID, op.citada, pág. 408

One Response to EL DECRETO DE UN GOBIERNO ABYECTO Y TRAIDOR

  1. Rogelio A. Careaga dice:

    Buenísima contribución para el conocimiento de nuestra historia.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: