CAUSAS INLUYENTES DE LA GUERRA CONTRA LA TRIPLE ALIANZA


Escribe el Dr. ANDRES HUMBERTO ZARACHO

1. Introducción: la crisis política del Uruguay

Al inicio de la década de los 60´ del siglo XIX la situación geopolítica en el Río de la Plata era bastante compleja. El Uruguay estaba inmerso en una guerra civil entre el gobernante Partido Blanco o Nacional y el Partido Colorado. El 19 de abril de 1863, el jefe del Partido Colorado general Venancio Flores, exiliado en la Argentina, cruzó el Río Uruguay junto con un grupo de seguidores, levantando la bandera de la revolución contra el gobierno del presidente Bernardo Berro, que prosiguió durante todo el año siguiente.

2. Intromisión brasileña-argentina en la crisis uruguaya

El año antes -1862- ya se había iniciado la intromisión del gobierno argentino en la crisis política uruguaya. El presidente general Bartolomé Mitre y su Ministro de Guerra y Marina, general Juan Andrés Gelly y Obes, dieron su consentimiento para que el general Flores utilizara los recursos bélicos del país e invadiera la Banda Oriental. A tal efecto, el 16 de abril de 1863 Flores y sus hombres, se embarcaron en el buque de guerra argentino Caaguazú con destino a la costa uruguaya, desembarcando en un lugar llamado Rincón de las Gallinas, desde donde impulsó la revolución contra el gobierno de Bernardo Berro. Inclusive el aprovisionamiento bélico de los rebeldes se efectuaba desde Buenos Aires, donde la prensa porteña realizaba intensa campaña a favor de la causa revolucionaria. Todo esto reveló la hipocresía de Mitre, quien negaba una y otra vez, que el general Flores esté preparando una revolución en su territorio.

Desde el lado brasileño la intromisión en la cuestión interna uruguaya se realizó, con la pública colaboración que prestaban a las fuerzas insurrectas del general Flores, las fuerzas armadas del Imperio estacionadas en Río Grande do Sul, donde los generales Canavarro, Fidelis y Antonio de Souza Netto hacían su arbitraria voluntad, a pesar de las lamentaciones oficiales del Gobierno uruguayo. Así, con la crisis interna del Uruguay se originó la Triple Alianza.

En 1864, don Anastasio Aguirre reemplazó a don Bernardo Berro en la Presidencia del Uruguay. La situación política del país varió radicalmente el día 15 de febrero de 1865 al elegirse a don Tomás Villalba como nuevo Presidente de la República. Días más tarde terminó la revolución uruguaya con el triunfo del Partido Colorado liderado por Venancio Flores, quien venció mediante la ayuda política, económica y militar del Imperio del Brasil.

Al mismo tiempo, Berro entró en una grave controversia con el Imperio al expulsar de sus fronteras a algunos comerciantes y hacendados brasileños. El imperio no se hizo esperar en reaccionar; de inmediato le lanzó un ultimátum amenazándole entrar por las armas al Uruguay. En realidad, fue la presión de los hacendados riograndenses, fuertemente interesados en los campos de la banda oriental, lo que impulsó la actitud del Imperio. 

3. La Doctrina de la no intervención y del equilibrio en la región del Plata

El presidente Carlos A. López era un fiel intérprete de la doctrina de la no intervención en los asuntos internos de otros países. Además tenía una política reservada en cuanto a las cuestiones de límites. Sin embargo, al asumir su hijo Francisco Solano la presidencia del Paraguay en setiembre de 1862, dio un giro de 180 grados a la política exterior. Este consideró que había llegado el momento de participar en los asuntos del Río de la Plata para salvaguardar los derechos e intereses económicos y políticos del Paraguay. Con esta actitud perseguía un doble objetivo: solucionar los pleitos territoriales y mantener el equilibrio de fuerzas con sus vecinos, el Brasil y la Argentina. López creía que si se alteraba la paz en uno de estos países o si ambos llegaban a aliarse, la independencia del Paraguay estaría en peligro y su avance económico se truncaría. En consecuencia, priorizó la política de mantener el equilibrio en el Río de la Plata.

Siendo ése su objetivo López decidió apoyar al Uruguay en su confrontación con el Brasil. En conocimiento del ultimátum del 4 de agosto de 1864 lanzado al gobierno uruguayo por el consejero José Antonio Saraiva, la cancillería paraguaya realizó el 30 de agosto una advertencia al imperio del Brasil: si éste intervenía militarmente en el Uruguay el gobierno paraguayo lo iba a considerar como un casus belli. Brasil hizo caso omiso a la advertencia de nuestra cancillería. En fecha 12 de octubre fuerzas brasileñas cruzaron la frontera penetrando en territorio oriental para derrocar al presidente Aguirre e instaurar al general Flores en la presidencia. Igualmente, con total insolencia y atrevimiento del mitrismo el aprovisionamiento bélico de los rebeldes se hacía desde Buenos Aires, donde la prensa porteña realizaba vibrante campaña a favor de la causa revolucionaria.

El imperio desconoció el ultimátum paraguayo y una brigada brasileña invadió Uruguay el 12 de setiembre de 1864. Francisco S. López, ordenó el 11 de noviembre de 1864 la captura del Marquês de Olinda, al día siguiente el vapor paraguayo Tacuarí apresó el buque brasileño. Esta situación hizo que el Gobierno paraguayo se considere en estado de guerra.

Hoy ya nadie pone en duda que la guerra que sufrió el Paraguay era inevitable por los propios intereses del Imperio, la Argentina y el Brasil que se encontraban en juego, así como la cuestión de límites, un problema de antaño con sus vecinos.

Por otra parte el interés de las entidades bancarias de Inglaterra tales como la Banca Rotschild, la Casa Baring y el Banco de Londres, y de los ministros de la reina como el caso de Edward Thornton, enemigo del gobierno paraguayo, que representaba a la corona en América y que hacía de nexo entre los grandes bancos ingleses y los países del Plata, otorgando numerosos empréstitos.

El Imperio utilizó, además, la capacidad y fortuna de un codicioso banquero brasilero, Ireneo Evangelista de Souza, más tarde Barón de Mauá. Este capitalista desvergonzado comenzó con el Banco de Brasil, y con la ayuda financiera del banquero Rothschild, creó el Banco Mauá, con filiales en Nueva York, Londres, Manchester, Montevideo, Buenos Aires y Rosario. Se convirtió prácticamente en el dueño de la Banda Oriental. Para lograr su sueño expansionista y hegemónico, el Imperio empleaba ahora, no solo la espada y el cañón, sino los billetes y las chequeras del barón de Mauá. Al iniciarse la Guerra de la Triple Alianza Mauá era el árbitro financiero del Plata y sus gobiernos dependían en gran parte de sus préstamos.

En resumen, la revolución del general Flores iniciada el 19 de abril de 1863 fue el motivo ocasional de la guerra que se entabló poco tiempo después entre la Argentina, el Imperio del Brasil y la República Oriental del Uruguay, unidos en Triple Alianza contra la República del Paraguay.

4. Situación económica-financiera de nuestros vecinos.

Si analizamos la situación de los países del Plata por aquel entonces, nos daremos cuenta que nuestros vecinos aportaban anualmente cifras exorbitantes a las arcas de las entidades bancarias de Londres. Nos dice el brasileño Julio César Chiavenato que “El imperio del Brasil dedicaba casi 70% del saldo favorable de su comercio exterior para pagar los intereses contraído con los empréstitos ingleses”.

La situación de la Argentina no era menos apremiante, debiendo en reiteradas ocasiones recurrir al capital inglés al derrumbarse los precios de los cueros, la lana y el ganado. El Ministro de Hacienda de Mitre, Lucas González, daba su opinión mencionando que uno de los tantos objetivos de la guerra era “obtener beneficios muy grandes para el comercio del mundo, muy especialmente del comercio inglés que encontrará en el Paraguay libre y civilizado un gran mercado que explotar”.

La Banda Oriental también se hallaba en grave zozobra. Al asumir el general Flores, cometió el error de convertir la deuda interna uruguaya en deuda externa.

Por su parte, nuestro país tenía deuda externa cero. La inversión de capitales extranjeros era prácticamente nula. Todo lo que el Estado adquiría lo pagaba al contado. En tal sentido se podría decir que la época de los López fue brillante.

5.- Causales remotas de la guerra: La alianza brasileña-argentina (1851 al 1865)

a) Los Tratados de Paraná (1856 y 1857)

El 7 de marzo de 1856 se firmó el Tratado de Paraná, entre el representante imperial Limpo de Abreu, Vizconde de Abaeté, y el general Justo José de Urquiza, Presidente de la Confederación Argentina. En el acuerdo se estipulaba la libertad del Imperio del Brasil para actuar en el Paraguay y la República Oriental, y también para navegar, tanto embarcaciones mercantes como de guerra, los ríos Paraná, Uruguay y Paraguay. Igualmente, ante un eventual conflicto entre el Paraguay y el Imperio del Brasil, éste quedaba autorizado al tránsito y abastecimiento de la escuadra imperial por el río Paraná (Art. 19°). Esto constituyó una injerencia directa en los asuntos internos del Paraguay.

En 1857 se habían agravado las relaciones diplomáticas entre el Paraguay y el Brasil. Don Carlos Antonio López estaba disgustado con el Tratado de libre navegación que firmaron la Argentina y el Brasil el año anterior, a espaldas del Paraguay, a quien querían imponer la libre navegación de sus ríos de ,os buques brasileros.

Para buscar una solución al problema, Pedro II envió a Paraná a José María da Silva Paranhos, Barón de Río Branco, quien tenía la misión de hacerle aceptar al general Urquiza un posible tránsito de tropas brasileñas por territorio de la Confederación Argentina en caso de guerra con el Paraguay. Luego debía proseguir a Asunción a fin de resolver pacíficamente, si era posible, el grave conflicto paraguayo-brasileño.

Paranhos encontró al general Urquiza tan complaciente, al extremo de imponerle el importante compromiso que ponía militarmente al Paraguay a merced del Imperio del Brasil. El tratado firmado en Paraná, en enero de 1857 fue otro triunfo más de la diplomacia imperial en el Río de la Plata, aumentando aún más su hegemonía política.

b) El Protocolo “secreto” firmado entre José María da Silva Paranhos y Santiago Derqui

Existe un documento poco conocido y que llama la atención por la similitud que tiene con el Tratado Secreto del 1° de mayo de 1865. Se trata del “Protocolo de Guerra contra el Paraguay financiado por el Barón de Mauá” en diciembre de 1857, suscripto entre el Brasil y la Argentina, ocho años antes de aquel posterior Tratado secreto. Los historiadores Rodolfo Ortega Peña y E. L. Duhalde encontraron dicho Protocolo secreto en el Ministerio de Relaciones Exteriores de la Argentina, en el legajo, Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay, año 1865, caja 1, folio 3/12..

Entre otras cosas el documento sostenía lo siguiente: “La Argentina debía emplear todos los medios para que otros estados ribereños, y especialmente la República del Paraguay, se adhieran a los mismos principios de libre navegación; abrir el río a todas las banderas del mundo, así como los medios de hacerlos efectivamente útiles. Que todo esto se cumpla con el mayor empeño posible, y si hubiese resistencia de los paraguayos a abrir su río, el gobierno imperial se comprometía a tomar medidas coercitivas y aún recurrir a la guerra…”. También señalaba que la Confederación Argentina debía emplear todos los medios para que otros estados ribereños, especialmente la República del Paraguay, se adhieran a los mismos principios de libre navegación; abrir el río a todas las banderas del mundo, así como los medios de hacerlos efectivamente útiles. Que todo esto se cumpla con el mayor empeño posible, y si hubiese resistencia de los paraguayos a abrir su río, el gobierno imperial se comprometía a tomar medidas coercitivas y aún recurrir a la guerra.

El pacto también versaba sobre la guerra en sí; la Confederación pondría al ejército, 6.000 hombres de las tres armas cuanto menos, y el Brasil su escuadra. El presidente de la Confederación sería el comandante en jefe de las fuerzas aliadas, salvo que los brasileños participasen con más fuerzas terrestres que los argentinos. Las bases para las operaciones se establecerían en Corrientes, y por el momento no se mencionaban auxilios pecuniarios. Si este acuerdo no llegaba a concretarse, la Confederación prestaría al Brasil todos sus buenos oficios para la causa. De este modo, esperarían el momento oportuno para llevar a cabo su plan bélico, y siempre en el más minucioso de los silencios (José María Rosa, “La Guerra del Paraguay y las Montoneras Argentinas”, A. Peña Lillo Editor (IV Edición, mayo 1974), pág. 42). Este Protocolo fue el antecedente del Tratado Secreto que se firmó el 1° de mayo de 1865, en la residencia del general Bartolomé Mitre. O sea, sólo había que renegociar algo ya pactado ocho años antes.

6.- Causales cercanas de la guerra:

a) La conformación de la Triple Alianza en Puntas del Rosario

El 18 de junio de 1864, en un lugar conocido como Puntas del Rosario (aguas arriba de Colonia), se realizó una conferencia entre el ministro británico Edward Thorton; el canciller argentino Rufino Elizalde; el Consejero brasileño Antonio Saraiva; el general oriental Venancio Flores; y los representantes del gobierno del Uruguay los señores Andrés Lamas y Florentino Castellanos. En la reunión surgió el compromiso entre la Argentina, Brasil, Uruguay, influenciado por el Ministro Thorton, para llevar la guerra al Paraguay.

En una carta enviada en 1894 al historiador Joaquím Nabuco, Saraiva le decía que la Triple Alianza “no surgió después de la “agresión” paraguaya a la Argentina en abril del 65, sino en las Puntas del Rosario en Junio del 64”. Su carta dice bien claro que “dichas alianzas entre Argentina, Brasil y Flores contra el Paraguay – con la presencia del ministro inglés Thorton – empezaron el día en que el ministro argentino y el brasileño conferenciaron con Flores en las Puntas del Rosario, y no el día en que Octaviano y yo, como Ministros del estado, firmamos el pacto del 1° de mayo de 1865”. Al decir de los juristas “a confesión de parte relevo de pruebas”

La Guerra fue planeada meticulosamente y firmada por el Brasil, la Argentina y el Uruguay 72 días antes de que el Gobierno paraguayo formulara su protesta diplomática, al enviar al Emperador Pedro II el ultimátum del 30 de agosto de 1864, y constituye uno de los antecedentes más relevantes de la guerra de la Triple Alianza.

b) Protocolo SARAIVA-ELIZALDE (22 de agosto de 1864)

El Imperio había comisionado al Consejero Antonio con la misión de protocolizar la prometida ayuda del Brasil al gobierno argentino en la causa uruguaya. El 22 de agosto de 1864, el diplomático brasileño firmó en Buenos Aires un Protocolo con el canciller Rufino de Elizalde donde se estableció que “en interés de mantener la independencia territorial y soberanía de la República Oriental del Uruguay, la Argentina garante esa integridad, independencia y soberanía. De esta manera la Argentina se sumó al Brasil para proceder contra la nación Oriental.

c) Protocolo ELIZALDE-PEREIRA LEAL (20 de octubre de 1864)

El 20 de octubre de 1864 fue firmado entre Rufino de Elizalde y el Ministro brasileño José Pereira Leal, otro Protocolo en el cual se declaró que “la violación del territorio argentino por tropas del Paraguay sería considerada por el gobierno argentino con todo carácter que le imprime el derecho internacional, y en consecuencia se prestaría a la mejor voluntad y combinar su acción defensiva u ofensiva con el gobierno de S.M. el Emperador y vería en ese acto un motivo para consolidar la unión de los dos países y de los gobiernos que, como el brasileño y el argentino, están llamados a hacer en común grandes cosas para el desenvolvimiento del progreso y bienestar de todos los pueblos del Río de la Plata“. Esto significaba que si el Paraguay violara territorio argentino será condición impuesta para formalizar la Triple Alianza que ya había sido concertada en Puntas del Rosario el 18 de junio de 1864. De esa manera el Imperio se blindó anticipadamente ante una eventual ayuda del Paraguay, al gobierno constitucional uruguayo. Por esa circunstancia era casi imposible que el gobierno argentino presidido por el general Bartolomé Mitre, autorizara el paso de tropas de una nación en guerra para atacar a un país aliado; para ello bastaba el argumento de la neutralidad que el gobierno argentino esgrimió al gobierno paraguayo.

7.- Otras causales importantes

Otra de las causas del conflicto podríamos citar, según su orden de importancia:

a.La ausencia de definición de límites territoriales. En el año 1862 caducaban los plazos de los Tratados Berges – Paranhos con el Brasil y Vásquez – Guido con la Argentina. Se cumplieron los 6 años de tregua sin llegar a acuerdo alguno; no se pudo encontrar una fórmula diplomática que pudiera subsanar dicha cuestión por la sistemática negativa de los países vecinos.

b.Paraguay era un país altamente presionado por países de la región dominados por el mercantilismo inglés. Mientras que el nuestro sostenía el modelo del estado empresario Inglaterra imponía a argentinos y a brasileños el sistema económico del libre mercado y del capitalismo liberal del siglo XIX.

c. El interés del Mcal. López de influenciar políticamente en la región para impulsar la política del equilibrio de la región del Río de la Plata y de la no injerencia en los asuntos internos de cada país.

d. El afán imperialista del Imperio del Brasil que, desde tiempos de la colonia, sostenía una política de expansión territorial. El Brasil tuvo, desde tiempos de la colonia, la apetencia de los “bandeirantes” de anexar territorios ajenos a sus dominios; y es por eso que nunca se llegaría a un acuerdo con respecto a la cuestión de límites con el Paraguay, hasta que la guerra acabe.

e. La necesidad – para el Brasil y la Argentina – de acceder a la navegación de los ríos Paraguay y Paraná de sus buques de guerra y mercantes.

f. El interés de las banca británica que anhelaba la destrucción del promisorio modelo paraguayo no liberal, libre de deudas, antes de que su ejemplo se expanda hacia las demás naciones sudamericanas haciéndole perder a Gran Bretaña su dominio económico.

g.La inestabilidad política de la Argentina, que hace que por primera vez se una con otro país en una causa común. El país padecía de una crisis sumamente grave, en la eterna confrontación entre federales y unitarios. Mitre y sus seguidores, en su afán de mantenerse en el poder, comenzaron la cacería de opositores políticos, asesinando a los caudillos federales como los generales Vicente Peñaloza (el “Chacho”) y de Nazario Benavides. Todo esto con el festejo cómplice de Domingo F. Sarmiento.

h. La influencia del grupo de exiliados paraguayos, fervientes anti-lopiztas, en los círculos políticos de Buenos Aires. Estos luego conformarían la Legión Paraguaya impulsados únicamente en sus pretensiones de derrocar el gobierno de don Carlos, primero, y de Francisco Solano después, para acceder al poder en el Paraguay.

i. Estos hechos, sumados a la negativa de Mitre de ceder el paso de las tropas paraguayas por Corrientes, basada en una neutralidad inexistente, motivaron el estado de guerra declarado por el Paraguay al Brasil. Estas causas fueron las detonantes de todas las citadas anteriormente; a las cuales se agrega la participación descarada del Imperio en la política interna del Uruguay, así como la apetencia del testaferro de Pedro II, el general Venancio Flores, por tomar las riendas de la Banda Oriental de la manera que sea.

Ahora bien, Flores no era del todo de fiar para los intereses del Imperio. De ahí que, en plena Guerra, el 19 de febrero de 1868 se produjera en Uruguay un doble magnicidio, con los asesinatos casi simultáneos, de los ex presidentes Flores y Berro, en medio de la turbulencia causada por los enfrentamientos de blancos y colorados, que en largos tramos de la historia uruguaya combatieron por sus intereses de forma sangrienta.

8.- Conclusiones:

En su obra “La Guerra del Paraguay”, escrita por el escritor y diplomático argentino Juan Bautista Alberdi en su exilio de París, en junio de 1869, durante la guerra que él la calificó de la Triple Infamia, se pregunta: “¿Qué busca el Brasil en el Río de la Plata? A lo que él mismo se responde: “Lo que le falta desde el día en que los portugueses tomaron posesión de la parte del nuevo mundo que les habían abandonado los primeros conquistadores españoles. Confinados en la zona tórrida, los brasileros ocupan un suelo hermoso sin duda, pero que en sus inmediaciones al mar sólo puede ser habitado por las razas del Africa, y cuyas regiones interiores son inaccesibles por falta de vías de comunicación. Esa necesidad le ha tenido en guerra con los países españoles inmediatos desde la época del descubrimiento, y la cuestión actual no es más que la prolongación de un pleito que, bajos distintos nombres y pretextos, cuenta siglos. La cuestión para el Brasil no es de forma de gobierno, ni de raza, ni de nacionalidad, ni es cuestión política, ni mucho menos de personas ni de indemnizaciones de agravios recibidos: es más grave que todo eso, es de seguridad, de subsistencias, de población y de civilización, de vida o muerte para el Brasil. Este necesita salir de la zona tórrida en la que está metida casi la totalidad de su territorio, y no tiene más que una dirección para buscar los territorios templados que carecen. Esta dirección es el territorio del Paraguay Así el Brasil, en su propensión histórica y tradicional a extender sus límites hasta el Plata y sus afluentes, cede a la fuerza de invencibles necesidades que interesan a su población, a su subsistencia y a su seguridad… El Paraguay representa la civilización, pues pelea por la libertad de los ríos contra las tradiciones de su monopolio colonial; por la emancipación de los países mediterráneos; por el noble principio de las nacionalidades; por el equilibrio, no solo del Plata, sino de toda la América del Sud, pues siendo todas sus repúblicas, excepto Chile, países limítrofes del Brasil, cada victoria del Paraguay es victoria de todas ellas, cada triunfo del Brasil es pérdida que ellas hacen en la balanza del poder americano”.

Como consecuencia de la Guerra contra la Trile Infamia el Paraguay termina arrasado tras perder el 70% de su población total, y el 90% de la población masculina. La mujer paraguaya se vio obligada a cumplir los roles del hombre, y a abandonar sus convicciones religiosas y morales para repoblar el país. Todo esto lo hace de forma totalmente voluntaria. Además, al Paraguay le imponen la obligación de pagar a los Aliados enormes sumas de dinero por las pérdidas en la guerra y en concepto de sanciones económicas. Se destruyeron muchas industrias. Entonces no tiene otra opción que endeudarse a la banca londinense, cosa que no lo había hecho nunca. Un país en constante progreso a la civilización quedó totalmente devastado. Se aniquiló a una generación completa causando tal retroceso que aún hoy, casi 150 años después, se mantiene vivo en la memoria del pueblo. De no haber sido por esta guerra otra seria la situación del Paraguay actual.

El Imperio del Brasil, aunque perdió numerosa cantidad de hombres y aumentó notoriamente su deuda con los bancos de Gran Bretaña, se anexó todos los territorios que tenía en litigio con Paraguay, se quedó con sus industrias y se liberó de una potencia competidora.

Para la Argentina la guerra le es completamente estéril aunque luego consiguió acrecentar su territorio. Tuvo gran cantidad de bajas, muchos soldados supervivientes regresan a sus pagos llevando consigo la epidemia de la fiebre amarilla y el cólera. Hubo también un aumento de la deuda exterior por el financiamiento de la guerra. Quizá el puerto de Buenos Aires haya logrado un beneficio a causa de que Paraguay no estaba más en condiciones de competir, pero las desventajas superan ampliamente las ventajas.

Para el Uruguay el panorama es similar a la Argentina, al que se agrega la incertidumbre que acarreó la ocupación parcial de su territorio por el Brasil.

BIBLIOGRAFIA:

1.- José María Rosa. “La Guerra del Paraguay y las montoneras argentinas”, A. Peña Lillo Editor, 4ª. Edición,

2.- Joaquím Nabuco. “La Guerra del Paraguay” (París, 1901. Versión castellana de Gonzalo Reparaz

3.- Chiavenato, Julio José: “Genocidio Americano: La Guerra del Paraguay”, Carlos Schauman Editor.

4.- García Mellid, Atilio; “Proceso

5.- Pomer, León: “La Guerra del Paraguay”, Centro Editor de América Latina.

6.- Juan Bautista Alberdi. “La Guerra del Paraguay”, Intercontinental Editora, 2001, Asunción.

7.- Historia de las Relaciones Exteriores Argentinas. www.argentina-rree.com

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