GARRAFAL DESPROPÓSITO


Por Cándido Silva

Cada tanto se reflota la cantinela de involucrar formalmente a las Fuerzas Armadas (FFAA) en el combate a la delincuencia en sus diversas versiones, desde los asaltos callejeros hasta la persecución del comercio ilegal de armas, estupefacientes y mercaderías varias, incluida la lucha contra la guerrilla rural y el secuestro de personas.

La propuesta, auspiciada por determinados sectores políticos, los mandos castrenses y el ministerio del Interior, el jefe de Estado a la cabeza, es absolutamente desatinada, a todas luces un despropósito garrafal.

A las FFAA, en Paraguay y en la inmensa mayoría de los países del orbe civilizado, se le acuerda la misión constitucional medular de custodiar la integridad territorial de la nación ante una hipotética agresión armada extranjera. Su papel complementario es defender a las autoridades legítimamente constituidas. A escala local, la susodicha protección alcanza al presidente y vicepresidente de la república.

El soldado se capacita, en términos simples, “para hacer la guerra”. Es su atribución innata, congénita. Batallar en salvaguarda de la soberanía amenazada por potencias foráneas, es el súmmum de la pedagogía castrense, dictada en las academias e institutos militares.

El soldado no está adiestrado para departir con la sociedad civil. Está preparado para mandar y obedecer órdenes. El soldado, por ejemplo, pronuncia la “voz de alto” y si alguien ignora esa imperativa advertencia, se expone a ser detenido, en el mejor de los casos, o directamente ser blanco de disparos de armas de fuego. El soldado permanece en su unidad (cuartel), y solo sale al exterior en plan de maniobras, ejercicio que precisa de un aviso previo a la ciudadanía. Así de sencillo.

Entonces, deviene harto irracional el proyecto de injerir a las FFFA en la seguridad interna y preservación del orden público. Tales cometidos corresponden a la Policía Nacional, en cuyas academias, los educandos (cadetes), reciben la instrucción profesional para desempeñar esas funciones específicas.

El agente del orden, a diferencia del soldado, desenvuelve su servicio en contacto directo con la población. A la par de la labor de vigilancia en entidades oficiales, patrulla calles y sitios de concurrencia masiva, y se halla aleccionado para conversar, dialogar con los civiles, puesto que él mismo también es civil, con el contraste de que porta armas y cuenta con la potestad de demorar a quienes perpetraren alguna infracción grave y/o ilícito.

El dislate de marras, en gran medida, oculta el móvil de justificar la presencia de las FFAA en el organigrama del Estado, respaldar las multimillonarias erogaciones presupuestarias anuales que, en homenaje a la verdad, constituyen torrenciales sangrías de caudales en un país pauperizado y sin expectativas ciertas de alivio, al menos a mediano plazo.

No desmereciendo en absoluto la idoneidad de los efectivos militares compatriotas, lo real es que nuestras FFAA (Ejército, Armada y Fuerza Aérea) carecen de los armamentos, parque de guerra y logística aptas para repeler eventuales invasiones foráneas, en los hechos, de países limítrofes, todos ellos, comparativamente con Paraguay, infinitamente superiores en poder de fuego.

La solución al crimen en general pasa por dotar de mayor presupuesto a la Policía Nacional, único expediente para modernizarla operativamente, tornarla eficiente y respetable para los maleantes, adaptándola así a las necesidades y desafíos contemporáneos. Esas partidas bien podrían obtenerse recortando o suprimiendo la financiación de algunos programas castrenses superfluos, de modo a no frenar la ejecución de proyectos vitales y de auténtico interés colectivo, al escamotearles importantes porcentajes de sus fondos para otros fines.

Además, la coexistencia entre militares y policías siempre ha sido en extremo difícil. Aquéllos por querer imponer su “supremacía”, y éstos por defenderse del avasallamiento. Los fracasos reiterados de la Fuerza de Tarea Conjunta (FTC) responden, en elevada proporción, a severas discrepancias y disputas entre sus componentes uniformados.

En consecuencia, el plan de bastardear la misión de las FFAA, y su misma esencia, debe ser abandonado de inmediato, o este gobierno estaría incurriendo nuevamente en causales de Juicio Político.-

07/setiembre/2019

One Response to GARRAFAL DESPROPÓSITO

  1. Rogelio Careaga dice:

    Tal vez se podría pensar en la posibilidad y conveniencia de crear una institución similar a la Guardia Nacional de los Estados Unidos. La guardia Nacional además de actuar en las guerras internacionales desempeñan funciones de socorro cuando se producen terremotos, huracanes, inundaciones o desordenes de la población civil que soprepasan la capacidad de la policía para restablecer el orden. Hay que aclarar, sin embargo, que la Guardia Nacional es conformada por cada uno de los Estados y depende de cada gobernador. Es decir, que la misma podría ser apropiada solo para un Estado Federal.

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