FIASCO LEGISLATIVO


Por Cándido Silva

¿Por qué los gobiernos legislativos fracasan o apenas logran cumplir en exiguos porcentajes los objetivos propuestos? Ensayemos algunas explicaciones aproximadas, circunscribiéndonos al plano local.

En primer término, los individuos que se internan en la política con vistas a postularse a cargos de elección popular, específicamente las dignidades del Congreso, saben de antemano que una gestión mediocre o pésima no le reportará daños o mermas patrimoniales personales que lamentar. Ciertamente se echan encima una desfavorable imagen que, en el caso nuestro, poco o nada desluce su cartel como tampoco merma sus chances de optar por un nuevo periodo de mandato.

Escudarse en las listas cerradas y bloqueadas, en posiciones no tan visibles pero con elevadas probabilidades de ser reelectos, les garantiza su continuidad en la esfera gubernativa, para lo cual aportará a su Partido o Movimiento, o a los encargados de la toma de decisiones, considerables sumas en efectivo, comprando en la práctica su futuro escaño.

Los fondos desembolsados para tentar renovar su ministerio político provienen, en superior medida y la mayoría de las veces, del dinero turbiamente recaudado en cinco o más años de legislatura, y no precisamente del ahorro deducido de sus dietas y gastos de representación.

En segundo lugar, los ciudadanos de marras incursionan en la escena política con el directo propósito de ganar fortuna y ascendencia, relegando al patio trasero de sus metas el servicio al país y su gente. El patriotismo, la renuncia a los vicios del poder, y el aplicarse por entero a los supremos fines de la nación, son cualidades volátiles que se mercantilizan en tiempos de proselitismo y se desdeñan una vez salvado el solemne acto de juramento.

Por último, las exigencias universales de idoneidad, experiencia y referencias solicitadas para cualquier puesto en la esfera privada, no se extienden al área parlamentaria donde los requisitos para acceder a bancas en los hechos no existen, comportando una especie de vacío o imperfección que afecta directamente al eficiente desempeño de los congresistas que en la generalidad ignoran o solo tienen una vaga idea del cometido legislativo y menos aún conocen el mecanismo de funcionamiento interno de dicho poder del Estado.

La política, penosamente, no siempre, o casi nunca, la ejercitan personalidades honorables y descollantes en sus profesiones y quehaceres. Es un espacio público que en Paraguay particularmente atrae a sujetos desmedidamente ambiciosos, oportunistas y astutos que ansían acumular riqueza material, influencias y privilegios con cero esfuerzo y nada de riesgo.

La pervivencia de la política instrumentada con miras utilitarias, egoístas y torcidas, se torna hoy día complicada, visto el despertar ciudadano que estimulado por la prensa y el uso discrecional de las redes sociales, fuerzan a los estamentos oficiales a doblegarse a la presión ejercida por la población informada, consintiendo en permear aunque fuere superficialmente esa espesa coraza que cobija a una suerte de “fraterna” confabulación orientada a explotar indebidamente los atributos del mando constitucional.

Mientras las cámaras de Senadores y Diputados sigan albergando en su seno a personas de pardas reputaciones y turbulentas trayectorias, esos portavoces en teoría de la soberanía popular no emergerán del lodo de la desconfianza, el descrédito y la ignominia, ya que al tratarse de organismos colegiados las mancillas dispersadas por unos cuantos forzosamente embadurnan al conjunto por su condición de cuerpo.

La solución al recurrente fiasco legislativo se asienta en la apertura de las listas de candidatos y en el cambio radical de actitud del electorado, oponiéndose con su voto a validar las nóminas de postulantes elaboradas con pautas clientelistas por dirigentes que visualizan la política como una burda transacción, un simple negocio que persigue dividendos y lucros a expensas de la paciencia, la tolerancia y el displicencia de los mandantes, los invariablemente perjudicados y estafados por sus inmorales mandatarios.

Los partidos legendarios, el PLRA y la ANR, tendrán que sanear profundamente, y cuanto antes, sus reprensibles criterios de selección de candidatos, empleando un riguroso tamiz que separe y diferencie los elementos propicios de los malsanos. Los millones de afiliados que componen los respectivos padrones partidarios no les confieren seguridad absoluta frente a las urnas. La conciencia independiente al momento de sufragar es una virtud del elector que lo empuja a no sacrificar sus íntimas convicciones en beneficio de correligionarios carentes de ética y espíritu comunitario.

La catarsis legislativa no debe paralizarse, debe acentuarse, expurgando del recinto representativo nacional a los elementos deletéreos que todavía se resisten con uñas, dientes y chicanas jurídicas a desengancharse de las prerrogativas e inmunidades que los sueldan a sus curules. El cronómetro avanza sin pausas y las doradas épocas de impune asalto al Fisco languidece fatalmente acercándose con celeridad al declive y la consunción.-

26/junio/2019

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: