REDEFINIR LA FUERZA PÚBLICA


Por Cándido Silva

El Art. 172 de la Constitución Nacional establece que la Fuerza Pública está integrada, en forma exclusiva, por las fuerzas militares y las fuerzas policiales. Son dos instituciones autónomas, con mandos propios que, eventualmente, podrían interaccionar conforme a las circunstancias y con acuerdo del Congreso, a solicitud del Poder Ejecutivo.

Las Fuerzas Militares, más conocida como Fuerzas Armadas, los mayores exponentes de la Fuerza Pública, tienen dos misiones constitucionales: custodiar la integridad territorial de la República y defender a las autoridades legítimamente constituidas. La primera, es el cometido primordial, pues se refiere a la salvaguarda de la soberanía nacional ante una hipotética agresión armada extranjera; el segundo, secundario, garantiza la estabilidad de los poderes del Estado en el ejercicio de sus atribuciones constitucionales.

Lo reseñado es la teoría legal. Los hechos, aunque sin descalificar totalmente el marco doctrinario, menoscaban sustantivamente la observancia de las obligaciones instituidas. Hoy día, y desde décadas atrás, el estamento castrense se halla absolutamente incapacitado para proteger nuestras fronteras de una potencial amenaza externa (invasión).

No dudamos de la idoneidad del soldado compatriota para conjurar exitosamente una arremetida de sus pares foráneos. La historia prueba con ricos testimonios el arrojo, el patriotismo y maestría militar de estrategas, oficiales y tropas. La realidad, penosamente, proyecta un panorama diferente. El Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea paraguayos constituyen parodias, caricaturas de aquellas Fuerzas Armadas equipadas con todo el arsenal bélico imprescindible para imponer respeto y cautela a sus símiles, particularmente a los limítrofes.

En otros términos, no contamos con la más mínima chance de repeler una embestida de los tres países vecinos, cuyas Fuerzas Armadas, comparativamente a la obsolescencia alarmante de la nuestra, presentan un parque de guerra dispuesto para el combate y el triunfo en la batalla, obviamente con respecto a Paraguay.

A Brasil definitivamente no podríamos resistirle; a Argentina, probablemente algunas horas, mientras que a Bolivia, tal vez unos pocos días, más el resultado seguirá siendo faltamente adverso en el triunvirato de casos.

La solución, asignar mega millonarias partidas presupuestarias a las Fuerzas Armadas para invertir en su modernización, adquiriendo cazabombarderos, helicópteros lanza mísiles, destructores, corbetas, fragatas, carros blindados, piezas de artillería pesada, etc., más la logística adecuada para acompañar con precisión y efectividad a las armas combatientes.

La salida expuesta es inaplicable, pura quimera, dado que no existen, ni existirán, los siderales capitales para emprender la aventura de metamorfosear las Fuerzas Armadas.

De cara a ese contexto patente e irrebatible, surge la pregunta: ¿se justifican las Fuerzas Armadas con su arcaica estructura en el organigrama institucional de la nación? La respuesta rápida y veraz es NO. Entonces, habrá que redefinir su situación en el esquema oficial. Cómo; fusionándola con las Fuerza Policiales, de modo a crear una organización intermedia que con el nombre de Guardia Nacional se responsabilizará del orden y la seguridad interior y la defensa de las autoridades legítimamente constituidas, delegándose la custodia de la indemnidad geográfica a los organismos internacionales como la OEA y la ONU. Costa Rica, Haití, Panamá, Islandia y una veintena de Estados soberanos de menor superficie ofrecen el modelo a emular.

De aprobarse, el costo del proyecto no será nada oneroso, visto que recursos humanos (efectivos), equipos, vehículos, armamentos, municiones, pertrechos varios, instalaciones, remuneraciones, centros de formación de aspirantes, y presupuestos convergerán en un único ente, y los gastos emergentes en la confección de nuevos uniformes (vestimenta), comportará la novedad en materia de desembolsos.

En cuando al sistema jerárquico para determinar la escala de mandos, podrán adoptarse los rangos militares, tanto para los oficiales como sub oficiales, hasta el grado de coronel, con un general en jefe (denominación del grado) como comandante, subordinado directamente al presidente de la república. Las antigüedades, salarios y los beneficios de la jubilación se equipararán enteramente una vez pasen a retiro las últimas remesas de los antiguos militares y policías.

La figura del Servicio Militar se sustituirá por la del Servicio a la Sociedad, siempre con carácter opcional, estipulándose requerimientos y condiciones más rigurosos para el usufructo del derecho a la Objeción de Conciencia.

En resumen, el abigeato, el tráfico clandestino de estupefacientes y armas de fuego, los secuestros, el terrorismo, los asaltos violentos en calles, transportes colectivos, bancos y residencias, el contrabando y la inseguridad en espacios públicos se verán gravemente lacerados por la acción de una fuerza más numerosa y competente, con superior poder de fuego y mayor agilidad de desplazamiento, facetas altamente disuasivas para el hampa en sus distintas versiones.

Vaya la propuesta para la esfera política, las asociaciones partidarias que planean participar con sus representantes en la próxima Convención Nacional Constituyente que, aguardamos, se celebre en el quinquenio constitucional en curso.-

29/abril/2019

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