¿SE FRAGUA EL MARIDAJE CHINO/RUSO?


Por Cándido Silva

La composición del Consejo de Seguridad de la ONU es el perfil geométrico de la supremacía planetaria. Estados unidos, Federación Rusa, China continental, Francia y Gran Bretaña, en esa secuencia de prelación, asumen el rol de árbitros de la escena internacional respaldados, principalmente, en la fuerza disuasiva de sus armamentos nucleares.

Una junta de mega potencias con cariz de vitaliciado rígido que no admite la incorporación de otros miembros permanentes con derecho de veto en las decisiones del grupo. India podría erigirse en un elemento innovador, pero muy difícilmente se logre unanimidad para el efecto, al menos por ahora, vale decir, a corto o mediano plazos.

Las reuniones del cuerpo, las oficiales y las oficiosas, no se caracterizan precisamente por la urbanidad diplomática. En el trato recíproco prevalece la fría cortesía matizada con repentinos exabruptos, particularmente entre aquellos adversarios consuetudinarios. En agenda, por lo general, coexisten intereses divergentes, por lo que las concesiones y renunciamientos se tornan en ocasiones extremadamente complejas.

EEUU continúa siendo en teoría la primera potencia mundial basada en su poderío militar, influencia política, caudal económico y desarrollo tecnológico, aunque China comunista se le aproxima riesgosamente en los dos últimos ítems citados, y Rusia prácticamente ha nivelado la antigua preponderancia castrense norteamericana, específicamente en capacidad atómica y guerra aérea.

El convulsionado panorama universal delineado por conflictos de diversa gravedad en ambos hemisferios, confrontan a los omnipotentes integrantes del Consejo, tanto dentro como fuera del organismo. El compacto dúo anglosajón con el no siempre resuelto apoyo galo oponen resistencia al vidrioso binomio Chino/Ruso, en una suerte de esgrima dialéctica en la que se discuten alarmantes y amenazadoras circunstancias que eventualmente jaquearía con ferocidad la trabajosa y frágil paz ecuménica.

Los casos que involucran a Corea del Norte, Siria, Ucrania, los fundamentalismos islámicos y Venezuela, por mencionar los más espinosos de la actualidad, sin exceptuar la longeva contienda palestino/israelí, dividen adhesiones, endurecen posturas y soliviantan peligrosamente los ánimos, vaticinando una probable, cuasi segura, nupcias temporales de conveniencia mutua entre rusos y chinos, con el propósito compartido de destronar a los EEUU e imponer un nuevo orden global.

De sobrevenir lo pronosticado, ¿qué nos aguarda? El totalitarismo de Xi Jinping y los raptos anexionistas (reminiscencias soviéticas) del ex espía del KGB, Vladímir Putin, borrarían del mapamundi el orbe libre y civilizado que hoy conocemos con sus sombras y luces, más sombras que luces, ciertamente, pero con predominio del sistema democrático pluralista que garantiza los derechos fundamentales del individuo.

Un consolidado maridaje chino/ruso, de darse, acarrearía consigo sino la desaparición por lo poco la mutilación de las libertades públicas de asociación, opinión, opción y desplazamiento en extensas áreas de la geografía terrestre sometidas a emergentes regímenes que desprecian y obstaculizan la participación ciudadana en los asuntos de Estado.

No es cuestión de tomar partido por la derecha tradicional, la izquierda radical, o el nacionalismo militarista (de Putin). El tema es salvaguardar las autonomías personales y colectivas, defender la independencia de obrar conforme al discernimiento de cada quien, sostener en tiempo y espacio la soberanía del hombre para construir su destino, por encima de cualquier ideología.

Ni yugos ni cadenas. Las sociedades emancipadas ya no tolerarán la sumisión surgida de direcciones políticas fascistas y/o marxistas. El librepensamiento, antítesis de los dogmatismos alienantes, es inmanente a la condición humana. El libre albedrío es potestad congénita de la gente.

El conservadurismo ancestral presenta vacíos, omisiones e injusticias. Es evidente. No obstante, es la mejor alternativa, todavía, de convivencia organizada, donde prima el respeto a las leyes, al semejante y al patrimonio ajeno. Pero, por sobretodo, resplandece la voluntad propia, esa prerrogativa de exponer sin temor a represalias los puntos de vista y pensamientos.

En resumidas cuentas, apostar o suscribir la entente Chino/Rusa equivale a hipotecar la espontaneidad, a erosionar la argamasa que sustenta el majestuoso templo de la libertad, a reeditar pretéritas épocas de oscurantismo.-

21/febrero/2019

One Response to ¿SE FRAGUA EL MARIDAJE CHINO/RUSO?

  1. Rogelio A. Careaga dice:

    China trabaja incansablemente para penetrar las economías de los paises africanos, latinoamericanos y los del Oriente Medio y de Asia. Luego utilizando su participación en esas economías, sin duda, trata y tratará de influir en la política de esos países.
    Quiere apoderarse deTaiwan. Lamentablemente, en el acuerdo entre Nixon y Mao se adoptó la fórmula de que existe solo una China. Esa fórmula le permite a China considerar a Taiwan como provincia rebelde con la connivencia de los Estados Unidos.

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