En Aña Cua salta la primera liebre ( Editorial de ABC Color del 1 de febrero de 2019)


El pasado miércoles, en su sede de Buenos Aires, la Entidad Binacional Yacyretá (EBY) abrió los sobres de ofertas de la licitación para el equipamiento electromecánico de la nueva central hidroeléctrica a ser construida sobre el brazo Aña Cua del río Paraná, ubicado enteramente en territorio paraguayo. Desde que asumió como director general paraguayo el expresidente de la República Nicanor Duarte Frutos –su patrocinador de la hora prima–, el proceso licitatorio ha sido reactivado a todo trapo, pese a que el Congreso de la Nación Argentina aún no ha aprobado la nota reversal N° 2/17 correspondiente al Acuerdo Cartes-Macri, instrumento modificatorio del Anexo C del Tratado de Yacyretá, dentro del cual se inserta de contrabando el mecanismo de financiación para la construcción de la citada central hidroeléctrica, ya que no está prevista en el mismo. Con los antiguos buitres que merodean sobre las entidades binacionales, los ciudadanos y las ciudadanas deben mantener los ojos bien abiertos para desbaratar cualquier nuevo intento de entrega de nuestra soberanía en dichos emprendimientos.

El pasado miércoles 30 de enero, en su sede de Buenos Aires, la Entidad Binacional Yacyretá (EBY) abrió los sobres de ofertas de la licitación N° 669 para el equipamiento electromecánico de la nueva central hidroeléctrica a ser construida sobre el brazo Aña Cua del río Paraná, ubicado enteramente en territorio paraguayo. Desde que asumió como director general paraguayo el expresidente de la República Nicanor Duarte Frutos –su patrocinador de la hora prima–, el proceso licitatorio ha sido reactivado a todo trapo, pese a que el Congreso de la Nación Argentina aún no ha aprobado la nota reversal N° 2/17 correspondiente al Acuerdo Cartes-Macri, instrumento diplomático modificatorio del Anexo C del Tratado de Yacyretá, dentro del cual se inserta de contrabando el mecanismo de financiación para la construcción de la citada central hidroeléctrica, ya que no está prevista en el mismo.

Como es sabido, la nueva central a ser construida prevé la instalación de tres unidades de generación de 92 MW de potencia cada una, capaces de producir unos 1.700 gigavatios/año. Curiosamente, la estimación del costo de esta central ha tenido la misma escalada que el de la presa principal, de nefasto historial de corrupción. En efecto, de una estimación oficial inicial de US$ 200 millones, finalmente la cifra estimada actualmente por las autoridades de la EBY ha trepado a US$ 575 millones, lo que la coloca como la más cara central hidroeléctrica a ser construida hasta ahora en la región.

Así, el costo unitario de potencia instalada de las usinas hidroeléctricas construidas hasta ahora en países suramericanos va desde US$ 954/MW (Pescadero Itanango, Colombia) hasta US$ 1.707/MW (Hidrosogonoso, Colombia). En cambio, la central de Aña Cua costará US$ 2.037/MW. Promediando el costo de las citadas usinas, tenemos US$ 1.330,5/MW; un 53,1 por ciento más barato que lo que oficialmente está estimado va a costar finalmente la central de Aña Cua.

La oferta más barata presentada para el suministro del equipamiento electromecánico de la central es de US$ 99.689.577, de la Voith LTD (Alemania), en tanto que la segunda oferta asciende a US$ 116.379.881, presentada por el consorcio Ara Vera, integrado por las ya conocidas Industrias Metalúrgicas Pescarmona SA (IMPSA), de Argentina; el Consorcio de Ingeniería Electromecánica (CIE), de Paraguay; y Power China. La llamativa diferencia entre las dos únicas ofertas ha despertado la atención de los especialistas del sector hidroenergético por dos razones. La primera, la significativa diferencia entre ambas ofertas, US$ 16.690.304 (16,7 por ciento), que sobrepasa el porcentaje hasta donde cabe aplicar el criterio de preferencia por contenido local. La segunda, la incongruencia entre el costo estimado para el paquete contractual por parte de las propias autoridades de la EBY (US$ 170 millones) y el finalmente ofertado por la Voith: 41 por ciento más barato.

Hay un parámetro más que apunta a confirmar que la estimación del costo total de la central ha sido arteramente inflada, consistente en el ratio costo/potencia instalada. Existe llamativa correspondencia entre el sobrecosto de 53,1 por ciento de la central de Aña Cua por encima del promedio de costos de usinas hidroeléctricas similares construidas en Suramérica y el sobrecosto del 41 por ciento entre el costo oficial estimado y el más barato ofertado para la provisión del equipamiento electromecánico.

Al respecto, vistiéndose apresuradamente el sayo, el director general paraguayo de la EBY, Nicanor Duarte Frutos, dijo que el proceso de licitación fue conducido con mucha transparencia. “Con esto se desvirtúan también los rumores de que se privilegiaría a determinadas firmas, como algunos sectores intentaron instalar vanamente”, resaltó. Obviamente, no está dicha la última palabra, pues sería prematuro escribir acerca de a cuál de los dos oferentes será adjudicado finalmente el contrato de referencia.

Es más, resta aún recibir las ofertas para la construcción de las obras civiles, que constituyen el toco principal. Con lo que la EBY decida al respecto podrá contrastarse la aseveración del director general paraguayo en cuanto a la transparencia de gestión de la que tempranamente se está ufanando. No debe descartarse que el “cuaderno de las coimas” descubierto en la Argentina induzca a las actuales autoridades de la entidad binacional a actuar con más cuidado.

Por de pronto, más allá de las protestas de honestidad de Nicanor Duarte Frutos –autor, con Néstor Kirchner, de la fatídica fórmula de la “novación” con la que ya intentó entregar Yacyretá a los argentinos–, con los dos parámetros comparativos más arriba señalados (promedio de costo unitario de potencia instalada del Continente y la oferta más baja para la provisión del equipamiento electromecánico), tanto la opinión pública paraguaya como la argentina tienen ya las referencias básicas para hacerse una idea de si la central de Aña Cua va a ser un faro de transparencia que arroje luz sobre el sombrío marco de la presa de Yacyretá, o si se va a convertir en un simple anexo al “monumento a la corrupción”. Con los antiguos buitres que merodean sobre las entidades binacionales, los ciudadanos y las ciudadanas deben mantener los ojos bien abiertos para desbaratar cualquier nuevo intento de entrega de nuestra soberanía en dichos emprendimientos.

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