EL PLENO EMPLEO, UN RENGLÓN QUE AMEDRENTA A LOS GOBIERNOS


Por Cándido Silva

Se supone que la meta suprema de los gobiernos es proveer bienestar integral a los habitantes de los países. ¿Cómo se proporciona ese escenario de ventura a la comunidad? El expediente idóneo e infalible por antonomasia es el Pleno Empleo, esa circunstancia en que la población en edad laboral productiva, la franja económicamente activa, cuenta con trabajo rentado.

Bien podríamos aseverar que el Pleno Empleo constituye una ilusión en los países infra y sub desarrollados; un objetivo complicado y a plazo incierto en aquellos en vías de desarrollo; una ejecutoria con avances y retrocesos en los desarrollados, y una plácida realidad en los supra desarrollados.

Paraguay, zigzagueando entre el sub desarrollo y camino al desarrollo, etapa heterogénea y fluctuante que ningún régimen constitucional ha logrado trasponer, no ofrece hoy día señales inequívocas de conversión digamos a término medio, pues a corto sería un ensueño privado de los pilares que lo sustenten en los hechos.

El actual Ejecutivo nacional manifiesta que uno de los dispositivos mayores a aplicar para el combate de la marginalidad, la delincuencia y la pobreza extrema, consiste en lanzar una enérgica ofensiva conducente a mitigar sustancialmente la desocupación y el sub empleo, engendros sociales causantes de zozobra, agitación e inestabilidad al interior de las colectividades.

Entonces, qué se precisa para convertir en autenticidad la utopía del Pleno Empleo. La respuesta es axiomática: captar inversiones locales y extranjeras -particularmente las últimas-, aquellos capitales productivos que aunque persiguen lucro en simultáneo generan fuentes de empleo, contribuyendo a intensificar el bienestar y, por lógica consecuencia, a rebajar el malestar.

Pero sucede que los potenciales inversores se llegan aquí, curiosos más que atraídos, para en terreno constatar la veracidad de las seductoras promociones impulsadas por la administración central a través de sus dependencias competentes y las misiones diplomáticas esparcidas por el orbe. Decepcionados, o poco convencidos, abandonan luego el país con una visión nítida del contexto: que concurren una serie de factores o elementos que tornan altamente riesgoso la radicación de caudales.

Los factores identificados, al menos parcialmente, que reprimen el entusiasmo de los capitalistas residen en los siguientes ítems:

1. El mito de la energía barata, abundante y renovable: verdad y mentira a medias, debido a que la industrialización en gran escala requiere de considerable fuerza motriz (electricidad), imposible de satisfacer al presente, dado la insuficiencia y obsolescencia crónica de las redes de distribución de energía, que vuelven impracticables el uso de superiores porcentajes del potencial ocioso que las dos grandes usinas ceden forzosamente a los condóminos argentinos y brasileños.

2. La dudosa confiabilidad de las autoridades de los tres poderes del Estado: es proverbial y de manejo público la desconfianza que despiertan las autoridades en amplios segmentos de la sociedad, cavilación que se traslada a los foráneos y locales con ánimos de invertir. El recelo y la suspicacia hacia unos cuantos lastimosamente contamina al conjunto.

3. Sistema impositivo ambiguo: los hipotéticos grandes contribuyentes no avistan un régimen tributario que con meridiana transparencia y credibilidad les favorezcan con exenciones o bajas contribuciones al Fisco.

4. Escasez de mano de obra calificada: los recursos humanos calificados, entiéndase mandos medios, que incluye técnicos superiores y obreros especializados, no colman las expectativas, ya que no saciarán virtuales demandas masivas.

5. Infraestructura ausente o limitada: los parques industriales, aquellos complejos inmuebles destinados al asentamiento de empresas manufactureras provistos de los insumos básicos y esenciales para la producción de rubros diversos, caso energía eléctrica, agua potable, alcantarillado sanitario, red telefónica, acceso directo o fácil a las carreteras y calles principales, tratamiento de desechos, viviendas para serenos, y cercanía a comercios de necesidades habituales, huelgan por su ausencia.

6. Mediterraneidad: discapacidad geográfica insoluble que restringe, dificulta, obstaculiza y en ocasiones aborta la libre circulación de nuestras exportaciones e importaciones, principalmente la navegación comercial de la hidrovía Paraguay/Paraná, una cuenca hídrica de propiedad compartida en derecho por cinco repúblicas, Argentina, Brasil, Bolivia, Uruguay y Paraguay, que, sin embargo, se encuentra sometida al capricho, antojos y veleidades de los inquilinos de turno de la Casa Rosada.

7. La rigidez de los sindicatos: es archiconocido el prejuicio, por no decir el rechazo, de los empresarios de todos los colores hacia los sindicatos de trabajadores, gremios que empujando legalmente la consolidación de las conquistas afanosamente alcanzadas, más la consecución de nuevas ventajas, ignoran tantas veces el legítimo interés de los patrones, agigantando la cobardía del capital y suscitando la corrida de eventuales inversores.

Excepto el numeral 6, la resolución de los demás puntos pasa por la voluntad política, el patriotismo y las ansias genuinas de los mandatarios por servir a la nación y su gente.-

04/diciembre/2018

One Response to EL PLENO EMPLEO, UN RENGLÓN QUE AMEDRENTA A LOS GOBIERNOS

  1. Rogelio A. Careaga dice:

    El excelente artículo del Sr. Silva provee un diagnóstico de los obstaculos que enfrenta el Paraguay para atraer inversiones de empresarios nacionales como también del exterior. A su lista hay que añadir uno más, el pequeño tamaño del mercado interno. Supuestamente, el Mercosur iba a solucionar ese problema, pero los paises vecinos creaban tantos problemas para la entrada de productos hechos en el Paraguay que algunos potenciales inversores optaron por establecer sus operaciones en el Brasil o en la Argentina.

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