ACUERDO CON LA UNIÓN EUROPEA, ¿TABLA DE SALVACIÓN PARA EL MERCOSUR?


Por Cándido Silva

La firma del acuerdo birregional MERCOSUR/Unión Europea (UE), probablemente sea la última oportunidad para que el bloque suramericano permanezca como Unión Aduanera. Imperfecta ciertamente, pero Unión Aduanera al fin. Las tratativas que llevan más de dos décadas, con treguas de por medio, no logran el consenso de las partes debido a acentuadas discrepancias en materia de intercambio comercial.

Por un lado, la UE pretende invadir nuestro mercado regional con sus industrias de punta: automotores varios, maquinaria pesada, productos farmacéuticos, artefactos agrícolas, herramientas diversas, instrumental médico, informática, prendas de vestir de cotizadas marcas, electrodomésticos, etc.; en tanto que el MERCOSUR proyecta inundar el continente septentrional con insumos, producción primaria y manufacturas de origen agro/ganadero.

Ambos se manifiestan reacios a la apertura total de sus respectivas plazas, vale decir, se oponen a la completa liberación impositiva, el públicamente encomiado arancel cero de la globalización, contradictoriamente muy recelado en la intimidad de las alianzas interpaíses, puesto que amenaza la competitividad de las producciones nacionales. La voluntad para concesiones y renunciamientos mutuos brilla por su ausencia en las agendas de los interlocutores, hay que aseverarlo.

Con ese panorama de posturas inflexibles, que no vaticina cambios sustantivos y positivos a corto o mediano plazos, y menos aún en el futuro inmediato, las conversaciones se prolongan en el tiempo, en una suerte de citas protocolares en las que se canjea cordialidad a granel y la promesa recíproca de un avance mayúsculo en el siguiente encuentro, una quimera que el léxico diplomático habitualmente tantea enmascarar.

Expectante se aguarda la declaración oficial de Jair Bolsonaro en torno al concierto bilateral, una vez asuma la primera magistratura del Brasil, miembro predominante cuya voz y voto ejerce ascendencia determinante en el acontecer del MERCOSUR. Opinando en barbecho, entendemos que el referido mandatario se pondrá incluso “más duro”, generalizando esa rigidez al interior del grupo, por fuerza de su preponderancia.

Nada extraño sería, entonces, que las calendarizadas rondas de entendimiento se suspendieran sine die, prologando una etapa de retroceso dificultosamente reversible, que sumirá al MERCOSUR en un estado de limbo institucional susceptible de proseguir a trompicones como unidad, desandar la senda recorrida reculando a zonas primarias de la integración, o directamente optando por disolver el convenio cuatripartito.

Paraguay, ¿para dónde dispara? Complicado asunto. En principio solo resta observar el comportamiento de Brasil fundamentalmente, y de Argentina, en segundo lugar, para así sacar conclusiones veraces sobre el porvenir de un colectivo renuente a su misión de crear prosperidad compartida al torpedear sistemáticamente el libre movimiento por los territorios de la comunidad.

Importa memorar que la rutina atávica del gobierno federal de Buenos Aires de obstaculizar con vehemencia el comercio paraguayo que circula por el Paraná rumbo a los puertos del Atlántico, ha sido engendrada en tiempos del Virreinato del Río de la Plata, una hostil práctica de los argentinos que poco o nada atenuó la suscripción del Tratado de Asunción. Valga la digresión para recalcarlo.

Retomando, advertimos que la eventual rúbrica del convenio con la UE representará palmariamente el mayor logro del MERCOSUR en 27 años de magra existencia. Presumiblemente la tabla de salvación que ansían los propulsores y valedores de la integración constructiva de los pueblos. Aunque la realidad y la experiencia nos enseñan a ser pragmáticos, admitiendo la extrema complejidad de la situación, que, empero, podría dar un giro radical. El individuo es pasible de transformaciones inopinadas. Flamantes políticas, emergentes escenarios, nuevas necesidades, estrenadas visiones bien podrían constituirse en fermentos para reanimar un proceso que languidece aceleradamente a causa de la intransigencia.

Cual medida preventiva habrá que ir madurando alternativas viables a la integración, para el caso de que fracase definitivamente el afán de convergencia con los europeos. Volver al antiguo régimen en que cada quien maneje sus exportaciones e importaciones con arreglo a su interés particular, buscar nuevos asociados para conformar sociedades de Estados soberanos, o, en lo que atañe a Paraguay, abrirse a una simbiosis con alguna potencia de primerísimo orden del mundo libre.

Con la sugerencia en cursiva, dejamos espacio a la imaginación ciudadana.-

15/Noviembre/2018

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