CUPOS DE PODER Y LUCRO FÁCIL


Por Cándido Silva

¿Volveremos alguna vez a los viejos tiempos en que el noble arte de la política se empleaba exclusivamente al servicio del Estado y en la formación de autoridades, sin objetivos bastardos?

Los eximios pensadores de la antigüedad nos han legado a través de sus inmortales obras una majestuosa disciplina que estructura la convivencia civilizada en la poblaciones, merced a la presencia del Estado, árbitro y regulador del acontecer humano en su carácter de individuo social perteneciente a colectivos interactivos.

La política sistematiza la participación ciudadana en la formación de sus autoridades, confiando a las asociaciones y movimientos partidarios, los Partidos Políticos, la organización y celebración de elecciones periódicas en las que el voto libre y directo en mayoría escoge a quienes representarán a sus mandantes en los diversos ministerios públicos de extracción popular.

La política es el soberbio procedimiento, nunca igualado y carente de alternativas u opciones conocidas, que faculta al homo sapiens a consagrar su talento innato de servir a su comunidad y al país, ejerciendo gracias al sufragio de sus conciudadanos cargos ejecutivos y legislativos originados para crear condiciones propicias de desarrollo estable y equilibrado, con igualdad de oportunidad para todos, honesta y sapiente inversión de las rentas, austeridad en los gastos oficiales, pacífica coexistencia y libertad de acción, opinión y desplazamiento.

Penosamente, sin embargo, la contemporaneidad asiste a la degeneración progresiva de la benéfica y excelsa misión primordial de la política. El hombre moderno, codicioso y ávido de poder, corrompe la insigne y sublime propensión al servicio público, sometiendo a los Partidos Políticos a sus apetencias personales y grupales, confinando el bienestar común al trastero de su programa de acción.

Las redes sociales y la prensa no siempre independiente y tantas veces lenguaraz, desnudan hechos y situaciones anómalas que la gente informada conjeturaba desde antaño, aunque privada de fuentes convincentes que ilustren con testimonios creíbles, exentos de ambigüedades, la perversa deformación de su rol natural que soportan las instituciones fundadas para construir prosperidad, a partir de un Estado regentado por gobiernos patriotas que aseguren que los recursos públicos se dispongan en provecho de la generalidad y no solamente de individuos y/o determinados sectores consonantes con los mandos de la hora.

La ambición desmedida, el oportunismo, la desvergüenza y la astucia son factores cruciales a la par que “requisitos” excluyentes para aquellos bípedos pensantes que vislumbran la política cual dispositivo apto para acumular fortuna fácil operando al margen de la ley, estafando al honesto contribuyente, despojando a la república de sus bienes, y sembrando la desventura en miles de familias de la ciudad y la campiña.

La compra/venta de influencias, la malversación y desvío de fondos, la manipulación de licitaciones, las adjudicaciones de dudosa legalidad, las sobrefacturaciones, el reparto inmoral de prebendas, la comercialización clandestina de propiedades, muebles y vehículos del Estado, la “vista gorda” aduanera al contrabando, y el amaño de sentencias judiciales, son las más resaltantes modalidades que los pillos metidos a mandatarios, magistrados, burócratas de alto rango y funcionarios recaudadores explotan en favor suyo y sus protegidos, en sádico desmedro de la sufriente e inerme población.

La delincuencia estatal, una floreciente “industria” infecta que carcome desde los cimientos las entidades de la democracia representativa, soporta punzantes latigazos propinados por sus verdugos, la civilidad organizada, ese segmento creciente y dinámico de la ciudadanía que venciendo la apatía, la timidez e incluso el miedo, hace uso enérgico y positivo de sus derechos y garantías constitucionales, exigiendo sanciones y redención ética de quienes en su nombre envilecen el preclaro cometido de la política.

Antes que reclamar castigos para los iconoclastas de la probidad, exhortamos que de inmediato ellos mismos practiquen un piadoso mea culpa, manifiesten propósito de enmienda, indemnicen a la nación, y opten por un catártico y temporal retiro voluntario que borre los vicios, absuelva los estigmas y allane el camino para la reinserción plena a una sociedad que esforzadamente se gana estipendios, utilidades y credenciales de rectitud.-

02/noviembre/2018

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