¿EMPIEZA LA AGONÍA DEL MERCOSUR?


Por Cándido Silva

Prosperar en unidad de esfuerzos, construyendo consensos y aportando talentos, conocimientos, experiencias, recursos y tecnología en aras de una producción con membrete comunitario, es el lema instituido por la Integración, esa otrora compacta y floreciente modalidad de interacción adoptada por la mayoría de las naciones del mundo libre, que con efecto aglutinador prácticamente sustituyo al añoso estilo de desarrollo individual.

La globalización, instalada por una colectividad internacional consciente de la perentoriedad de hallar novedosos mecanismos de óptima y fecunda aproximación entre sus miembros, particularmente en el área del intercambio comercial, hoy ve intimidado su imperio a raíz de eventos políticos que marcan un punto de inflexión para los bloques económicos como el MERCOSUR y la Unión Europea (UE), por citar los más afines a escala local.

La atenuación al máximo de los controles fronterizos y el levantamiento de las barreras aduaneras, suprimiendo o reduciendo al mínimo los costosos y prohibitivos aranceles, representan el sumun de una multilateralidad que pregona y aplica el libre movimiento de mercancías, capitales, mano de obra y personas por los territorios adheridos a las mancomunidades.

La salida de una Gran Bretaña adoradora de la libra esterlina de la UE; el ascenso del archi nacionalista y xenófobo Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos de América, y el retorno de la ultra derecha al Brasil con el reciente triunfo de Jair Bolsonaro, son hitos concluyentes que analistas y observadores coinciden en aseverar en que nos encontramos en la forzada encrucijada de escoger entre el actual de sistema de concertación y convergencia, y el designio de los gobernantes británicos, estadounidenses y brasileños de que cada quien bregue por lo suyo, pacte por separado y negocie acuerdos de naturaleza bilateral.

En esencia, los ideales de solidaridad, interdependencia, complementación y equilibrio propagados y consumados a medias con resultados relativamente auspiciosos, según la zona, al presente incursionan en un espacio de tormentas difícil de capear, arduo de contrarrestar, debido al peso económico y político de tres protagonistas de manifiesta influencia en el quehacer y devenir planetario.

La hipotética disolución o merma significativa de atribuciones de las alianzas interpaíses supondrá, en este último caso, la supresión de los organismos de la supranacionalidad que en el MERCOSUR, específicamente, la componen el Consejo Mercado Común (CMC), el Parlamento y el Tribunal Permanente de Revisión (TPR), cediendo lugar a Comisiones Nacionales que con restringidas potestades se encarguen de las formalidades administrativas y jurídicas del mercadeo.

Los complejos procesos de integración, cuyo afianzamiento y permanencia en el horizonte de la producción y la comercialización en equipo con el epígrafe de Unión Aduanera (UA), amenazan con retroceder a estadios más simples y mucho menos comprometidos, como serían las Áreas de Libre Comercio (ALC), en las que no existen Arancel Externo Común (AEC) ni dispensas impositivas como tampoco libertad de movimiento allende los confines limítrofes.

Se avizora un tiempo de “renacimiento” comercial a nivel global. Será para bien; será para mal, o será para lo mismo, es la incógnita a develar. Por de pronto, y fijándonos en nuestro acontecer regional, el siguiente ministro de Hacienda del Brasil, Paulo Guedes, factótum económico del mandatario electo, adelantó enfáticamente que el MERCOSUR al igual que Argentina no constituyen prioridades para su gobierno. Categórico. Terminante. Explícito.

El propósito de Michael Temer, el jefe de Estado saliente, de un MERCOSUR flexible a la hora de convenir tratados de libre comercio fuera de la órbita institucional del grupo suramericano, es casi un hecho que fructificará durante el mandato de Bolsonaro; es más, se avanzará en el plan y nada cuesta imaginar la extinción a mediano plazo de una teórica voluntad integracionista que lleva 27 años de vigencia, acopiando ciertamente más frustraciones que satisfacciones, especialmente para Paraguay, el socio de mayor fragilidad como consecuencia de su carencia de litoral marítimo.

No obstante estos vaticinios forjados con arreglo a la realidad emergente, habrá que aguardar el comportamiento del nuevo ocupante del Planalto, que a priori apuesta y aboga por acrecentar en solitario la manufactura nacional de exportación, fiel a su objetivo supremo de incrementar superlativamente las ventas, disminuyendo, también superlativamente, las compras.

Brasil es el miembro predominante y omnipotente del MERCOSUR. Sin Brasil, no hay MERCOSUR. Eso hay que entenderlo. Para colmo, relega al segundo asociado en poder estructural, Argentina, a un plano secundario. ¿Visualizamos entonces las vísperas de un cambio inminente y radical en la comarca sub continental? ¿Estamos asistiendo al principio de la agonía del MERCOSUR? Preguntas cardinales que con seguridad tendrán respuestas en breve.-

30 de octubre de 2018

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One Response to ¿EMPIEZA LA AGONÍA DEL MERCOSUR?

  1. Rogelio A. Careaga dice:

    Excelente artículo. Felicitaciones a su autor, Cándido Silva

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