RENOVAR SISTEMA ELÉCTRICO NACIONAL


Por Cándido Silva

Es altamente previsible que el sistema eléctrico nacional colapse este verano cuando las bochornosas temperaturas estivales mortifiquen al extremo a la población, digamos allá por enero y febrero del año entrante.

Desde hace unas dos décadas, el uso de los acondicionadores de aire se ha venido intensificando aceleradamente. Las oficinas oficiales y privadas, establecimientos comerciales y negocios diversos trajinan en recintos climatizados durante aproximadamente 12 horas diarias o más incluso, tiempo duplicado para el caso de las residencias particulares.

La ardiente estación estival transforma hoy el aparato de refrigeración ambiental en artículo de primera necesidad, ya no constituye pues suntuosidad exclusiva de gente de clase media alta para arriba.

La derivación anunciada de lo expuesto es la irremediable saturación del sistema eléctrico, que llegado a un límite insostenible no se compondrá con soluciones temporales de tipo cataplasma o parche, como habitualmente efectúa la ANDE, tras las intempestivas interrupciones del servicio de energía eléctrica, los populares e insufribles apagones que dejan ciudades enteras a oscuras en la noche, con la consiguiente torturas que representan el calor excesivo, el penetrante pinchazo de los dípteros (mosquitos), la ausencia de sueño y el nulo descanso nocturno.

Urge, apremia la sustitución de la red de cableado en todo el territorio de la república, que una vez reformada hará factible la transmisión del incrementado fluido eléctrico a través de la línea de 500 kv, que une Hernandarias con el Bajo Chaco, normalizándose la distribución de la energía y eliminándose definitivamente la irritante coyuntura de los cortes de suministro.

Ciertamente, el emprendimiento mencionado es de gran envergadura, costoso, y que se extenderá alrededor de un lustro. Técnicos y expertos del área conocen sobradamente que la renovación de los hilos conductores es el único expediente infalible para doblegar el inminente síncope energético pero, curiosamente, obvian enfocar el peliagudo punto, denunciando, en cambio, desidias, ineptitudes, insuficiencias presupuestarias, corrupciones y malversaciones en el manejo de fondos por parte de las autoridades de la ANDE. Salen por la tangente, eluden responsabilidades, en lugar de informar fidedignamente a los inermes y sufridos usuarios.

Para que el ingente e inexcusable proyecto cobre forma, es forzoso una suerte de consenso político en las altas esferas del poder público. Se requiere coraje, resolución y voluntad ejecutiva de parte del gobierno de turno, el principal responsable, para iniciar ese proceso de renovación largamente postergado a sabiendas de que no consta alternativa u opción de similar porte y eficacia.

En plan de anécdotas, relatan allegados al círculo palaciego del general Alfredo Stroessner, que una oportunidad el ingeniero Enzo Debernardi, titular de la ANDE, concurre al despacho del primer mandatario y le expone la perentoriedad de modernizar y ampliar el sistema de cableado nacional, previendo futuras contingencias. El “Rubio” le responde que estudiará su propuesta, prometiéndole que en breve le comunicaría su decisión. Unos días después de la entrevista, el presidente convoca a Debernardi y le manifiesta literalmente: “ingeniero, me asesoré respecto de su planteo y la verdad que no hace falta invertir tanto dinero en algo innecesario. Sabe por qué le dijo eso, sencillamente porque con cada compatriota que nace otro compatriota pasa a mejor vida; entonces, la población se mantiene constante como también se mantiene constante el consumo de electricidad. ¿Me entiende?”

Imaginamos que ese pensamiento de quien gobernará el Paraguay con mano de hierro durante 35 años, hizo mella en sus sucesores para continuar posponiendo el ajuste y la adecuación de una infraestructura energética que lanzaba sensibles advertencias de desplome a plazo alarmante.

En lo atiente a los fondos para la ejecución de la obra, fuentes enteradas aseguran que se halla pronto a liberarse, cuando los organismos locales lo aprueben, un crédito de 400 millones de dólares del Fondo Financiero para el Desarrollo para Cuenca del Plata (FONPLATA), más otros préstamos menores de organismos internacionales, presumimos que el Fondo de Convergencia Estructural del Mercosur (FOCEM), entre ellos.

En conclusión, exigimos a la nomenclatura formalidad y compromiso con la autenticidad de los hechos. Que acaben las medias verdades y cuasi mentiras que campean al interior de la administración de electricidad y conexos. Y, por encima de todo, que el gobierno de la hora asuma la obligación imprescriptible de aliviar el tormento de la ciudadanía en las épocas caliginosas.-

24/octubre/2018

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