AUTOCONVOCATORIA, AUTOGESTIÓN Y PODER CIUDADANO


Por Cándido Silva

La ciudadanía organizada, aquella constituida en electorado durante los comicios generales, municipales y partidarios, debe tomar el control del país a través de sus colectivos legalmente conformados. Vale decir, no restringir su intervención en los asuntos públicos depositando su voto en las urnas, para después caer en un estado de absoluta pasividad, dejando el cúmulo de la ejecutoria gubernativa en manos de los investidos por el sufragio popular y sus respectivos allegados.

Es escandalosamente bochornoso y calamitoso en exceso presenciar como los omnipotentes políticos de la hora, las autoridades de turno, y el funcionariado encargado de administrar y custodiar los fondos y patrimonios nacionales, esquilman impunemente al país con la complacencia y connivencia de jueces, fiscales y contralores, más la indulgencia cómplice de determinados actores del sector privado.

Poner término a estos alevosos atracos al Fisco que sumergen a la república en la inanición material, moral y mental requiere, más bien urge, trocar o, por lo poco, transformar profundamente los fundamentos del vínculo entre mandantes y mandatarios, reformando la Constitución Nacional, a los efectos de incorporar en su nueva versión títulos y capítulos que amplíen y robustezcan la participación del común en los negocios oficiales, facultando a la población empadronada y agremiada a ejercitar los derechos de la autogestión y la autoconvocatoria, en casos extremos en que los resortes institucionales ordinarios se vean rebasados, sea por ineptitud, negligencia o contubernio de los apoderados.

La Revocatoria de Mandatos, la supresión de ciertas entidades que engrosan superfluamente el Presupuesto General de la Nación, la fusión de aquellas con similares competencias y atribuciones, la reformulación de prerrogativas, y la especificidad de capitales artículos sujetos a enviciadas y utilitarias exégesis, son pendientes sensibles e impostergables que resueltamente deben encararse y sancionarse en la próxima Asamblea Nacional Constituyente, si de verdad se pretende reconstruir una patria donde la ausencia de oportunidades y las diferencias sociales y económicas se ahondan y aceleran con el correr del tiempo.

La perversidad de pensamiento y acción, la degradación de los valores éticos y la inhumación sistemática de la decencia en aras del acopio de riqueza y poder en el menor plazo posible, y sin reparar en la licitud de los medios, inficionan las entrañas mismas de una comunidad política y burocrática que en esencia tendría que abocarse a producir prosperidad incluyente, única receta susceptible de amainar e incluso desterrar los flagelos de la ignorancia, el desempleo, la agudización de la pobreza, la marginalidad, el hacinamiento, la promiscuidad, la desnutrición, y la delincuencia originada en la carencia de recursos mínimos orientados solventar los gastos elementales de la subsistencia.

Este panorama de postración social solo podrá alterarse en beneficio de la generalidad modificando sustancialmente la legislación matriz en aquellos ítems que consienten y alientan la división en clases donde la capacidad adquisitiva y la influencia ante los altos mandos civiles presiden los diversos círculos de concurrencia del individuo en su calidad de persona física.

El 15 de agosto entrante asume el nuevo titular del Ejecutivo. Será el momento propicio para plantear enérgicamente una revisión inmediata o en breve lapso del contexto jurídico que reglamenta el funcionamiento del Estado, intensificando y resguardando su rol cardinal de obrar cual herramienta destinada al servicio del terruño y su gente, anexando cláusulas taxativas que frenen el consuetudinario impulso criollo de lograr prebendas, canonjías y sinecuras con exclusivo propósito crematístico.

Nada nos falta para que en contados lustros nos convirtamos sino en potencia económica por lo menos en un país con evidentes indicativos de auge sostenido. Imitemos el modelo de naciones de territorios mucho más reducido que el nuestro, sin los recursos naturales que abundan en nuestro hábitat, y con accidentes geográficos limitantes desconocidos a escala local pero que pese a tales obstáculos figuran desde hace décadas en la galería de sociedades de elevado desarrollo integral, ejemplo, Suiza, Holanda, Bélgica, Luxemburgo, Austria, Dinamarca, Nueva Zelanda, Islandia, Corea del Sur, Taiwan, Singapur, Israel, etc.

Permanece aún inalterable la esperanza de redención de aquellos agentes venales comprometidos con la gerencia del Erario, como también de los compatriotas que en la cima del imperio político parco o nulo aporte hacen a la regeneración del ladino intelecto autóctono, amparando las honorables excepciones, como es obvio colegir.-

Julio de 2018

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