TRASFONDO Y FONDO DEL CONFLICTO ENTRE PALESTINA E ISRAEL (Ampliación)


Rogelio A. Careaga, Ph.D. de Stanford University

Con motivo de la reciente decisión del presidente Trump y del presidente Cartes de mudar las embajadas de sus países de Tel Aviv a Jerusalén, me parece oportuno ofrecer el siguiente análisis del conflicto entre Palestina e Israel. No intento sopesar las consecuencias positivas y negativas para nuestro país de la decisión de Cartes, sino más bien comprender la dinámica del conflicto. Tampoco pretendo emitir juicio normativo sobre la conducta de los países involucrados directa o indirectamente, sino examinar las cosas como las veo.

Desde el establecimiento del Estado de Israel el 14 de mayo de 1948, los países árabes se han opuesto a reconocerlo y han declarado su intención de eliminarlo. No solo los países árabes, sino también Irán ha manifestado su intención de acabar con Israel. Evidentemente dichos países perciben a Israel como una amenaza. Y, para atacarlo, nada les ha servido mejor como excusa que la expulsión de los palestinos de sus casas y de sus tierras. Excusa o no, hay que reconocer que la suerte de la población de palestinos que viven en Israel y en los territorios ocupados es un problema legítimo que debe ser resuelto. Como es de todos conocido, dichos territorios fueron ocupados por Israel durante las guerras de 1948 y de 1967 y hasta hoy, después de más de medio siglo, siguen ocupados. Debido a que este conflicto puede convertirse en la chispa que hace estallar una gran conflagración, ha atraído el interés y la atención de otros países de mayor gravitación en el escenario mundial. En efecto, varios gobiernos de los Estados Unidos y de algunos países europeos han realizado esfuerzos para reconciliar a las partes y establecer una paz duradera.

Así los esfuerzos del gobierno del presidente Jimmy Carter y los del gobierno del presidente Bill Clinton se concretaron en los Acuerdos de Camp David de 1979 y los de Oslo de 1993 y 1995. Como resultado de lo acordado en Camp David, Menachen Begin, primer ministro de Israel y Anwar al Sadat, presidente de Egipto, firmaron en Wahington, D.C. un tratado de paz entre sus países. Los tratados entre Israel y la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), que se iniciaron forma secreta en Oslo, capital de Noruega, lo firmaron en Washington, D.C. el primer ministro israelita Yitzhak Rabin y, en representación de la OLP, Mahmoud Abbas. El segundo acuerdo de Oslo fue firmado en Egipto. Estos acuerdos resultaron en la creación de la Autoridad Palestina como gobierno autónomo con jurisdicción en la franja de Gaza y parte de la región occidental del Río Jordán y en el reconocimiento de parte de la Autoridad Palestina del estado de Israel. Con la firma de estos acuerdos, se daban los primeros pasos que debían conducir al establecimiento de un estado palestino independiente. Lamentablemente, muchas cuestiones quedaron pendientes, entre ellas la ocupación de territorio palestino, los asentamientos, considerados ilegales por los Estados Unidos y por las Naciones Unidas, y la disputa sobre Jerusalén.

Hay que resaltar qué por atreverse a firmar los mencionados acuerdos de paz, el presidente de Egipto Anwar al Sadat fue asesinado por sus propios guardias y el primer ministro de Israel, Yitzhaq Rabin, por un israelita fanático.

Considerando las muchas tentativas de poner fin a las guerras y a los actos de terrorismo, es apropiado preguntar por qué, a pesar de tantos esfuerzos, muchos no mencionados en este ensayo, hasta hoy no ha sido posible llegar a un acuerdo entre palestinos e israelitas. La intransigencia de las partes, la rigidez de las posturas adoptadas, y los factores e influencias externas que condicionan las enmarañadas relaciones entre estos dos adversarios nos hace pensar que la respuesta se debe buscar más allá del ámbito inmediato y ubicar este conflicto, aparentemente local, en un contexto más amplio que incluye los conflictos entre las potencias mundiales y de las regionales entre sí.

Por tanto, parece razonable proponer que, en última instancia, el problema entre palestinos e israelitas tiene sus raíces en el conflicto entre Estados Unidos y Rusia y cobra vitalidad del apoyo que estos países brindan a sus respectivos aliados. Pero lo que el mundo observa son las luchas asimétricas entre palestinos e israelitas como, por ejemplo, la Intifada. También observa actos de terrorismos, lanzamiento de misiles desde Gaza y las severas represalias de las fuerzas armadas israelitas que buscan desalentar nuevos ataques.

Lo que no siempre resulta claramente visible es el afán de las grandes potencias de controlar el Oriente Medio. Esta región, por su posición geográfica y por ser la mayor fuente de petróleo del mundo es de gran valor estratégico. Además, los países de esta región constituyen excelentes mercados para las grandes compañías de Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Rusia y las de otros países que fabrican y les venden aviones de combate, misiles, radares, armas de todo tipo, e inclusive tecnología nuclear, supuestamente para uso pacífico.

Así pues, impulsados por el afán de control o necesidad geopolítica, los Estados Unidos y la Unión Soviética, ahora Rusia, su principal heredera, han establecido alianzas con los países de la región. Una de las más importantes y estables es la de Estados Unidos con Israel. El apoyo de Estados Unidos a Israel, a pesar de algunas diferencias y tensiones ocasionales, es prácticamente incondicional. Sus alianzas con otros países de la región, sin embargo, han sido menos estables. Por ejemplo, la alianza con Arabia Saudita, ha sido un tanto cambiante, a veces precaria y tensa, como después del ataque a las Torres Gemelas, y durante el gobierno de Obama, y a veces armoniosas, como actualmente. Las relaciones con Egipto y Jordania durante algunos períodos han sido buenas y durante otros conflictivas. Las relaciones con Irán habían sido excelentes en la época del Shah Mohammad Reza Pahlavi, que había llegado al poder mediante un golpe de estado organizado por la CIA. Pero a partir de la instauración de la revolución islamita, cuyos partidarios asaltaron la embajada americana y tomaron de rehenes a los diplomáticos, Irán se ha convertido en peligroso enemigo.

Del lado opuesto, la Unión Soviética, ahora Rusia desde hace décadas han mantenido buenas relaciones con Siria. Éstas se volvieron más estrechas en la época en que gobernaba el General Hafez al Assad, padre del actual presidente, Bashar al Assad. Es decir, desde hace tiempo, Siria ha contado con la protección de la Unión Soviética y actualmente con la de Rusia. Sin embargo, las relaciones de la Unión Soviética con Irán, han sido antagónicas, aunque después de la disolución de la Unión Soviética, las relaciones con Rusia han mejorado notablemente. Las mejores relaciones, probablemente se debe a que tienen como enemigos comunes a Estados Unidos, a Israel y a Arabia Saudita.

A nivel regional, el problema de fondo es la pretensión de Irán de convertirse en la potencia hegemónica del Oriente Medio y su empeño en fabricar armas nucleares. El conflicto religioso que mantienen los Chiítas de Irán con los Sunnitas de los países árabes sirve de velo para ocultar ambiciones de conquistas terrenales y para justificar el financiamiento y adiestramiento de grupos terroristas como Hezbollah. El régimen Chiita de Irán considera a Estados Unidos como su gran enemigo y teme que este promueva y apoye un cambio de régimen. A Israel lo ve como cabecera de puente de Estados Unidos en esa región, de ahí su decisión de mantener vivo el conflicto entre palestinos e israelitas. Irán no solo apunta a destruir o por lo menos a debilitar a Israel, sino también a impulsar la caída de la monarquía de Arabia Saudita. En efecto, Irán y Arabia Saudita se hallan en guerra indirecta o por intermediarios. La lucha tiene lugar en Yemen. La aviación de Arabia Saudita y de ocho países árabes coaligados, bombardean al bando Chiíta, denominado Houthis, respaldado por Irán. Los Houthis han provocado una guerra civil y se han apoderado de gran parte del territorio de Yemen. Como siempre los inocentes pagan las consecuencias. Los iraníes y los sauditas no se enfrentan directamente, ni en sus propios territorios, el combate tiene lugar en Yemen donde la población civil de mujeres, niños y ancianos son los más afectados por los bombardeos y por la falta de alimentos y medicamentos.

La amenaza que la guerra civil en Yemen representa para Arabia Saudita ha resultado en el

afianzamiento de las relaciones de este país con los Estados Unidos. Además, el continuo

apoyo de Irán a grupos terroristas y al gobierno de Siria, protegido por Rusia, ha causado un

giro en la política exterior de los Estados Unidos favorables a Arabia Saudita. Y como Arabia

Saudita concentra su atención en contener a Irán y evitar la victoria Chiita en Yemen, sus problemas con Israel y su apoyo a los palestinos han pasado a segundo plano. Así pues, Israel se siente fortalecido y menos dispuesto a dar los pasos necesarios que conducen a la paz.

Tal vez el mayor obstáculo que previene la solución del conflicto entre Israel y Palestina es la ocupación por Israel de la Zona occidental del Río Jordán y de la zona de Siria denominada Golan Heights. Siria apoya al grupo radical palestino, Hamas que gobierna la franja de Gaza y es el menos dispuesto a hacer concesiones a las pretensiones de Israel. La franja de Gaza fue ocupada por Israel en 1948. las demás zonas fueron ocupadas durante guerra de 1967. Según Jimmy Carter, ex presidente de los Estados Unidos, quien trabajó incansablemente para lograr la paz, el fracaso se debe a que los gobiernos de Israel, especialmente los del Partido Likud, realmente no están a favor de la solución denominada de los dos estados, porque quieren quedarse con toda la franja oeste del Jordán. De ahí que sucesivos gobiernos, en violación de lo determinado por la Naciones Unidas, han seguido con la política de permitir nuevos asentamientos en esa zona.

Del lado palestino, el obstáculo reside en la división entre quienes gobiernan en la franja de

Gaza y en la franja occidental. En la franja de Gaza, como ya se mencionó, gobierna Hamas, y en la zona oeste del Jordán gobierna la Autoridad Palestina. Hamás, organización conformada por Sunnitas, inicialmente contaba con el apoyo financiero de Siria e Irán, pero la guerra de Siria ocasionó un conflicto entre Chiitas y Sunnitas y perdió el apoyo financiero de estos países. Sin embargo, actualmente Irán a reanudado su apoyo financiero y probablemente el suministro de material bélico. Hay que hacer notar la injerencia de Turquía, país miembro de la OTAN en el conflicto. En efecto, hace apenas unos días el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan ha declarado públicamente que a Hamas todavía le queda un amigo.

Esa declaración es notable porque Hamas está considerado por Estados Unidos como grupo terrorista. En cambio, la Autoridad Palestina es vista como la facción más moderada y cuenta con el apoyo de Estados Unidos y de otros países. La oposición más fuerte a un acuerdo con Israel proviene de Hamas. Este grupo militante es el que con más frecuencia lleva a cabo los ataques a Israel y moviliza a la población para manifestarse contra todas las medidas y actos de Israel que considera injustos o que menoscaban la causa palestina. Es importante resaltar que los habitantes de Gaza han sido objeto de los más feroces y devastadores ataques de la aviación y la artillería israelita. La destrucción material y las numerosas bajas causadas por las fuerzas israelitas se caracterizan por ser esencialmente punitivas y fuera de toda proporción con las bajas y daños ocasionados por los ataques a Israel perpetrados por Hamas.

En estos días el mundo ha sido testigo de las manifestaciones en Gaza en protesta por la decisión del presidente Trump de mudar la embajada de su país a Jerusalén y reconocer que Jerusalén indivisa es la capital del Estado de Israel. Esta decisión ha exacerbado este interminable conflicto en detrimento de los palestinos y de la paz en esa región. El número de jóvenes palestinos que han perdido sus vidas en batallas desiguales con las fuerzas israelitas aumenta cada día. Es hora de que la solución conocida como de los dos estados se vuelva realidad y tanto israelitas como palestinos vivan en paz.

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