CAPÍTULO II LA UNIDAD GRANÍTICA COMIENZA A REQUEBRAJARSE (primera parte)


Discurso abdista contra las oligarquías. Los primeros enfrentamientos. La entelequia de Seifart. Che pico vicepresidente primero rante a valé. El tradicionalismo asesta el primer golpe. Castigo para los triunfadores. El segundo golpe en el centro Ignacio A. Pane. Reacción tradicionalista: Chaves convoca a Romero Pereira y a Seifart. Reacción militante: Nacimiento del cuatrinomio. El tradicionalismo se agrupa. El atraco y sus consecuencias. El discurso militante será copiado. Castigo final: El parlamento se integra con militantes. El tradicionalismo calienta los motores. Mi destitución del SNPP.

Extraído de libro  TESTIMONIO POLÍTICO REVELACIONES DE UN PRESIDENTE DEL EX PRESIDENTE LUIS ANGEL GONZÁLEZ MACCHI. Publicamos este testimonio político porque la actualidad nos dice que el hijo seguirá los pasos del padre. Esta vez la división del Partido colorado será sin retorno lo cual no deseamos. Confiamos que la experiencia vivida sirva para elegir el buen sendero. Nuestra propuesta es estar unidos en el disenso con una sola bancado en ambas cámaras donde cada cual preste su opinión o punto de vista. Pero de ninguna manera declarar la guerra abierta entre correligionarios. No es posible que 8 o 9 personas se impongan contra 800.000 votantes sin cuestionarle en tiempo y forma una negativa a su participación en las urnas. Pero en su momento bien que beneficiarse con sus votos para luego sin pudor alguno…. desecharlos.

Luego de la revolución de 1947 el Partido Colorado se consolidó en el poder. Pero pronto surgieron divisiones en su seno que hicieron que esta añosa agrupación política sufriera dolorosas deserciones. Así llegó al poder Don Federico Chaves en 1949, quien realizó todo lo que estuvo a su alcance para restañar heridas. Regresaron los exiliados a las filas del coloradismo. Se buscó un acercamiento con ellos que hicieron posible el ascenso del partido al poder el 13 de enero y que en esos momentos se encontraban en el exilio, pero fracasó. En 1954 un golpe de Estado militar, que tenía su conexión con el Partido Colorado a través el señor Epifanio Méndez Fleitas, colocó en el poder a un joven general de 41 años llamado Alfredo Stroessner, del arma de artillería. En 1955 la esperanza de la unidad volvió a renacer por obra de este militar que logró unir aunque a medias a guiones y demócratas bajo la preeminencia de estos últimos. En una gran reunión organizada por la Junta de Gobierno en 1955 en el cine teatro Granados y presidida por el arquitecto Tomás Romero Pereira, se selló la unidad. Por eso se lo llamaba frecuentemente a Don Tomás el arquitecto del reencuentro de la gran familia colorada. El partido cogobernó con Stroessner y respetó su autoridad hasta que éste le dio la espalda al aparato partidario y a principios de 1980 comenzó a escuchar a su secretario privado Mario Abdo Benítez, figura nunca muy bien digerida en el seno de la Junta de Gobierno.

Discurso abdista contra las oligarquías

Ya a mediados de la década de 1970, Mario Abdo Benítez y sus seguidores, habían comenzado a desprenderse de la, hasta entonces, unidad granítica del Partido Colorado creando un sector interno para encumbrarse él como su líder. Su táctica consistía en denostar a los dirigentes tradicionales, como el propio Presidente de la Junta de Gobierno, Dr. Juan R. Chaves, Pedro Hugo Peña, Sabino Montanaro, Luís María Argaña, Carlos Augusto Saldivar, Juan Esteche Fanego, Juan Manuel Frutos, Manuel Frutos Pane, Saúl González, Percio Da Silva, Dionisio González Torres, Rubén Stanley, Carlín Romero Pereira, Ángel Roberto Seifart, Nenecho González Insfrán, José Antonio Moreno Rufinelli, entre otros. Los abdistas los tildaban de oligarcas del partido sin sensibilidad social, debido a que, según esta prédica, los nombrados y sus seguidores no visitaban o ayudaban a los correligionarios más necesitados. “Oligarcas que no mojan la camiseta”, afirmaban. En cambio este naciente sector (Abdismo), según su propio aparato propagandístico, se hallaba en permanente movimiento, ora entregando medicamentos o prestando diversas ayudas en el campo y la ciudad. Para ser un buen colorado, decían, había que militar las “24 horas” del día. Nace así la corriente abdista y sus integrantes eran mostrados como los portadores de las nuevas banderas de renovación partidaria. Hasta entonces el choque no fue muy frontal pero cada año se ponía más en evidencia la división. Por su parte los acusados de oligarcas reaccionaron y se apodaron tradicionalistas. Enseguida estrecharon filas alrededor del Dr. Chaves. Se conforma así el tradicionalismo y el abdismo. Más tarde estos últimos se harán llamar “militantes”. No obstante, la convivencia más aparente que real se mantenía con no poco esfuerzo de ambas partes por disimular enconos. El presidente de la república, sin embargo, no había tomado conciencia del peligro que acarrearía la fragmentación en el partido con la aparición de este nuevo sector.

Los primeros enfrentamientos

Por esos tiempos me hallaba yo al frente del SNPP. Recuerdo que en 1975 los militantes todavía llamados abdistas, presentan como candidato para el Consejo de Abogados Colorados al Dr. Salvador Rubén Paredes para enfrentar a la dupla integrada por el Dr. Oscar Balmaceda Cruzans y el Dr. Diógenes Latorre, este último padre del que fuera más tarde fiscal general del Estado y recientemente fallecido. Es en esta época cuando los bandos referidos se miden por primera vez. Balmaceda y Latorre, ya bien identificados con el tradicionalismo, triunfan por dos votos. Hay que tener en cuenta la fuerte presión palaciega para valorar esta victoria. En 1978 un grupo de amigos, particularmente de las promociones de la facultad de derecho de las promociones de 1971 al 73, se me acercaron, quizá debido a que mi padre era Ministro de Justicia y Trabajo desde 1966, año en que lo reemplazó en el cargo al Dr. Sabino Augusto Montanaro quien pasó a ocupar la cartera del interior en sustitución del Dr. Edgar L. Insfrán. Hay que recordar también que en ese tiempo – 1978 – regía la constitución de 1967 y los decretos de nombramientos de fiscales y jueces se generaban en el ministerio de Justicia como intermediario entre el poder judicial y el poder ejecutivo. Los decretos se hacían con acuerdo de ambos poderes pero con hegemonía del ejecutivo. Por eso el ministro, hasta la designación final, jugaba un papel muy importante. Y como yo tenía acceso directo a mi padre constituía la pieza más apropiada – seguramente habrán supuesto – para recomendar a amigos en los cargos. Por su parte los doctores Salvador Paredes, Pedro H. Doldan, José Domingo Vera Aguilera y J. Eugenio Jaquet me invitan a una reunión de carácter político dado que en ese año, 1978, debía renovarse la mesa directiva del Consejo de Abogados Colorados, organismo auxiliar de la Junta de Gobierno que en esos años se le daba mucha importancia política. Al igual que los centros estudiantiles, llámese, Ignacio A. Pane o Blas Garay. Yo entonces era un joven abogado de 31 años. Un acercamiento sugestivo de las figuras más representativas del abdismo. El lugar elegido fue el Edificio Montserrat o el Estudio Jurídico Montserrat, a media cuadra del entonces cine Granados, sobre la calle 14 de mayo. Una vez allí, me plantean la unidad del gremio a la par que me significan que los abogados a pesar de tener numerosos componentes de primera fila en el gobierno, llámese Juan Ramón Chaves, Sabino Montanaro, Papacito Frutos, Saúl González, Luís María Argaña, o Ezequiel González Alsina, no contaban con local social propio mientras los ingenieros y economistas colorados y otros profesionales disfrutaban de espaciosas sedes. Me pareció una buena propuesta y así les manifesté diciéndoles que debíamos profundizar el tema. Un mes más tarde me invitan nuevamente. Esta vez en la casa de José Domingo Vera Aguilera. Los encontré a los mismos participantes de la primera reunión. Se encontraba nuevamente el Dr. J. Eugenio Jaquet, la cabeza más visible del abdismo, quien más tarde -1983 – sustituye a mi padre en el ministerio de Justicia y Trabajo. Esta vez no concurrí solo. Le pedí que me acompañara a la reunión al Dr. Benigno Rojas Vía, el que fuera mi compañero de estudios en la facultad y muchos años más tarde designado procurador general en el gobierno de Duarte Frutos por breve tiempo. En esa ocasión me expresaron que el candidato de ellos para ocupar la presidencia del consejo era el Prof. Dr. Antonio Colmán Rodríguez, por entonces director jurídico de Itaipú y profesor universitario. Una persona con pergaminos, fue juez, pero sin credenciales políticas. No obstante, lo apoyaban, porque desde el sitio donde estaba prestando sus servicios profesionales – Itaipú – tenía recursos para ayudarnos, principalmente provenientes de aportes de colegas y consultoras jurídicas que prestaban servicios en dicha institución binacional. En cambio nosotros, incluyéndome a mí, me expresaron, no teníamos medios para enfrentar un desafío como es la construcción de un local social. Así, me propusieron que lo acompañara a Colmán Rodríguez como vicepresidente y exponente de la sabia nueva del gremio. Una manera elegante de unir al tradicionalismo y al abdismo aunque ellos quedándose con la presidencia. Les contesté que no podía tomar una decisión sin consultar con los colegas representativos del otro sector, llámense Balmaceda Cruzans, Nenecho González Insfrán, Diógenes Latorre, Ángel Roberto Seifart, Faustino Miguel Lamas, Coco Gaona, Bernardo Ocampo Arbo, Chaco Fernández Gagliardone, entre otros muchos.

La entelequia de Seifart

Para ese encuentro de consulta, el Dr. Faustino Miguel Lamas, director General del Trabajo del ministerio, fue el anfitrión del grupo tradicionalista más arriba señalado. Concurrí con mi amigo, el juez Chiqui Miranda, para informar la propuesta del abdismo. Les trasmitimos la proposición y luego de un análisis político, casi todos ellos concordaron que el candidato a presidente, Dr. Colmán Rodríguez, no reunía los atributos ni trayectoria política para ser presidente de los abogados colorados. Entonces alguien de pronto exclamó. – Ángel, vos tenés que ser el candidato, a lo cual Ángel Roberto Seifart contestó. – Les agradezco pero estoy en otra entelequia. Me quedó gravada esta expresión. Interpreté que su estrafalaria respuesta entrañaba un mensaje que expresaba su desinterés por el cargo y que él estaba para cosas mayores. Los presentes no rechazaban la idea de la unidad sino al candidato por no ser un par entre nosotros, es decir, un político. Nada tenían contra el “profe” Colmán Rodríguez pero estaban en desacuerdo que sea director jurídico de Itaipú y la vez presidente de los abogados colorados. ¿Si los abogados colorados a esa altura de los acontecimientos del año 1978 llegábamos a un acuerdo, hubiéramos podido evitar una división tan profunda dentro del partido en los años posteriores? Dejo esta interrogante para la especulación.

Che pico vicepresidente primero rante a valé

En estas circunstancias nuestro sector propone la candidatura a Coco Gaona. Este no dijo ni sí ni no, aunque no le desagradó la idea. Entonces yo pregunto, – ¿Qué cargo me van a dar a mí? Me proponen la vicepresidencia. Eso me causó gracia. – Señores, los abdistas me apoyan y me propusieron para vicepresidente y ustedes mis amigos me ofrecen lo mismo, les dije, agregando irónicamente. – ¿Che pico vicepresidente primero rante avalé?, les recalqué. (Nota: Yo para vicepresidente nomás sirvo). Bernardo “Naito” Ocampo Arbo captó mi pícara pregunta interviniendo inmediatamente. – Lucho tiene algo de razón de manera que no decidamos nada por ahora, les propuso a los amigos allí reunidos. Un gran político de mucho olfato y una gran persona además. Fue una lastima que el partido lo haya perdido siendo tan joven aún y con mucho que dar todavía. En esa oportunidad se percató de la buena sintonía entre Nenecho González Insfrán y yo. Unos días después le llamó a aquél. – Nenecho, ¿vos tendrías inconveniente en acompañarlo a Lucho?, le preguntó. – Ningún inconveniente, porque Lucho es un joven sin mácula y querido por los colegas, y además, no es camandulero, le respondió. Entonces nos reunimos en un restaurante en la avenida Aviadores del Chaco, hoy llamado “Positano”, en donde participaron cinco o seis amigos con Naito Ocampo Arbo como la voz cantante. Allí él plantea el binomio González – González a lo cual Nenecho y yo dimos nuestro consentimiento. Los demás asistentes estuvieron de acuerdo. Paralelamente yo les visito a quienes trabajaron por la candidatura de Salvador Paredes en 1975, llámese Carlitos Doldán del Puerto (fallecido), el Cuate Cubillas, (un colega así llamado, muy conocido y querido por la mayoría de los abogados colorados), Rodolfo Irún Alamani (más tarde miembro del Consejo de la Magistratura), Pastor Cristaldo y otros. Al saber estos que el profesor Colmán Rodríguez era el candidato por el abdismo se manifestaron en desacuerdo por la mismas razones de los tradicionalistas; no era político. Pero sí era un excelente profesor universitario y magistrado judicial. Así quedó conformado el binomio González – González para enfrentar a los abdistas. Se hicieron los preparativos. Se procedió como en las Seccionales. Se convocó a inscripción y se conformaron los padrones. Se estableció el término para tachas y reclamos. Se designó a los apoderados y se lo nombró al jefe Hugo Peña para fiscalizar la elección como delegado de la Junta de Gobierno, pero finalmente el posible contrincante, Antonio Colmán Rodríguez, fue cambiado a última hora y sustituido por Salvador Rubén Paredes. Este, sin embargo, no se presentó a la elección y fuimos proclamados Nenecho y yo. Seguidamente mi padre, Saúl, y mi tío, Hugo, donan un terreno de 8.000 metros cuadrados ubicado en Médicos del Chaco para sede de la entidad, más o menos a diez cuadras de la avenida Fernando de la Mora. Propiedad de mi abuela, Lola de Miño, heredada por ellos. El Dr. Isidro Melgarejo Pereira, miembro titular del nuevo consejo de abogados colorados, fue quien proyectó la ingeniería financiera para la construcción del local del consejo. Ofició de economista sabiendo como reunir fondos para concluir con el proyecto, inaugurado más tarde – 1984 – oficialmente por el flamante presidente de la Corte Suprema de Justicia, Profesor Dr. Luís María Argaña, siendo el presidente del consejo de abogados colorados el Dr. Diógenes Martínez, quien anteriormente fue secretario durante el mandato de la fórmula González – González

El tradicionalismo asesta el primer golpe

En 1981 se debía renovar autoridades del consejo de abogados colorados. Los amigos resuelven darnos nuevamente su respaldo. Pero esa vez tuvimos oposición. El enfrentamiento entre abdistas y tradicionalistas se hacía sentir con más fuerza en todos los ámbitos, tanto en la Junta de Gobierno como en la propia juventud. El abdismo se sentía más fortalecido debido a que los jóvenes profesionales si querían conseguir un nombramiento importante en la administración pública, debían acercarse necesariamente a la secretaría privada de la presidencia de la república, y ahí, el señor Mario Abdo Benítez personalmente le entregaba al interesado su decreto de nombramiento.

En esta nueva elección se armó un trinomio para enfrentar a nuestro binomio González – González, compuesto por el Prof. Dr. Enrique Cantero, asesor jurídico de Yacyretá, el Prof. Dr. Hugo Estigarribia Elizeche, representante principal de la consultora INDESA que realizó el examen de los títulos de propiedad afectados a expropiación por efecto de la represa de Itaipú. El tercero del trinomio fue designado el Dr. Julián Chaparro Abente. Los dos primeros provenían de la Universidad Nacional de Asunción y el último de la Universidad Católica, con lo cual, supongo, habrán pensado ampliar el número de adherentes. Se abre el periodo de inscripciones en todo el país y sorprendentemente se inscriben aproximadamente 2.000 abogados colorados, lo que demuestra la importancia política de aquel evento eleccionario. Nuestra prédica, como en 1978, consintió en autonomía, honestidad y tradicionalismo. Principalmente el primer punto, destacando que el consejo no debía ser digitado por nadie dentro del Partido Colorado, llámese para elecciones de miembros de la Junta de Gobierno así como para sus organismos auxiliares. Los nuevos colegas que iban egresando de las universidades exigían una mayor autonomía, una mayor independencia, una mayor libertad en las decisiones gremiales. El sistema imperante basado en el sometimiento iba perdiendo fuerza de manera que este lema entusiasmó mucho a los colegas. Verdaderamente sorprendió una postura tan insólita en tiempos que todos agachaban la cabeza sin chistar. En cuanto a las acusaciones de deshonestidad en el manejo de la cosa pública abarcaba principalmente el derroche sin freno ni control en las diversas reparticiones oficiales, a lo cual se agregaba la Itaipú binacional, convertida de la noche a la mañana en un surtidor de plata y prebendas que hizo trepar el costo de la obra 10 veces respecto de su presupuesto original y es la causa por la cual nuestra energía eléctrica resulta exorbitante para los usuarios cuando debería ser todo lo contrario.

Por otra parte, defendíamos nuestras tradiciones coloradas; el respeto a los caudillos y a nuestra doctrina. Decíamos entonces que se vote y surjan las autoridades de la voluntad popular, en este caso, dentro del seno del gremio, pero que no se induzca o amenace. Esa era la proclama. En esos tiempos ello constituía toda una novedad. Un desafío directo al poder ejecutivo, centrado en la persona del secretario de Stroessner. La justa electoral se presentaba reñida. Con Nenecho recorrimos el país, o mejor, las cinco circunscripciones judiciales existentes en aquel entonces. Visitamos a los amigos y colegas en Ciudad del Este (Puerto Presidente Stroessner), Encarnación, Coronel Oviedo, Villarrica y Concepción. El día de las elecciones recuerdo que vino a votar el Dr. Edgar L. Insfrán, personaje político en el ostracismos desde 1966 pero de regreso a la arena política en forma muy sigilosa a comienzo de los años ochenta. Fueron incluidas en la lista de miembros titulares y suplentes damas republicanas muy conocidas como las doctoras Martina Cárdenas, Arminda Ruiz Pavetti, Marina Aquino de Ortiz, Ida Fleitas de Hermosa y Pocha Valinotti, entre otras. Ganamos las elecciones por más de 200 votos. Algo más de 900 votos contra unos 700 votos. Pero la victoria tradicionalista no fue tan importante en el orden estrictamente gremial como su repercusión en el orden político. Batir al abdismo entonces significaba en alguna medida haber vencido al mismo Stroessner dado que su secretario privado dirigió personalmente la campaña contra nuestra fórmula.

Castigo para los triunfadores

En las elecciones nacionales de 1983 se elaboran las listas de la ANR para el parlamento, pero ninguno de los juristas pertenecientes al sector del tradicionalismo ganador por la voluntad popular entre los abogados colorados fue promocionado a una banca de diputado o senador, siquiera de suplente. El golpe resultó letal y algo había que hacer para frenar el ímpetu. A toda costa había que evitar que los oponentes del abdismo accedan a más lugares de los que tenían en el parlamento. Sin embargo, ahí estaban Salvador Paredes y otros, mientras el Dr. Jacquet lo sustituía a mi padre en el Ministerio de Justicia. A mi no me defenestraron del SNPP porque hubiera resultado alevoso. Pero demuestra que los amigos ya se resistían al sometimiento. Entre tanto, Abdo Benítez tiraba más leña a la hoguera llenándole de intrigas a Strossner y diciéndole que los tradicionalistas eran sus adversarios que no apoyaban con franqueza a su gobierno. Así se llega al año 1984. Abdo Benítez en cada elección de la Junta de Gobierno desplazaba a uno o dos tradicionalista y en el año citado los abdistas ya casi igualaban en número al tradicionalismo. Por otra parte, los abdistas desencadenaron con furor una persecución inmisericorde a la prensa, particularmente contra el diario ABC Color y Radio Ñandutí. Ambos medios fueron clausurados.

El segundo golpe en el Centro Ignacio A. Pane

En 1984 el Centro Ignacio A. Pane debía renovar autoridades. Este organismo auxiliar del partido colorado reúne a los jóvenes universitarios afiliados a la ANR. Su similar en el PLRA, supongo es el ALON.

El abdismo y el tradicionalismo presentaron sus respectivos candidatos para presidente y miembros de dicho centro. El tradicionalismo estaba representado por el MACU (Movimiento de Autenticidad Colorada Universitaria), cuyo candidato a presidente era el estudiante de economía, José Alberto Alderete, actual presidente de la Junta de Gobierno en el momento de escribir este libro.

Nenecho González y Carlín Romero Pereira, en representación del comando central tradicionalista que ya funcionaba desde hacía un tiempo, me pidieron que yo sea el coordinador y enlace entre el comando y el MACU para esa elección. Alderete finalmente triunfó. Recuerdo a algunos universitarios que trabajaron conmigo como Cristina Muñoz, estudiante de economía de la UNA, Nelson Argaña y Walter Bower, estudiantes en la UCA, Artemio Castillo, estudiante de economía en la UNA, Víctor Peña Gamba, Hugo López, Rubén Candia Amarilla, todos ellos estudiantes de derecho en la UNA y otros muchos jóvenes estudiantes de la UNA y de la UCA en diversas disciplinas profesionales. El coordinador político de esas elecciones fui yo conjuntamente con el Dr. Hugo Saguier Caballero siguiendo las directrices del comando central, señores mayores que yo, como Papacito Frutos, Nenecho González Insfrán, Carlín Romero Pereira, Ángel Roberto Seifart y Coco Gaona además de los principales presidentes de Seccionales por la capital como Ignacio Samaniego de la seccional 12, Samuel Ramírez de la 4, Hipólito Mendoza de la 6, Juan Vicente Caballero de la 1, entre otros. Del interior del país aparecían las cabezas más notorias como Papito Ovelar, (Ciudad del Este), Papi Sanabria Cantero (Nueva Italia). Todos bajo el liderazgo del Dr. Juan Ramón Chaves. El tradicionalismo constituía mayoría en el coloradismo como quedó demostrado en el Centro Ignacio A. Pane con el triunfo de José Alberto Alderete contra el candidato del Abdismo apoyado por Modesto Esquivel, el Morocho Republicano, coordinador por la militancia abdista.

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