FELIPE VARELA, EL ULTIMO MONTONERO DEL SIGLO XIX


   Al percibir la impopularidad de la guerra del Paraguay, Felipe Varela, vendió su estancia, compró armas, y atravesó los Andes con dos batallones de chilenos y emigrados argentinos a enfrentar a Mitre. Nota: Argentina hasta hoy es un Estado pero no una nación. Los porteños son odiados en el interior salvo dos o tres provincias. Mitre creyó que la guerra contra el Paraguay iba unificar a la nación. Pero fracasó. Su deuda externa es impagable pero pretende ampliar la usina de Yacyretá con la complicidad de traidores paraguayos que cobran jugosas sumas de dinero mensualmente. Esperamos que que el nuevo gobierno se niegue rotundamente a tales pretensiones si antes no se establece  CERO  deuda dado la venta a precio vil durante 20 años. Y se establezca  un precio de mercado de nuestra energía cedida con la posibilidades que podamos disponer de ella. En la actualidad vivimos un segundo genocidio por obra de coimeros que se hicieron y  hacen ricos mientras muchos paraguayos mueren de hambre. “Yo vengo para cambiar la realidad del Paraguay” expresa nuestro candidato. Ya tiene un tema que lleva años esperando a un mesías.

Oscar J. Planell Zanone y Oscar A. Turone

Nacido en Huaycama (departamento de Valle Viejo, Catamarca), estanciero en Guandacol (La Rioja), combatió en la Coalición del Norte y bajo las órdenes de Peñaloza e intervino junto a éste en las sublevaciones de 1862 y 1863.

Al percibir la impopularidad de la guerra del Paraguay, se fue a Chile. 

Cuando leyó el texto del tratado secreto de la Triple Alianza, Varela, indignado, vendió su estancia, compró armas, equipó unos cuantos exiliados argentinos y atravesó los Andes con dos batallones formados por chilenos y algunos emigrados argentinos dispuestos a enfrentar al gobierno de Mitre. 

Llevaba una bandera con las consignas “¡Federación o Muerte!

¡Viva la Unión Americana!

¡Viva el ilustre Capitán General Urquiza!

¡Abajo los negreros traidores a la Patria!” 

Llegó a Jáchal y desde allí lanzó su proclama revolucionaria, fechada el 10 de diciembre de 1866: ¡Argentinos! 

El pabellón de mayo que radiante de gloria flameó victorioso desde los Andes hasta Ayacucho, y que en la desgraciada jornada de Pavón cayó fatalmente en las ineptas y febrinas manos del caudillo Mitre, ha sido cobardemente arrastrado por los fangales de Estero Bellaco, Tuyutí, Curuzú y Curupayty. 

Nuestra Nación, tan feliz en antecedentes, tan grande en poder, tan rica en porvenir, tan engalanada en glorias, ha sido humillada como una esclava, quedando empeñada en más de cien millones y comprometido su alto nombre a la vez que sus grandes destinos por el bárbaro capricho de aquel mismo porteño, que después de la derrota de Cepeda lagrimeando juró respetarla.

Tal es el odio que aquellos fratricidas porteños tienen a los provincianos, que muchos de nuestros pueblos han sido desolados, saqueados y asesinados por los aleves puñales de los degolladores de oficio: Sarmiento, Sandes, Paunero, Campos, Irrazával y otros varios dignos de Mitre.

¡Basta de víctimas inmoladas al capricho de mandones sin ley, sin corazón, sin conciencia!

¡Cincuenta mil víctimas inmoladas sin causa justificable dan testimonio flagrante de la triste e insoportable situación que atravesamos y que es tiempo de contener!

¡Abajo los infractores de la ley!

¡Abajo los traidores de la Patria!

¡Abajo los mercaderes de las cruces de Uruguayana, a precio de oro, de lágrimas y de sangre argentina y oriental!

Nuestro programa es la práctica estricta de la constitución jurada, del orden común, la paz y la amistad con el Paraguay, y la unión con las demás repúblicas americanas.

¡Compatriotas nacionalistas!

El campo de la lid nos mostrará el enemigo. 

Allí los invita a recoger los laureles del triunfo o la muerte, vuestro jefe y amigo. 

Felipe Varela. 

Vale citar, asimismo, la óptica que Varela tenía respecto de la guerra del Paraguay, explicitada en un manifiesto proclamado por él mismo el 1º de enero de 1868, en el que afirmaba lo siguiente: “En efecto, la guerra con el Paraguay era un acontecimiento ya calculado, premeditado por el general Mitre”.

Varela señalaba que la “política injustificable” de Mitre había sido conocida en el Parlamento británico por la correspondencia del ministro inglés en Buenos Aires y citaba textualmente la expresiones de éste: “El Ministro Elizalde, que cuenta como cuarenta años de edad, me ha dicho que espera vivir lo bastante para ver a Bolivia, Paraguay y la República Argentina, unidos formando una República en el continente”. 

Según Varela, éstas habían sido las aspiraciones del general Mitre y los objetivos de su política, desde que había entregado al dominio del Imperio la vecina República del Uruguay.

Mientras Varela esperaba el tantas veces anunciado y tantas postergado “pronunciamiento” de Urquiza, había acampado en Jáchal y de los 200 integrantes de su pequeña montonera original proveniente de Chile había llegado en marzo de 1867 a un “ejército” de 4000 hombres, al incorporar cientos de gauchos de San Juan, La Rioja, Catamarca, incluso de Tucumán y Santiago del Estero. 

Las montoneras de Varela sufrieron las derrotas de las fuerzas mitristas en San Ignacio y Pozo de Vargas (1º y 10 de abril de 1867), pero el Quijote de los Andes repuso sus fuerzas y tomó la ciudad de Salta en octubre de dicho año, con el objetivo de aprovisionarse de cañones y armas.

En noviembre las fuerzas de Varela llegaban a la frontera con Bolivia, culminando el primer capítulo de la montonera. 

El segundo capítulo se inició con el fusilamiento del caudillo riojano Aurelio Zalazar, conductor también de montoneras. 

Varela, indignado, se lanzó nuevamente a la guerra contra el orden mitrista durante la Navidad de 1868.

Fue definitivamente derrotado el 12 de enero de 1869 en Pastos Grandes.

Con la derrota de Varela se cerró el último capítulo de la lucha contra el sistema económico liberal -y contra el orden mitrista, la cara política de dicho sistema- en el Interior. 

Ya enfermo, regresó al exilio chileno por última vez.

Murió allí, el 4 de Junio de 1870.

Felipe Varela fue el último de los montoneros del Siglo XIX

¡Un Patriota de América!

¡Viva la Patria!
¡Viva Felipe Varela!
¡Gloria y honor!

Gentileza de Miguel Eduardo Landro Lamoureux emelandro@gmail.com

Angel Vicente Peñaloza.jpg

ANGEL VICENTE PEÑALOZA MANDADO ASESINAR POR DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO EN CONNIVENCIA CON BARTOLOMÉ MITRE. FELIPE VARELA LO QUIZO VENGAR DE LOS BARBAROS UNITARIOS QUE HASTA HOY GOBIERNAN LA ARGENTINA Y LA ESTÁN LLEVANDO AL DESPEÑADERO.

 

Felipe Varela

 

Fallecimiento-de-Felipe-Varela.jpg

Felipe Varela: el quijote de los Andes y el último de los Montoneros. Fue un estanciero y militar argentino.

Nació el 11 de mayo de 1821, en Huaycama, pueblo perteneciente al departamento de Valle Viejo, en Catamarca.

Felipe pasó su infancia junto a sus padres, Javier Varela y de Isabel Rearte, en una casa ubicada en la localidad de Guandacol, en la provincia de La Rioja. Fue allí donde llevó a cabo sus estudios formales, y al mismo tiempo se introdujo en el mundo de las armas, teniendo como tutor para ello a un caudillo riojano cuyo apellido era Castillo.

Trayectoria Política

Decidido a llevar adelante una vida ligada al ámbito militar y político, a sus 19 años se incorpora al grupo de caudillos que luchaban en la región contra el ejército enviado por Rosas. Aquello le valió el destierro, por lo que se refugió en Chile, donde según relatan muchos historiadores puede haber llegado a conocer a su posterior amigo y compañero de lucha: el Chacho Peñaloza.

Viviendo en Chile, Felipe Varela se incorporó inmediatamente al ejército del lugar, el cual abandonó cuando en 1852 se produjo la caída del gobierno de Juan Manuel de Rosas, ya que fue en ese momento que regresó a la Argentina.

Al servicio de la Argentina

De vuelta en su amado país, Varela decidió unirse al ejército de la Confederación, desenvolviéndose como Teniente Coronel en el regimiento 7° de línea, el cual se había asentado en Río IV, precisamente en la frontera de los indios.

Durante la decisiva Batalla de Pavón, ocurrida en el mes de septiembre de 1861, Varela luchó bajo las órdenes de Justo José de Urquiza, y fue allí donde comenzó a destacarse como uno de los más aguerridos caudillos de la Confederación. Un año después, Varela se unió a Peñalosa, participando activamente en la rebelión organizada por el caudillo contra las autoridades nacionales de Buenos Aires. Esto le valió la confianza del Chacho y se convirtió en uno de sus máximos protegidos. Por ese motivo, ese mismo año Varela fue designado Jefe de Policía de la provincia de La Rioja.

Al siguiente año, es decir en 1863, se le encomendó a Felipe Varela la difícil misión de invadir Catamarca, participando de las contiendas conocidas como la Batalla de Las Playas y la Batalla de Lomas Blancas.

No obstante, cuando el 12 de noviembre de 1863 se produce el sangriento asesinato de Peñaloza, Varela debió huir de la región, por lo que decidió refugiarse en Entre Ríos, desde donde nuevamente comenzó a militar bajo las órdenes de Urquiza. Pero poco después volvió al exilio en Chile. Poco tiempo pasaría para que Varela regresara al país, y ello ocurrió precisamente en 1865, cuando llega a sus oídos el inicio de la Guerra contra el Paraguay, la cual involucró a Uruguay, Argentina, Brasil, y por supuesto Paraguay, en una lucha sin tregua causada por las aún vigentes rivalidades coloniales.

Ante la noticia, Felipe Varela decide volver a la Argentina y servir nuevamente a las órdenes de Urquiza. Pero lo cierto es que como le sucedió a otros caudillos, Varela no comprendía cuáles eran los motivos por los cuales debía llevarse adelante una lucha armada contra el hermano pueblo de Paraguay. Por otra parte, el caudillo no toleraba el hecho de efectuar una alianza con el Imperio Brasilero, el cual en realidad había sido siempre un poderoso y ferviente enemigo de los estados del Plata.

Por todo ello, Varela se negó a participar de esta absurda guerra, y regresó a Chile.

Mientras tanto, en casi toda la geografía nacional los unitarios habían logrado imponerse frente a los federales, lo que provocó en cierto modo que Varela decidiera finalmente convertirse en una suerte de sucesor de el Chacho Peñaloza, convirtiéndose en los años posteriores en el líder indiscutido del alzamiento de las provincias andinas contra el gobierno centralista de Bartolomé Mitre.

Fue precisamente a finales del año 1866, que Varela decidió regresar al país desde la Cordillera de los Andes. A lo largo de dos años, Felipe Varela mantuvo el noroeste del país en permanente rebelión, a través del trabajo realizado por sus tropas, que se encontraban integradas por montoneros argentinos y chilenos. Para ello, contó con el apoyo incondicional de algunos de los caudillos federales más importantes de la historia, tales como Ricardo Videla de Mendoza y los hermanos Juan Saá y José Felipe Saá de San Luis.

Fue en ese período que se produjo la llamada Revolución de los Colorados, considerada como el último alzamiento del partido federal argentino en el oeste del país. Aquella revolución no sólo tenía como objetivo liberar a las provincias de los gobiernos centralistas impuestos por el entonces presidente Mitre, sino también dar por terminada la Guerra del Paraguay.

En aquella larga batalla, Felipe Varela fue uno de los principales caudillos, que con su lucha finalmente logró liberar a tres provincias del poder unitario.

Pozo de Vargas

Felipe Varela dirigía y coordinaba desde La Rioja todos los movimientos revolucionarios. El 4 de marzo de 1867 sus tropas vencieron en la Batalla de Tinogasta. Después de este combate, Varela, que se encontraba rumbo al Norte, contramarcha a La Rioja, donde se desencadenará la Batalla de Pozo de Vargas. En esta acción, llevada a cabo el 10 de abril de 1867 las tropas federales son derrotadas por el General Antonino Taboada. Varela penetró en Catamarca y luego pasó a Salta, ocupando los valles Calchaquíes, obteniendo una victoria en Amaicha, el 29 de agosto, contra las tropas salteñas mandadas por el Coronel Pedro José Frías. Este triunfo coloca a Varela como dueño de los valles, a la vez que origina un revuelo en la ciudad. El gobernador salteño Sixto Ovejero recriminó a Frías por la derrota atribuyéndola a su cobardía, mientras éste exageraba el número de enemigos para justificarse.

Salta bajo fuego

Cuando el gobierno salteño tuvo la noticia de que Varela avanzaba sobre la capital -8 de octubre- adoptó de inmediato las medidas para su defensa. Ovejero designó jefe de la plaza al general boliviano Nicanor Flores, afincado en la provincia. Se cavaron 14 trincheras, obras que quedaron concluidas el 9 de octubre, las mismas estaban emplazadas en el radio de una cuadra alrededor de la plaza. Eran de adobe y disponían de troneras para los fusiles y una central para los cañones. Las fuerzas totales eran de unos 300 soldados a los que se sumaron jóvenes voluntarios. Varela, que contaba con 800 hombres veteranos de una trajinada campaña, el día 9 sitió la ciudad. A primera hora del día siguiente intimó a Ovejero la rendición “en el término de dos horas”, pero éste la rechazó. Comenzó entonces la batalla de Salta. Los salteños se comportaron valientemente, rehabilitando su nombre del cobarde desempeño que tuvieron los defensores de los Valles. Pero al cabo de dos horas y media de lucha Varela quedó dueño de la ciudad. Victoria costosa y efímera para él pues apenas pudo ocupar la plaza durante una hora. Octaviano Navarro, con fuerzas superiores, estaba encima suyo. Ante esta situación inmediatamente inicia su movimiento hacia el norte toda la harapienta columna, sin pólvora, sin municiones pero con la dignidad del soldado, retirándose sin dejar de mirar de frente al enemigo.

Hacia Jujuy

Los soldados de Varela hacen noche en Castañares y luego se dirigen a Jujuy, dispuestos a tomarla a sangre y fuego, si era necesario, con el objeto de buscar en ella el elemento que le les faltaba: la pólvora, para regresar inmediatamente sobre las fuerzas enemigas, del general Navarro, y luego sobre las de Taboada. El gobernador Belaúnde, que contaba con fuerzas suficientes para repeler el ataque, abandonó la ciudad de Jujuy pretextando falta de municiones. Los soldados, entonces, solo efectuaron algunos disparos y huyeron rápidamente ante la presencia de las tropas federales. Así el 13 de octubre de 1867, la columna de Varela ingresa a la ciudad en perfecta formación sin disparar un solo tiro. Al no encontrar pólvora ni los elementos de guerra que necesitaba, nuevamente se pone en marcha y la columna se dirige esta vez a La Tablada, con las fuerzas de Navarro pisándole los talones sin atreverse a atacarlo.

Arribo a Bolivia

Comienza noviembre en el altiplano. Una andrajosa columna que sólo conserva orgullosamente un par de cañoncitos llevados a tiro cruza la frontera boliviana. La cruzada federal ha terminado. Varela mira por última vez a sus hombres antes de licenciarlos. Estos heroicos gauchos han soportado incontables calamidades, han seguido a este hombre con una fidelidad admirable. No son muchos los casos como éste en nuestra historia, tampoco los caudillos como Felipe Varela. Con un abrazo despide a sus oficiales. La guerra ha terminado. Ahora es un exiliado, pero la esperanza no termina. La columna llega a Tarija. El caudillo detiene por última vez lo que queda de su tropa, desmonta pesadamente y se dirige a Guayama; los rostros duros, que llevan en la curtida piel todo el sol, todo el viento de esta tierra, se miran fijamente. No hay palabras, un abrazo vigoroso despide a estos hombres, cientos de leguas han recorrido juntos combatiendo al “tirano de Buenos Aires”. Ya es tiempo del adiós.

Es tiempo de destierro

Sin embargo Felipe Varela, aún a costa de su vida, quiere conjugar la teoría con la acción. Desde Potosí, el 1º de enero de 1868, redacta su famoso “Manifiesto a los Pueblos Americanos, sobre los Acontecimientos Políticos de la República Argentina, en los años de 1866 y 67”, donde resalta sus embestidas contra el centralismo porteño y, por ende, contra el gobierno de Bartolomé Mitre, al que acusa de no respetar la Constitución Nacional de 1853. “Combatiré hasta derramar mi última gota de sangre por mi bandera y los principios que ella ha simbolizado”, expresa el Quijote de los Andes, en una de sus tantas sentencias llenas de coraje y altruismo.

Una nueva embestida se inició con el fusilamiento del caudillo riojano Aurelio Zalazar, conductor también de montoneras. Varela, indignado, se lanzó nuevamente a la guerra contra el orden mitrista durante la Navidad de 1868. Fue definitivamente derrotado el 12 de enero de 1869 en Pastos Grandes. Con la derrota de Varela se cerró el último capítulo de la lucha contra el sistema económico liberal -y contra el orden mitrista, la cara política de dicho sistema- en el Interior.

Varela ya estaba enfermo de tuberculosis y cada vez perdía mayor apoyo, por lo que finalmente debió regresar al exilio chileno, siendo esta la última vez.

Su Muerte

Enfermo de Tuberculosis y carente de apoyo, Varela se refugió en Chile. El gobierno trasandino, poco amigo de dar albergue a un insurrecto reincidente, lo mantuvo brevemente en observación antes de permitirle asentarse en Copiapó.

El 4 de junio de 1870 la enfermedad acabó con su vida. El gobierno catamarqueño repatrió sus restos, pese a la oposición del Ejecutivo nacional encabezado por Domingo Faustino Sarmiento.

En agosto de 2007, la legislatura de Catamarca solicitó al gobierno nacional el ascenso post-mortem del coronel Felipe Varela al grado de general de la Nación.

En junio de 2012 fue ascendido post-mortem al grado de general de la Nación por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner.

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One Response to FELIPE VARELA, EL ULTIMO MONTONERO DEL SIGLO XIX

  1. Humberto Zaracho dice:

    Felipe Varela no sólo fue un conductor político y miltar, sino un destacado patriota e intelectual argentino que abrazó la causa paraguaya cuando se desató la Guerra Grande. Este noble gesto le valió que sea perseguido por los genocidas Mitre y Sarmiento. Sus ideas convenció a miles de provincianos que se negaron a tomar las armas para matar a sus hermanos paraguayos. Sin embargo, no conozco alguna arteria capitalina que inmortalice su nombre. Pero si lo hay una arteria que lleva el nombre del legionario y traidor BENIGNO FERREIRA ¡VERGUENZA, CUBRETE EL ROSTRO!

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