Lo que en verdad publicó el NY Times: “Ni Cartes ni Tabesa fueron juzgados”


  • Jason Carpenter, un infiltrado del Departamento de Alcohol, Tabaco, Armas y Exposivos de EE.UU, fue denunciado por un fraude de US$ 24 millones por parte de la firma privada US Tobacco.  Jason Carpenter, un infiltrado del Departamento de Alcohol, Tabaco, Armas y Exposivos de EE.UU, fue denunciado por un fraude de US$ 24 millones por parte de la firma privada US Tobacco. Carpenter fue “utilizado” por la ATF para investigar un supuesto contrabando de cigarrillos de Tabesa en Estados Unidos. El hombre también es cabeza de una pesquisa en la que, se presume, utilizó para su uso personal y sus socios, fondos públicos estadounidenses. Nota: Lucifer Zucolillo no se cansa de mentir sabedor que se halla a 1 o 3 años de reposar en la tumba. Por lo visto se puso el dogal al cuello cuando el Padre le deseo a la prensa el infierno y los comparó con Lucifer, el príncipe de la mentira. En esta nota el lector podrá comprobar que este caso arrancó en el año 2006 y termino en el año 2013. En consecuencia se trata de un refritado (Información vieja vuelta a publicar) Ahí se podrán dar cuenta de lo manipulador que es este Lucifer de nuevo cuño. A partir de ahora nadie le podrá sacar el mote de  DIARIO DE LA MENTIRA. Incluso hay dos traductores distintos. El uno publicado por ABC y el otro por Hoy.

En la nota in extensa publicada por el diario New York Times, se menciona la pesquisa en torno a Tabesa, que culminó sin incriminación alguna contra esta compañía. En cambio menciona el manejo oscuro que Carpenter hizo de fondos públicos para “infiltrarse” en grupos comerciales para investigar supuestos hechos de contrabando. A continuación la traducción textual, sin editar ni “interpretar” del prestigioso medio norteamericano.

“Huelo dinero”: Cómo el ATF gastó millones sin control

Un par de informantes obtuvieron seis millones de dólares y los agentes los gastaron libremente. El departamento de Justicia luchó para mantener los registros de estas operaciones en secreto.

BRISTOL. Por siete años, agentes en el Departamento de Alcohol Tabaco, Armas y Explosivos, siguieron una política no escrita: Si necesitabas comprar algo tus contenedores, no molestes preguntando a Washington. Habla con los agentes en Bristol, VA, quienes controlaron una cuenta multimillonaria ilimitada por el Congreso o la burocracia. Necesitas un brillante BMW para una operación encubierta? Llama a Bristol.

Una máquina expendedora con una cámara oculta? Bristol.

Gastos de viaje? Toma esta tarjeta de crédito. Está en Bristol.

Cuando el New York Times reveló la existencia de una cuenta secreta en febrero, documentos públicamente disponibles hicieron parecer fuera de control el trabajo de unos pocos agentes. Pero miles de páginas de nuevos registros sin sellar, revelan un esquema extendido- una alta y heterodoxa fusión de compañías de una ley encubierta de ejecución de operación y un negocio legítimo. Lo que comenzó como una forma de atrapar traficantes de cigarrillos del mercado negro, rápidamente se transformó en un fondo ilegal casi ilocalizable que los agentes de alrededor del país pudieran interceptar.

Los gastos no eran limitados a los costos de la investigación. Dos informantes hicieron 6 millones de dólares cada uno. Un agente condujo cientos de miles de dólares en electrónicos y dinero para su iglesia y sus equipos deportivos infantiles, según muestran los registros.

La ley federal prohíbe mezclar el dinero público con el privado. El ATF ahora reconoce que no puede apuntar a ninguna justificación legal para el esquema. Pero lejos de frenar los gastos, los registros indican que los supervisores en las oficinas centrales los motivaron dirigiendo a los agentes de todo el país a Bristol.

Aun así nunca nadie fue procesado, el Congreso fue recientemente notificado, y el Departamento de Justicia intentó por años mantener los registros en secreto. El periódico The New York Times intervino en una demanda de fraude en curso sobre la actividad y exitosamente argumentó que un juez debía revelarlos. Los documentos cuentan una historia bizarra de cómo los agentes federales montaban un comercio dentro del negocio del tabaco en el sureste de Virginia, y trataron la cuenta bancaria como si fuese de ellos.

Al menos decenas de millones de dólares de movieron a través de la cuenta antes de que fuera cerrada en el 2013, pero nadie puede asegurar cuándo exactamente. El gobierno nunca la localizó.

Thomas Lesnak, un agente veterano, operaba fuera de una oficina de gobierno, localizada detrás de un local de Burger King en Bristol, una pequeña ciudad cerca de la intersección de Virgina, Carolina del Norte y Tennessee. Su colegas lo consideraban un charlatán y agradable. Cuando él conoció a los sospechosos, siempre resultaba como un buen cómplice.

El señor Lesnak, especializado en investigación de tráfico de tabaco, es uno de los núcleos de la misión ATF. Aunque los cigarrillos están disponibles en cualquier tienda de la esquina, son extraordinariamente rentables para el contrabando. Eso es porque los impuestos son elevados y cada estado establece sus propios impuestos. Virginia estipula tres dólares por cartón. Nueva York cobra 43,5 dólares. El esquema más simple- comprar cigarrillos en Virgina y venderlos libre de impuestos en Nueva York- puede generar decenas de miles de dólares en dinero ilícito. Según algunas estimaciones, más de la mitad de los cigarrillos de Nueva York vienen del mercado negro.

La ATF intentó establecer compañías líderes para infiltrar el contrabando de anillos, pero con un éxito muy limitado. Las bandas y los carteles eran muy astutos para lidiar con empresas que aparecían de la nada. El señor Lesnak tuvo una solución: en vez de aparecer como una empresa real, hacer negocios con una que ya existe.

A finales del 2006, el señor Lesnak persuadió a Jason Carpenter, un distribuidor de tabaco de Alabama de corto tiempo, para abrir un depósito en Bristol, volverse un informante y permitir a la ATF operar en é. “Básicamente nos mezclamos con un negocio de tabaco”, dijo el señor Lesnak en una testimonio confidencial.

“La idea era, si lo construyes, van a venir”, dijo el señor Carpenter en un testimonio. “Mirad y ved”, dijo, “ellos vinieron”.

Potenciales contrabandistas aparecieron, buscando comprar cigarrillos libres de impuestos. Algunos ofrecieron dinero. Otros ofrecieron comercializar propiedad robada o armas. El señor Lesnak y Ryan Kaye, uno de los agentes involucrados en la operación, trabajó el suelo. “Llegó al punto en que éramos, tu sabes, trabajadores de depósito, en lugar de investigadores de criminales”, dijo el señor Lesnak.

La ATF permitió al señor Carpenter y a su socio de negocios, Christopher Small, a conducir ventas ilícitas de tabaco con la esperanza de atrapar criminales. El señor Lesnak, el señor Carpenter y el señor Small rechazaron reiterados pedidos de entrevistas.

Normalmente, las operaciones encubiertas corren enteramente con recursos del gobierno, de una cuenta que es revisada por auditores. Pero el señor Carpenter estaba operando una empresa real. A veces trabajaba para el Gobierno, a veces para él mismo, y no siempre quedaba claro a dónde debían ir las ganancias.

ENTONCES LA ATF TRAZÓ UNA SOLUCIÓN. Cuando no estaba claro a dónde pertenecía el dinero, iba a una cuenta privada que el señor Carpenter controlaba. Eso mantenía el dinero fuera del alcance del Congreso. Lesnak dictaba todo el gasto y decía que esperaba que el gobierno equilibre los libros al final de la investigación. Eso nunca ocurrió.

El señor Kaye testificó el año pasado y fue consultado en reiteradas ocasiones quién había aprobado este arreglo y bajo qué autoridad:

“No recuerdo exactamente quién autorizó eso”

“No lo llamaría `autorización´. Lo llamaría entendimiento”

“Ninguna autorización era necesaria”

“No conozco una ley específica que autorice esas actividades específicas”.

El fondo secreto se volvió conocido como “dirección de cuenta”, y la palabra se esparció rápidamente entre los agentes de la ATF que si necesitabas algo, Lesnak podía conseguirlo sin burocracia.

Como Lesnak lo describía, los oficiales superiores en Washington, frecuentemente le enviaban agentes para chapas ilocalizables, tarjetas de crédito y más. Automóviles, particularmente vehículos lujosos, eran un ítem altamente rentable. “Teníamos tantos vehículos que en realidad establecimos una empresa solo para renta”, dijo Small en un testimonio.

Los agentes confiaban en la dirección de cuenta para gastos de rutinas, y Small dijo que solo las cuentas del hotel y del gas podrían alcanzar 23.000 dólares al mes. “Teníamos 14 a 15 agentes levando tarjetas de American Exprés a los que les pagábamos la cuenta”, dijo Small.

La empresa de Carpenter y Small, Big South Wholesale, rápidamente se transformó en el depósito nacional para todas las investigación de contrabando de ATF, según muestran los registros.

Pero nunca nadie del gobierno auditó el gasto, reconoce el Departamento de Justicia. La responsabilidad de ese descuido cayó sobre la contadora de Big South, Wendi H. Davis, quien testificó que manejaba la cuenta secreta del gobierno en un archivo de su computadora. No respondió a mensajes o cartas entregadas en su casa.

El inusual arreglo de negocio y la cuenta secreta hicieron de Carpenter y Small dos de los más valuables informantes de la AFT. Su trabajo ayudó a conducir a los agentes a más de 100 arrestos, dijo Lesnak. Registros muestran que ellos auxiliaron al FBI, a la Administración de ejecución de Drogas, incluso a la inteligencia británica.

En consideración a años de trabajo, el ATF reconoció a Carpenter y a Small con plaquetas en el 2010 que decían: “sus esfuerzos han ayudado a revolucionar la forma en que hacemos negocios”.

Los registros de la Corte muestran que trabajaron en uno de los casos más sensibles del gobierno- una investigación de lavado de dinero y contrabando al magnate paraguayo del tabaco, Horacio Cartes. Su compañía, Tabesa, es una gran productora de cigarrillos.

La ATC quería el tabaco de Tabesa en un lugar que ellos pudieran controlar, dijo Carpenter. Entonces dijo que empezó una relación con el señor Cartes, haciéndose pasar por alguien que podía hacer contrabando de cigarrillos en países extranjeros. El gran depósito de Big South en Virgina se volvió el mayor distribuidor de los cigarrillos Palermo, una marca de Tabesa.

Ese trato con Tabesa descifraría la sociedad de ATF con Big South.

A INICIOS del 2011, la operación pasó a una fase nueva y más costosa. Carpenter y Small vendieron su empresa a la US Tobacco Coperative, un productor de cigarrillo y granjero. Pero continuaron en el trabajo, un arreglo que les daba el poder de comprar y vender en nombre de la cooperativa.

US Tobacco ahora los acusa de utilizar esa autoridad para defraudar millones de la compañía. Y documentos de este periodo muestran a Carpenter y Small haciendo dinero en formas que carecen de conexiones evidentes con las investigaciones de ATF.

En una de las transacciones, muestra el registro de la corte, US Tobacco vendió cigarrillos por 3 dólares la caja, luego compró de vueltas esos mismos cigarrillos a 17 dólares. Carpenter y Small eran ambos compradores y vendedores, logrando casi 600.000 dólares para la dirección de cuenta de la ATF.

“¿Huelo dinero?”, escribió Small en un correo.

“Ka -Ching!”, respondió Carpenter.

Operaciones más complicadas producían el mismo resultado. Los registros de la corte muestran que, para mantener la trampa en Paraguay, Carpenter y Small compraron una cantidad grande de cigarrillos Palermo libre de impuestos, luego los vendieron a un sobrecosto a su patrón. Una operación así significó 519.000 dólares para la cuenta secreta de ATF.

Lesnak puso los precios, permitiendo a sus informantes “ganancias habituales y razonables”. Carpenter y Small recibieron 6 millones de dólares cada uno en menos de dos años, según los documentos de la corte. Semejantes sumas normalmente requerirían una aprobación especial. Pero como el dinero venía de la cuenta secreta, la ATF les pagaba oficialmente nada.

Los que estaban alrededor de Lesnak se beneficiaron también. El viejo depósito de tabaco – una fábrica de 410.00 dóalres- era entregado a su iglesia, según muestra el registro de propiedad.

Medio millón de dólares de la cuenta secreta era donado a la agencia local de ejecución de ley. Miles más iban a la escuela de los hijos de Lesnak. El señor Lesnak entregaba reproductores de Blue-ray y juegos los compañeros de baseball de su hijo, recordó uno de los jugadores. Las donaciones eran hechas, por insistencia de Lesnak, dijo Small.

Para mantener felices a los trabajadores del depósito, muestra el registro, Lesnak entregaba sobres de dinero de 500 y 700 dólares al mes, libre de impuestos. En una oficina de casino, testificó la señora Davis, él entregó dinero para juegos. Los empleados recibieron reproductores de DVDs, televisores o freezers que llegaban al depósito.

La mayoría de los defensores investigados por Lesnak se declararon culpables sin ir a juicio, salvando a los fiscales de tener que revelar la cooperación e Big South. Un defensor, Mark Spears, dijo en una entrevista que los agentes lo llevaron en un vuelo de primera clase de Florida a Virginia y dijeron que se encargarían de él si se declaraba culpable. Para asegurarse de que tenía dinero, Lesnak arregló que Small le comprar un Porsche.

Una vez que Spears estaba en la cárcel, dijo, Lesnak depositó 100 dólares al mes en su celda. No pudo proveer documentación pero los registros de transacción muestran un cheque de 2.000 dólares con la inscripción “Mark Spears”. El señor Spears contó que eso representaba dos meses de alquiler de su casa mientras estaba en prisión.

“Ellos dijeron que era porque querían ayudarme y curarme”, dijo Spears. “Creo que me estaban pagando el dinero básicamente para mantenerme callado”.

El fiscal, Joseph W. H. Mott, rechazó comentar a través del Departamento de Justicia.

LA OPERACIÓN corrió hasta Stuart Thompson, un estudioso nativo de Manhattan, tomó las riendas como jefe financiero de US Tobacco. Reiteradamente presión al administrador del depósito a explicar la inusual provisión de cigarrillos Palermo. No existía tal mercado para tantos cigarrillos, dijo.

El 8 de marzo del 2013, el administrador del depósito llamó al señor Thompson. “Empezó a contarme que el ATF estaba haciendo operaciones en nuestro depósito”, recordó Thompson.

Abogados de la compañía descendieron en el depósito, agarrando todo. Una compañía de tabaco acaban de asaltar a la ATF.

Los agentes estaban disgustados. Creían que la empresa no tenía derechos a buscar en su propio depósito. “Estaba muy molesto con eso”, dijo William C. Duke, uno de los agentes involucrados.

Carpenter, Small y la señora Davis fueron despedidos. US Tobacco está demandando a Carpenter y a Small, acusándolos de un fraude de 24 millones de dólares. Los informantes dicen que están siendo culpados injustamente por las acciones de ATF.

Las investigación de Tabesa terminó. El señor Cartes fue elector presidente de Paraguay y ni él ni Tabesa fueron juzgado. la empresa dijo que no tenía vínculos ni participación en el contrabando o el lavado de dinero.

En septiembre del 2013, una revisión del departamento de justicia encontró problemas extendidos con la investigación de tabaco de ATF. Pero los investigadores nunca auditaron el manejo de la cuenta de Lesnak. El Departamento de Justicia reconoce que la única persona que lo hizo fue la señora Davis, con sus archivos.

Los documentos de la corte no muestran registros de que la ATF haya castigado a nadie. El señor Kaye fue promovido. El señor Lesnak se retiró con su pensión- “nunca una reprimenda verbal ni escrita. nunca una suspensión”, dijo.

Traducción: Gabriela Marmori Battilana

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One Response to Lo que en verdad publicó el NY Times: “Ni Cartes ni Tabesa fueron juzgados”

  1. La relación entre la ATF y Tabesa resulta pintoresca y la forma en que se realizaba el negocio presenta aspectos de ironía. Es colonialismo al revés. No estoy seguro, pero supongo que Tabesa importaba tabaco rubio del Estado de Virginia, es decir materia. Lo procesaba en el Paraguay para vender el producto terminado en los Estados Unidos. La s operaciones generaban importantes utilidades Tanto ala ATF como a Tabesa. Claro, la ATF tenía motivos que trascendían las de simples operaciones comerciales, pero eso era cuestión de la ATF y no de Tabesa que simplemente se limitaba a vender su producto a un comprador dispuesto a pagar buen precio. Tabesa, como lo hubiera hecho cualquier comerciante, aprovechó una oportunidad comercial ventajosa para la firma.

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