EDGAR JIMÉNEZ MEZA (TORITO), UN RECUERDO PERSONAL


Con dolor me enteré del fallecimiento de este amigo, hijo del coronel Enrique Jiménez, protagonista principal de los hechos del 13 de enero de 1947 que posicionaron de nuevo a la ANR en el poder. Edgar padecía de una  enfermedad terrible para algunos, al extremo que a él debieron amputarle una pierna.

A pesar de ello cuando me encontraba tomaba sus muletas y se acercaba a saludarme a mi y a mi esposa. Cambiábamos algunos pensamientos y luego nos despedíamos. Su madre, Matilde Meza descendía en forma directa de una de las hermanas del Centauro. Ella estaba casada con el coronel meza.

Nos unía una amistad juvenil cuando él y sus padres vivían en Asunción, cosa que se interrumpió por motivos políticos. Stroessner nunca lo tragó a su compañero de promoción en la escuela Militar por conocer su cobardía durante la batalla de Boquerón y por tener mucho prestigio en filas del Partido colorado.

Lo tuvo que soportar por ser Stroessner uno de los factores de la unión partidaria entre guiones y demócrata en 1955. Por eso Enrique se dedicó al comercio y no activó más en política. Aun así se vio echado del Paraguay y su propiedad asaltada.

Transcurre el tiempo y de Torito yo solo tenía referencias de algunos amigos. Pero quiso el destino que los doctores Waldino Ramón Lovera y Toto González Casabianca me pidieran que fuera uno de los abogados defensores del exiliado coronel Enrique Jiménez en una causa rotulada “ENRIQUE JIMENEZ Y OTROSS/ VIOLACIONES DEL ESTATUTO DEL SOLDADO”

Finalmente quedé a cargo del caso informándoles a Lovera y Toto de mis acciones. Debía viajar a la capital porteña para hacerle firmar unos documentos a mi defendido.  En ese viaje – lo recuerdo tan bien – me esperaba Edgar en el aeropuerto de Ezeiza . En la capital porteña no volaba una mosca por ser el 1 de enero de 1989. Almorcé con la familia Jiménez, sus hijos y nueras porteñas festejando el año nuevo.

Por las noches salía con mi amigo Edgar Jiménez quien me invitaba a cenar en las parrilladas apostadas a lo largo de la Avenida Santa Fe. Allí vivía el coronel a la altura de la numeración 4.000 casi frente a un cuartel y cercano al paso de ferrocarril pacífico. En tanto yo me instalé en el Hotel Palermo. Más tarde me informé que allí hospedo procedente de Alemania el criminal nazi Josef Megele.

Con Torito recordábamos nuestros años colegiales. El siempre fue muy jovial y yo notaba que no se sentía cómodo en un país extranjero. Yo, todas las mañanas me dirigía a apartamento del coronel Enrique Jiménez quien, una vez terminada mi función de abogado, me pidió que lo ayudara a escribir sus memorias como lo hice con mi tío materno, general Amancio Pampliega.

Traje los casetes escondidos y antes de pasar por la policía se los pasé a un compañero de mis hijos con un pretexto cualquiera. Y quien hubiera dicho, de tanto cuidarlos los extravíe y solo se salvaron 3 de ellos que se los entregué hace muchos años a la viuda del coronel, doña Matilde Meza de Jiménez+.

El Movimiento Popular Colorado (MOPOCO) al cual pertenecía Edgar lo tenía en sus filas como secretario y en el obituario de hoy 9 de agosto de ABC Color aparecen los nombres de los que aun quedan de aquella fracción valiente de la ANR, a la que nunca se le ocurrió fundar otro partido como más tarde lo hicieron otros.

A partir del 3 de febrero de 1989 las cosas cambiaron. Enrique fue testigo de casamiento de uno de mis hijos. Matilde reconoció que yo tenía razón cuando le informe que Stroessner tenía sus días contados, cosa que ella no creía porque todos los llegados de Asunción decían la misma cosa y el hecho no sucedía.

Estas cosas las compartía con Edgar y también con su hermano Miguel, funcionario hasta hoy de la vicepresidencia de la república durante los mandatos de Ángel Roberto seifart, Luis María Argaña, Julio Cesar Franco, Federico Franco y Juan Afara. Debo reconocer que los hermanos Franco conocían la historia de sufrimientos de la familia Jiménez y lo confirmaron a Miguel en su alto cargo al punto que en el juramento constitucional de presidente de la república de Federico Franco, éste lo llevó a su lado a Miguel. Son finesas que hay que destacarlas.

Humberto Zaracho fue otro amigo de Edgar a quien distinguía. Sus compañeros del ayer lo recibieron como un hermano. Y Edgar, como su padre, incapaz de guardar rencores, se adaptó rápidamente a la Asunción de sus amores

                                                                           OSVALDO  BERGONZI

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One Response to EDGAR JIMÉNEZ MEZA (TORITO), UN RECUERDO PERSONAL

  1. Odón Frutos dice:

    Señor Director:

    No sin pesar tomo conocimiento del fallecimiento del querido Torito.

    Durante el periodo 1949-1955 y expulsado del país por una facción del la ANR, mi familia compartíó en Buenos Aires momentos de camaradería y sobre todo nostalgia con sus correligionarios y amigos guiones, tambien exiliados en la capital porteña.

    Entre los asistentes a estas recuentes reuniones recuerdo claramente a uno de los últimos grandes caudillos que tuvo el Partido: el Dr Edgar L Ynsfran y a su señora esposa, la siempre jovial Nenela Lofruscio, digna hija de un eminente correligionario, el Dr Silvio Lofruscio quien fuera Presidente de la ANR.

    Entre otros contertulios recuerdo al Dr Francisco (Paco) Gimenez y Nuñez y su esposa Irma Frutos, hermana de mi padre y al que Usted cita, el Cnel Enrique Gimenez y su señora esposa. Las reuniones se realizaban en hogares de los participantes y muchas de ellas tuvieron lugar en nuestra casa en Belgrano C, siendo anfitriones mis padres.

    Quienes a la sazón disfrutábamos de la riqueza cultural de una gran ciudad, con el desapego característico de los adolescentes, los hijos de de estos grandes señores conformabamos un grupo en el que primaba el respeto y el afecto. Sin embargo, nuestras alegrías nunca fueron completas porque no lograban disimular la tristeza de nuestros padres sometidos a las penurias emocionales del destierro.

    Torito fue digno hijo de un colorado cara-í guazú de los que ya no se encuentran en estos tiempos y su partida es una perdida para el conjunto de la sociedad.

    Mis condolencias a sus deudos.

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