La historia de una defección en su aniversario 44º


Por el general ® Juan Antonio Pozzo Moreno

– El Tratado de Itaipú del 26 de abril de 1973 es un lamentable acuerdo -que rompió la equidad conseguida trabajosamente en el Acta Final de Foz de Yguazú de 1966- en el que Paraguay cedió al Brasil su patrimonio hidroeléctrico. En el Tratado:

El precio justo fue remplazado por una compensación a ser abonada por Itaipú; El derecho de preferencia sobre el excedente energético fue cambiado por el derecho de adquisición; La seguridad brasileña fue autorizada para intervenir en la margen paraguaya.

Completaba la abdicación, una Nota Reversal que concedía al socio el gobierno de las principales Direcciones Ejecutivas de la novel entidad binacional: la Técnica y la Financiera.

Una vez instaurada las condiciones ideales, la Eletrobras se apropió sin costo alguno de la energía no utilizada por la ANDE para comercializarla, con pingues beneficios, en su propio mercado.

Tuvo que transcurrir hasta el año 2009 para que el Gobierno brasileño de Luiz Inácio Lula da Silva, en un acto de sinceramiento, admitiera que la comercialización del excedente paraguayo corresponde a la ANDE y no a la Eletrobras.

Sin embargo, Brasil sigue haciendo pito catalán a la Declaración Conjunta del 25 de julio de 2009, que restituía a la ANDE su potestad sobre su excedente, el equivalente a dos máximas producciones anuales de Yacyretá.

Entre tanto, el socio condómino, comercializa ilegalmente con la Argentina parte de la producción hidroeléctrica de Itaipú y para mantener el subsidio a la corrupta multinacional Eletrobras, exige la inclusión de una deuda, ya pagada, en el Costo Anual del Servicio de Electricidad.

En este singular proceso, advertía el jurisconsulto Gustavo De Gásperi, se desvió el objeto principal del Tratado de Itaipú o aprovechamiento igualitario del emprendimiento. Todo ello, con cláusulas de contexto que arrebataron al Paraguay su potestad sobre su electricidad.

– Para la apropiación indebida por Brasil del emprendimiento conjunto, era primordial la redacción de un Tratado a la medida de los intereses brasileños. El borrador del documento jurídico, redactado por los brasileños, no fue objetado por los negociadores paraguayos.

Representaron en las tratativas al general Alfredo Stroessner, Enzo Debernardi, Raúl Sapena Pastor, Alberto Nogués, Ezequiel González Alsina y Carlos Augusto Saldívar. Coordinaba las acciones, Conrado Papalardo Saldívar, jefe de Ceremonial de Estado.

Hoy, hecha pública la defección, los negociadores sobrevivientes, tratando de justificar la entrega de la principal riqueza industrial del país, reiteran el remanido argumento de “la seguridad nacional”.

La ex diputada por el PLR, Ligia Prieto de Centurión, recuerda en una entrevista de ABC Color, el 11 de diciembre de 2005, que “En los debates en torno al Tratado de Itaipú de 1973, la oposición calificó de ‘entrega’ de la soberanía al Brasil, principalmente, por dos cláusulas: 50 años de vigencia, cediendo la energía a un irrisorio precio y la obligatoriedad de venderla solo al Brasil”.

En el tiempo en que se elaboró el Tratado de Itaipú, el general Stroessner era consciente que no lidiaba con sus dóciles adherentes sino con el alto mando que derrocó a Goulart; si creaba problemas, sería barrido del poder. Fiel a su instinto de sobrevivencia, optó por el poder y no por los altos intereses de su patria.

Se repetía la historia del abandono de los Stokes Brand en los cañadones de Boquerón, en setiembre de 1932 (Stroessner abandonó un mortero en boquerón); se reavivaba la experiencia del albergue seguro en la Embajada brasileña, fallado el intento de derrocar al presidente Natalicio González, el 25 de octubre de 1948 (Falló un intento de golpe de Estado de Stroessner.)

Para coronar la seguidilla de sus defecciones, en febrero de 1989, abandonó de nuevo a sus adherentes para favorecer a su protegido, Andrés Rodríguez, un cuestionado oficial general cuyo perfil se describe magistralmente en “Paraguay, droga y banana”.

– Por otro lado, la deuda del emprendimiento binacional, conforme a los especialistas ya fue cancelada.

En el Informe Sachs, corroborando exhaustivos estudios de la Comisión de Entes Binacionales Hidroeléctricos de la Cancillería nacional, se indicaba que el pasivo estaba saldado desde el año 2008.

Lamentablemente, por la indiferencia de las autoridades gubernamentales paraguayas, Itaipú continuará pagando multimillonarias cuotas como “deuda” hasta el año 2023.

El multimillonario pago indebido, entre 2008 y 2016 (US$ 2.000 millones x 8 años = US$ 16.000 millones), duplica largamente las pérdidas ocasionadas al Estado brasileño por el escándalo Petrolao o “Lava jato”.

El día en que los gobiernos socios se decidan aclarar la oscuridad en Itaipú, el “Lavo Jato” será solo una simple anécdota y Paraguay podrá recuperar su soberanía energética vilmente secuestrada por Brasil.

General (R) Juan Antonio Pozzo Moreno

juanantoniopozzo@gmail.com

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