SUGERENCIAS PARA MITIGAR EL PROBLEMA DE LOS MOTOCHORROS


Por Rogelio A. Careaga, Ph.D. por la Universidad de Stanford

Los asaltos y asesinatos cometidos por estos bandidos se han convertido en epidemia. Debemos pensar detenidamente en cómo solucionar este grave problema y publicar, por este y otros medios, las sugerencias al respecto. Una vez que hallemos las posibles soluciones, y nos pongamos de acuerdo sobre las más efectivas y factibles de ser llevadas a la práctica, debemos presionar a las autoridades para que las apliquen. Pero no esperemos sentados que el gobierno solucione todos nuestros problemas. La ciudadanía debe empezar a tomar iniciativa, pues en el ejercicio democrático, la iniciativa ciudadana es fundamental.

Está bien expresar indignación, la cual comparto con mis conciudadanos, pero al mismo tiempo debemos sugerir soluciones realistas, que estén dentro del marco legal. Los comentarios que siguen a los reportes periodísticos en ABC y otros medios, sobre los asaltos y asesinatos, casi cotidianos, realizados por los motochorros, reflejan ira, frustración con la actuación de la policía, e impotencia ciudadana. Pero casi nadie propone soluciones serias. Algunas, como eso de meter balas a los delincuentes, volver a la dictadura, enviar a la cárcel a los jueces que liberan a los delincuentes o que imponen medidas sustitutivas a la prisión, no son nada realistas.

Es probable que se necesiten nuevas leyes o modificaciones de las actuales. Por ejemplo, leyes que permitan severos castigos a quienes andan en moto de a dos y portan armas, o a los motociclistas que circulan sin chapa. Ejemplos de castigos podrían ser la confiscación de la moto y del arma, prisión o elevadas multas. Estas o similares medidas harán que los ciudadanos de bien, para no exponerse a dichas penas, ajusten su conducta a las nuevas leyes y que menos personas viajen en motos sin chapas, de a dos, y que porten armas.

Puesto que siempre es más fácil identificar a probables delincuentes dentro de un grupo pequeño que de uno mucho más grande, la reducción del grupo de personas que, a pesar de las nuevas y severas penas, no ajusta su conducta, facilitará la tarea de detectar a los sospechosos de haber realizado o de estar a punto de realizar asaltos. A su vez, la identificación de los sospechosos ayudaría a la prevención de los asaltos, especialmente si se crean organizaciones de ciudadanos que den apoyo a la policía.

Es evidente que actualmente la policía no está en condiciones de dar mayor protección a la ciudadanía de la que hasta ahora ha dado. No esperemos, pues, que la solución al problema de la delincuencia, perpetrado por los motochorros, provenga de esa institución. Necesitamos organizarnos, prepararnos y actuar. Se podría crear una guardia de ciudadanos voluntarios, dispuestos a colaborar con la policía. Los miembros, antes de salir a la calle, tendrían que ser adiestrados para la tarea de prevención. Y su trabajo podría coordinarse con el de la policía.

No tengo la menor duda que de la inteligencia, conocimientos, experiencias y creatividad de mis conciudadanos habrán de surgir las soluciones óptimas para acabar o, por lo menos, mitigar la delincuencia que acecha a todos los habitantes de nuestro país.

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