EL PARTIDO COLORADO EN EL MAR DE LOS SARGAZOS


El Mar de los Sargazos es una región del océano Atlántico septentrional que se extiende entre los meridianos 70º y 40º O y los paralelos 25º a 35º N, y que en los siglos XVII al XVIII tuvo la tétrica fama de ser lugar de cementerio de buques de navegación a vela. Es el único mar definido por características físicas y biológicas sin incluir la presencia de costas.

Escribe Federico Narváez Arce

El sector con una superficie total –aunque variable– de 3.500.000 km², que se caracteriza por la frecuente ausencia de vientos, corrientes marinas, y la abundancia de plancton y algas, estas últimas formando «bosques» marinos superficiales que pueden extenderse de horizonte a horizonte y constituyeron junto a las «calmas chichas» un formidable escollo para la navegación desde la época del descubrimiento de América. Las corrientes circundantes se interceptan tangencialmente impulsando las aguas interiores en un lento círculo de sentido horario y concéntrico, cuyo amplio centro no tiene movimiento aparente y es de una calma eólica notable. En efecto, el área, de forma ovalada, es de límites difusos ya que no baña tierra firme –con la única excepción de las islas Bermudas– y sus límites los constituyen importantes corrientes oceánicas: al Oeste la corriente del Golfo, al Norte la Corriente del Atlántico norte y al Sur una de las corrientes ecuatoriales.

      Las corrientes que lo circundan determinan un sistema de aguas superficiales relativamente cálidas que se mueven muy lentamente en sentido horario, sobre las aguas más profundas del océano, mucho más frías y densas. Esta estratificación del agua por densidades, provocada por la diferencia de temperatura, tiene importantes consecuencias ecológicas. En las aguas superficiales, donde llega la luz, abunda el plancton vegetal, que consume sales como los fosfatos y nitratos. Debido a la diferencia de densidad, el agua de la superficie apenas se mezcla con el agua fría y rica en minerales de las capas inferiores, que podría reponer las sales consumidas. Por esta razón, en las regiones superiores del mar de los Sargazos apenas existe vida animal, y carecería de interés biológico si no fuera por el alga que le da el nombre, el sargazo (género Sargassum), que forma grandes campos, rebosantes de organismos marinos.

      El Mar de los Sargazos fue uno de los descubrimientos de Cristóbal Colón en su primer viaje a América y en el siglo siguiente se comenzó a gestar fama de cementerio de barcos y donde van a parar las cosas perdidas.

      El Partido Colorado parece también encontrarse en el “Mar de los Sargazos” de la política nacional pues está inmovilizado sin ir a ninguna parte –como aquellos veleros que quedaban a la deriva por la ausencia del impulso de una fuerte corriente marina o un viento rejuvenecedor– sin que su Dirigencia atine a encontrar la fuerza impulsora que lo empuje hacia el progreso operativo de su marcha. Pareciera existir una parálisis de voluntad que lo mueva con renovadas energías a salir del marasmo de la pasividad e indiferencia que se han adueñado de él. No se observa el estudio intensivo de sus principios e ideología que genere la idea-fuerza que lo lleve al cumplimiento de los altos destinos que su rica historia le ha deparado a través del tiempo. Hay un inmovilismo inquietante en el quehacer partidario; la historia ha precipitado al Partido Colorado a una crisis de identidad política. En gran parte estos problemas de “raison d’étre” (qué proponer, con quién aliarse, qué representar) son los que han quebrado su espina dorsal y lo llevaron a la llanura, y todavía pueden volver a llevarlo; no se observa el dinamismo para cumplir con las funciones importantes que necesita cumplir para mantenerse en el Poder en el 2018, que podríamos resumir así:

       Es válido pensar en el Partido Nacional Republicano como una organización política-cultural-social edificada sobre sus cuatro “rostros” o funciones distintivas: como vanguardia política, como contra-sociedad, como Partido de Gobierno y como tribuna de los desvalidos (esto último desempeñando el papel de “Partido-comunidad política” y, principalmente, genuino defensor de los intereses populares). Allí podemos explicarnos que al contemplar esa compleja simultaneidad, los puntos de apoyo internos y las contradicciones globales, era posible entender tanto las líneas de su fortaleza y debilidad como la autenticidad y la ficción del Coloradismo sin tener que recurrir a imágenes caricaturescas del Partido, en una u otra de sus funciones, según nuestras propias ideas preconcebidas o premisas políticas. El Partido Colorado no es simplemente de insurrección revolucionaria con dos rostros “in maschera”, ni una potencia, opositora, satisfecha en su “espléndido aislamiento”, ni una tribuna popular un tanto incomprendida, que bajo su apariencia áspera y fanática esconde un corazón de oro.

        Al examinar el pasado se advierte que los años 1947-1958 pudieron haber sido una especie de edad dorada del Coloradismo Republicano. En esa época sus grandes éxitos de organización se combinaron con las satisfacciones de sus posibilidades de profundas realizaciones políticas y un real Poder Partidario a pesar de un ambiente de guerra fría ideológica (Guiones contra Democráticos), uniendo la posición  de   “espléndido aislamiento” –al margen de la aristocrática sociedad liberal derrotada– con la calidez partidista de una sólida camaradería. “Es bueno saber que estamos juntos”, declaraba Epifanio Méndez Fleytas entre atronadores aplausos de los masivos asistentes a sus mítines. Estos sentimientos de los años cincuenta son recordados para plantear el argumento de que al Partido le falta hoy esa cohesión que da la hermandad, la camaradería y un Norte o destino común. Por lo pronto, para  tener un acercamiento prospectivo a la difícil pero omnipresente ruptura del modelo Partido Colorado-Gobierno”, que con la asunción de Horacio Cartes parece darse, vale la pena apuntar cuáles son los elementos que inciden sobre la crisis del Partido en la actualidad y dificultan, aún hoy,  su transformación.

1. Pérdida de su hegemonía y su función como vanguardia política:

Los Partidos Políticos paraguayos han estado obsesionados, desde el final de la Revolución del 47, por las consecuencias  de  ésta. La división del espectro político y del Partido vencedor de la contienda, consolidó la influencia de las FF.AA. sobre el Partido Colorado y lo obligó a convertirse en algo así como rehén del poderío militar y también lo obligó a una moderación autoimpuesta a las ambiciones de los políticos colorados, que se erigió como requisito indispensable para que los militares no intervinieran directamente en las luchas internas por el Poder dentro del Partido. Actualmente, el fin del conflicto Este/Oeste mas la expansión democrática y la desmilitarización de la política, eliminaron cualquier posibilidad real de que el Ejército llegara a intervenir en forma efectiva en los sueños de los Políticos de ascender al Poder con su apoyo. Pero a la influencia Militar le sucedió la del Capital Financiero: una casta de Gerentes de grandes Empresas domina la Estructura Gubernamental y ahora hasta la Junta de Gobierno, dejando de lado a los Caudillos tradicionales de la Élite Colorada.

       Hasta hace muchos años, antes de su caída, en el 2008, el Partido Colorado controlaba todo: los tres Poderes de la Rca. (Ejecutivo, Legislativo y Judicial), los grupos de interés económico y las principales organizaciones sociales. Era una hegemonía plena en el terreno político y casi sin rival digno de ser tomado en cuenta en el terreno social e ideológico. Desde la crisis del modelo económico y político durante el quinquenio “WasmosySeifart”, la debacle del Partido comenzó a darse en el terreno de la legitimidad y la credibilidad (de ahí el surgimiento de la figura de Oviedo y UNACE). En el año 2002 se registró la más importante escisión en el seno del Partido oficial con la salida de la corriente “Oviedista”. El Partido Colorado, por primera vez en su historia de Poder contemporáneo, estuvo en riesgo real de perder la Elección Presidencial y, por ende, el control del pilar del sistema político paraguayo; el Poder Ejecutivo y la estructura clientelar tradicional del Partido se enfrentaron a un rival nacido en el seno del propio Gobierno: UNACE. La pérdida de hegemonía colorada se agudizó en el quinquenio de Duarte Frutos porque la sociedad ya no legitimaba el modelo oficial y buscaba alternativa, porque el Partido Colorado seguía (y sigue) dando la impresión de ser un Partido reaccionario, derechista, opuesto a todo cambio moderno y aferrado al pasado. Como ejemplos bastan unos botones de muestra: los Parlamentarios Colorados se opusieron, en su momento, a una Reforma Fiscal y al Impuesto a la Renta Personal; no respondieron a la necesidad de una Reforma Agraria; y en una época que todos los Medios de Comunicación internacionales muestran, con lujo de detalles, la competencia por el Liderazgo Mundial de China Popular se sigue manteniendo la ficción de reconocer a Taiwán como la “República de China”, yendo a contramano de la historia y de la realidad política mundial. El Partido, (o mejor, su Dirigencia) está siendo considerado como un parásito burocratizado de la política que ha perdido la capacidad de pensar estratégicamente por sí mismo.

2. Pérdida de identidad y su función como Partido de  Gobierno:

       La crisis del modelo de desarrollo que se desató en los últimos decenios, también derivó en una pérdida de identidad del Partido Colorado, que en la llanura fue más notoria, y ahora también. Se necesitaba (y se necesita) una selecta élite de nuevos y antiguos Políticos, surgidos no solamente de la Burocracia Partidaria sino surgidos también del entorno de la Élite Tradicional y la militancia activa con capacidad intelectual, que pugnen por el nuevo modelo que se necesita urgentemente; pero esto encuentra a su principal rival en la propia identidad del Nacionalismo Republicano. Si bien no se puede hablar de una ideología ortodoxa que rigiera al Coloradismo, sí se pueden mencionar ciertos elementos que le daban identidad política e ideológica al Partido: Nacionalismo, Agrarismo, Republicanismo, Estado tutelar que generaba clientelismo, estrecha relación Iglesia-Estado, proteccionismo económico, entre los principales. Pero el cambio de modelo, si no se lo realiza con prudencia, paciencia e inteligencia, carecerá de arraigo intelectual y social dentro de las filas Republicanas y no será producto de un movimiento social sino de una imposición vertical operada desde la élite Burocrática.

         En cuanto al papel que ha desempeñado en el Gobierno el Partido Colorado, es una historia más compleja: en varios estudios serios fue posible sintetizar varias encuestas donde se demuestra que los Gobiernos locales Colorados han sido a menudo eficaces y que la población de sus respectivas localidades así lo ha considerado. Sin embargo, la imagen de los Colorados como dinámicos proveedores de servicios sociales se ha desdorado en cierta medida en los últimos años a causa de los problemas relativos a las poblaciones marginales migrantes, también por la “usura del poder” tan común en todos los Partidos que gobiernan durante largo tiempo y, en ciertos casos, por el fraude electoral.

         En lo que se refiere al Gobierno de nivel nacional, los resultados de las encuestas de opinión realizadas en los últimos 10 años demuestran que la Opinión Pública paraguaya considera que el Partido Colorado es cada día menos capaz de desempeñarse en forma útil como Partido de Gobierno. Es que la acumulación de errores políticos indican que se trata de un liderazgo artificial que ha perdido el contacto fundamental con la realidad política y necesita una reforma urgente de Liderazgo y Estructura.

       3. La crisis del corporativismo y de la función como tribuna del pueblo:

       El Partido Colorado que ganó el Poder en 1947, era un producto típico de los Modelos Corporativos que estuvieron en boga en los años cuarenta: el leninismo, la socialdemocracia, el nazi-fascismo, el social cristianismo. La corriente mundial estaba en eso; había anti-Liberalismo por todas partes. La traducción Colorada de esta mezcla corporativa fue el propio modelo de “Gobierno Nacionalista policlasista” que, en su momento, tuvo un sustento social inusitado, producto de las reformas emprendidas durante aquel período pre-stronista, y continuado por Stroessner. Este modelo corporativo, acompañado de una fuerte dosis de autoritarismo gubernamental, comenzó a quedar desfasado frente a la sociedad paraguaya mucho antes de la caída de Stroessner en 1989. Las corporaciones sindicales, campesinas y urbanas que funcionaban como las “correas de transmisión” del Partido Colorado frente a la sociedad, “se convirtieron en filtros antidemocráticos y elementos de control sobre el pueblo que perpetuaban un modelo de Partido de Estado” (Carlos Romero Pereira: Una Propuesta Ética. Análisis de la realidad nacional”; Editorial Histórica; Asunción, 1987). Pero el crecimiento y la mayor participación de la clase media influyó decisivamente en esta crisis. Junto con ella, la conformación de nuevos organismos sindicales, campesinos y urbanos, que ya no dependían del Partido Colorado y que no funcionaban como organismos clientelares al servicio del Gobierno, generaron una fuerte corriente que abogaba por la democratización política y el fin del control Colorado que desembocó al final en la caída del mismo en 2008.

        El Partido Colorado está fracasando también  en el desempeño de la función de defensor del pueblo. En efecto, el Partido ha perdido en los últimos años una porción considerable de su clientela como “tribuna popular”(los individuos que se encuentran en desventaja o se sienten amenazados por la sociedad). Muchos votantes que normalmente han respaldado al Partido Colorado, se pasaron al bando de los “independientes” o de la Izquierda y la del “Liberalismo progresista”, porque éstos hablan en nombre de varias causas relativas a problemas concretos y las minorías.

4. La reforma fallida y la función como contrasociedad:

       Durante el período decadente comenzado en 1993 que culminó en el 2008, el Partido Nacional Republicano había ido en picada vertiginosa. No se cumplió la promesa de democratizar los métodos de selección de Dirigentes Colorados más que en mínima medida, ni el desmantelamiento de las “listas sábanas”; el Coloradismo se quedó sin un programa ideológico coherente (pese a que en el Estatuto Partidario de 1992 se prevé obligatoriamente un “Congreso Doctrinario Ideológico” cada diez años) y ahora la nueva Estructura Partidaria de la post-llanura es un enredo tan complicado que nadie se la toma en serio.

        Llegamos en último término al problema de la decadencia de  la famosa “contra-sociedad colorada” a la cual hay que analizar profundamente pues ha sido una de las fuentes de Poder del Partido. La “contra-sociedad” se apoyaba en un núcleo Agrarista opuesto al  “chuchaje” aristocrático Liberal, que aportó, tanto el entorno cultural donde floreció  con  más pujanza  el Coloradismo paraguayo, como los elementos militantes que se convirtieron en los Caudillos y Burócratas integrantes del Aparato Partidario; en este caso nos referimos al destino mismo del Partido Colorado. “El Coloradismo es una sub-cultura” decía Domingo Rivarola en su “Revista Paraguaya de Sociología”.

         La reciedumbre demostrada por el Partido Colorado durante seis decenios en la política paraguaya, provenía del hecho de que el movimiento Republicano de nuestro país constituía una auténtica comunidad política y cultural (vale la pena repetirlo). El Partido era la expresión política de un movimiento de masas imbuido de un entusiasmo militante; fue también un fenómeno genuinamente nacional, una contracultura de los Nacionalistas paraguayos contra la mentalidad al estilo Legionario cuya doble lealtad (al país y al exterior) representaba el último desafío partidista de gran envergadura a la legitimidad del sistema Nacionalista Republicano del Paraguay.

        Ahora, ¿cómo se produjo la desintegración de la identidad Agrarista, dogmáticamente campesina, del Coloradismo? Es verdad que aun cuando sagaces observadores habían detectado desde hacía años ciertos indicios de inestabilidad en la sociología política del Partido Colorado, su desastroso deterioro efectivo empezó en el quinquenio 19931998. La explicación más habitual es que parte de su declinación obedece a factores estrictamente políticos e ideológicos que nosotros ya hemos analizado. Además el desafío “Encuentrista” de Caballero Vargas que no se supo valorar en toda su magnitud en 1993; y más de diez años después, la estrategia misma de la unión de la Izquierda con el Liberalismo, en un “pacto contra natura”, que fue apropiada para atraer el voto de las mayorías, pero cuyas ganancias provinieron del centro y pudieron producirse a expensas de los electores situados en posiciones más extremistas; también el énfasis de las Elecciones Presidenciales del 2008 en el magnetismo personal del Candidato –que la Candidata del Partido Colorado no tenía– en lugar de poner de relieve el atractivo del Partido (o los Partidos) o su Programa; y el derrumbamiento del prestigio del Gobierno Colorado de Nicanor Duarte Frutos en la opinión pública durante sus dos últimos años. Todos estos fueron errores gruesos cometidos por el Clan gobernante de Nicanor Duarte Frutos y que costó muy caro.

Para que esa tragedia no vuelva a ocurrir ahora el Partido Colorado necesita de una urgente renovación de su Dirigencia y un cambio de rumbo basado en el énfasis en su Ideología Nacionalista Republicana Desarrollista con Líderes de prestigio tradicional y jóvenes surgidos de la militancia activa y el estudio sistemático de la ciencia política que les haga comprender el papel que debe desempeñar un Partido Político, moderno y tradicional a la vez, en la coyuntura histórica que le toca vivir.

La rapidez con que el Partido pasa de una etapa a otra depende del examen certero de las condiciones objetivas, del acierto de su propia política y de la capacidad de sus Dirigentes. La historia demuestra que los Partidos Políticos pueden actuar con éxito cuando cuentan con grupos estables de Dirigentes expertos, experimentados, prestigiosos e influyentes. Un método muy importante de trabajo del Partido es el amplio examen de todas las cuestiones de principio, de ideología, y la elaboración colectiva de las decisiones. Esto es necesario para recoger la experiencia de unos y otros, para poder revelar los defectos y para que cada uno tenga el convencimiento de que las resoluciones adoptadas son correctas. Ello instaura la disciplina consciente que proporciona al Partido la organización debida y orienta todos sus actos hacia el fin que se ha propuesto; y nuestro Partido sólo puede ser un Gran Partido en el sentido auténtico de la palabra cuando sus Dirigentes mantienen estrechas relaciones con las masas y gozan de su apoyo; es por eso que no deben vivir en una “burbuja del Poder” alejada de la realidad del pueblo. Porque, ¿de qué manera llega el Partido a convertirse en verdadero rector de la política? Pues no hay más que un camino: convencer a las masas del pueblo de que este Partido recoge y defiende sus intereses, convencer no con discursos sino con hechos y posturas firmes, con su línea política, su iniciativa y su fidelidad a la causa popular.

      Solamente así el Partido Colorado podrá dejar de ser un velero anticuado dependiente de los vientos que soplen y las corrientes marinas, ausentes en el “Mar de los Sargazos”, y podrá convertirse en una motonave moderna cuyas hélices impulsoras potentes lo llevarán al buen puerto del Poder que la historia le deparará, cualquiera sea el mar en que le toque navegar.–

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