EL PROBLEMA DE LA CLASE MEDIA EN AMÉRICA LATINA


Escribe Federico Narváez Arza

       En estos últimos años se ha abierto un intenso debate sobre el rol político de la Clase Media en América Latina. Sin embargo, el término “Clase Media” es exageradamente ambiguo. Tiene tantas acepciones como enfoques teóricos. La economía ortodoxa apela al ingreso para su definición y la sociología dominante lo limita a un asunto de estratificación social. Otros se centran en una cuestión de identidad, en una nueva subjetividad emergente que se siente incluida en un modo de vida promedio. En cualquiera de sus interpretaciones, la clase media existe actualmente como dilema político de época.

      La estructura de clases sociales de la región ha cambiado sustancialmente de forma acelerada. Se conformó un nuevo sujeto gracias a las políticas redistributivas implementadas en la región. En Bolivia, en la última década, el 20% de la población ha pasado de la extrema pobreza a ser considerada como clase media. En Ecuador, en ese mismo periodo, la clase media se duplicó. En Venezuela, durante la Revolución Bolivariana, se triplicó. En Argentina, durante el ‘kirchnerismo’, se incorporaron 9 millones de personas a esta categoría. En Brasil, durante los Gobiernos de Lula y Dilma, la nueva clase media abarca a 39 millones de personas. Este ascenso social o ‘reenclasamiento’ positivo es un rasgo característico irrefutable de este ciclo político.

      La manera en la que se afronte este fenómeno será decisiva en este momento histórico. Tras la victoria de Macri en Argentina, la derrota electoral del Chavismo en la Asamblea de Venezuela, el revés de Evo Morales en el referendo para la reelección en Bolivia, a menos de un año de las elecciones Presidenciales en Ecuador, y en medio del intento de “golpe suave” contra Dilma en Brasil, el asunto de la clase media se sitúa actualmente en el centro de la controversia política.

      La llamada “Nueva Derecha” Latinoamericana del siglo XXI lleva años prestando especial atención en ‘cómo hablarle’ a esta nueva clase media. El objetivo es doble. Por un lado, ha venido prometiendo (desde la oposición sin responsabilidad de Gobierno) aquello que reclama la lógica aspiracional de ese nuevo sujeto. Y, por otro lado, busca darle forma e identidad para constituirla como un actor social afín a su proyecto político-económico. Se presenta así a la clase media como si estuviera cansada de confrontar, aparentemente despolitizada, que prefiere la moderación, mayoritariamente urbana, que no le importa ni la justicia social ni la igualdad, que se siente más cómoda con otros valores materialistas (consumo) y postmaterialistas (ecologismo), y cada vez más individualizada. Otro aspecto importante de la coyuntura es la irrupción de movilizaciones ultra-reaccionarias de gran dimensión donde las clases medias ocupan un lugar central. Los Gobiernos Progresistas suponían que la bonanza económica facilitaría la captura política de esos sectores sociales pero ocurrió lo contrario: las capas medias se derechizaban mientras ascendían económicamente, miraban con desprecio a los de abajo y asumían como propios los delirios Derechistas extremistas de los de arriba.

      Seguramente hay parte de verdad en todo esto, pero tampoco se puede dar todo por cierto. Tal caracterización responde a una intencionalidad: la de instaurar un nuevo sentido común conservador acerca de lo que es la nueva clase media. Hecha a medida, construida a su semejanza, y útil como nuevo sujeto.

       He aquí la nueva jugada del Neoconservadurismo para vencer en medio de este pulso sobre la resignificación de quién es la “naciente clase media”. Aún es un enigma por descifrar. No es la “Clase Media Europea” de las décadas pasadas, ni siquiera es la Clase Media Latinoamericana preexistente a estos procesos de intensa movilidad social. Álvaro García Linera (es un político boliviano, trigésimo octavo Vicepresidente de Bolivia desde el 22 de enero de 2006. Libro: La potencia plebeya: acción colectiva e identidades indígenas, obreras y populares en Bolivia) la conceptualiza como “clase media de origen popular”, lo que significa que no es una clase media común. Es otra clase media, distinta, que ha naturalizado los derechos sociales adquiridos y tiene nuevas aspiraciones; pero esto no significa que haya perdido sus raíces. Es una clase media politizada pero no de la misma manera que lo era hace una década. Tiene una nueva subjetividad que nos toca conocer. Está  en constante relación con nuevos medios (redes sociales); tiene otra estética, otros marcos culturales que responden a una etapa posfordista. El posfordismo o postfordismo es el sistema de producción que se encontraría en la mayoría de los países actualmente, según la teoría que lo sustenta. Se diferencia del fordismo, sistema de producción usado en las plantas automotrices de Henry Ford, en el cual los trabajadores se encontraban en una estructura de producción en línea, y realizaban tareas repetitivas especializadas. El posfordismo se caracteriza por los siguientes atributos: Nuevas tecnologías de información. Énfasis en los tipos de consumidor, en contraste con el previo énfasis en las clases sociales. Surgimiento de los servicios y trabajadores de «cuello blanco».

      El desafío está en caracterizar a esa “clase media de origen popular” en forma más compleja de lo que lo hacen Jaime Durán Barba (Consultor de imagen y Asesor político ecuatoriano. Asesor de Macri) y compañía. Este sujeto emergente es heterogéneo y contradictorio; es un híbrido de lo que fue, lo que es y lo que quiere ser. Es un actor en transición, en conformación. Es más, todavía es una especie de “casi clase media”, que se encuentra al filo del alambre como cualquier recién llegado que siempre puede volver al lugar desde donde salió. A esto, el Banco Mundial le llama “clase vulnerable”, porque dejó de ser pobre pero nunca pasó a ser rica; todavía susceptible de retroceder si la economía no crece lo suficiente. La restricción económica externa pone en riesgo su permanencia. Seguramente, este término, el de “Nueva Clase Media”, incomoda al pensamiento tradicional de la Izquierda, más acostumbrado a otras categorías teóricas. Esto es comprensible, pero no hay tiempo que perder en un debate en curso que no pide permiso a los manuales clásicos. El problema de la Clase Media está omnipresente. O se permite la restauración de una “clase media light” procedente de la visión Neoconservadora o, por el contrario, se disputa su significado. De no hacerlo, corremos el riesgo de interpretarla como si fuera una Clase Media de otro espacio y otro tiempo histórico, importada e impuesta como tantas veces nos lo hicieron con recetas, teorías, categorías, epistemes(*), marcos analíticos, como dice el analista Alfredo Serrano Mancilla.

(*)Episteme es un término que  etimológicamente  procede del griego ἐπιστήμη epistḗmē que viene de ‘conocimiento’ o ‘ciencia‘, clásicamente los pensadores griegos hacían una distinción entre episteme y τέχνη  téknē  o ‘técnica‘.

En la terminología de Platón, episteme significa conocimiento en tanto “creencia justificada como verdad” a diferencia del término “doxa” que se refiere a la creencia común o mera opinión.

La palabra epistemología significa el estudio de la teoría del conocimiento y es derivada de episteme.

FUENTES:

CELAG (Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica); Analista Alfredo Serrano Mancilla, Doctor en Economía por la Universidad Autónoma de Barcelona, ha sido Profesor de la Universidad Pablo de Olavide (UPO); CEPS (Centro de Estudios Políticos y Sociales) de España.-

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