LA GUERRILLA CAMPESINA


Escribe Federico Narváez Arza

El sangriento golpe del EPP hace pertinente una reedición de un Artículo escrito años atrás, actualizado y mejorado. Helo aquí:

Los nuevos y continuos ataques del EPP nos obligan a examinar esta cuestión en su aspecto teórico como práctico:

En un estudio publicado en una fecha tan lejana como 1964, el escritor argentino Jorge Abelardo Ramos examinó las ideas de Ernesto “Che” Guevara sobre la aplicabilidad de la guerrilla como fórmula única de la lucha en América Latina (1): “La autoridad revolucionaria legítimamente adquirida por Guevara por su actuación en la Revolución Cubana volvía indispensable esa puntualización, por más severa que fuese. Respetábamos su notable figura como guerrillero, pero expresábamos nuestras reservas como teórico de la Revolución Latinoamericana, justamente porque su prestigio aumentaba los peligros de la difusión de una concepción voluntarista profundamente errónea. Pero la ratificación por Fidel Castro de aquellas tesis de Guevara y su tentativa de aplicación en varios Estados Latinoamericanos obligan a considerar nuevamente la cuestión”(2).

Esto parecería haber sido escrito en esta época y para el Paraguay de ahora, que tiene a una Guerrilla al parecer intoxicada por esa ideología aunque nuestro bobalicón Ministro del Interior –que debe ser removido sin más trámite y cuyo reemplazante ideal sería el Dr. Bader Rachid Lichi que es un político consciente, experimentado, informado y con capacidad de organización, que tiene un plan– asegura que sólo se trata de un grupo de criminales y narcotraficantes sin ninguna ideología(sic) pero el EPP está fuertemente ideologizado (por la ideología del “foco”), por eso continuaremos analizando la cuestión. Las ideas de Castro y Guevara habían sido reformuladas por, en aquél entonces, un joven intelectual francés: Regis Debray (que ahora, en su madurez, ha abjurado completamente de ellas en su libro “Alabados sean los Señores”). Sus tres trabajos publicados (3) permiten ofrecernos una idea de conjunto de lo que es la escala de valores de los revolucionarios cubanos (porque perviven aún hoy) sobre los múltiples problemas de América Latina y en particular acerca de los métodos aplicables a su Revolución. Y los errores de Debray alcanzan proporciones espectaculares: el concepto dominante de estos trabajos consiste en elevar la lucha armada al nivel de único para la lucha revolucionaria y en reducir todas las etapas de la lucha política a un conjunto de fórmulas técnico-militares porque “la lucha armada parece tener razones que la teoría no conoce”(4). La fórmula introductoria es muy singular: “Liberar el presente del pasado”, esto es, no hacer mucho caso a la experiencia histórica de las Revoluciones. La originalidad que va a brindarnos Debray así lo exige, pues nos dice a continuación que pocos años de experiencia armada en América Latina han hecho “mucho más para dar a conocer la singularidad de sus condiciones objetivas que las décadas precedentes de teoría política copiada”. Pero ignora que en “las décadas precedentes” no sólo se habían formulado en América Latina “teorías políticas copiadas”, sino además movimientos de masas no copiados, entre ellos algunos armados; recordemos a Zapata, a Sandino, a Prestes, a los mineros bolivianos de 1942 y a la clase media y obreros de Bolivia de 1952.

De la idea central de Debray se desprenden necesariamente todos sus extravíos laterales. En efecto, afirma que la Revolución Cubana ha sustituido el Partido por la Guerrilla, y que sólo la guerrilla puede generar al Partido. El Jefe de ésta debe reunir a la vez la condición de Jefe político y militar. Sin embargo, en China y Viet Nam el Partido creó su fuerza militar subordinada a la dirección política de aquél. Pero Debray dice que en América Latina, Cuba ha enseñado un nuevo camino, es la Guerrilla la que genera el Partido: “esta es la desconcertante novedad inaugurada por la revolución cubana”(5). Esta novedad habría puesto fin a “un divorcio de varias décadas entre teoría marxista y práctica revolucionaria” (6). Ahora, el marxismo se ha encarnado al fin. ¿Y los Partidos Marxistas?: “Ahí donde el instrumento no sirve ya, ¿debe detenerse la lucha de clases o deben forjarse nuevos instrumentos?”…. “la Guerrilla se convierte en Dirección Política…” y, “una perfecta educación marxista no es, para comenzar, una condición imperativa” (7).

Naturalmente esto no lo comprenden los hombres de ciudades porque “El hombre de ciudad vive como un consumidor…. Aunque sea un camarada, si se pasa la vida en la ciudad es un burgués sin saberlo en comparación con el guerrillero…. Se dice bien que nos bañamos en lo social: los baños prolongados ablandan (8). Los únicos que no se ablandan son los que se bañan en el propio ombligo. Es decir, que se bañan en lo individual; son los duros individualistas que pretenden sustituirse al Partido y al pueblo y se autoeligen para el martirio. Lenin escribió varios volúmenes para condenarlos, al mismo tiempo que se inclinaba ante su heroísmo personal. Es imposible seguirlo a Debray en su romantización del “núcleo elegido” sin recordar la observación de Engels, que no sólo era un maestro del socialismo, sino también un robusto joven que luchó con las armas en la mano y algo sabía de milicia: “¡Qué pueril ingenuidad la de presentar la propia impaciencia como argumento teórico!”.

Pero ahora ya tenemos entre nosotros al EPP (Ejército Paraguayo del Pueblo) un foco guerrillero al parecer imbuido de las ideas Castro-Guevaristas divulgadas por Regis Debray, que no admite pertenecer a ningún Partido Político y ha perpetrado importantes golpes donde ha corrido sangre, haciéndose inaccesible, tanto a la policía como al ejército, operando en el norte del país moviéndose entre la población “como pez en el agua” según decía Mao Zedong (Mao Tse Tung en la antigua grafía china) en su “Manual de Guerra de Guerrillas”. Ni el “Estado de Emergencia”, decretado dos veces en la era Lugo, ni el consiguiente rastrillaje de tropas del Ejército y dotaciones de la Policía Nacional especializada dieron –ni dan ahora– resultado alguno, teniendo por resultado que vastos sectores de la opinión pública acusaran al ex-Presidente Lugo y su Gobierno de “complacencia” con dicho grupo extremista y violento, y al actual Gobierno de “inútil” junto a su inexperto y burocrático Ministro del Interior.

Pero la guerra campesina ya está declarada y continuará, y no puede ser para menos en un país donde casi el 80% de las mejores tierras cultivables está en manos del 1% de la población y en el cual los Partidos de Izquierda, cuando estuvieron en el Poder, se dedicaron a soliviantar los ya encrespados y levantiscos ánimos campesinos pero sin gestionar ni emprender medidas prácticas para su solución, pasando –eso sí– a ocupar cuanto Cargo Burocrático se ponía a su alcance y con visos de corrupción que se fueron detectando.

El problema guerrillero no se soluciona con un aparatoso despliegue de fuerza militar-policial, que es –según la irónica expresión de Ho Chi Ming cuando los EE.UU. tuvieron 500.000 soldados en Viet Nam– “una guerra de elefantes contra conejosque no podía ser ganada por aquéllos pues los conejos se les escurrían entre sus patas; como ya lo demostró hasta la saciedad la experiencia histórica en China, Vietnam, Laos, Camboya, Argelia, el Congo, Angola, Cuba, Nicaragua, El Salvador, y actualmente Colombia; sino que se soluciona apoyándose en un gran Partido Político de masas, de raigambre popular histórica y Agrarista reorganizado, concientizado y reeducado, listo para la acción en profundidad a corto y largo plazo entre el pueblo, oponiendo idea-fuerza a idea-fuerza, propaganda a propaganda e ideología a ideología; y eliminando la bandera de la guerrilla: la gran asimetría estructural campesina con una radical y profunda “Reforma Agraria”, tocando los intereses de la Oligarquía Latifundista Agraria Semifeudal, (no en balde la Guerrilla se desarrolla y prospera en los dos Dptos. más pobres del País: San Pedro y Concepción) como lo hicieron los países que emergieron del subdesarrollo luego de la 2ª Guerra Mundial y ahora están en el “Primer Mundo” constituyendo “modelos” para nosotros: Taiwán, Corea y China Popular, que empezaron su camino hacia el éxito socioeconómico y político solucionando, primero que todo, el gran descontento campesino. La Guerra Campesina no es simplemente un problema Militar, sino esencialmente Político y Socioeconómico.-

N O T A S.

(1) Jorge Abelardo Ramos:Los peligros del empirismo en la revolución latinoamericana”. Revista “Izquierda Nacional”, Nº 5; Febrero de 1964.-

(2) Ibídem:Historia de la Nación Latinoamericana”; p. 547; A. Peña Lillo Editor, Buenos Aires, 1968.- Jorge Abelardo Ramos fue un escritor y político argentino de la Extrema Izquierda (Trotskysta), y Presidente del “Partido de la Izquierda Nacional (PSIN).-

(3) Regis Debray:América Latina: algunos problemas de estrategia revolucionaria”; Ed. Banda Oriental; Montevideo, 1967.-

El Castrismo: la larga marcha de América Latina”; Revista “Pasado y Presente “; Córdoba, 1964.-

“¿Revolución en la Revolución?”; Ed. Sandino; Montevideo, 1967.-

(4) Ibídem : “¿Revolución en la Revolución?”; p. 107.-

(5) Ibídem : p. 113.-

(6) Ibid. : p. 113.-

(7) Ibid. : p. 111.-

(8) Ibid. : p, 70.-

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