Los hijos de la dictadura stronista


Por segunda vez en poco tiempo, el senador Mario Abdo Benítez justificó la dictadura de Stroessner. Esta vez, ante unos 500 jóvenes de Piribebuy afirmó que ese periodo “trajo estabilidad, paz y progreso al país”. Es evidente que el legislador añora la dictadura. ¿Qué pensarán de sus afirmaciones las 20.090 personas que una investigación del Servicio Paz y Justicia (Serpaj) y otras entidades identificaron como víctimas de violaciones de derechos humanos, entre ellos torturados, muertos, desaparecidos o exiliados? Según el senador Abdo Benítez, el stronismo trajo “estabilidad”. Pero lo que había era una “paz de los sepulcros”, como calificó un periodista extranjero que llegó en esa época al Paraguay. Es grave que la “paz y el progreso que vive la República” aflore nuevamente en boca de políticos que están en el candelero, por lo que los paraguayos y las paraguayas, especialmente los más jóvenes, deben interiorizarse de toda la ignominia que sufrió el Paraguay entre 1954 y 1989, para que en las próximas elecciones no se vean sorprendidos por los vendedores de espejitos que presagian otra vez negros nubarrones sobre la Patria. Nota: Las dictaduras son más eficaces que las democracias porque no existe debate. Las leyes se promulgan al instante conforme al pedido del dictador. Los aparatos de seguridad Policía Militar y policía en general tienen manga ancha para matar y torturar. Este es el costo de la estabilidad, la paz y el progreso. Llama la atención que el hijo del secretario privado de Stroessner que transmitía órdenes a Pastor Coronel “MI GENAL ETRONE ODENA” haga loas a un régimen como aquél. Se conoce por las causas de Pastor Coronel que, él tenía línea directa con Stroessner, saltándole al jefe de policía Britez Borges. Y el nexo era el secretario privado, el que transmitía las ordenes.

El senador colorado Mario Abdo Benítez, quien hasta hace poco presidió el Congreso Nacional, insólitamente volvió a revindicar el stronismo, tal como ya lo había hecho en un acto partidario realizado en Itá en octubre del año pasado. Si en aquella ocasión sostuvo que “teníamos democracia antes del 89”, cuando el Partido Colorado y sus dirigentes “mandaban”, ahora afirmó, ante unos 500 jóvenes colorados reunidos en Piribebuy, que la dictadura “trajo estabilidad, paz y progreso al país”, no sin antes pedir el “perdón de las víctimas de la intolerancia”. De esta manera, hay reiteradas razones para negarle al citado senador su condición de demócrata, y que, en consecuencia, haya tenido la autoridad moral que se requería para ejercer tan alto cargo, el segundo en la línea de sucesión presidencial. Es evidente que añora la dictadura, y que le gustaría que el Paraguay volviera a estar sometido a un régimen fundado en el miedo provocado por la represión sistemática.

El senador Abdo Benítez admitió que la “intolerancia” provocó víctimas, pero, a su criterio, el balance sería positivo al fin y al cabo, dado que Alfredo Stroessner habría contribuido al bienestar general.

¿Qué pensarán de la supuesta estabilidad, paz y progreso que elogia Abdo Benítez las 20.090 víctimas de violaciones de derechos humanos, que registró una investigación del Servicio Paz y Justicia (Serpaj), junto con otras entidades? De esta cantidad, 19.862 personas fueron detenidas en forma ilegal, 18.772 fueron torturadas, 57 ejecutadas extrajudicialmente, 336 han desaparecido, y 3.470 sufrieron exilio. Esta pormenorizada investigación no incluye a los centenares de miles de paraguayos que debieron abandonar el país por temor o por no querer entregar su dignidad para poder trabajar en su propia tierra al precio de tener que afiliarse al Partido Colorado.

Por supuesto, miles de estas personas no podrán responderle porque ya están muertas, asesinadas por los esbirros o fallecidas a causa de secuelas de las torturas y persecuciones. En cuanto a sus deudos, debe saber que les costará muchísimo entender cómo es posible que quien encabezó uno de los poderes del Estado bajo un sistema democrático, tenga una escala de valores tan aberrante, en la que la muerte o el destierro por motivos políticos apenas cuente a la hora de juzgar un pasado aún no tan lejano. Pero no todos han fallecido, y miles de esos torturados en las comisarías, en el Departamento de Investigaciones de la Policía de la Capital o en Abrahán Cue (Misiones), viven arrastrando las consecuencias físicas y psicológicas del crimen de lesa humanidad; es muy difícil que compartan las palabras del legislador.

Frente a esta repetida ofensa del senador Abdo Benítez a la sociedad paraguaya, es llamativo que varias víctimas de la dictadura que también ocupan sus bancas en el Congreso no reaccionen con energía, y que, por el contrario, le hayan otorgado su voto para que presida este poder del Estado, como Luis Alberto Wagner, Miguel Abdón Saguier, Miguel Ángel López Perito y Carlos Filizzola, entre otros.

Según el senador, el stronismo trajo “estabilidad”. Si por ella se entiende la duración de un régimen, debe admitirse que los treinta y cinco años de oprobio, bajo un Estado de Sitio permanente, fueron bastante “estables”. Lo que había era una “paz de los sepulcros”, como calificó un periodista extranjero que llegó al Paraguay en esa época.

Otro argumento favorito de los admiradores de Stroessner es que durante su larga dictadura se construyeron obras que perduran hasta hoy. Pero lo que no dicen es que algunos estudios demostraron que de todos los préstamos que llegaron al Paraguay durante ese periodo, apenas una tercera parte se destinó a obras, y el resto fue a engrosar las cuentas privadas del dictador, de su familia y de sus esbirros, además de mansiones, estancias, aviones y otros bienes suntuosos.

Le preguntamos al senador Benítez: ¿Hubiera sido posible en esa época una pacífica manifestación de los estudiantes secundarios y universitarios, como la que se realizó recientemente? Definitivamente no.

Fruto de las represiones stronistas fueron los estudiantes y políticos perseguidos, muertos o desaparecidos, como Carlos Mancuello, los hermanos Rodolfo y Benjamín Ramírez, Miguel Ángel Soler y Rogelio Goiburú, y otros de la talla de Waldino Lovera, Miguel Ángel González Casabianca, Epifanio Méndez Fleitas, artistas como José Asunción Flores, Teodoro S. Mongelós, Augusto Roa Bastos y centenares más, que fueron expatriados, muriendo varios de ellos en el exilio.

No existía tal “paz y progreso”. Por el contrario, se proclamaba la violencia cuando el criminal jefe de Investigaciones de la Policía, Pastor Coronel, movilizaba a los “macheteros de Santaní” o a los “garroteros” de la Chacarita, o cuando el grotesco ministro del Interior, Sabino Augusto Montanaro, amenazaba con “bombas coloradas” y anunciaba “tuerca, tuerca, tuerca” para amordazar a la prensa.

Es grave que la “paz y el progreso que vive la República” aflore nuevamente en boca de los políticos que están en el candelero, por lo que los paraguayos y las paraguayas, especialmente los más jóvenes, deben interiorizarse de toda la ignominia que sufrió el Paraguay entre 1954 y 1989, para que en las próximas elecciones no se vean sorprendidos por los vendedores de espejitos que presagian otra vez negros nubarrones sobre la Patria.

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