Nicanor dice que Cartes “falsifica la historia”


Nicanor Duarte Frutos, expresidente de la República. / ABC Color. El expresidente Nicanor Duarte Frutos respondió con dureza al discurso que el presidente Horacio Cartes dio el viernes pasado en su informe al Congreso, acusando al actual mandatario de ser un “falsificador de la historia”. Nota: Hasta hoy no explicó como logró amasar tan inmensa fortuna. Y ya van 5 veces que le hacemos la misma pregunta. Por otra parte, fue denunciado sobre temas concretos en la fiscalía del crimen por Nelson Argaña quien lo conoció de cerca. Aparte, el General Morel Garay presentó senda denuncia por enriquecimiento ilícito. Sin duda, Oscar Filadelfia se escuda en nuestra carencia de justicia. Cualquier pájaro de cuentas puede presentarse a elecciones. Se supone que  será votado por un pueblo que perdió el sentido entre el bien y el mal. Nosotros creemos lo contrario, que el pueblo paraguayo ya aprendió a distinguir a filibusteros y apunta a distinguir el bien del mal. Los jóvenes universitarios ya nos han dado la primera muestra. Y son ellos el 70% del electorado.

El pasado viernes, el presidente Horacio Cartes fustigó los gobiernos de Nicanor Duarte Frutos, Fernando Lugo y Federico Franco, todos del periodo 2003-2013. Los acusó de hacer contrataciones masivas de funcionarios públicos que finalmente eran, según Cartes, operadores políticos. También dijo que estos presidentes no usaron el dinero que tenían para obras públicas de infraestuctura.

Duarte Frutos, quien fue embajador paraguayo en Argentina desde octubre de 2013 hasta enero de 2016, durante la presidencia de Cartes, respondió al actual presidente en una carta abierta a través de su cuenta de Facebook. En resumen, Nicanor le dijo a Cartes que su gobierno no tiene logros considerables, pues las obras de infraestuctura que impulsa se hacen con dinero de bonos soberanos, que triplicaron la deuda del país en solo tres años.

“Luego de tres años, el actual gobierno sigue justificando su falta de resultados utilizando como excusa a gobiernos anteriores, continúa presentando como logros promesas futuras. Mientras tanto, se dispara el endeudamiento externo con los correspondientes intereses en vigencia, cae el consumo de la clase media y de los sectores populares, los comercios sufren la falta de circulante, la inseguridad hace estragos, se enfrenta una crisis ambiental de gran amplitud, los hospitales públicos padecen la falta de medicamentos, se promulgan leyes inconstitucionales en favor de empresas cuyos propietarios son familiares de ministros: verdadero rostro del prebendarismo y la instrumentación del Estado para fines particulares”, reza una parte de la carta.

Por otro lado, Duarte Frutos dijo que Cartes no mencionó a las alianzas público-privadas en este discurso porque entiende que es un fracaso de la política actual. “No es casual que el caballito de batalla de las promesas electorales del gobierno, las alianzas público-privadas, ni siquiera haya sido mencionado en este último informe: la promesa de una lluvia de inversiones directas ha quedado en el olvido. En su lugar, como mecanismo de financiamiento, y con el objetivo de mantener intacto un régimen impositivo regresivo y empobrecedor, el gobierno ha optado por endeudar a las generaciones futuras, con resultados tan pobres que ya alarman a los economistas más respetados del país, así como a diversos organismos internacionales”, indica el texto.

Cartes había criticado las reformas hechas por Nicanor en 2003, el exmandatario recordó: “El presidente Cartes olvida que su gobierno nunca hubiera podido acceder a esos recursos sin las reformas estructurales iniciadas en el año 2003. Cuando en ese año recibimos el gobierno la Deuda Externa era de US$ 2.478 millones, cinco años después cuando entregamos el gobierno, la deuda externa era menor de US$ 2.234 millones. Recibimos un país con una deuda externa que era el 40% del PIB en 2003 y entregamos el país con una deuda externa que era apenas el 12% del PIB cinco años después, en 2008”.

“Nuestro gobierno pudo tener muchos errores, en muchas cosas nos hubiese gustado haber avanzado más, pero no hemos perdido el tiempo falsificando la historia, buscando culpables, ni convirtiendo la gestión pública en el muro de los lamentos ante la caótica situación en la que nos tocó recibir el Estado. Sin apelar jamás a la victimización, piloteamos una tormenta que amenazaba con explosiones sociales, cesaciones de pagos e inestabilidad política. El nuevo rumbo, que dice no tener ideología alguna, ha hecho del cinismo la ideología oficial de todas sus declaraciones. Repudian a la ‘vieja política’ y hablan de un ‘nuevo modelo’ que solo existe en la imaginación de los publicistas y connotados asesores que trabajan para este gobierno”, indica otra de las partes de la extensa carta de Duarte Frutos.

El expresidente se encuentra en una intensa campaña para ocupar un cargo electivo en 2018. Si bien no lo dijo abiertamente, espera la posibilidad de reelección a la Presidencia. Su estrategia consiste en capitalizar el descontento de los colorados de base que votaron a Cartes en 2013.

Puede leer su carta in extenso haciendo clic en este enlace.

3 Responses to Nicanor dice que Cartes “falsifica la historia”

  1. Sr. Director: Le ruego que publique la carta completa de Nicanor Duarte Frutos pues no tiene desperdicio. Con una retórica brillante que denota su calidad de intelectual desmonta las falacias del equipo de Cartes, desnudándole de cabeza a los pies y sin dejar pieza por replicar. Sé que Ud. no le tiene simpatía, pero “honor a quien honor merece”, dice verdades incontrovertibles que tenemos que aceptar. Le saludo con mucho aprecio y respeto a su tolerancia democrática.-

  2. osvaldobergonzi dice:

    Walter: Envíeme pues no la puedo encontrar. Con todo gusto la publicaré. Saludos afectuosos.

  3. El informe de Cartes
    RESPUESTA DE NICANOR DUARTE FRUTOS. DOMINGO, 3 DE JULIO DE 2016.
    El “tercer informe de gestión” del Presidente Cartes estuvo plagado de inconsistencias, lecturas distorsionadas de cifras, mentiras, ataques indiscriminados a la clase política en su conjunto y caracterizaciones del Estado que desnudan la estrechez de sus colaboradores. Luego de tres años el actual gobierno sigue justificando su falta de resultados utilizando como excusa a gobiernos anteriores, continúa presentando como logros promesas futuras. Mientras tanto, se dispara el endeudamiento externo con los correspondientes intereses en vigencia, cae el consumo de la clase media y de los sectores populares, los comercios sufren la falta de circulante, la inseguridad hace estragos, se enfrenta una crisis ambiental de gran amplitud, los hospitales públicos padecen la falta de medicamentos, se promulgan leyes inconstitucionales en favor de empresas cuyos propietarios son familiares de ministros: verdadero rostro del prebendarismo y la instrumentación del Estado para fines particulares. No es casual que el caballito de batalla de las promesas electorales del gobierno, las Alianzas público-privadas, ni siquiera haya sido mencionado en este último informe: la promesa de una lluvia de inversiones directas ha quedado en el olvido. En su lugar, como mecanismo de financiamiento, y con el objetivo de mantener intacto un régimen impositivo regresivo y empobrecedor, el gobierno ha optado por endeudar a las generaciones futuras, con resultados tan pobres que ya alarman a los economistas más respetados del país, así como a diversos organismos internacionales. Este gobierno se jacta de triplicar las inversiones públicas respecto a los dos anteriores gobiernos, pero omite contar a la ciudadanía que esas inversiones no provienen de fondos genuinos, es decir no son el resultado de ningún avance en la capacidad recaudatoria del Estado, no se obtuvieron como resultado del combate a la evasión, del contrabando que día a día crece, ni mucho menos proviene de un reordenamiento del gasto público.
    Los recursos de los que alardea este gobierno no tienen su origen en ninguna reforma estructural del Estado, lejos están de ser el resultado de una mayor eficiencia de sus ministros o producto del combate a la corrupción. Por el contrario, son el resultado de una política de endeudamiento descontrolada, con objetivos de inversión que marginalizan el gasto social, y lo que es más grave, con una perspectiva de sustentabilidad incierta, más aun cuando este gobierno sigue manteniendo niveles considerables de deficit fiscal y una evasión impositiva del 40% por el débil control aduanero. Pero aun suponiendo que este endeudamiento fuera objeto de un tratamiento estratégico, eficiente y racional, el presidente Cartes olvida que su gobierno nunca hubiera podido acceder a esos recursos sin las reformas estructurales iniciadas en el año 2003. Cuando en ese año recibimos el gobierno la Deuda Externa era de USD 2.478 millones, 5 años después cuando entregamos el gobierno, la Deuda Externa era menor de USD 2.234 millones. Recibimos un país con una Deuda externa que era el 40% del PIB en 2003 y entregamos el país con una deuda externa que era apenas el 12% del PIB 5 años después, en 2008.
    Nunca este indicador tuvo una reducción tan grande en tan poco tiempo. Además de desendeudar el país, mantuvimos 5 años de solido superávit fiscal, recuperamos las cuentas publicas luego de recibir un Estado en default, mantuvimos indicadores macroeconómicos ordenados, reducimos la pobreza en más de 10 puntos porcentuales (ver informe del Banco Mundial y de Estadística y Censo) profesionalizamos el Ministerio de Hacienda, el BCP y entregamos record de reservas internacionales al gobierno entrante. A pesar de que el presidente Cartes considera que la historia comienza con su gobierno, cada uno de estos resultados del período 2003-2008 fueron utilizados por los gobiernos siguientes como las credenciales del país para presentarse ante el mundo, irónicamente aprovechadas por la actual administración para iniciar el ciclo de mayor endeudamiento de nuestra historia.
    Nuestro gobierno pudo tener muchos errores, en muchas cosas nos hubiese gustado haber avanzado más, pero no hemos perdido el tiempo falsificando la historia, buscando culpables, ni convirtiendo la gestión pública en el muro de los lamentos ante la caótica situación en la que nos tocó recibir el Estado. Sin apelar jamás a la victimización, piloteamos una tormenta que amenazaba con explosiones sociales, cesaciones de pagos e inestabilidad política. Lo hicimos con el instrumento del dialogo y la construcción de grandes acuerdos nacionales, en definitiva haciendo política.
    El nuevo rumbo, que dice no tener ideología alguna, ha hecho del cinismo la ideología oficial de todas sus declaraciones.
    Repudian a la «vieja política» y hablan de un «nuevo modelo» que solo existe en la imaginación de los publicistas y connotados asesores que trabajan para este gobierno.
    Mientras se denigra y estigmatiza a Presidentes de Seccionales, dirigentes de bases y militantes políticos en general, mientras se los agrede sin distinción llamándolos prebendarios, este gobierno hace del prebendarismo empresarial su verdadero modelo de gestión.
    En este gobierno, el reparto discrecional de canonjías y prebendas ha superado todos los límites del decoro, llegando a concesionar contratos de usufructo de bienes públicos por 30 años a empresas amigas, de manera inconstitucional y mediante la transacción directa de votos en el senado a cambio de cargos públicos.
    Con este gobierno el prebendarismo ya no se limita a los vaivenes de la lucha política y el carácter provisional de los partidos que llegan al gobierno. Mediante atajos legales se busca hacer de la prebenda un objeto capaz de trascender el espacio y el tiempo de las sucesivas administraciones. Se conceden privilegios trans-gubernamentales, trans-generacionales, y si pudieran no dudarían en sancionar el carácter vitalicio de los privilegios.
    El nuevo rumbo no tiene ninguna pretensión de acabar con el prebendarismo, lo que busca es el monopolio de la asignación de la prebenda para los sectores más encumbrados de la patria contratista, de la patria evasora y de los grupos empresariales que han subordinado siempre el Estado a sus insaciables objetivos. El caso Tape Pora y la vergonzosa privatización del puerto de Villeta (bajo la figura de alquiler se entregó por 20 años el puerto sin competencia entre oferentes, por 5 mil dólares mensuales) son ejemplos paradigmáticos del prebendarismo que el gobierno critica a la luz del día y practica desde la sombra.
    El discurso de la transparencia del Gobierno hace tiempo ha caído en el descrédito y la farsa ante escandalosos hechos de corrupción, como por ejemplo la tragada de más de 50 millones de dólares para agricultores de la administración Gattini, la millonaria pérdida de fondos públicos en el caso Financiera ARA con abierta complicidad de altas autoridades del BCP, el reparto de pozos artesianos sobrefacturados a empresarios y amigos del entorno del presidente, el saqueo de casi 10 millones de dólares de los fondos del Pilcomayo, los sospechosos millonarios anticipos entregados por el inoperante Jiménez Gaona a empresas que no cumplieron rifando la plata del pueblo, los negociados de Petropar y otros casos. Los responsables directos de estos ilícitos no han sido políticos de mi partido, han sido los tecnócratas intachables y los gerentes para-gubernamentales que hoy monopolizan los contratos públicos.
    Se equivoca el gobierno si cree que la tercerización de un partido político, su reducción a agencia recolectora de votos y control territorial del electorado a cambio de una paga a destajo, constituye algo nuevo o implica un avance en materia institucional. Eso que llaman «nuevo modelo» no es sino el viejo modelo patrimonial, por medio del cual se rentan estructuras políticas y administrativas para el ejercicio de la dominación, en este caso para el usufructo exclusivo del Estado por parte de un conglomerado empresarial.
    Este Gobierno no es portador de ninguna novedad histórica, su apología al Estado-mínimo, como ha ocurrido en otros países que apostaron a este modelo (el propio FMI acaba de reconocer la consecuencia funesta del neoliberalismo en numerosas regiones) nos está llevando a un agravamiento de la desigualdad social, la inseguridad y la criminalidad. Su desorientación en el manejo del Estado, ha sido siempre el sello distintivo de experiencias de gobierno que creen que la administración pública es sinónimo de la actividad empresarial.

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