ALBINO JARA: UN VARON TRAGICOMICO


Por el Dr. Andrés Humberto Zaracho

El 15 de mayo pasado se cumplió un aniversario del fallecimiento del Coronel Albino Jara; natural de Luque, donde nació el 23 de febrero de 1878. Era hijo natural del coronel Zacarías Jara, ex combatiente de la Guerra contra la Triple Alianza. Recordado por algunos como el “varón meteórico” dado el acelerado ascenso que tuvo en su vida militar y política. A comienzos del Siglo XX, luego del gobierno del coronel Juan Antonio Ezcurra, último presidente colorado depuesto por la revolución de 1904 gestada por los agentes al servicio de las corporaciones radicadas en la capital porteña, el país entró en una vorágine. Se inició el período de anarquía política conocida como la era liberal. Esta se extendió hasta el año de 1940. En los 31 años de gobiernos oligárquicos se sucedieron 22 Presidentes, de los cuales 19 pertenecieron al liberalismo criollo. Cada uno de ellos duraron en su mandato un promedio de 19 meses, de los cuales tan sólo Eduardo Schaerer, Eligio Ayala y José P. Guggiari culminaron su período. Casi todos llegaron al poder político por medio de guerras civiles, revueltas, cuartelazos, golpes de estados y elecciones fraudulentas. Con Benigno Ferreira (25-XI.1906 al 4-VII-1908) el Ejército comenzó a reclutar a sus oficiales del sector civil, sin suficiente entrenamiento y sin otra condición que la de ser un adherente incondicional del régimen imperante. Surge así la politización anárquica en el estamento militar con el consiguiente daño a la institución. Este período de desorden político fue aprovechado aviesamente por Bolivia para principiar su penetración clandestina en el Chaco paraguayo fundando fortines hacia el sur y el este, con rumbo a la ribera occidental del río Paraguay. El Mayor de Artillería Albino Jara, un oscuro oficial a quien un político lo describió como “el militar que desflorara su espada virgen en una aventura de cuartel”, fue el encargado por el “Comité Revolucionario” para dirigir la cruenta rebelión contra el régimen del libero-cívico Benigno Ferreira En la conspiración participaron militares y dirigentes liberales como Marcos Caballero Codas –hijo natural del General Bernardino Caballero-, Liberato y Emiliano Rojas, Quintín Parini, Honorio Alfonso, Modesto Guggiari y otros más. Participaron, igualmente, los colorados Marcos Quaranta y Coronel José Gill, quienes ayudaron a financiar el golpe con la promesa de Jara de dar mayor participación a los colorados en el futuro gobierno. El alzamiento se produjo el 2 de julio y finalizó dos días después con la rendición de Benigno Ferreira, siendo sustituido por el Vicepresidente Emiliano González Navero (4-VII-1908 al 25-XI-1910). Este, de inmediato declaró el Estado de Sitio, que durante la era liberal se convertiría en el estado normal del país; además, fueron disueltas ambas Cámaras del Congreso. Jara ocupó el cargo de Ministro de Guerra y fue ascendido al grado de Coronel. Por ser persona de influencia en el gabinete del débil y vacilante presidente consiguió que el gobierno otorgara como recompensa a los militares sediciosos el ascenso de dos grados: los Tenientes ascendieron a Mayores y éstos al grado de Coronel (entre ellos el propio Ministro). La medida contribuyó a su naciente popularidad en el estamento armado y entre no pocos civiles del partido gobernante. Logró, además, hacer nombrar Ministro del Interior a su amigo íntimo Adolfo Riquelme y, a su vez, que todos los militares que defendieron el gobierno de Ferreira fueran dados de baja del Ejército. Por su parte los liberales radicales presionaron para que los liberales cívicos sean defenestrados de sus cargos. Pero muy pronto los radicales fueron absorbidos por los caprichos del triunfante jefe de la revuelta militar al admitir los abusos y arbitrariedades de aquel período de ignominiosos escándalos e inmoralidades políticas. El propio Manuel Gondra, líder del Partido Liberal Radical y candidato seguro para la presidencia de la república llamaba a Jara “el pundonoroso militar”. Muy pronto se arrepentiría de haberle brindado tanto apoyo. .

Una vez consolidado en el nuevo gobierno y con creciente poder Jara adoptó una posición ambigua con respecto a los colorados desentendiéndose de ellos. Cuando fue requerido por el Directorio republicano por no cumplir con su promesa Jara respondió acusando al Partido Colorado de conspirar contra el gobierno que él sostenía. Con esto no hizo otra cosa sino provocar el malestar de los republicanos y luego la reacción de los liberales cívicos cuyos principales dirigentes se hallaban exiliados en el extranjero, quedando solamente don Antonio Taboada para dirigir el combate al régimen, e iniciaron la resistencia mediante el diario “El Cívico” que volvieron a reeditarlo incorporándose a la redacción el dirigente juvenil Marcelino Pérez Martínez. A esta campaña se sumó el Dr. Manuel Audibert desde el diario “La Ley”. Si bien el general Caballero estaba de vuelta de su exilio en Buenos Aires debido a su ancianidad delegó la conducción al Directorio del Partido Nacional Republicano. Paralelamente, desde las columnas del diario “Patria” el joven intelectual Enrique Solano López –hijo del Mariscal- secundaba la campaña iniciada por el Directorio.

El 11 de agosto el Secretario del Ministerio de Guerra TCnel. Manlio Schenoni informó al TCnel. Adolfo Chirife, Comandante de la III Zona en Humaitá, que los colorados iniciaron la revolución y tomaron Yuty, Bobí y San Pedro del Paraná. En esos días el Comandante Chirife ordenó el fusilamiento sin juicio previo del Sargento Marcelino González en cuyo poder se encontró una carta comprometedora. La medida fue aprobada por el Coronel Jara, que serviría de fundamento para medidas similares usadas a lo largo del conflicto armado. El combate librado durante dos días en Laureles (Ñeembucú) finalizó con la derrota de los colorados logrando a duras penas el Comandante Gill refugiarse en territorio argentino. El otro jefe el Comandante Alejo Ramírez perdió la vida en el combate. Los demás prisioneros, en su gran mayoría fueron pasados por las armas.

Ya en el año 1910 fue publicado en Corrientes un folleto titulado “Paréntesis siniestro de la democracia paraguaya” donde se lee una larga lista de crímenes cometidos por el gobierno liberal. El escritor español Rafael Barret escribió en un artículo titulado “Bajo el terror” reclamando del Gobierno que respete las libertades ciudadanas. El suelto fue secuestrado por la policía el 13 de octubre y su autor fue llevado preso por la policía. Entretanto, el Ministro de Hacienda Dr. Gualberto Carduz Huerta presentó renuncia debido a un fuerte entredicho con Jara. Fue nombrado en su reemplazo Víctor M. Soler. Ese año el gobierno envió al Congreso el proyecto de ley del Servicio Militar Obligatorio, que luego sería aprobado y puesto en vigencia.

Para entonces el Gobierno había instituido la delación como medio de control en las filas castrenses. Uno de los delatores (pyragué), el Sargento Pavón, informó de la existencia de una conspiración de cívicos y colorados contra el Gobierno, siendo supuesto jefe el Teniente Coronel José Gill (colorado). De inmediato Jara ordenó el apresamiento del legendario Comandante Gill y de otros 300 militares, colorados y cívicos aproximadamente, que llenaron las cárceles, comisarías y cuarteles de todo el país que dio comienzo a una sangrienta persecución nunca vivida en el país. Esto ocurría el 21 de setiembre de 1908. El Coronel Jara se instaló en el cuartel del 2º de Infantería y personalmente tomó declaración a los recluidos, entre ellos al Sargento de Art. Apolinario Espínola. Al no suministrarle ningún dato le aplicó una serie de azotes. En cada intervalo le requería a Espínola a dar los nombres de los demás conspiradores respondiéndole: “Pegue miserable, cobarde. Sepa que Ud. está maltratando a un hombre a quien matará Ud. antes de arrancarle una sílaba”. Y en verdad que lo cumplió pues horas más tarde el apaleado falleció en el Hospital a consecuencia de la tortura recibida por el “tragicómico varón”. Otros torturados personalmente por Jara fueron el Capitán Miguel Rojas, y los Tenientes Emiliano López, Bernardo Gómez y Benjamín Velilla (todos liberales cívicos). El preso político Bartolomé Olmedo fue fusilado junto con el menor Pantaleón Zayas (Jara ordenó que ambos cavaran sus propias fosas). A bordo del vapor Posadas fueron ejecutados Carlos Urbieta y sus demás compañeros presos y engrillados. Fueron apresados los periodistas extranjeros Rafael Barret (español) y Guillermo Bertoto (uruguayo); este fue amarrado a un catre y azotado, a más de ser obligado por Jara a tragar con salmuera un suelto de su autoría publicada en la revista “Germinal” donde criticaba al gobierno. Quienes recurrieron a la Justicia para obtener su libertad a través del Habeas Corpus vieron frustrados sus deseos porque las órdenes de libertad del Superior Tribunal de Justicia eran encarpetadas por el Jefe de Policía Adolfo Riquelme. El Dr. Ricardo Brugada presentó un recurso de Habeas Corpus a favor del Capitán Víctor Ojeda Fariña, cuando la notificación le llegó a Riquelme éste, sencillamente, la encarpetó sin siquiera responder al Juzgado. Uno de los presos políticos, el dirigente liberal Dr. Alejandro Audibert, obtuvo excepcionalmente su libertad. A través de una audiencia in voce ilustró con valentía a los magistrados y a la ciudadanía las barbaridades cometidas por el Gobierno y sus funcionarios. Pero tanto era el terror imperante que los jueces de la época no tuvieron la dignidad necesaria para renunciar a sus cargos, compelidos por el temor o el cohecho. Tal vez el único que salvó su dignidad fue el Dr. Manuel Viera, quien se asiló en la Legación argentina desde donde envió su renuncia como miembro del Superior Tribunal de Justicia. Otro preso político, Federico Zelada, cuando era conducido al Tribunal para declarar se escapó de sus captores logrando refugiarse en la Legación uruguaya, donde quedó asilado.

El 29 de setiembre de 1908, en horas de la medianoche, unos cincuenta presos políticos de los cuales la mayoría colorados, fueron apartados y conducidos al Batallón 2º de Infantería y luego a la Prefectura Naval. Días después se les embarcó a bordo del vapor “Sajonia” donde fueron engrillados unos con otros y transportados primero a Bahía Negra y luego a Fortín Galpón, su destino final, conocido por todos como el primer campo de concentración de presos políticos en América. Allí quedaron bajo custodia de una compañía de infantería comandados por el tenebroso Teniente Eliseo Salinas, permaneciendo cautivos hasta fines de diciembre en medio de los más sanguinarios e inhumanos vejámenes y tormentos nunca conocidos en suelo patrio. Recluidos finalmente en el penal de Emboscada hubo un intento de fuga de los presos políticos que permitió a un grupo lograr su libertad. No obstante durante el enfrentamiento armado perdió la vida uno de los cautivos el Teniente Alejandro Duarte. El resto fue trasladado a la Cárcel Pública donde tiempo después fueron liberados por el régimen. La mayoría de los presos quedaron con las secuelas de los castigos y tormentos recibidos (1) Ver el artículo escrito por el autor titulado: “El campo de concentración de Fortín Galpón: la barbarie liberal”.

Numerosos dirigentes opositores colorados y cívicos buscaron refugio en las ciudades argentinas ribereñas del río Paraná, que se convierten en albergues de miles de paraguayos que se vieron obligados a emigrar. En Buenos Aires los colorados constituyeron un “Comité Revolucionario” presidido por el general Bernardino Caballero, y otro Subcomité en Corrientes dirigido por el Comandante José Gill. Ambos tenían por objetivo preparar una campaña revolucionaria contra el régimen radical para invadir por el sur y por el norte. Enterado de este plan el gobierno declaró en pie de guerra a toda la República reforzando las guarniciones de Humaitá, Encarnación, Concepción y Misiones. El 8 de agosto de 1909 se sublevaron los presos políticos colorados recluidos en Fuerte Olimpo fugándose al Brasil para unirse a los grupos revolucionarios.

Albino Jara fue el sexto presidente de la Republica de la etapa de anarquía política, que “trepó” a esa elevada dignidad, cuando el 17 de enero de 1911 derrocó al presidente Manuel Gondra -nacido en la Argentina-, siendo su Ministro de Guerra y Marina. Gondra se mantuvo en el sillón de los López apenas 53 días, o sea, menos de dos meses. Le había designado fuera de su agrado en dicho cargo luego que Jara, en la noche del 24 de noviembre –un día antes de asumir la presidencia- se echó a sus pies llorando amargamente e implorando que lo mantenga en el cargo al tiempo de reiterarle su total lealtad. Empero, bastó que Jara -por todos conocido por su temperamento desalmado y su proclividad a la traición- ordene el acuartelamiento de la tropa lo que lo hizo renunciar a su cargo, al igual que al Vicepresidente Juan Bautista Gaona y a los Ministros del Interior Adolfo Riquelme, Relaciones Exteriores Héctor Velázquez y de Justicia Eusebio Ayala.

Aun cuando el varón tragicómico no estaba afiliado al Partido Liberal un sector de ls dirigencia del Partido le brindó su apoyo. Reunido el Congreso esa noche del 17 de enero la mayoría de los representantes liberales aceptaron la renuncia de Gondra y Gaona, nombrando a Jara Presidente interino. Configuró su gabinete con tres Ministros liberales del bando radical: Sebastián Ybarra Legal (Interior), Cecilio Báez (Relaciones Exteriores) y José Antonio Ortiz (Hacienda). Nombró Jefe de Policía al liberal Marcos Caballero Codas, hijo natural del general Bernardino Caballero. Cabe señalar que ya los liberales estaban divididos en dos fracciones irreconciliables: el radical y el cívico.

En los meses de enero y febrero Jara pasó a retiro a los coroneles Adolfo Chirife y Patricio Escobar, a los Tenientes Coroneles Alfredo Aponte, Manlio Schenoni y Pedro Mendoza, al Mayor Alfredo Medina, y a los Capitanes Romualdo Cañete, R. Benini Laguardia y Honorio Alfonso, a los que deben sumarse otros oficiales subalternos. El Ministro de Guerra y Marina de Jara Coronel Carlos Goiburú propuso que los oficiales que se manifestaron en favor del presidente Gondra fueran fusilados. Felizmente la propuesta no prosperó, empero fueron enviados exiliados a la Argentina a bordo del Aviso de Guerra “Triunfo”.

El tragicómico personaje pudo mantenerse en el cargo hasta el 5 de julio de 1911 –apenas seis meses- gracias a que impuso el Estado de Sitio en todo el país como fórmula “persuasiva” (?). Para su desgracia, a mediados de febrero un grupo de gondristas liderados por el ex ministro del Interior Adolfo Riquelme, se levantaron en armas en Concepción. Hubo violentos enfrentamientos armados con las tropas gubernamentales comandadas por el propio Albino Jara. Las operaciones se trasladaron hacia la región norteña donde el ex ministro Riquelme fue derrotado `por los gubernistas en Estero Bonete siendo hecho prisionero con otros compañeros de causa. Todos ellos fueron fusilados por la espalda, sin piedad alguna, por orden de Jara, sin mediar proceso judicial, el 17 de marzo de 1911. También fueron ejecutados a tiros de revólver disparados a boca de jarro otros prisioneros políticos gondristas. El cuerpo de Riquelme nunca fue encontrado; la prensa jarista informó que murió en combate. La muerte de Riquelme, joven dirigente radical, director de “El Diario” y fundador de la Liga Paraguaya de Fútbol, conmovió a la gente de bien de la sociedad nacional.

En su obra “Historia Contemporánea del Paraguay” el Dr. Gómez Freire Estevez, político liberal e historiador, al referirse a la ejecución de Riquelme, señala con razón: “Aquel cuadro de deslealtad con un prisionero político rendido, evocador de una puja de caníbales, que no de las tradiciones de nuestra generosidad, afectó profundamente el orgullo nacional, que se recogió disminuido ante el mundo del menoscabo inferido a la cultura patria, con el asesinato del jefe civil de una revolución, hecho prisionero, por mano de sus compañeros”.

Así mismo, el influyente diario “La Prensa” de Buenos Aires, decía en su editorial del 27 de marzo lo siguiente: “La victoria militar del gobierno (paraguayo) en los campos de Rosario tórnase en derrota política irreparable ante el sentido moral del mundo civilizado. La sangre de Riquelme –Jefe civil tomado prisionero y fusilado- posee la virtud de reconstruir las huestes revolucionarias destrozadas…”

Los fusilamientos de Rincón Bonete produjeron una profunda indignación en todo el pueblo paraguayo. Se realizaron tumultuosas manifestaciones de parte de los estudiantes, los cuales fueron brutalmente dispersados a culatazos en la Plaza Uruguaya y otros más apaleados en el Departamento de Policía entre ellos los estudiantes liberales radicales Jerónimo Riart y Manuel Bedoya. En ocasión de desplazarse en su carruaje por las calles Palma y Buenos Aires (El Paraguayo Independiente en la actualidad) los estudiantes lo abuchearon gritándole “Asesino” y “Abajo el dictador”.

En los primeros días de junio de 1911 ambas Cámaras del Congreso aprobaron una Ley disponiendo la cesación del Estado de Sitio, que fue vetada por el presidente Jara. En la sesión del día 10 el Congreso se ratificó rechazando el veto del Poder Ejecutivo. Aún así el Estado de Sitio no fue levantado, y desde allí se rompieron las relaciones entre ambos Poderes del Estado. El 10 de junio el dirigente liberal y jefe de redacción del diario “El Nacional” Dr. Gómez Freire Estevez fue obligado por la policía a abandonar el país.

Tal vez preocupado por la situación imperante el Dr. Cecilio Báez, ideólogo del Partido Liberal y partidario de Jara, presentó renuncia a la cartera de Relaciones Exteriores. Igual cosa lo hizo el Ministro del Interior Sebastián Ibarra Legal. La minoría parlamentaria liberal jarista aprobó una Ley imponiendo otra vez el Estado de Sitio. En la sesión del día 21 de junio la Cámara de Diputados analizó el pedido del coronel Jara para ser ascendido al grado de general de brigada aprobando dicha petición. El diputado colorado Ricardo Brugada planteó en la misma Cámara la interpelación al Ministro del Interior José a. Ortiz.. Al fundamentar su pedido expresó “El afortunado coronel que ocupa la presidencia de la república ha cimentado su poderío sobre cadáveres y sangre de hermanos…ya no se trata en este momento de hacer política de partidos. Es cuestión nacional. Colorados, cívicos, radicales, todos estamos obligados a unirnos para evitar que la dictadura se arraigue en nuestro país”. La interpelación fue aprobada pero quien acudió en su reemplazo al Congreso fue el Ministro de Justicia, Culto e Instrucción Pública Dr. Manuel Domínguez (colorado jarista).

En su edición del 25 de junio “El Diario” informó que el tragicómico dictador citó -esquela mediante- a Lydia Panizzi, una cantante italiana de ópera que entonces actuaba en el Teatro Nacional, a mantener una cita en su casa. Luego la citada cantante y su madre presentaron una denuncia al representante diplomático brasileño Guerra Duval, diciendo la madre que concurrieron a la casa del presidente. Una vez allí la madre fue reducida por un grupo de soldados y su hija fue violada por Jara. Ambas solicitaron que, en resguardo de sus vidas, el representante diplomático interviniera ante el gobierno. Al día siguiente el periódico fue asaltado por la policía y su imprenta empastelada. En la edición incautada el periódico calificaba a Jara como “bruto y dictador” y a su gobierno “el reino del terror”. La juventud estudiosa decide movilizarse ante los abusos del gobierno liberal jarista, congregándose en grandes manifestaciones de protesta. Jara dispone que sean dispersados por tropas del ejército, arremetiendo contra los jóvenes estudiantes a sable y bayoneta. Sus líderes fueron aprehendidos y encarcelados en la Policía. Allí, el propio Jara presidió los vejámenes de los que fueron objetos con azotes y crueldad.

El Senado resolvió rechazar su ascenso a general de brigada. Entonces, la cúpula gobernante resolvió exigir la renuncia a los parlamentarios opositores, quienes fueron detenidos y obligados a presentar renuncia al cargo. Uno de ellos era el anciano senador liberal Francisco Campos a quien el propio Jara le aplicó varios golpes en la espalda con su espada amenazándolo de muerte. El 1º de julio Jara remitió al Congreso exigiendo se retiren los fueros a varios parlamentarios por conspirar contra el gobierno. Los supuestos conspiradores eran los diputados Jerónimo Zubizarreta, Víctor Abente Haedo, Ramón Lara Castro, Cleto de J. Sánchez, Belisario Rivarola, Zacarías Battilana, Tomás Ayala, Francisco Sosa Gaona (liberales), Antolín Irala, Ricardito Brugada y Marcelino Fleitas (colorados). Igualmente los senadores Miguel G. Soler, Francisco Campos, Fernando Carreras y Patrocinio Zelada (todos liberales radicales). La reprobación contra las medidas del presidente se extendió a todos los sectores, llegando incluso hasta los cuarteles. Varios militares se plegaron a la conspiración dirigida por Manuel Audibert y los hermanos Liberato y Emiliano Rojas, A estos se unió el propio Ministro de Guerra y Marina Cipriano Ibañez y el mayor Tomás Mendoza, jefe del Cuartel de Artillería (actual Casa de la Cultura).

Ignorante del complot y ante la creencia de contar aun con el apoyo militar Jara se apersonó en el Cuartel de Artillería, invitado por el mayor Mendoza. Una vez llegado al lugar fue rodeado por los oficiales del Cuartel, los mismos que lo llevaron al poder. El mayor Tomás Mendoza le exige presentar su renuncia como presidente de la república. Le advirtió que de aceptar la imposición sería enviado en una misión al exterior. Jara no dudó en aceptar la oferta y firmó su dimisión. El Congreso se autoconvocó de inmediato aceptando su renuncia y nombrando presidente al liberal Liberato M. Rojas. Era el 5 de julio de 1911. Al día siguiente fue exiliado a la Argentina, siendo embarcado en un paquete de pasajeros. En el puerto se aglomeró una muchedumbre multitudinaria que lo abucheó en todo momento. Ya a bordo de la canoa que lo conducía al buque se dirigió a sus enemigos diciéndoles: “pueblo ingrato que me llamáis tirano”. Su defenestramiento ocasionó un cambio sustancial en la política criolla. No obstante, cuando se inició la Guerra Civil de 1911/12 volvió del exilio ingresando subrepticiamente por Encarnación. Se puso al frente de las montoneras que combatían al gobierno liberal de Emiliano González Navero. El 10 de mayo se desplazo hacia Paraguarí para hacer frente a las tropas gubernistas, pero éstas lo diezmaron. Al día siguiente se libró el último enfrentamiento con la derrota total de los jaristas. Viéndose perdido el varón tragicómico intento escapar a caballo pero fue alcanzado por un nutrido fuego de ametralladoras alcanzándole en la cintura hiriéndole de gravedad. Aunque fue auxiliado con atención médica por sus captores no fue suficiente. Expiró en la mañana del 15 de mayo de 1912 tras una prolongada y dolorosa agonía. Fue enterrado en el cementerio de Paraguarí. El día antes recibió una visita femenina: la madre de su amigo Adolfo Riquelme fusilado por orden suya en Rincón Bonete. Viajó en tres desde Asunción para implorarle que le diga dónde estaba enterrado el cuerpo de su hijo. Jara le respondió que no lo sabía. Con la desaparición física de Albino Jara, el varón tragicómico, se cierra un capítulo de la prolongada anarquía política que los liberales sumieron al país. Pero la situación de anarquía no llegaría aun a su final. Se prolongaría durante todo el tiempo en que los liberales gobernaron al Paraguay. De ahí el mote de “varón tragicómico” con que se le conoció. Siendo él un “oficial de opereta”, amigo de las situaciones más hilarantes y ridículas, convirtió a la política en una tragedia similar a la tragedia que escribieron los antiguos dramaturgos griegos. –

NOTA

1) ANDRES HUMBERTO ZARACHO: “El campo de concentración de Fortín Galpón: la barbarie liberal”. https://elcoloo.com/2010/10/02/el-campo-de-concentracion-de-fortin-galpon-la-barbarie-liberal/.

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