El 25 de mayo la Argentina no se independizó de España pues juró fidelidad a Fernando VII


Extracto del libro  LOS HEREDEROS DE LA ESPADA

La junta de Buenos Aires, todavía no se hallaba consolidada luego de los hechos del 25 de Mayo de 1810 cuando Juan José Castelli, mediante un ardid jurídico, demuestra al cabildo de la capital porteña que ante la ausencia del rey de España el poder debe regresar al pueblo lo cual deja al Virrey español, Cisneros, sin argumentos valederos para conservarse al frente del virreinato del río de la plata. (Julio Cesar Chávez. Juan José Castelli, el adalid de mayo.) Pero el 25 de mayo no significó de modo alguno la independencia de España dado que las nuevas autoridades criollas juraron lealtad a Fernando VII. Entre tanto se lanzan misiones a las provincias del Paraguay, Perú y Uruguay, entre otras, mientras que el pueblo en general aun no tenía una idea muy clara de lo sucedido el 25 de mayo de 1810 fecha de un desprendimiento meramente circunstancial del antiguo virreinato. Se escucha la palabra libertad por todas partes pero nadie distingue muy bien a los nuevos herederos del poder como cuando el rechazo del Paraguay a las pretensiones de Manuel Belgrano – enviado por la junta – para integrar a esta provincia a los dictados de Buenos Aires. Igual cosa sucede en Perú. En suma, reina un desconcierto general en el momento del arribo de San Martín a su país, a medias liberado, debido que en esta época todavía se reconoce a Fernando VII. Es decir, son súbditos españoles en teoría, pero en contrapartida luchan contra los militares de esta monarquía en batallas cruentas.

Tal fue la trampa de Castelli para forzar la votación del Cabildo, el ardid de la supuesta sumisión de fachada al rey Fernando VII para convencer a los indecisos que no atinaban a entender cómo en su nombre se destituía a su representante el virrey Cisneros. (Chavez, obra citada.) La junta superior gubernativa, dada la ausencia de su presidente, Cornelio Saavedra, decidido a ponerse al frente del ejército rebelde, se resquebraja. Se instala paralelamente a la junta un llamado triunvirato que irá cambiando de actores con el tiempo. El poder no se sabe muy bien donde se halla. Hubo con anterioridad un personaje que ha movido los hilos bajo la mesa llamado Mariano Moreno de sorprendente influencia en el primer año de la independencia quien en combinación con Castelli lleva la crueldad a sus extremos para imponer el nuevo de estado de cosas. Poco después de los hechos del 25 de mayo los partidarios del Rey caen en la cuenta que tanto el virrey como los integrantes de la real audiencia (tribunal máximo) fueron puesto de patas en la calle y sustituidos por lo fieles de la revolución. Uno de ellos, el gran defensor de Buenos Aires de origen francés y leal a la corona durante las invasiones inglesas al río de la plata, Santiago Linier, quien en esa oportunidad ocupara el cargo de virrey accidental por defección de su titular, se siente defraudado al no comprender cómo una junta en nombre del Rey hace y deshace los negocios del virreinato. Se produce la reacción de Liniers y otros en Córdoba pero la misma es sofocada. El general del regimiento vencedor del conato reaccionario, general Francisco Ortiz de Ocampo, se niega a cumplir con la orden de Mariano Moreno de fusilar al insigne personaje tan querido por los habitantes de la capital porteña. Decide entonces enviarlo a los sentenciados, Liniers y sus compañeros, a Buenos Aires, es decir, se lava las manos. Allá ellos con su orden de matar gente, medita Ocampo. Pero como la popularidad de Liniers es tan grande, Moreno, teme que la presencia del personaje lo pueda hacer tambalear a él y a la junta recién nacida. Por eso se vale de otro prócer inesperadamente vuelto tan cruel como él, Juan José Castelli, acompañado de Rodríguez Peña y Domingo French, para dar cumplimiento a la dramática orden. Este último, gran actor de los hechos de mayo y de la independencia, es hombre de cuidado, hombre de armas tomar. Debían interceptar la llegada de Liniers e inmediatamente proceder al fusilamiento de todos los conjurados. Por las dudas, Moreno apura el cáliz en una carta dirigida a Castelli:

“Vaya usted y espero que no incursione en la misma debilidad que nuestro general(Se refiere a Ocampo); si todavía no se cumple la determinación tomada, irá el vocal Larrea, a quien pienso no faltará resolución, y por último iré yo mismo si fuese necesario”. Mariano Moreno está dispuesto a matarlos personalmente a todos si sus compañeros no cumplen la orden. Menos mal que pronto el matarife será desplazado del escenario político, de lo contrario, los demás ya deben poner las barbas en remojo. Las válvulas que contienen a la crueldad del lobo que se halla contenido en los seres humanos de pronto se abren cuando los hombres se encariñan con las riendas del poder.

De esto se percata Cornelio Saavedra el presidente de la junta quien se coloca entre el lado del campo y la ciudad y convive a medias con Moreno guardando las distancias. Suponen muchos publicistas refiriéndose, a esta época, que Moreno produciría cambios sin especificarse muy bien en que consistirían, entre tanto Saavedra representa el conservadurismo, es decir, la continuación de las mismas estructuras administrativas de la colonia. En suma, el centralismo seguiría su curso. (Los mitos de la Historia argentina. Felipe Pigna.) La propia cabeza de Saavedra se halla en juego luego de las demostraciones de Moreno aparecido luego de los hechos del 25 de mayo de 1810 y haciendo una proclama a todas las provincias a la vez de dirigir la campaña al Paraguay y el alto Perú que terminaron en un rotundo fracaso. A pesar de no haber formado parte de la primera junta, su influencia, a partir de allí se hace notoria. Sin duda, ante tantas medianías, con excepción de Castelli y Belgrano, el tuerto sobresale notoriamente como fue el caso de Mariano Moreno. Pero como una estrella fugaz muy pronto desaparece del firmamento político. A tales sujetos peligrosos hay que eliminar para sobrevivir. Este joven abogado, como muchos en el nuevo mundo, se intoxicó con la ilustración. De fuerte carácter, con tan solo 31 años de edad y una formación insuficiente para digerir muy bien la filosofía de un Rosseau, Voltaire o Motesquieu, entre otros, muy pronto asoma en su carácter la marca de los jacobinos. Estos, ni bien saborearon en París el néctar del poder no se dieron sosiego con la guillotina. Se mataron unos a otros como fue el caso, entre otros tantos, de Danton quien al pasar cerca de la casa de Robespierre camino al cadalso exclamo “Me seguirás Robespierre” Y así fue.

El porteño guarda algún parecido con el francés, no en cuanto a cultura y conocimientos, sino a su notable capacidad para hacerse temer. Con Mariano Moreno entre bambalinas ninguna cabeza puede sentirse segura de modo que habría que obrar como obró en Francia La Montaña, no para encarcelarlo y matarlo como sucedió con Robespierre, sino para sacarle toda influencia y poder en incluso llegar al extremo del asesinato pero como última ratio para asegurar la propia vida.

El 18 de diciembre de 1810, la fecha de su fin político coincide con el arribo de los diputados convocados en mayo de ese año para tomar importantes decisiones. Moreno beberá de su propia creación, pues la proclama redactada por él el 28 de mayo de 1810, al no establecer en forma concreta cuales serían los puntos del orden del día para el congreso de lo diputados llegados del interior, la cuestión queda flotando y sometida en adelante a los congresistas electos. En consecuencia su proclama le va salir respondona a tal extremo que de eso se vale Cornelio Saavedra para proponer que los diputados se integren a la junta superior gubernativa. Por eso se la llamará en adelante Junta Grande. Tal el salvoconducto de Saavedra frente a un siniestro sujeto. Este sistema colegiado iba directamente contra la mentalidad centralista de Moreno quien a partir de ese momento pierde la partida como la perdió Robespierre años atrás. Acto seguido, renuncia no sin antes aceptar una plenipotencia al Brasil e Inglaterra. Quiere salvar la vida. Se percata que se dieron cuenta de su juego y que le facilitan la solución con una salida honorable. En el viaje muere en circunstancias sospechosas, tenía tan solo 32 años. La explicación del capitán del buque que le suministró la sobre dosis del remedio, es harto sospechosa. Este autor está convencido que los que más temían a Moreno lo hicieron matar. Y había muchos en Buenos Aires que se acariciaban el cuello cuando pensaban en él. El temor suele ser casi siempre el protagonista de los grandes crímenes.

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