EL 13 DE ENERO DE 1947


ESCRIBE EL GENERAL JUAN ANTONIO POZO ROMERO

Este notable trabajo del general Juan Antonio Pozzo Romero, nos atrevemos a afirmar que, es el más completo que cualquier otro escrito referente a aquel extraordinario suceso que llevara al poder a la  Asociación Nacional Republicana. Recomendamos su lectura a nuestros afiliados, particularmente a nuestra juventud, debido a la precisión del relato y a la notable bibliografía empleada que arranca desde la misma fundación de la ANR.

Introducción

a. El Partico Colorado

La Asociación Nacional Republicana, Partido Colorado, es una asociación política paraguaya eminentemente nacionalista, fundada el 11 de septiembre de 1887. (i)

Su vocación de servicio orientado hacia el campesino, lo identifica como un partido agrarista. No obstante, promueve la justicia social como respuesta del Estado hacía los excluidos por el liberalismo económico con interferencia estatal mínima en la economía.

El Partido Colorado, en el amplio abanico ideológico, no es de derecha ni de izquierda. Aunque sin ser igual, conserva algunas características comunes. El Partido Colorado centra su atención en el ser humano y en el Estado como servidor del hombre libre.

Es nacionalista, porque se identifica profundamente con el escenario nacional, mantenido a sangre y fuego en dos guerras internacionales; es republicano, porque concibe a la república como una forma de organización del Estado cuyas autoridades deben ser elegidas periódicamente por el pueblo.

La Asociación Nacional Republicana, Partido Colorado, considerara al Estado como un instrumento del desarrollo económico y social con facultades de intervenir en la regulación de las actividades económicas para el logro del bien común.

El doctor Blas Garay, ya decía en 1898 “Somos partidarios de la intervención del Estado. La requerimos, si no absolutamente necesaria, como sumamente conveniente” (GONZÁLEZ, Natalicio. El Estado servidor del hombre libre. Pág. 93).

En la época contemporánea, el doctor Luis María Argaña demandaba “Quien conoce la miseria del pobre, la angustia de un mañana en el que a lo mejor no existe bocado para comer, sabe que…que sin seguridad económica no hay igualdad…La libertad sola no basta. El hombre necesita satisfacer primero sus exigencias vitales…Por ello es que se impone la intervención del Estado, y solamente espíritus interesados o retrógrados en la defensa de sus propios apetitos preconizan la no intervención del Estado” (ARGAÑA Luis María. Historia de las ideas políticas del Paraguay. 1983. Pág. 259).

Entre sus fundadores está el que fuera presidente de la República, general de división don Bernardino Caballero, un emblemático dirigente preocupado en formar una clase política comprometida “con la prosperidad y el engrandecimiento de la patria”. (ii)

Salvo dos momentos de su historia, entre 1904 y 1946 y entre 2008 y 2013, el Partido Colorado es el partido de gobierno del país.

En la actualidad es la mayor fuerza política del Paraguay. Tiene mayoría simple en la cámara de senadores y en la cámara de diputados mayoría absoluta; más de la mitad del padrón nacional contiene afiliados al partido colorado y las veces que ganó la presidencia de la Republica del Paraguay lo hizo sin necesidad de alianzas con otros partidos políticos.

Sin embargo, el Partido Nacional Republicano, debe al pueblo paraguayo una profunda disculpa por la reprobable conducta de algunos de sus dirigentes que usan al partido para provecho personal en perjuicio de miles de compatriotas necesitados.

b. Siempre habrá un 13 de enero

La frase del título fue expresada -semanas antes del golpe militar del 2 y 3 de febrero de 1989 que derrocó a la dictadura de Alfredo Stroessner- por el último caudillo colorado doctor Luis María Argaña, mentor civil del pronunciamiento militar.

La advertencia se hizo célebre porque anunciaba lo que acontecería poco tiempo después.

La dictadura con fachada democrática, con burócratas ganados por la soberbia, que aún presumían de un poder ya totalmente desgastado, no sospechó que la máxima encerraba un mensaje.

El verdadero coloradismo estaba siendo dejado de lado y sus mejores hombres excluidos. Para la reivindicación de sus principios y doctrina era menester colorados firmes en sus convicciones.

Cuando ocurrieron los hechos se recordó con cierta ironía la advertencia proferida en aquel momento por el doctor Luis María Argaña.

Sin embargo, deteriorado y con escasas luces, el derrocado gobierno jamás vislumbró las intrínsecas verdades que vaticinó el éxito golpista.

Cuando un poder extraordinariamente corrompido está en su ocaso es esperanzador que siempre haya un 13 de enero.

Siempre habrá un 13 de enero

El retorno del Partido Colorado en el poder

I

Nuevos tiempos, nueva historia (1)

– Después de la guerra del Chaco (1932-1935) el cambio de gobierno era inminente; el Partido Liberal, en el gobierno desde 1904, tenía los días contados a pesar de una guerra victoriosa en la que el general José Félix Estigarribia, al mando del Ejército en Campaña, obligó a retroceder hasta los límites arcifinios del Chaco paraguayo al aguerrido Ejército de Bolivia.

Poco tiempo después de finalizar la cruenta guerra, el 17 de febrero de 1936, la 1ª División de Caballería forzó la destitución del presidente liberal Eusebio Ayala imponiendo en la primera magistratura al coronel Rafael Franco, prestigioso comandante del II Cuerpo de Ejército en Campaña.

Estando Franco exiliado en Buenos Aires, el coronel Federico Wenman Smith, oficial de caballería quien figuraba de permiso en la lista de revista, sorpresivamente se puso al frente del movimiento proveniente de la caballería que acabó con el gobierno constitucional de Eusebio Ayala. “El 17 de febrero, centrados en la poderosa caballería, las Fuerzas Armadas superan la resistencia policial haciéndose cargo del gobierno. Eusebio Ayala intentó escapar por barco pero fue detenido. Desde su prisión, en el cuartel de Policía, Ayala y Estigarribia contarán luego cómo contemplaron entre rejas la toma de mando del Coronel Franco, que ocurriría dos días después” (RODRÍGUEZ, José. El Paraguay bajo el nacionalismo 1936-1947. Libro 11, colección La Gran Historia del Paraguay. 2010. El Lector).   

Los sucesos de febrero, no obstante su corta duración, influyeron decididamente en la historia y en la política del Paraguay. Se iniciaba un tiempo antiliberal que apostaba por un nacionalismo corporativista como alternativa para superar el atraso del país. (1b)

“Las Fuerzas Armadas paraguayas adquirieron posición política gravitante tras la culminación inmediata de la Guerra del Chaco. Una suerte de ‘partido militar’, gestado desde las trincheras, se embanderó con la causa de los miles de desmovilizados aprovechando la grave sequía económica y el desprestigio de la clase política. El rostro visible de esa tendencia fue el coronel Rafael Franco apoyado, en los inicios de la revolución de febrero de 1936, por un importante grupo de oficiales jóvenes, representantes obreros y líderes sociales”.

“Derrocado Franco por otra facción del ejército, éstos prepararon el escenario para que el general José Félix Estigarribia asuma la primera magistratura e instale una Carta Política de corte totalitario. Esta herramienta legal, una vez producido el fallecimiento de su mentor, sirvió de sustento al accionar del general Higinio Morínigo y de los representantes del ‘Frente de Guerra’, militares que dominaron el escenario político de gran parte de la década de 1940” (ARCE FARIÑA, José. Las Fuerzas Armadas y el Stronismo. Editorial El Lector y ABC Color. 2014).

En la Europa de la época, una fuerte tendencia de política fascista se empeñaba en instaurar un corporativismo estatal totalitario con una economía dirigista. Mientras, su base intelectual planteaba la sumisión de la razón a la voluntad, el nacionalismo -fuertemente identificado con el revanchismo contra aquellos definidos como enemigos- era la tónica. Todo ello, condimentado con un componente social de clases y la negación de identificarse como de izquierda o como de derecha. Esto no impedía que otros enfoques ideológicos ubiquen al fascismo hacía la extrema derecha (vinculándolo con la plutocracia y a veces, como una variante del capitalismo de Estado) o hacía el liberalismo (como una variante del socialismo de Estado).

Lo cierto es que en el Paraguay se iniciaba una época de grandes conflictos, principalmente sociales e ideológicos, que más tarde condujo a la guerra civil de 1947 y en la ascensión en el poder , con breve interregno entre 2008 y 2013, de la Asociación Nacional Republicana, Partido Colorado.

– Con una economía agobiada por los gastos propios de guerra, una frágil infraestructura para el desarrollo, se condenaba al país a subsistir en la pobreza. Como en la colonia, el río Paraguay sostenía un comercio atado a la Argentina. El ramalazo de la contienda del Chaco, que exterminó gran parte de la juventud, redujo la ya escasa población por debajo del millón de habitantes.

Con la industria azucarera, cárnica, petit grain; la producción algodonera, yerba mate, tabaco y madera se lograba obtener lo esencial para equilibrar la balanza comercial. El modelo de desarrollo económico latifundista, extractivo y ganadero estaba en crisis, particularmente las empresas yerbateras y tanineras. No obstante, el progresivo peso económico del sector agrícola ganaba preponderancia en el comercio exportador.

– La política también adolecía una profunda afección. Los partidos tradicionales, Colorado y Liberal, con la competencia de otros movimientos surgidos acentuaban su poca credibilidad.

Prosperaban agrupaciones como la “Liga Nacional Independiente”, una suerte de liberalismo social reformista fundada en 1928 por una elite de intelectuales y profesores universitarios. Este movimiento promovía la justicia social, las reformas laborales y la intervención del Estado en obrajes y yerbales. Sin embargo, en las zonas rurales donde vivía la población mayoritaria, la tradición bipartidista seguía invariable.

– El ambiente social perdió su habitual calma. Contribuían para ello el expandido movimiento obrero paraguayo, desde los años veinte, dividido entre sus dos tendencias históricas: la anarquista y la socialista. Los primeros, defensores a ultranza de la libertad sobre cualquier autoridad, se encontraban agremiados en el Centro Obrero Regional Paraguayo; los otros, con propuestas para administrar los medios de producción por los trabajadores, estaban aglutinados en la Unión Gremial del Paraguay y sus sindicatos emblemas: la Liga de Obreros Marítimos y la Asociación Ferroviaria.

Otros grupos prestaban su colaboración. Se destacaban entre ellos los estudiantes, identificados con las ideas de la Reforma Universitaria de la Argentina, que lograron, en 1923, ocupar la dirección de la Federación de Estudiantes del Paraguay. Eran sus referentes principales Oscar Creydt y Obdulio Barthe, jóvenes hijos de terratenientes y futuros dirigentes del Partido Comunista.

Como resultado de la presión estudiantil, el gobierno liberal reformaría en 1929 la Universidad siguiendo el modelo de las universidades argentinas cuyos estudiantes disputaban el poder a los docentes universitarios. El ideario reformista estudiantil rápidamente cundió en los sectores juveniles constituyéndose en un vigoroso movimiento cívico de oposición al gobierno liberal de José P. Guggiari (1928-1932). Conocido como “Nuevo Ideario Nacional”, convocó a la unidad de los obreros con los estudiantes para participar en mítines y huelgas. También exaltaba un socialismo humanista que, sin una clara orientación respecto a sus objetivos sociales y políticos, se fue diluyendo.

La CORP, la UGP y la FEP lograron fundar en 1928 una Universidad Popular que no tuvo éxito por las convulsiones políticas. No obstante, consiguió una fuerte influencia entre algunos jóvenes reformistas y dirigentes sindicales. (1c)

– Finalizada la guerra del Chaco, los cuadros activos se mantuvieron deliberativos quebrantando las ordenanzas disciplinarias. Los desmovilizados luego de una guerra victoriosa, casi todos descontentos, estaban ganados por la prédica antiliberal. Su máximo referente el coronel Rafael Franco, reconocido héroe del Chaco, lideraba a los revoltosos.

“Hoy hemos llegado al fin de la paciencia humana. No se puede tolerar un minuto más las impertinencias del Coronel Franco. Pese de haberle advertido que debía dejar toda actividad política incompatible con nuestra profesión, continua participando en reuniones y mítines con la gente de siempre (Liga Nacional Independiente)”. Muy ofuscado el Comandante en Jefe, general Estigarribia, seguía señalando:

“Si este Comando ha sido tolerante con él, fue por tratarse de un destacado jefe de la pasada guerra, en la creencia de observar un cambio en su indisciplinada conducta. Pero ha sido en vano” (PAMPLIEGA, Amancio. Fusil al hombro. El lector, 2ª Ed. 1982).

Expulsado Franco, con destino a Buenos Aires, la reacción de Campo Grande no se hizo esperar. Con apoyo de excombatientes, sectores juveniles radicalizados y otros opositores a los liberales precipitó el golpe que derrocó al gobierno liberal de Eusebio Ayala.

En su obra “Fusil al hombro” el general Pampliega rememora:

“Poco después, a las 10, recibimos la respuesta del Comando de la Armada: Comando de la revolución Teniente Coronel Federico Smith”. Dicho comunicado del 17 de febrero de 1936, fue conocido en Capiírenda, Chaco, asiento de la 6ª División de Infantería en circunstancias en que el general Estigarribia estaba imponiendo la “Cruz del Chaco” a varios oficiales de la división.

– Con respecto al quiebre constitucional de 17 de febrero por la vía del golpe de Estado (coup d’Etat) Pampliega ensayó esta reflexión:

“El movimiento revolucionario de febrero de 1936 abrió a los militares las puertas de la política. Sin ser los mejor dotados para el difícil oficio de gobernar, se encontraron de pronto ante tales perspectivas. Desde ese instante, devolver a las fuerzas armadas a su función estrictamente profesional se convirtió en una misión casi imposible de alcanzar”.

“Se creyó que la espada afortunada de Estigarribia podía imponerse a las ambiciones desbordantes de los militares y, de esta manera, facilitar la institucionalización del país. Su figura emergía por encima de las pasiones partidistas y, además, su alejamiento de la patria desde 1936, fortificaba aún más dicha esperanza”.

Tuvo que pasar muchas décadas para retornar a los militares a sus cuarteles y a sus funciones constitucionales.

Recién en mayo del año 2000, luego de un conato de sublevación para derribar al Gobierno, con epicentro nuevamente en la caballería asentada en Campo Grande y mediante la decidida actuación del ministro de Defensa Nacional Nelson Argaña, se pudo desactivar ese permanente foco sedicioso que mantuvo en vilo a los gobiernos desde 1936. El inmediato traslado de la 1ª División de Caballería a Joel Estigarribia, Departamento de Boquerón, Región Occidental, fue de momento la solución para pacificar a la República.

– Apelando a un breve recuento histórico, queda patente que fueron contados los ministros de defensa nacional que se jugaron por su partido o por su gobierno en las crisis que pusieron enjaque la gobernabilidad de la República.

Uno de ellos, fue el coronel Juan B. Egusquiza ministro de Guerra y Marina del gobierno de presidente Juan Gualberto González (1890-1894), quien intervino decididamente para frustrar el alzamiento contra el gobierno del mayor Eduardo Vera y Antonio Taboada, el 18 de octubre de 1891 .

“El Coronel Egusquiza personalmente y con gran arrojo, fue el que hizo posible la reacción de los gubernistas y la consiguiente derrota de los sublevados. Poco después es promovido a General de Brigada” (KALLSEN, Osvaldo. Historia contemporánea del Paraguay 1869- 1983. Ed. 1983. Pág. 62).

No tuvo la misma enérgica participación ni el éxito esperado, en los sucesos del 4 de mayo de 1954 que produjo la caída del presidente Federico Chávez, el ministro de Defensa Nacional general Francisco Caballero Alvarez.

En efecto, “…al tener el doctor Roberto L. Petit noticia de que el Coronel Néstor Ferreira, comandante de la DC1 venía a entregarse en el Comando en Jefe, le habló al general Caballero Álvarez para que fuera como ministro de Defensa Nacional a hacerse cargo de la caballería. Llegado allá, se encontró Caballero Álvarez en medio de una gran confusión y optó por no inmiscuirse, pasando al casino (de oficiales). Mientras que el general Stroessner, los comandantes Escobar y Ortega y el presidente de la República lo llamaban al doctor Petit para sacarlo de la Policía, éste se mantenía firme en su puesto (en defensa del Gobierno), esperando noticias del general Caballero Álvarez” (ESTECHE TROCHE, Abrahan. 4 de mayo de 1954. Ed. Litocolor. Pa. 86. 2012).

Roberto L. Petit, Jefe de Policía de Federico Chávez, joven republicano de prominente futuro, lamentablemente perdió su vida durante el ataque a la Jefatura de Policía por el Batallón 40 (tropa paramilitar del ministerio del Interior) al mando del insurrecto teniente coronel Mario B. Ortega. (1d)

El otro ministro de Defensa que el 19 de mayo del año 2000 actuó con arrojo, cumpliendo precisas directivas del presidente de la República Luis Ángel González Macchi, para restituir el orden perturbado en Campo Grande, asiento de la 1ª División de Caballería, por políticos y oficiales retirados del servicio activo que apresaron al comandante del tercer regimiento y controlaron la guardia de prevención divisionaria, fue el joven abogado y escribano Nelson Argaña.

Su decidida actuación, marcó una inflexión en la historia política del Paraguay. Un antes y un después que en el año 2000 puso fin a la interminable transición democrática en permanente zozobra por la injerencia cuartelera.

Al respecto, transcribimos parte del editorial del diario ABC Color del 9 de junio de 2013: “… con el traslado –expulsión sería la palabra correcta- …de la 1ª División de Caballería de su asentamiento de Campo Grande…dispuesto por el presidente Luis González Macchi en el 2000, tras un fallido golpe de Estado contra su gobierno atribuido a partidarios del extinto general Lino Oviedo, aunque traumático para los afectados, esto fue un acierto político”.

– Francisco Torales Basualdo, teniente coronel de justicia militar, ex miembro de la Corte de Justicia Militar, reflexiona sobre este trascendental suceso:

En la vida de los pueblos, en ocasiones, se producen hechos pasados desapercibidos para la opinión pública, pero que son trascendentales para marcar un antes y un después.

Es así, que la decisión asumida en mayo del año 2000 por el presidente de la República, abogado Luis Ángel González Macchi, y el accionar decidido de Nelson Argaña, ministro de Defensa, de trasladar de Campo Grande la división de caballería para desactivar la fuente permanente de asonadas, constituyó una verdadera inflexión histórica, que por fin eliminó el fantasma de los golpes militares en nuestro país.

En oportunidad de un programa radial, que tenemos el gusto de conducir, entrevistamos al ilustre periodista, escritor y autor teatral Alcibíades González Delvalle sobre los acontecimientos del 13 de enero de 1947. Preguntamos al invitado, qué contenido referencial podemos darle a este suceso y qué lecciones aprehenderíamos los paraguayos del importante acontecimiento tantos años después.

González Delvalle, con gran serenidad reflexionó: “Debemos apegarnos a las leyes que enmarcan la democracia; no podemos dejar que grupos minúsculos decidan por nosotros el futuro de la Patria”. En ese tren de pensamiento él mismo se preguntaba y nos preguntaba: “yo quiero saber: ¿qué hicieron los sucesivos gobiernos anteriores para resolver el problema que significaba la presencia de la caballería en el lugar en que estaba, una unidad militar que desde hace años pone y quita gobiernos, que toma decisiones trascendentales usurpando el poder soberano del pueblo para elegir a sus autoridades?”. Siguió diciendo el notable maestro: “¿Porqué ningún gobierno fue capaz de crear y mantener otra unidad militar con similar peso para contrarrestar a la División de Caballería?”

Fue cuando percibimos el verdadero significado de las decisiones adoptadas con motivo de los sucesos de mayo del año 2000. Nos percatamos que la ciudadanía no dimensionó el alcance de las medidas adoptadas.

Para ilustrar a los amables lectores sobre los antecedentes y las consecuencias de los sucesos del año 2000, pasamos a relatar la relación de hechos narrados por el propio presidente de la República, Luis Ángel González Machi, en su libro “Testimonio Político Revelaciones de un Presidente, Editorial Osvaldo Bergonzi, Año 2008”. (2)

– Volviendo al relato anterior es preciso recordar que uno de los protagonistas más activos en el escenario político de la época, el Partido Comunista, aparece en el Paraguay en el año 1924 con la formación de un Comité de Acción Social, más tarde denominada sección paraguaya de la Internacional Comunista. El Comité fundado por estudiantes y obreros tenía su propio periódico, “Bandera Roja”.

Para Oscar Creydt, uno de sus máximos dirigentes, hasta mediados de la década del setenta, la fecha de fundación sería en 1933, anterior a la división del partido en las facciones “pro-rusa” y “pro-china” de los años sesenta.

La aparición del PCP resultó del proceso de movilización social de los años veinte en el que confluyeron un diminuto y combativo movimiento obrero en expansión y un movimiento estudiantil identificado con la reforma educativa argentina ya mencionada.

La mayoría de los dirigentes sindicales y de los estudiantes reformistas no adhirieron al comunismo sino hasta mediados de los años treinta cuando sus máximos referentes se afiliaron al PCP. Fue así que hacia al fin de la guerra del Chaco este pequeño grupo, hábil en la propaganda, construyó un partido con militantes de gran capacidad para movilizar miles de personas que prontamente se integró en el mapa político del país junto a los tradicionales partidos colorado y liberal y al partido surgido de la revolución de febrero de 1936.

En 1934, en Lobos, partido de Buenos Aires, se realizó el Congreso de refundación del PCP con la presencia de figuras del movimiento reformista y dirigentes sindicales, como Obdulio Barthe, Augusto Cañete, Perfecto Ibarra y otros, aunque sin la presencia de Oscar Creydt entonces detenido en Buenos Aires a pedido de la embajada paraguaya.

Esta refundación -con los auspicios del Partido Comunista Argentino, de la Internacional Comunista y del Partido Comunista Paraguayo- se formó bajo el dogma estalinista de la revolución por etapas. Sin embargo, entre sus máximos dirigentes la vía armada era una alternativa válida, quizá por influencia de Luiz Carlos Prestes de Brasil con quien Oscar Creydt alternó en su exilio de Montevideo. Estas interpretaciones acarrearían al PCP férreas disputas con la dirigencia comunista argentina y la división de los años sesenta.

Cabe señalar que el comunismo es una doctrina económica, política y social que propone una organización social sin propiedad privada ni diferencia de clases; los medios de producción, a cargo del Estado, serían distribuidos de manera equitativa y según las necesidades. Este sistema –que con algunas excepciones hoy se resiste a perecer- se desmoronó con el muro de Berlín en 1989.

En efecto, el proyecto del presidente Gorbachov de la Unión Soviética implicaba la imposibilidad de mantener por la fuerza a los regímenes de las “democracias populares”. La perestroika y la glasnost tuvieron una inmediata consecuencia en los estados satélite de la Europa del Este. Al no intervenir Gorbachov, en la defensa los regímenes del Este europeo, simplemente éstos se derrumbaron. Sin la intervención soviética los mismos fueron barridos con extraordinaria facilidad en el corto plazo de unos meses.

– Terminada la guerra del Chaco irrumpió en escena, coincidente con la profunda depresión del Estado liberal, el nacionalismo convertido en la ideología predominante de la mayoría de las fuerzas políticas. (2a)

A comienzos de 1936, identificados con el PCP, el movimiento obrero se unificó y se convirtió en la Central Nacional de Trabajadores (CNT) con decenas de sindicatos y miles de adherentes. Según el presidente Eusebio Ayala, la huelga de tranviarios preparó el camino a la sublevación militar que el 17 de febrero llevó a Rafael Franco al poder.

La Comisión Verdad y Justicia (“anive hagua oiko”. 2008) destaca al respecto que “El gobierno revolucionario y un denominado plebiscito del ejército derogaron la Constitución de 1870 y sostuvieron que el ejército victorioso del Chaco era el ‘pueblo en armas’, con derecho a ejercer la soberanía nacional”.

El movimiento de febrero de 1936, también franquismo o febrerismo anti-liberal, tenía como objetivos la reforma agraria, el desarrollo industrial, el reconocimiento de los derechos de los trabajadores, entre otros. Su postura paternalista y autoritaria rechazaba cualquier actividad política por fuera del Estado.

El decreto-ley de “Defensa de la Paz Pública” podía realizar integralmente sus objetivos permanentes a través del Estado. Quedaban prohibidas las actividades políticas, de organizaciones partidistas, sindicales que no “emane” explícitamente del Estado.

No obstante, la coalición gobernante era bastante heterogénea. El gabinete incluía un socialista (Anselmo Jover Peralta), un liberal reformista (Juan Stefanich), incluso un fascista (Gómes Freire Estévez). El Frente de Guerra, con preponderancia de oficiales de caballería, simpatizantes del fascismo formaba el grupo de presión.

Para el PCP, el gobierno de Franco se presentaba como un movimiento democrático con perfiles burgueses pero con deseos de modernizar el país. Primeramente, la política obrera de Franco estuvo regida por el sector duro de Freire Estévez quien, por represiones al sector popular, provocó la reacción del movimiento obrero que llamó a una huelga general de la CNT. Obligado a renunciar, Freire comenzó un período de entendimiento con los comunistas.

El febrerismo, en su expresión más progresista, reglamentaba la jornada de ocho horas, sentaba las bases de la reforma agraria, creaba el Departamento Nacional del Trabajo e intervenía en obrajes y yerbales.

Cuando el gobierno trató de conformar un Partido revolucionario, el PCP se conflictuó. Sectores del PCP y del sindicalismo – que contaban con el apoyo de la IC (Internacional Comunista)y del PC Argentino- plantearon la necesidad de disolverse para integrar el nuevo partido gubernamental. La puja interna que siguió a esta cuestión provocó el alejamiento de prominentes líderes sindicales oficialistas.

En la segunda parte del año, girando abruptamente, el febrerismo decretó la disolución de la CNT y envió a cárcel a numerosos luchadores sociales. En octubre de 1936, por el Decreto Nº 5.484, se proscribía al comunismo y se castigaba las actividades comunistas comprobadas hasta con cuatro años de prisión.

La mayoría de los dirigentes comunistas fueron confinados a remotos parajes o deportados. La legislación represiva de la revolución de febrero era el inicio de lo que prevalecería en el Paraguay en las siguientes décadas. Para los investigadores, el problema de Franco no provenía de la izquierda. Era más bien la reacción liberal que conspiraba para regresar al gobierno.

En junio de 1937, el “gabinete Stefanich” no tenía más apoyo que la Liga Nacional Independiente tampoco la credibilidad de algunos sectores del ejército. En la caballería se gestaba el levantamiento militar que estaba dirigido contra Stefanich y no contra Franco, que aún mantenía intacto su prestigio.

Sin embargo, la actitud insumisa del presidente provocó irremediablemente su caída con su gabinete. La operación duraría sólo unos pocos días y el 13 de agosto de 1937 se produciría el derrumbe de la experiencia febrerista.

Para algunos observadores e investigadores, la opción anticomunista y antidemocrática de Franco conducía al movimiento nacionalista “a un callejón sin salida” que lo aislaba del pueblo e invalidaba su vocación contra la oligarquía. Sin Franco y ante una situación no prevista, los militares tuvieron que negociar con el Partido Liberal una salida política, dando lugar al interinato del Dr. Félix Paiva (1937-1939).

II

El retorno liberal

– Con la constitución en el bolsillo y el Frente de Guerra fascista en la caballería, el honorable doctor Félix Paiva trataba de gobernar con los principios del liberalismo.

Para abundar sobre el Frente de Guerra, nos guiamos en una parte del ensayo de Alfredo Seiferheld “Nazismo y fascismo en el Paraguay. Gobiernos de Rafael Franco y Félix Paiva 1936-1939”, publicado en 1985 por la Editorial Histórica.

En efecto, el Frente de Guerra contaba con un periódico del mismo nombre. Sin embargo, para el coronel Arturo Bray la actividad del Frente solamente consistió en la impresión de panfletos sobre la unidad nacional con argumentos del fascismo, diluidos con el tiempo.

Otros, sostenían que fue una organización gravitante dentro del Ejército paraguayo con la influencia de varios elementos civiles. Por otro lado, el capitán Federico Figueredo – testigo calificado y protagonista de aquellos acontecimientos- señala que Florentín, Stagni y los tenientes coroneles Bernardo Aranda y Victoriano Benítez Vera, de decisiva actuación durante la presidencia de Morínigo, profesaban el nazifascismo y adherían a las potencias del Eje.

Según Guillermo Enciso Velloso, fue bajo el auspicio de los militares y jóvenes liberales, influidos por las tendencias nazifascistas, que se organizó hacia 1939 el Frente de Guerra, un núcleo eminentemente fascista. Coincide con él, Eugenio Jiménez y Núñez (3) quien afirmaba que en el gobernante Partido Liberal se conformó un sector autodenominado Frente de Guerra con la finalidad de reivindicar un sentimiento nacionalista, aunque con intereses meramente políticos.

Por su parte, para el capitán de marina Juan Speratti los deslumbrantes éxitos políticos y triunfos militares de la Alemania nazi y la Italia fascista influyeron en el ánimo de ciertos militares y civiles que se declararon adeptos de esos regímenes.

Decía Speratti, que el Frente de Guerra adquirió gran preponderancia política durante el gobierno de Morínigo cuando sus integrantes asumieron el mando de las unidades de caballería en Campo Grande, la Aviación y la jefatura del Estado Mayor. Eran los tenientes coroneles Victoriano Benítez Vera, Pablo Stagni y el coronel Bernardo Aranda, respectivamente. Los Escritores liberales como Efraím Cardozo y Carlos Pastore rechazaron cualquier vinculación del Partido Liberal con el Frente.

– También complicaba la situación del Gobierno de Paiva la dura represión a los comunistas que cobró la vida de Félix Agüero el 23 de septiembre de 1937. El joven estudiante, de apenas 19 años, detenido en la policía y secuestrado por la caballería era miembro de la Federación Comunista. También Oscar Creydt se vio obligado a abandonar el país, mientras la agitación obrera y estudiantil no cesaba. En mayo de 1939, la Confederación de Trabajadores del Paraguay (CTP) y algunos de los miembros del Comité Ejecutivo del PCP substituyó a la CNT.

– Entre 1936 y 1946 no cesaban los enfrentamientos internos de los comunistas paraguayos. Por aquella época para enfrentar el peligro fascista los partidos comunistas, aliados con fuerzas democráticas, adoptaron la línea política el “frente popular antifascista”. Es decir que los gobiernos –aunque dictatoriales o autoritarios- afines a los aliados contra el Tercer Reich obtendrían apoyo comunista.

– Para la ascensión del general Estigarribia a la presidencia, en agosto de 1939, no participaron los partidos opositores. Pese a ser apoyado por un sector del Partido Liberal, el nombre de Estigarribia fue muy resistido. Sus vínculos con Norteamérica no eran bien visto por el Frente de Guerra. Las Fuerzas Armadas, colorados y febreristas desconfiaban de su gabinete. En el Partido Liberal había descontentos por la participación de militares en el gobierno.

A pesar de todo, el general Estigarribia contó con el inesperado apoyo comunista que asumía que el verdadero peligro fascista provenía del Frente de Guerra.

Para alguna opinión, el PCP no supo interpretar cabalmente el carácter del gobierno de Estigarribia como una expresión de naciente autoritarismo así como de una continuación de la política de defensa de los intereses del orden establecido y del imperialismo norteamericano. La figura del general Estigarribia deslumbraba a propios y extraños.

Su gobierno, al igual que algunos partidos comunistas de América Latina, estaba en la línea antifascista que apoyaba al panamericanismo de Roosevelt.

No obstante, el contacto del presidente electo con la política panamericanista de Roosevelt, más los préstamos obtenidos y declaraciones progresistas de gobernar democráticamente no fueron del agrado de Oscar Creydt lo que derivó en una profunda crisis interna en el PCP que arrastró, inclusive, a dirigentes del PCA.

Se enunció la necesidad de revisar la Constitución de 1870 interrumpida en 1936 y nuevamente vigente desde 1937.

Con tal motivo, el 18 de febrero de 1940, se auto-disolvió el legislativo y el general Estigarribia por medio de un decreto asumió la suma del poder público. En aquella ocasión se declaró la tregua política y se encargó a una comisión de juristas la redacción de una nueva Constitución- aprobada por referéndum- que quedó efectiva en julio de 1940. La Constitución, una de las más autoritarias conocidas, fortalecía el poder del presidente de la República. Su vigencia se prolongó hasta 1967.

La Carta Política creaba un Consejo de Estado conformado por ministros del Ejecutivo, representantes de propietarios de tierras, de la industria, el comercio, el Ejército, la Universidad y la Iglesia.

El documento declaraba el interés general por sobre el privado; la intervención del Estado en la vida económica y la posibilidad de censura a la prensa; prohibía predicar el odio entre paraguayos y la lucha de clases. Por de pronto, el PCP estaba por fuera de la constitución.

Lamentablemente, la trágica muerte de Estigarribia en un accidente aéreo, en septiembre de 1940, truncó abruptamente su proyecto político.

“Murió el 7 de setiembre, junto a su esposa y el Mayor de Aviación Carmelo Peralta, en el parque llamado Aguaity de Altos. Pese a las especulaciones que produjo su muerte, estoy convencido que ella fue causada por un accidente. Estigarribia fue siempre desaprensivo con los vuelos y nunca se preocupó mucho de verificar el estado de las máquinas. Para él no existían máquinas buenas ni malas y tuve ocasión de comprobarlo en varias oportunidades” (PAMPLIEGA, Amancio. Fusil al hombro. Ediciones Napa, segunda edición. 1983. Pág. 184). Así, sin despedirse, abrazado a su esposa, el genial estratega que condujo con singular éxito al Ejército en Campaña en la contienda chaqueña, salvando a la patria de la humillación y la deshonra, partió rumbo a la eternidad.

III

Retomando el proceso de 1936 (4)

La época del general Morínigo está enmarcado por dos sucesos: la Guerra del Chaco y la Guerra Civil de 1947.

“La llegada de la política de masas y el ascenso de los sectores populares y de sus prácticas democráticas dominó la política paraguaya entre estos dos eventos que señalaron el comienzo y el epílogo trágicos de una historia popular que pudo ser distinta. Morínigo fue el nexo entre ambos acontecimientos, que pulverizaron el orden liberal previo y marcaron el punto de partida del nacionalismo autoritario que iría a gobernar el país por el resto del siglo”.

“El resultado más importante de este proceso fue la creación del estado paraguayo con formas definidas que apuntaló el protagonismo histórico del propio Morínigo. Con el estado también se desató un proceso de modernización significativo que trajo consigo transformaciones las cuales dejaron rastros de violencia en una sociedad tradicional en pleno movimiento (GOMEZ FLORENTÍN, Carlos. Higinio Morínigo el soldado dictador. Ed. El Lector. Protagonistas de la historia Nº 15).

En “Misión cumplida”, el general Amancio Pampliega relata la sucesión presidencial como consecuencia de la súbita muerte del presidente Estigarribia. He aquí un extracto:

“Fue en ese marco de perplejidad, en que se produjo la célebre reunión de los comandantes de grandes unidades. El lugar, avenida España y Perú, sitio donde se encontraba ubicado el Gran Cuartel General y hoy sede de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional”.

“La presidencia provisional debió haber recaído en el Ministro del Interior, general Eduardo Torreani Viera (el candidato de los liberales era el general Paulino Antola en misión en Brasil) hombre de voluntad firme, no iba a permitir que se lo maneje como pretendían los dos grandes electores del momento (mayor Dámaso Sosa Valdez y teniente coronel Ramón L. Paredes)”.

“La reunión fue presidida por el entonces Comandante en Jefe, general Nicolás Delgado…mi inasistencia (y de otros comandantes lejanos tardíamente avisados) se debió a la falta de tren”.

“La reunión fue precipitada por Paredes y Sosa Valdez (que vieron a Morínigo como arcilla ideal para moldearla)…yo no hubiese acompañado la tesis que allí fue impuesta a contramano del precepto constitucional”.

“Delgado fue el portavoz de la decisión de los jefes militares ante el consejo de ministros que también se reunió precipitadamente. Estos no tuvieron otra salida y aceptaron la propuesta de los mandos castrenses”.

La versión de que Morínigo fue electo “al ser arrojada al aire una caja de fósforos. Tamaño embuste… una República independiente en pleno siglo XX no elije de ese modo a sus gobernantes”.

Una vez más desde la caballería se impuso al general Higinio Morínigo, ministro de Guerra, como presidente.

Con respecto a los “grandes electores”, Sosa Valdez y Paredes, personajes que mantenían en vilo a los cuarteles con sus injerencias políticas, violentando las normas disciplinarias, el general Pampliega reflexionaba:
“En la caballería, Dámaso Sosa Valdez pretendía erigirse en una especie de Censor permanente de todos los actos de gobierno. A su lado, como una sombra, Ramón L. Paredes daba forma a los prejuicios del primero, a sus sorprendentes cambios de humor, y a sus ambiciones fuera de un molde razonable”.

Por otro lado, Gómez Florentín aclaraba:

“Sosa Valdez dijo haber votado por Morínigo debido a su compromiso político nacionalista y su manifiesta hostilidad hacia los partidos políticos. En la puja presidencial Morínigo también tenía a su favor mayor antigüedad militar sobre Torreani Viera. Además tanto Paredes como Sosa Valdez tenían la certeza de que Morínigo cumpliría con el artículo 58 de la Carta Constitucional que obligaba a convocar a elecciones para renovar las autoridades del país”. (5)

Cabe señalar que ambos oficiales más adelante, para sosiego de régimen, fueron despedidos por el presidente Morínigo y que la convocatoria para las elecciones sí se hizo, puntillosamente, pero ¡recién para 1943!

– Así comenzó el gobierno denominado de Revolución Nacional. Higinio Morínigo, un militar nacionalista, antiliberal y antipartido logró gobernar, fuera de todo pronóstico, entre 1940 y 1948 continuando el proceso iniciado en febrero de 1936.

Del anterior gobierno heredó la nueva carta política, la tregua política y la ley de prensa. Posteriormente los ministros liberales fueron reemplazados, se decretó una tregua sindical y la movilización militar (5a) de todo obrero que se declarase en huelga. También se sancionó la ley de Defensa del Estado que restituía la pena de muerte por razones políticas, se abrieron

nuevos centros de detención y se declaró ilegal al Partido Liberal.

Aunque inicialmente amigable con los de la Concentración Revolucionaria Febrerista, luego al percatarse que conspiraban para derrocarlo los apartó.

– Organizó su gabinete en base a intelectuales integristas católicos, identificados con el corporativismo del portugués de Salazar (6), quienes por sus vínculos con el semanario “El Tiempo” fueron reconocidos como “tiempistas”.

En realidad, el nuevo gabinete de Morínigo fue cívico-militar, sectores que compartían la misma voluntad política e ideológica del mandatario. El Tiempismo que debía su nombre al periódico “El Tiempo”, en circulación desde el 23 de febrero de 1939, era una agrupación que aglutinaba profesionales del derecho, bancarios y académicos de inclinación derechista y católica. Estaban orientados hacía el corporativismo al estilo de los gobiernos de Antonio de Oliveira Salazar en Portugal y de Francisco Franco en España.

El diario se centró en contra del liberalismo y el individualismo, considerándolos incapaces de resolver los problemas nacionales de esa época. Entre sus representantes destacados se encontraban los doctores Luis Argaña, Carlos Andrada, Celso Velázquez, Sigfrido Gross, Aníbal Delmás, entre otros.

“Los tiempistas cumplieron un gran papel, en su momento, que los hace merecedores de ser recordados con justicia y ecuanimidad…Luis Argaña, catedrático universitario del Derecho, era el canciller. Verdadero asceta, en el más amplio sentido del vocablo, podía haber sido un hijo digno de Loyola si se hubiese propuesto, no por su afición de comulgar diariamente sino por su conducta personal intachable…exteriorizaba una suave energía, emanada de una mente lúcida para sobresalir entre sus contemporáneos. Poco afecto a las recepciones y banquetes, prefería la tertulia familiar y su biblioteca… Antítesis de los despliegues aspamentosos, pero muy eficaz para resolver los problemas de Estado (PAMPLIEGA, Amancio. Misión cumplida)”.

Mientras tanto, hacía de consejero el grupo denominado Frente de Guerra con sus principales exponentes: el teniente coronel Victoriano Benítez Vera y los coroneles Bernardo Aranda y Pablo Stagni. Morínigo estaba listo para impulsar lo que él llamó la Revolución Paraguaya Nacionalista basada en una férrea dictadura que procuraba una política de desarrollo en función al orden, la disciplina y la jerarquía como normas de convivencia social.

– En el ámbito internacional Higinio Morínigo contó con el apoyo del gobierno de Roosevelt de los Estados Unidos. No influyeron para nada las estrechas relaciones diplomáticas del país con Alemania e Italia hasta 1942, tampoco su posición neutral con respecto a la guerra hasta 1945. No tuvo repercusión alguna la estrecha relación con el gobierno argentino surgido del golpe de 1943. (7)

El gobierno del general Higinio Morínigo, a pesar de ser caracterizado como una dictadura, fue beneficiado con millones de dólares para invertirlos en proyectos agrícolas, obras públicas, de salud, equipamiento militar, entre otros. Todo ello, por su adhesión a la política panamericanista de los Estados Unidos que promovía la cooperación y la unidad entre los países de América.

Amparado por tiempistas y el Frente de Guerra, esquivando conspiraciones de liberales y febreristas, el presidente Morínigo logró mantenerse en el poder más tiempo que ningún otro gobernante paraguayo en esta parte del siglo XX.

– Aunque sin vínculos con el gobierno, el Partido Colorado, en la llanura desde diciembre de 1904, consideró que llegó el momento de aplicar una estrategia de aproximación. (7a)

Para la tradicional agrupación política, se abría la esperanza de superar décadas de ostracismo. El partido republicano se sentía cada vez más fuerte, con emblemáticas figuras históricas y con creciente influencia en el pueblo. Durante la breve primavera democrática de 1946 los republicanos organizaron la manifestación más multitudinaria conocida que estaba calculada, aunque con cierta exageración, en unas cien mil personas.

Aunque trancadas las puertas para la salida democrática, era firme la posición asumida por los republicanos – que 1938, solicitó la confrontación democrática y en 1944, la normalización del país- de llamar a una Asamblea Nacional Constituyente. Tal postura le inyectó al Partido Colorado una gran fuerza moral dosificada con la poca credibilidad del Gobierno, especialmente a partir de los sucesos del 9 junio de 1946.

En aquella ocasión, la oficialidad joven de la caballería se alzó contra sus superiores considerados sostén del Gobierno. Aprovechándose del viaje a Buenos Aires -para la asunción presidencial del general Perón- del coronel Victoriano Benítez Vera un levantamiento armado le obligó asilarse en una embajada extranjera de Asunción, relevado de la comandancia de la 1ª División de Caballería.

El capitán Federico Figueredo, oficial de caballería, testigo y protagonista de los sucesos del 9 de junio de 1946, recuerda que tras laboriosas negociaciones el comandante en jefe, general Vicente Machuca Vargas, con el asesoramiento de los altos mandos, logró constituir el gobierno de coalición civil-militar para la normalización institucional democrática que le fue impuesto al presidente Higinio Morínigo.
A raíz de los hechos, se vislumbró la posibilidad de derrocar de la presidencia al general Morínigo, pero la negativa de algunos de sus ministros militares de reemplazarle llevó al estamento militar a una salida institucional con la conformación un gobierno de coalición para preparar una convención constituyente.

La destitución de Benítez Vera, coincidente con la derrota de Alemania en la Segunda Guerra Mundial y la pérdida de poder del Frente de Guerra, convergía con la exigencia de los vencedores de la Guerra Mundial II, de una mayor apertura política. La primavera democrática estaba gestándose en Paraguay.

Lamentablemente, no habría convención constituyente, ni constitución nacional, menos un código electoral.

Entre tanto, el Partido Colorado ganaba espacios para constituirse en la pujante asociación política que por largo tiempo influiría decisivamente en la vida política del Paraguay. Contribuyó con ello su profunda renovación ideológica y programática iniciada hacia los años veinte. Una generación de jóvenes intelectuales liderados por Natalicio González comenzaba a disputar el poder a la jerarquía tradicional del partido.

Natalicio González y su grupo, medularmente nacionalistas, criticaron duramente a los gobiernos liberales que sostenían un sistema económico antinacional y latifundista manejado por una oligarquía subordinada al imperialismo anglo-argentino.

Para Natalicio, el doctor Francia y los López eran los verdaderos ejemplos de gobiernos nacionalistas. No obstante, la propuesta natalicista de socialismo nacionalista no era contraria a la posición republicana anticomunista.

Aunque bastante convincente, la propuesta no caía bien en algunos sectores del partido tradicionalmente conservadores decididos en sostener, con las otras fuerzas políticas, el statu quo latifundista oligárquico.

En realidad, se estaba incubando una violenta confrontación interna entre el grupo más tradicional y moderado de Federico Chávez, denominados los democráticos y el más combativo de Natalicio González, el guión rojo, con rasgo paramilitar. La puja interna se desbordó en 1948, después de la derrota de los partidos opositores.

Aunque impedidos de actuar públicamente, a causa de la tregua política, la colaboración de los republicanos con Morínigo se hizo a través de los caudillos en las zonas rurales. Una de las características sobresalientes del período fue la relativa calma que predominó en el campo paraguayo habida cuenta que se había producido una suerte de pacto militar-campesino minifundista, no oficial y la formación de redes con gente afines a la ANR. Todo ello, con disgusto del Frente de Guerra de clara posición antipartido. Entretanto, la represión a los opositores y la violación de los derechos humanos eran la constante. (8)

– La agitación social no paraba con amplio destaque de los comunistas.

En un hecho notable, en junio de 1941, el Primer Congreso del PCP declaró la unión nacional anti-fascista, la lucha por la democracia, la reforma agraria y la normalización institucional. En la ocasión hizo su aparición “Adelante”, periódico del PCP. También el Congreso comunista se pronunció en contra de la invasión de la Alemania nazi a la Unión Soviética, un Estado federal marxista-leninista que se desmoronó a partir de 1989. (8a)

La creciente agitación social urbana enfrentaba estudiantes y obreros con fuerzas que no cesaban de reprimirlas.

El PCP, de prestigio en el ámbito político, consiguió aglutinar a muchos jóvenes intelectuales en la lucha contra el fascismo. Sin mucho esfuerzo ganó en el campo de la literatura y en otras disciplinas excelentes intelectuales paraguayos. Entre ellos, el creador de la guarania José A. Flores y los poetas Hérib Campos Cervera, Félix de Guarania y Elvio Romero.

Para los protagonistas de la época, la férrea unidad contra la dictadura y el nazi-fascismo, abrió el camino en la universidad para que valiosos intelectuales se adhirieran a las opiniones de los comunistas en el afán de derrocar al presidente Higinio Morínigo.

La dirección comunista realizó un importante trabajo entre los militares que se proyectaría en el tiempo. El PCP nunca había abandonado la posibilidad del recurso armado para derrocar al gobierno militar moriniguista. Más adelante, en 1989, por paradójico que parezca, la estrategia del recurso armado fue el método aplicado por general Andrés Rodríguez para derribar al general Alfredo Stroessner quien predicaba la “democracia sin comunismo”.

IV

El Gobierno de Coalición (9)

– El 27 de julio de 1946 se instaló el Gobierno de Coalición, con febreristas, colorados y representantes de las Fuerzas Armadas. Liberales y comunistas fueron excluidos. La ciudadanía saludó con esperanzas un nuevo modelo político para que el país encuentre el rumbo de su libertad.

Era el inicio de un proyecto que pronto terminaría en una Convención Nacional Constituyente. Al fin se desarrollarían en libertad las actividades amparadas por una Constitución, reflejo de una larga aspiración. La libertad de prensa garantizaría la buena marcha del Gobierno y las Fuerzas Armadas asegurarían el cumplimiento del pacto entre los partidos políticos.

Ante cualquier situación de peligro el presidente Morínigo se sostendría en las Fuerzas Armadas.

A pesar de los pesimistas se instaló el Gobierno de Coalición en donde cada uno de sus representantes competía en promesas alentadoras para el país.

El objetivo consistía en llegar a una Convención Nacional Constituyente fijada para setiembre de 1947. Luego se proseguiría con el proceso de democratización.

– El nuevo gabinete se integró con el Ministro del Interior y Justicia, general de brigada Juan Rovira; ministro de Relaciones Exteriores y Culto, doctor Miguel Ángel Soler, febrerista; ministro de Educación, doctor Guillermo Enciso Velloso, colorado; ministro de Obras Públicas y Comunicaciones, Federico Chaves, colorado; ministro de Defensa Nacional, general de brigada Amancio Pampliega; ministro de Agricultura, Industria y Comercio, doctor Arnaldo Valdovinos, febrerista; ministro de Salud Pública y Bienestar Social, doctor José M. Soljancic, febrerista; ministro de Hacienda, J. Natalicio González, colorado.

Dos carteras para las Fuerzas Armadas y las otras para los dos partidos políticos. Por su caudal electoral, el Partido Colorado exigió cuatro ministerios. Los franquistas quisieron lo mismo con el argumento de contar con el apoyo de la oficialidad joven del Ejército. Finalmente, se llegó a una fórmula: tres ministerios para los colorados y tres para los febreristas que en realidad eran cuatro porque la cartera de Industria y Comercio y de Agricultura y Ganadería eran dos ministerios. Para compensar la disparidad se nombró Intendente Municipal de Asunción a Mario Mallorquín, colorado.

Saturnino Ferreira (10) cuenta que el doctor Juan León Mallorquín se había expresado en Puerto Elsa, en marzo de 1947, en estos términos:

“Luego de consultar sobre el apoyo militar con el teniente coronel Giménez, el coronel Díaz de Vivar y el mayor Rogelio Benítez, y no teniendo la seguridad de un apoyo total del Ejército, optamos por lo más positivo dentro de la democracia: apoyarnos en la fuerza mayoritaria del pueblo colorado que sería demostrada en las urnas. Una vez que demostráramos el apoyo mayoritario del pueblo paraguayo al Partido Colorado, el Ejército tendría que apoyarnos también.

Entonces decidimos ceder a las exigencias de los febreristas para formar el Gobierno de Coalición con el compromiso de equiparar luego los cargos ministeriales. Como condición firme, el compromiso de que el futuro gabinete levantaría la sanción al Partido Liberal y el reconocimiento del Partido Comunista.

Ni el más pesimista de los adversarios creía en la fuerza mayoritaria del pueblo colorado. Cuando lo comprobaron no les restó sino la conspiración para impedir que se llegue a las urnas. El resultado: estamos enfrentados en una revolución que hemos querido evitar a todo trance”. (11)

– Natalicio González tenía una versión crítica contra la figura de Federico Chaves, su antiguo adversario. Copiamos algunos párrafos:

“Al reorganizarse el gabinete y explotando mi breve ausencia del país, Federico Chaves pidió al Presidente que cediera cuatro carteras al febrerismo, en vez de una, y que los colorados quedasen con tres y no con seis. Pidió simultáneamente mi eliminación del gabinete, los febreristas le apoyaron, vetando mi nombre. El Presidente Morínigo les respondió que no había renunciado a la facultad de designar a sus propios ministros y que su amplitud de miras no implicaba una mengua de sus poderes constitucionales.

Unos días después, Chaves ofreció la Presidencia de la República al ministro de Defensa, General Vicente Machuca, a fin de malograr el triunfo de la causa colorada de la que fui el obstinado animador. Cuando se frustró la conjura, Machuca reveló su existencia en un tumultuoso Consejo de Ministros al que asistió el entonces Presidente del Partido, doctor Juan León Mallorquín. Chaves, que escuchó la delación, se refugió en un lívido mutismo. No rectificó; no articuló una palabra de defensa.

Como consecuencia de los sucesos en la Caballería ya se le había ofrecido la presidencia de la República tanto a Machuca como a Pampliega, con la negativa de ambos”.

– La confrontación entre Natalicio González y Federico Chaves, con muchos seguidores de prestigio, se debía a que estaban dadas las condiciones para llegar al poder. Juan León Mallorquín ratifica en su relato la antigua idea de que el Partido Colorado, por su caudal electoral, tenía asegurado el poder a través de las urnas. Sin embargo, las elecciones solo serían posibles con un gobierno militar provisorio que pueda asegurar que fuesen limpias, transparentes, con la participación de todos los partidos. Esta estrategia, para llegar al Gobierno de la República, le daría al coloradismo la fuerza moral suficiente como para instalar una democracia sólida.

“Somos mayoría, y sólo necesitamos la ocasión para demostrarlo” pareciera ser la síntesis doctrinaria del “chavismo”. En cambio, Natalicio González y sus adherentes pensaban que el camino a las urnas era un imposible por la traba permanente impuesta por los militares y los políticos adversarios de los colorados. Frente a esta realidad quedaba un solo procedimiento: tomar el poder con las urnas o sin ellas porque sólo desde el gobierno era factible que la doctrina partidaria se ponga en marcha para bien del pueblo paraguayo.

– Natalicio González tenía tres obsesiones: El Partido Colorado, Federico Chaves y el Partido Comunista. No había cuestiones negativas detrás de las cuales no estuviesen las manos tenebrosas de los comunistas. A Chaves le acusaba con frecuencia de estar movido por los intereses del comunismo.

La convicción de Natalicio de que hay que acercarse al poder -no importa que fuera dictatorial – la puso en práctica con una emotiva carta dirigida al general Morínigo, desde Buenos Aires, en fecha 12 de diciembre de 1941. (Morínigo subió al poder en setiembre del año anterior). Decía el último párrafo:

“A los gobernados corresponde deponer la apatía y el descreimiento, las ambiciones y la demagogia, la indisciplina y la anarquía prestando al Gobierno, con devoción patriótica y democrática, la ilimitada colaboración que América necesita y espera. Puedo asegurar al señor Presidente que el Coloradismo, en cuyas filas milita la inmensa mayoría del pueblo paraguayo, se halla dispuesto a cumplir estrictamente con este deber y no ha de negar al Primer Magistrado, ni la calurosa adhesión de sus masas, ni las luces de sus grandes figuras intelectuales para que el Paraguay salga con bien y con honor de esta encrucijada de la historia. Es justo que el más americano de los países americanos, sea también el más fiel y erguido defensor del ideal de vida libre que profesa el Continente”.

Esta carta motivó que Morínigo invitara a Natalicio a visitarle en Asunción, hecho que se produjo en abril de 1945.

Natalicio cuenta que en aquella ocasión le encontró al Presidente animado por la noble pasión de servir a su pueblo y dispuesto a colocar los destinos del país en manos del Partido Colorado.

Morínigo le dijo a Natalicio:

“Sus amigos pretenden que se les entregue de golpe el poder. Ignoran, al parecer, que el ejército sigue siendo liberal, no comprenden que, sin bases militares, un gobierno colorado no duraría veinticuatro horas. Usted es el primer colorado que abarca el problema en sus términos reales. Usted acepta avanzar por etapas y con cautela, para afrontar, en la hora más favorable, la sublevación inevitable. Acepto un entendimiento toda vez que se siga este camino”.

De esta entrevista salió el ofrecimiento de Morínigo para que Natalicio se incorporase al equipo gubernativo como embajador en Montevideo y oportunamente en el Ministerio de Hacienda.

Lo de Montevideo (cuando Natalicio, embajador) tenía su razón de ser porque en la capital uruguaya los adversarios de Morínigo, paraguayos y extranjeros, estaban en la tarea de un vigoroso trabajo periodístico -radial y prensa escrita- que censuraban con dureza la “tiranía moriniguista”. El Presidente, consciente del prestigio intelectual de Natalicio, necesitaba de una voz conocida que apaciguara las críticas.

Natalicio pidió la venia de la Junta de Gobierno del Partido Colorado pero ésta se la negó. Ángel Florentín Peña (12) pidió su expulsión del Partido. De todos modos, Natalicio fue al Uruguay como embajador de Morínigo “sin comprometer el nombre del Partido”. (12a)

V

El 13 de enero de 1947 (13)

a. La crisis del gobierno de coalición cobró fuerza con la renuncia efectiva de sus componentes febreristas por orden de Rafael Franco como medida extrema para dilatar la puesta en marcha del acuerdo nacional.

“La crisis estalló a inicios de 1947, alimentada por la parcialidad manifiesta de Morínigo hacia los colorados, la postergación de las elecciones y los frecuentes ataques a la prensa y a la oposición. El 10 de enero los franquistas se retiraron del gobierno, exigiendo la integración de un gabinete exclusivamente militar que garantizase la realización de los comicios en igualdad de condiciones para todos los partidos políticos” (Informe Final de la CVJ, pág. 126).

La intempestiva resolución trajo consigo un problema muy difícil de solucionar. Se trataba de la situación del partido Colorado que aparentemente se quedaba como único partido en el gabinete. No había por qué retirarse ante la determinación febrerista y de hacerlo, sus caudillos reaccionarían inmediatamente para impedir cualquier maniobra conducente a sacarlos del gobierno.

Una corriente en el Ejército exigía que todos los partidos se retirasen para poder constituir un gabinete netamente militar que los conduzca a la Asamblea Nacional Constituyente.

Era probablemente la única manera de llegar a la Constituyente.

“Sin embargo, el Presidente prefirió, antes de tomar ninguna medida, llamar a una reunión de altos jefes militares en su residencia, a fin de discutir el problema. Fue en oportunidad de su cumpleaños, el 11 de enero de 1947. Si no me equivoco – manifestaba el general Pampliega- cayó un sábado”.

Es importante mencionarlo, decía, por lo que después sucedió:

“Por aquella época, existían, fuera de la institucionalista, tres corrientes o tendencias en el Ejército. Los simpatizantes febreristas, liberales y colorados. Sin estar afiliados, por ser estrictamente prohibido, unos y otros pugnaban por llevar al gobierno a la agrupación de sus preferencias, es decir, a los caudillos, aquellos que los fueron trabajando durante el período de transición de 1946. El ambiente estaba muy tenso cuando se llevó a cabo esa famosa reunión y, pienso hoy, que algunos de los jefes que allí expresaron su opinión tenían un libreto bien aprendido con anticipación. Y si alguien duda, como es de suponer, ténganse presentes las violentas reacciones que se produjeron con posterioridad”.

Ese 11 de enero, cuenta el general, estuvieron presentes en la residencia presidencial:

“General Vicente Machuca, Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas. General Francisco Andino, Comandante del Territorio Militar del Chaco. General José Atilio Migone, Comandante de la Aeronáutica. Capitán de Navío Sindulfo Gill, Comandante de la Marina de Guerra. Teniente Coronel Emilio Díaz de Vivar, Jefe de Estado Mayor General (N.R. Díaz de Vivar ya era coronel desde el 14 de mayo de 1944). Coronel Julio R. Cartes, Director del Colegio Militar (N.R. Desde el 10 de diciembre de 1946 hasta el 8 de junio de 1948 el director de la Escuela Militar era el teniente coronel Carlos Montanaro; denominado Colegio Militar “Mariscal Francisco Solano López” a partir del 23 de julio de 1948). Mayor Alfredo Stroessner, Comandante de la Artillería. Mayor Enrique Jiménez, Comandante de la Caballería. Coronel Juan Ibarrola, Comandante de la 2ª División de Concepción. General Manuel Contreras, Director General de Intendencia. General Manuel Rodríguez, Director de la Sanidad Militar. General Amancio Pampliega, Ministro de Defensa e interino del Interior “.

Aparte de los nombrados asistió un número importante de Jefes y Oficiales de menor graduación, sin voz ni voto.

Seguía diciendo Amancio Pampliega:

“El Presidente de la República presidía el acto. Su semblante denotaba preocupación, lo que allí se iba a tratar no anunciaba tranquilidad. Por el contrario, todos sabíamos muy bien que el asunto era grave. En forma escueta, el general Morínigo explicó los motivos por los cuales nos había reunido en su residencia. Hizo una exposición respecto a la coalición colorado-febrerista y de su total fracaso para encauzar al país por derroteros más claros y esperanzadores. Se refirió a la renuncia del grupo franquista, lo cual creaba una crisis insospechada. Decía que él había puesto toda su voluntad para impedir el resquebrajamiento, pero que los imponderables fueron más decisivos para sellar la suerte del gobierno. Y la disyuntiva era la situación del Partido Colorado. ¿Debía quedar o retirarse obligatoriamente ante la deserción de los ministros febreristas?

Esa era el tema a ser abordado, precisó, y sobre el punto debían opinar todos los Jefes citados”.

El general Pampliega, ministro de Defensa Nacional e interino del Interior, seguía apuntando:

“Seguidamente me cedió Morínigo el uso de la palabra. Expliqué los constantes problemas surgidos durante la coalición y la necesidad de tomar alguna medida que devolviera la credibilidad en el gobierno. Acto seguido habló el Comandante en Jefe, General Vicente Machuca, quien entre otras cosas dijo que, como el asunto era muy delicado, había tenido la idea de hacer preceder en el uso de la palabra a los jefes de menor graduación. Pensaba Machuca que, de esa manera, no se presionaría a nadie a opinar de una u otra forma. Creo que fue una prudente proposición, afirmaba”.

Pampliega precisaba que la consulta era “¿Debía retirarse o quedarse en el gobierno el Partido Colorado? Lo que no estaba previsto en la consulta era cómo debían llenarse las carteras dejadas por los renunciantes”.

La atmósfera se alivió en parte con la llegada de algunos bocaditos y bebidas que el presidente ofrecía con motivo de su onomástico. El hecho de estar festejando un cumpleaños aflojó inmediatamente la tensión. Y en este detalle se vio la vieja técnica de Morínigo para sortear momentos difíciles.

El mayor Enrique Jiménez comenzó su exposición señalando

“que a su parecer el asunto no revestía ningún problema puesto que los ministros febreristas habían salido por propia iniciativa. Otro hubiese sido el caso si se los echaba o expulsaba. Por esta consideración, a su juicio los colorados no tenían por qué renunciar a sus cargos. Si los febreristas querían retirarse, allá ellos, según Jiménez. Sería injusto que el Partido Colorado pagara los platos rotos por actos ajenos. Insistió en que los colorados debían quedarse”.

Cuando terminó, afirmaba Pampliega, un silencio se apoderó de la sala. El coraje de este joven Jefe nos había pasmado a todos. Sabíamos que era colorado, por lo cual no nos sorprendió su posición. Pero nunca esperamos una resolución tan firme y decidida. ¿Sería el obrar de su propio carácter, o el respaldo del arma golpista, la Caballería? No lo sé. Sin embargo, no dejé de admirar su determinación. Para el general Pampliega “Fue el único en aquella jornada, que se jugó por el Partido Colorado, al parecer, el caballo perdedor”.

Para Díaz de Vivar, decía Pampliega, “… el asunto era una cuestión de principios, para finalmente decidirse por la posición asumida por el mayor Jiménez. Los demás, en abrumadora mayoría, decidieron que el Partido Colorado debía abandonar el gobierno para facilitar la formación de uno netamente militar”.

Cuando me llegó el turno, relataba el general Amancio Pampliega, “ya casi todos habían opinado en favor de un gobierno militar. En vista de ello, me declaré neutral. Mi lugar en el orden de votación me ayudaba a optar por una abstención cómoda y sin compromisos con nadie. Mi caso era muy distinto al de muchos jefes con conocidas preferencias franquistas, tal como Vicente Machuca, o coloradas como Jiménez y Díaz de Vivar”.

El amplio consenso de las Fuerzas Armadas consideraba que el Partido Colorado debía abandonar el gabinete. El presidente Morínigo se mostró, en apariencias, de acuerdo con la decisión asumida, e hizo llamar a los ministros republicanos para comunicarles la novedad. No tardaron en llegar los mencionados caudillos, con Natalicio González a la cabeza. Enciso Velloso y Chaves lo seguían a prudente distancia. Ahí estaban para entregar sus renuncias. Sin embargo, sería por poco tiempo, puesto que don Natalicio ya había comenzado su trama.   

Con respecto a Natalicio González decía Pampliega:

“El poeta, por lo visto no lo era tanto y, hasta se permitió decirme que ‘en adelante Ud. va a estar más cómodo con militares’. Le repliqué diciéndole: ‘Sí, vamos a descansar de Uds., los políticos por un tiempo’”.

No entro a juzgar, opinaba el general Pampliega, “si la medida hacia el Partido Colorado, fue la más acertada. Pero lo que no ofrece dudas es que los cargos vacantes dejados por los febreristas, había que llenarlos. Con colorados o con militares. Aunque se barajaron posibilidades, no fueron ellas muy bien definidas. Al parecer, la salida de los hijos de Caballero era injusta, pero tampoco se puede pasar por alto, que el fin del acercamiento hecho por Morínigo con los partidos tradicionales tenía un objetivo definido: la coalición encargada de llevar a una Constituyente”. 

Con la renuncia de los ministros franquistas, los fines del gobierno habían terminado.

El asunto era llegar a una elección libre, y no a un simple golpe aprovechando una crisis ministerial.

Fue lo que traté de explicar a los mencionados caudillos. Pero nos decían: “Nosotros no tenemos la culpa”.

No era una cuestión de culpas, afirmaba Pampliega, “sino de seguridad nacional. No era el caso de esperar que los demás partidos fueran a quedarse con los brazos cruzados al comprobar tamaño embuste de nuestra parte. Le habíamos garantizado a la ciudadanía toda que los militares encontraríamos el camino de la concordia nacional. No era cuestión de desprestigiarnos de esa manera. Los colorados debían abandonar el gobierno y no usar el pretexto pueril -no fue nuestra culpa- para acortar el proceso de redención nacional por la vía del golpe. Ningún pretexto era válido para ello”.

Cuando los militares quedamos solos, señalaba el general Pampliega, “me dirigí al Presidente haciéndole saber la conveniencia de redactar una nueva lista del gabinete a los efectos de hacerse éste cargo de la situación. Los que allí estuvimos, sabíamos que dicho gobierno no sería duradero y que, por el contrario, serviría tan sólo como compás de espera de la Constituyente. Pero se tenía que redactar la lista de candidatos. Como con los civiles ya no teníamos nada que hacer, puesto que tanto ‘tiempistas’ como independientes no eran nada populares, resolvimos encomendar sólo dos carteras, la de Relaciones Exteriores al Dr. Edmundo Tombeur a quien le pedimos su consentimiento esa misma tarde, y al doctor Carlos Pedretti para ejercer la cartera de Hacienda. Los demás cargos serían cubiertos por miembros de las Fuerzas Armadas. En apariencias, el asunto estaba resuelto. Hoy a la distancia pienso en las carcajadas íntimas de Enrique Jiménez en aquel 11 de enero”.

– El Presidente de la República mostró su total conformidad con el nuevo gabinete, incluidos a los civiles Edmundo Tombeur  y Carlos Pedretti y prometió firmar el decreto correspondiente el lunes 13 a más tardar. 

“Ahora vamos a festejar el feliz término del acuerdo y de mi cumpleaños”, nos dijo.

Nunca pensé, ni se me pasó por la cabeza, lo que después ocurriría, reflexionaba Pampliega, “Morínigo ya tenía resuelto su golpe mucho antes, porque no era posible su realización en un solo día. Los que piensan que el domingo se elucubró todo, están totalmente despistados. Un golpe no se da así nomás, de buenas a primeras. Estoy seguro que Jiménez ya tenía apalabrado a varios jefes no precisamente a los asistentes a la reunión, sino a algunos de menor graduación o que por algún motivo no asistieron a la misma. De otra manera, me es imposible imaginar el inmediato éxito posterior. Mientras, Morínigo continuaba brindando con su copa de escocés en la mano. Para sus adentros, diría ‘a éstos ilusos los tengo reventados’ “.

Los demás continuábamos la charla, continuaba diciendo, “sin percatarnos que muy pronto no contaríamos el cuento. Al despedirme, le repetí al Presidente mi confianza en el nuevo gobierno militar. Asintió con el cabeza, muy risueño. Luego, con los generales Machuca y Migone, nos dirigimos a mi domicilio a elaborar la lista de candidatos a ocupar las carteras vacantes. Allí dejamos un resumen de lo actuado, en casa de Morínigo, con la lista completa del nuevo gobierno”.

(NR. El general Morínigo hábil como era (Arandú caaty), percibía perfectamente que llevando la cuestión a un plebiscito militar era cantada la exclusión colorada. No obstante, la firme posición del teniente coronel Enrique Jiménez, comandante de la DC1, que le garantizó su continuidad en la presidencia le hizo cambiar de opinión. Eran directores del partido Víctor Morínigo, Leandro P. Prieto y Guillermo Enciso Velloso liderados por Natalicio González).

b. El escritor Osvaldo Bergonzi, abogado y conocido republicano,

en una conferencia, con motivo de conmemorarse un aniversario más relata los sucesos del 13 de enero. He aquí la síntesis:

– Prosigamos ahora con nuestro tema central que nos reúne hoy, pero con la salvedad que dos fechas están ligadas en el tiempo, el 9 de junio y el 13 de enero. Otra salvedad constituye el clamor colorado por una convención constituyente. Tanto en su convención (del Partido) de 1938, como en pleno gobierno de Morínigo, el Partido Colorado quería la confrontación democrática por que se sabía mayoritario.

Por eso concurrió el profesor Juan Ramón Chávez, decano de la Facultad de Derecho -acompañando al Rector Juan Boggino, entre otros colegas- en 1944 para pedir al ministro del Interior Amancio Pampliega la normalización del país. La respuesta fue el confinamiento para los que firmaron el petitorio. El propio Pampliega lo reconoce en sus memorias. Entre tanto, el Frente de Guerra seguía ejerciendo su dictadura. No habría convención constituyente, ni constitución posible, menos un código electoral. Las puertas estaban cerradas. Recién con la catastrófica derrota de la  Alemania Nazi, el Frente de Guerra comenzó a perder autoridad.

– El 1 de junio de 1946 viajó a Buenos Aires, en el paquete de la carrera “Ciudad de Corrientes”, una delegación presidida por el ministro del Interior general Amancio Pampliega designado por el gobierno Ministro Extraordinario y Plenipotenciario para la asunción del presidente de la Argentina general Juan Domingo Perón, electo ese año. Lo acompañó, entre otros, el coronel Victoriano Benítez Vera, comandante de la caballería, uno de los integrantes del Frente de Guerra. En Asunción quedaron el presidente y el comandante en jefe general Vicente Machuca, quien ejerció el mismo cargo, diez años atrás, siendo presidente Rafael Franco. Es bueno señalar.

Una vez llegado el buque a Buenos Aires, Machuca reemplazó (¿interinamente?) en la caballería a Benítez Vera por Enrique Jiménez. Enterado el defenestrado, se largó sin permiso hasta Asunción en un avión fletado. Pampliega dio aviso al gobierno previa advertencia a Benítez Vera. Al saberlo, llegado a la capital al ofuscado coronel el presidente  Morínigo -en apariencias- lo restituye de palabra haciendo un peligroso balanceo con el general Machuca, a quien de hecho, lo desautoriza.

Así comienza el tira y afloje. Pero Benítez Vera no contó con el coraje del teniente coronel Enrique Jiménez quien le pidió el instrumento (la orden) que lo restituía en el mando como exigen las ordenanzas. Machuca, entre tanto, salta de mata en mata para no caer en manos de Benítez Vera. Hay forcejeos, tiros y hasta muertos. Pero finalmente el 9 de junio queda restablecido el orden. Jiménez, uno de los líderes del proyecto democrático en las filas del ejército controla la situación. Así lo reconoce en una entrevista en 1980 Arnaldo Valdovinos quien califica a Jiménez de demócrata.

Por otro lado, Julio Sotelo González en “¿Porqué se llegó al golpe del 13 de enero?”, Memoria Histórica, describe su versión sobre los sucesos del 9 de junio de 1946:

Llegaron a oídos del  Comandante en Jefe algunas expresiones emitidas durante una reunión de camaradería en la DC 1.
Benítez Vera gustaba decir entre bromas y no tanto que “…el Paraguay es gobernado por las Fuerzas Armadas, la DC 1 representa a las Fuerzas Armadas y la DC 1 soy yo…”.
Esto parece que llegó muy abultado a conocimiento del Comandante en Jefe, general Vicente Machuca, quien pidió la venia presidencial para tomar medidas contra el Comandante de la Caballería.
Higinio Morínigo le contestó que el momento no era oportuno habida cuenta que el Comandante de la DC 1 podría suponer que se pretendía impedir su viaje a la capital argentina. No obstante autorizó al Comandante en Jefe que se apersonase a la DC 1 para averiguar lo acontecido.
En la noche del 5 de junio se llevó a cabo en el Teatro Colón una función de gala en honor del nuevo presidente de la Nación Argentina, general Juan Domingo Perón y señora esposa, doña Eva Duarte.
Perón recibió en su palco el pedido de audiencia de Benítez Vera para conseguir un avión que lo traslade con urgencia a Asunción “por motivos familiares”.
El coronel Benítez Vera había sido informado que el Comandante en Jefe -quien había estado en la División de Caballería haciendo averiguaciones- comunicó a los jefes y oficiales que desde ese momento solo eran válidas las órdenes del presidente de la República y las del Comando en Jefe.
El jueves 6 de junio llegó precipitadamente a Formosa Benítez Vera. El general Machuca pidió permiso a Morínigo, una vez más, para apresarlo apenas pise tierra paraguaya pero el presidente nuevamente se negó. Benítez Vera entró por Itá Enramada, sin esperar que nadie le repusiese, fue directo a la Caballería. Allí percibió que tenía la oposición en dos de los tres regimientos de la 1ª DC. Al día siguiente, el general Vicente Machuca presentó su renuncia. (Era lo que correspondía por la falta de apoyo presidencial).

En la madrugada del 9 de junio oficiales del RC 1 y RC 2 desconocieron la autoridad de Benítez Vera. En consecuencia, Asunción y alrededores se llenaron del conocido tableteo de las ametralladoras y explosiones de granadas de morteros que cesaron al amanecer. El saldo fue la muerte de varios soldados y de los tenientes Pastore y Dálceno. Victoriano Benítez Vera con otros jefes y oficiales se asilaron en la Embajada del Brasil (y por una nota reclamaron el apoyo prometido al presidente Morínigo). El martes 11 de junio, el general Vicente Machuca reasumió su cargo de comandante en Jefe de las FF.AA. Como comandante interino fue designado el coronel Enrique Giménez en reemplazo de Benítez Vera. De la jefatura de Policía se hizo cargo el mayor Rogelio Benítez. Dos conocidos colorados en los puestos claves del Gobierno.

– Retomamos la exposición de Osvaldo Bergonzi:

La posición asumida tanto en 1938 como en 1944 le dio mucha autoridad moral al Partido Colorado. En cambio, luego de los hechos reseñados, la figura de Morínigo quedó debilitada. Como me dijera el mismo Enrique Jiménez en su departamento de Palermo, bastaba mover un dedo para echarlo.

En estas circunstancias regresa, de Buenos Aires, el 12 de junio el general Amancio Pampliega.  Horas antes de atracar en el puerto de Asunción su hermano Nicanor sube al “Ciudad de Corrientes” en el puerto de Formosa y le informa de los acontecimientos vividos: el doble juego del presidente, la conducta de Benítez Vera y la firme resolución de Jiménez.

También le informa sobre la destitución de Alfredo Stroessner en la artillería quien según – Nicanor – nada tuvo que ver con Benítez Vera. Este compañero, al parecer, viajó con el  único propósito de salvarle a su camarada y amigo Stroessner. (NR. Según Enrique Jiménez Stroessner jugaba a dos puntas y estaba complicado con Benítez Vera).

Una vez en el domicilio de Pampliega el teniente coronel Enrique Jiménez, comandante interino de la 1ª DC desde el 11 de junio, con la presencia del general Vicente Machuca, ya repuesto en el cargo, propone el nombre del general Pampliega para sustituir al general Morínigo. Antes de esa fecha, comenta Valdovinos, se le había propuesto a Machuca quien no aceptó.

Se produce un silencio;  y en eso alguien se le acerca a Pampliega “El Partido colorado le va a respaldar mi general, le susurra al oído Jiménez”.  Ambos me confirmaron esta especie, el uno en Asunción y el otro en Buenos Aires. El uno, mi pariente (Pampliega) y el otro, mi amigo y defendido (Jiménez). Además hay testimonio escrito de Machuca publicado por Pampliega. Pero lamentablemente éste no aceptó el ofrecimiento en tales circunstancias. Por otra parte, no se sentía con cualidades para ser presidente y tenía un exagerado concepto de la lealtad hacia el presidente. Para más, Machuca ejercía en él mucha influencia. Era su superior en antigüedad y estas cosas pesan entre los uniformados. La lucha por la democracia en el Paraguay del Partido Colorado estaba llegando a su primer puerto de escala con rumbo a la convención constituyente.

– Así, se conforma el gobierno de coalición entre colorados, febreristas y militares. El hecho es conocido como la primavera democrática. Primavera siempre anhelada por la Asociación Nacional Republicana. En esa época la gente pedía cambio. Los liberales habían hartado al país con golpes y revoluciones, los febreristas habían defraudo las esperanzas. El pueblo paraguayo miraba a los colorados como el cambio. Los militares, liberales y febreristas ya no representaban el cambio.

Pero en el reparto de espacios de poder Rafael Franco y Arnaldo Valdovinos, amigos de Machuca, se quedaron con cuatro ministerios mientras que los colorados  solo con tres y los militares, ya pactado de antemano, con las carteras de defensa e interior.

Así comienza este nuevo proyecto con las más sanas intenciones del coloradismo. Las más amplias libertades se dieron al extremo que el Partido Comunista fue autorizado para funcionar y editar su semanario “Adelante”. Entre tanto, en las plazas se daban cita los diversos partidos”.

A juicio de Osvaldo Bergonzi en septiembre de 1946 se produce un hecho fatal para la democracia paraguaya. La razón, argumentaba, es que , la república quedó de pronto atónica, una marea humana de 100.000 colorados inundó Asunción. Venían de todos los rincones del país y de la capital, la cola de gente era kilométrica. Basta leer los archivos de La Tribuna y algunos semanarios de la época para entender lo que produjo tal hecho.

¿Por qué razón decimos que aquello fue fatal?

Por una razón muy simple: nuestros adversarios habrán caído en la cuenta de la imposibilidad de competir con alguna probabilidad de éxito en las urnas.  Con esta masiva concurrencia le anunciábamos anticipadamente la derrota del adversario. No podemos decir que fue un error ya que el acto fue espontáneo. Pero conforme a la profusa bibliografía acerca de este tiempo se puede apreciar que las ansias de convención constituyente comenzaron, en el ánimo de febreristas y liberales, a aplacarse a partir de septiembre.

Nos vieron, nos sintieron ganadores. El propio Amancio Pampliega Peña, al mismo tiempo de cuestionar el 13 de enero afirmaba rotundamente que los colorados ganaban fácilmente una elección y era cuestión de esperar. Hasta cuando esperar ¿Hasta el juicio final? le advertimos en una oportunidad. Por su lado Enrique,  en carta abierta, le replicó con argumentos muy valederos.  Estas cosas comentábamos con el otro pariente, Ángel Florentín Peña, y con Enrique cuando podía venir unos días para visitar a sus familiares  en Asunción. Se sumaba Carlín Romero Pereira cuando el tío Ángel nos invitaba a almorzar o cenar.

– Ahora vamos a entrar en lo más profundo, advertía Bergonzi, del 13 de enero. Antes debemos decir, que luego de la conformación del gobierno de coalición, se llegó a una paz partidaria entre guiones y demócratas, pegada con saliva dirán algunos de ustedes. Es cierto -como siempre sucede con las corrientes internas de los partidos políticos- pero paz al fin. No obstante, serán los guiones quienes nos llevarán a la victoria. Los directores civiles colorados fueron Víctor Morínigo, el principal; Leandro P. Prieto y Guillermo Enciso Velloso bajo el indiscutido liderazgo de Natalicio González. Mientras que en el ejército resaltaban Enrique Jiménez, Rogelio Benítez y Emilio Díaz de Vivar, como las cabezas más visibles.

Todos ustedes ya saben lo sucedido el 11 de enero. Ese día,  cumpleaños de Morínigo,  se convocó a una reunión de urgencia debido a la renuncia masiva de los febreristas en el gabinete. Lo hicieron adrede (los febreristas), para empantanar el proceso. Sabían que perdían las elecciones en forma catastrófica y el prestigio político de Rafael Franco se derrumbaría como un castillo de naipes. En adelante, ya nadie confiaría en su liderazgo. Sin elecciones su aureola continuaría.

Fue una maniobra política concebida por el propio Franco pues Arnaldo Valdovinos lo desaprobaba conforme a su versión hace tiempo publicada.  Se evitó así el dictado de las urnas, es decir, de la expresión de la voluntad popular.

– Expresiones del coronel Enrique Jiménez recogidas en Buenos Aires por Osvaldo Bergonzi, entre el 1 al 13 de enero de 1989: (Es importante señalar que Bergonzi colaboró en la redacción de las memorias de Jiménez al igual que en la del general Pampliega).

En la reunión del 11 de enero de 1947, convocada por el presidente para tratar las renuncias de los ministros debido a la maniobra de Franco, participaron los generales Vicente Machuca, Francisco Andino, Amancio Pampliega, Manuel Contreras y Manuel Rodríguez; los coroneles Emilio Díaz de Vivar, Julio Cartes y Juan Ibarrola, y los tenientes coroneles Alfredo Stroessner y Enrique Jiménez.

En la versión de “Misión cumplida”, página 156, hubo numerosos oficiales pero los convocados con voz y voto fueron:

“General Vicente Machuca, Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas. General Francisco Andino, Comandante del Territorio Militar del Chaco. General José Atilio Migone, Comandante de la Aeronáutica. Capitán de Navío Sindulfo Gill, Comandante de la Marina de Guerra. Teniente Coronel Emilio Díaz de Vivar, Jefe de Estado Mayor General. Coronel Julio R. Cartes, Director del Colegio Militar. Mayor Alfredo Stroessner, Comandante de la Artillería. Mayor Enrique Jiménez, Comandante de la Caballería. Coronel Juan Ibarrola, Comandante de la 2ª División de Concepción. General Manuel Contreras, Director General de Intendencia. General Manuel Rodríguez, Director de la Sanidad Militar. General Amancio Pampliega, Ministro de Defensa e interino del Interior”.

Siguió diciendo Bergonzi:

Enrique me dijo que él le había pedido a Machuca que destituyera a Stroessner, luego de los sucesos del 9 de junio por jugar a dos puntas. Pero a fines de junio Stroessner es repuesto por Pampliega, ministro de Defensa.

Su reemplazante el coronel Fulgencio Yegros es llevado por Pampliega como subsecretario en el Ministerio de Defensa Nacional.  Enrique,  confirma este pedido de destitución en su carta abierta a Pampliega, de manera que este detalle explica en gran parte la animosidad entre ambos jefes – Stroessner y Jiménez – durante tantos años.

Por su parte, Machuca, sin orden escrita, designa al coronel Julio Cartes en reemplazo del coronel Carlos Montanaro, director de la Escuela Militar, para asegurarse una mayoría anti colorada. Montanaro fue el que debió concurrir a la convocatoria y no Cartes (que no estaba nombrado como comandante).

Viene la votación, Enrique el primero en hablar defiende al Partido Colorado y expresa que no tienen por qué renunciar sus ministros y que si los febreristas lo hicieron, allá ellos. Silencio en la sala. El resultado es conocido. Solo Díaz de Vivar le acompañó. El resto votó en contra y Pampliega al ver el resultado cantado se abstuvo. Lo confirmó él mismo en sus memorias y lo confirmó la carta abierta de Jiménez.

Ahora viene la parte inédita, advertía el expositor.

Al concluir la reunión los jefes se fueron a la casa de Pampliega para elaborar el nuevo gabinete militar ya decidido, es decir, una dictadura de uniformados.

En este momento, grabadora de por medio, le pregunté a Enrique:

¿Y vos ¿Qué hiciste, te retiraste con ellos? ¡No! Me escondí detrás de uno de los árboles de Mburuvicha Róga, respondió. ¿Qué pretendías con eso? Esperar a que todos salieran para regresar junto al presidente, contestó.

¿Qué le dijiste a Morínigo? Recuerda que tus relaciones con él no anduvieron bien luego del 9 de junio, le señalé. Justamente por eso quería darle seguridad, respondió.

¿Cómo fue el sorpresivo encuentro?, le pregunté. El presidente se sorprendió al verme regresar, entonces yo le dije “que había vuelto para informarle que el Partido Colorado le respaldaría y que el gabinete militar lo echaría a él muy pronto. Tantos detalles le di que se asustó. Nos quedamos largo rato hablando, prosigue Enrique, hasta que al final le aseguré que si él se presentaba a la caballería yo desplazaría a las tropas y que Rogelio con la policía respondería con firmeza”.

“Rogelio ya estaba sobre aviso y él se encargaría de traerlo al presidente a mi unidad porque yo después de despedirme del presidente regresé a la caballería  y ya no me moví más de allí”.

Lo demás es conocido, el partido sin que nadie sufra siquiera un chichón se conservó en el poder aunque ya solo, por decisión unilateral del febrerismo, a partir del 13 de enero.

La caballería y la policía tomaron el control de la capital sin disparar un tiro. Inmediatamente se convocaría a elecciones de convencionales constituyentes pues la confianza en la victoria por las urnas era enorme. Lo confirma la manifestación multitudinaria de septiembre de 1946.

“La casi inmediata rebelión armada entre liberales, febreristas y comunistas coaligados contra el gobierno colorado fue la responsable que tales anhelos no fueran cumplidos. Lo afirma el protagonista principal, el hombre respetado por propios y extraños, Enrique Jiménez,  en su ya referida carta abierta”, abundaba Osvaldo Bergonzi.

VI

Los protagonistas de la gesta

a. El primer presidente colorado, un karai guasu

“En los comicios del 15 de febrero de 1948 el señor J. Natalicio González había sido electo Presidente de la República y el 15 de agosto asume el mando por el periodo constitucional 1948-1953 que sin embargo quedó trunco”.

“Habiéndose producido la acefalia del Poder Ejecutivo por la renuncia del general Morínigo el 3 de junio de 1948, el doctor Juan Manuel Frutos, a la sazón Presidente de la Suprema Corte de Justicia, es designado por el Congreso para ejercer (provisionalmente) la Primera Magistratura de la Nación”. “Desde la renuncia del coronel Escurra en 1904, es el primer colorado que asume la presidencia, salvo el fugaz gobierno del doctor Pedro P. Peña en 1912” (KALLSEN, Osvaldo. Historia del Paraguay contemporáneo 1869-1983.Editorial Modelo. 1983).

Juan Manuel Frutos fue el 37º gobernante desde el comienzo de la llamada era constitucional iniciada en 1870. Doctor en Derecho y Ciencias Sociales, magistrado judicial, legislador, director de varios periódicos escribió varias obras de índole política. Sirvió con dedicación a su partido. No obstante, en un momento de su vida, por los avatares de la política tuvo que soportar destierro y también la prisión. Se decía que don Juan Manuel Frutos gobernó como un “karai a lo yma” (caballero a lo antiguo), un presidente como nunca más se había vuelto a ver en Paraguay. Falleció en Asunción, el 15 de abril de 1960.

Sin embargo, las críticas contra el general Morínigo y Natalicio González no fueron muy felices. (12)

b. Semblanza de dos intrépidos oficiales que restituyeron el poder al Partido Colorado

No podía llegar el Partido Colorado a la plenitud del poder político el 3 de junio de 1948, después de 44 años de llanura, sin la decisiva participación en los sucesos del 11 de enero de 1947 de dos destacados oficiales del Ejército: el coronel Emilio Díaz de Vivar, Jefe de Estado Mayor General y el teniente coronel Enrique Jiménez, Comandante de la 1ª División de Caballería.

Emilio Díaz de Vivar, egresó de la Escuela Militar como teniente 2º de artillería en agosto de 1929 ocupando el primer lugar de la 13ª Promoción del Ejército.

Por otro lado, el 1º de octubre de 1932, recibió su despacho después de la retoma del fortín Boquerón, en el teatro de operaciones del Chaco, el teniente 2º de caballería Enrique Giménez como egresado de la 17ª promoción del Ejército. Fueron sus camaradas de egreso, entre otros, el teniente 2º Alfredo Stroessner y el teniente 2º Marcial Samaniego.

1- Emilio Díaz de Vivar, nació en Villa del Rosario, la perla del Cuarepotí, el 17 de diciembre de 1908. Fueron sus padres Emilio Díaz de Vivar y Rosalía Centeno.

Villa del Rosario fue fundada por el gobernador Pedro de Melo de Portugal el 14 de junio de 1787. Es la patria chica de los López. Juana Pabla Carrillo nació cerca, en Itacurubí del Rosario. En Rosario estuvo exiliado Don Carlos Antonio López, custodiado por Lázaro Rojas de Aranda por mandato de Gaspar Rodríguez de Francia. Solano López, nació en Villa del Rosario.

Díaz de Vivar ingresó en la Escuela Militar el 1º de marzo de 1926 y egresó como Teniente 2º de Artillería el 17 de agosto de 1929. Prestó servicios en el Grupo de Artillería de Montaña Nº 1 “General Bruguéz”, Regimiento 4 de Infantería “Curupayty” (Chaco) y en la 1ª División de Infantería (Chaco) en 1931. Promovido a Teniente 1º de Artillería el 15 de agosto de 1932, en 1933, durante la guerra del Chaco, actuó en Pirizal y Gondra como comandante de batería del Grupo 2 de Artillería. En el mismo año ascendió a Capitán de Artillería.

En julio de 1935, finalizada la guerra, fue destinado para prestar servicios en la Dirección de Material de Guerra y Parque en el Chaco. En marzo de 1936, fue promovido al grado de Mayor de Artillería prestando servicios, en septiembre del mismo año, en la 6ª División de Infantería, Chaco. En 1937 fue designado Comandante de la Dirección de Material de Guerra.

Nombrado alumno de la Escuela Superior de Guerra en 1938, en 1939 fue enviado en misión de estudios a la Escuela de Estado Mayor de Río de Janeiro, Brasil.

Oficial serio, estudioso y destacado, en abril de 1940, en una misiva el general Estigarribia le comunicaba “la satisfacción de enterarme del éxito de sus estudios, motivo que me llena de satisfacción, pues compruebo que Ud. Aprovecha su tiempo para completar sus conocimientos profesionales…” (Carta del presidente de la República Mariscal Estigarribia el 2 de abril de 1940).

En enero de 1941 prestó servicios como Jefe del III Departamento (instrucción y operaciones) del Estado Mayor General, en abril fue promovido al grado de Teniente Coronel de Artillería y en agosto nombrado Sub Jefe del Estado Mayor General.

En diciembre de 1942, es enviado nuevamente en misión de estudios al Brasil y en mayo de 1944, asciende al grado de Coronel y nombrado Comandante Interino de la III Región Militar.

El 7 de marzo de 1947 fue nombrado Jefe de Plaza de Asunción y en mayo asciende a General de Brigada.

El 28 de febrero de 1949 es nombrado Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas de la Nación. En marzo fue promovido a General de División y en el mismo mes nombrado Director del Colegio “Mariscal Francisco Solano López” sin perjuicio de sus funciones de Comandante en Jefe.

El 31 de mayo de 1951 fue relevado del cargo de Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas de la Nación y substituido por el General de Brigada Alfredo Stroessner, un camarada de armas a quien ayudó a escalar. Más tarde Stroessner como presidente no tuvo la misma consideración y lo mantuvo en el servicio diplomático como Embajador en la Argentina, Brasil, España y Perú, para tenerlo alejado del país.

Al general Díaz de Vivar, mucho más antiguo que Stroessner, lo define su integridad personal. Estando como Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, declinó en 1951, substituir en la presidencia de la República a Don Federico Chávez.

En aquella ocasión sentenció: “Yo siempre en mi vida acostumbré a entrar por la puerta grande y no por la ventana”. Contrario a los cambios por la vía del golpe, era respetuoso de la Constitución Nacional y las leyes.

Con motivo de su fallecimiento acaecido el 28 de diciembre de 1989, el doctor Luis María Argaña, presidente del Partido Colorado, envió una carta a Esther Ramírez Vda. de Díaz de Vivar, esposa del general Díaz de Vivar. Decía, en parte, la misiva:

“La muerte del General Díaz de Vivar ha enlutado a la Patria y al Partido Colorado. Él defendió a la Patria en la hora de necesidad, pero no la perturbó en la hora de la paz con ambición desmedida. Su vida fue servicio público desinteresado, sin aprovechar ocasiones de ganar gloria personal. Hombre más militar no hubo, ni más resuelto en batalla para poner el pecho ante la muerte. Entendió que defender a la patria era una cosa y gobernar era otra. La guerra y la milicia no inhabilitan para el gobierno, pero tampoco es requisito indispensable para aprender el difícil arte de gobernar. Así pensaba y se le llamó militar institucionalista”.

“Con el mismo espíritu defendió al Partido Colorado y fue el factor de su victoria el 13 de enero de 1947…El fallecimiento del General Emilio Díaz de Vivar causó una pena que estremece al Partido Colorado…”.

Así expresaba sus sentidas condolencias, por nota del 30 de diciembre de 1990, a la señora Esther Ramírez Luis Vda. de Díaz de Vivar, el doctor Luis María Argaña, presidente del Partido Colorado.

2- Enrique Jiménez

Se resume “Una semblanza personal” escrito por Osvaldo Bergonzi. El mismo Bergonzi también fue el redactor de las inconclusas Memorias del coronel Enrique Jiménez.

“Fuimos su abogado defensor, correligionario, amigo y además su estrecho colaborador para la redacción de sus memorias infelizmente truncas a causa de su muerte a los 80 años, acaecida en Asunción el 6 de junio de 1990”, explicaba el abogado Bergonzi.

Con esta recordación, decía, deseamos rescatar al hombre y al político:

Enrique Jiménez tuvo tres citaciones al valor militar por su meritorio desempeño durante la guerra, asombroso en un joven oficial profesional que se iniciaba en la carrera militar. Como si fuera poco, también se hizo acreedor de las tres máximas condecoraciones otorgadas a los héroes de la Guerra del Chaco: Cruz del Chaco, Cruz del Defensor y Medalla de Boquerón.

Enrique nació en Ypacaraí el 13 de julio de 1910. Sus compañeros de de 17ª promoción de la Escuela Militar, entre ellos Alfredo Stroessner eran, en su gran mayoría, más jóvenes que él.

No estaba en sus planes abrazar la carrera de las armas. Al llegar a la edad reglamentaria cumplió su servicio militar como soldado raso.

Destinado en comisión, como guardia de prevención en el domicilio del teniente coronel Luís Irrazábal se granjeó el aprecio de la familia Irrazábal por su corrección y excelente conducta.

El comandante Irrazábal, viendo en él un brillante futuro, lo envió a la Escuela Militar. Allí conoció a Alfredo Stroessner con quien mantuvo una buena relación de amistad. No obstante, por circunstancias triviales, comenzó un distanciamiento acentuado al comienzo de la guerra.

Dos fueron las causas: primero, las pullas de los cadetes a los que huyeron en Boquerón.

El Regimiento 6 de Infantería, que encuadraba a los cadetes de la Escuela Militar, en tenaz ofensiva contra los defensores del Fortín Boquerón fue atacado sorpresivamente por la retaguardia. En la ocasión del desconcierto, el cadete Stroessner abandonó una pieza de mortero a su cargo (El mortero Stokes Brand de 81 milímetros es un lanzaminas que bombardea a larga distancia, con granadas de gran capacidad, posiciones parapetadas. Fue empleado en el Chaco, por primera vez, en una guerra internacional).

La segunda,  hacía referencia a un pariente de Stroessner, Vicente Matiauda, en relación con dos muertes ocurridas en Encarnación. Enrique que era curioso, fuera de toda intención de molestar, indagaba parentesco de Matiauda con Stroessner.

La discordia se avivó durante la ceremonia de entrega de despachos, en Boquerón, a los flamantes egresados. Era inevitable que el oficial de órdenes, por prescripciones reglamentarias, llamara con doble apellido a los nuevos oficiales, entre ellos el teniente 2º Alfredo Stroessner Matiauda.

Cuando la histórica reunión del 11 de enero de 1947, en Mburuvicha Róga, al teniente coronel Enrique Jiménez, comandante de la 1ª División de Caballería, le tocó ser el primero en votar. Defendió a capa y espada, delante de sus superiores, la permanencia de la Asociación Nacional Republicana, Partido Colorado, en el gobierno. Solo el coronel Emilio Díaz de Vivar, Jefe de Estado Mayor General, lo apoyó. Entre tanto, el mayor Alfredo Stroessner, comandante del Regimiento de Artillería de Paraguarí, se adhirió a la cómoda posición de los generales que proponían un gobierno militar.

En aquella ocasión, fue el protagonista principal de la gesta que apostó por la permanencia del Partido Colorado en el Gobierno. Durante la guerra civil condujo a las tropas en el Frente Norte, donde verdaderamente se hallaba el enemigo. En cambio en el Frente Sur donde nunca sucedió nada de importancia.

El héroe colorado formaba parte del movimiento guión rojo, sector que hizo posible la hazaña de llegar al poder. Sus detractores, eran sus ocasionales adversarios del movimiento democrático.

Sin embargo, en política el exceso de aureola a veces resulta fatal y las presillas de general nunca vendrán. Un año después, Jiménez fue a parar, como exiliado, a Buenos Aires regresando recién en 1955 oportunidad en que se firmó la paz partidaria. Fue cuando una porción del ala dura colorada, los guiones, se integró a los demócratas. Es el caso, entre otros, de Edgar Insfrán; los otros, consiguieron ser nombrados como embajadores.

Por su parte Enrique Jiménez, se dedicó a la actividad privada hasta los sucesos del Congreso en 1959,  circunstancia en que se identificó con la juventud colorada encabezada por Waldino Ramón Lovera.

En 1963, marchó de nuevo al exilio con toda su familia integrándose al Movimiento Popular Colorado que presidió varias veces.

Trabajó en Buenos Aires como Jefe de Seguridad del canal 9. Por el empleo se ganó una media jubilación. Alejandro Romay, propietario de la empresa, le tenía gran aprecio y extrema confianza.

Regresó definitivamente al país el lunes 6 de febrero de 1989.

Seguía narrando el abogado Osvaldo Bergonzi:

Su regreso al Paraguay fue apoteósico, el aeropuerto estaba repleto de gente, de teledifusoras, fotógrafos, periodistas de prensa escrita  y radioemisoras.

Hice de su abogado defensor en la causa “Enrique Jiménez y otros sobre violaciones del Estatuto del Soldado”, tramitada ante la justicia penal militar. El mismo día de su llegada, fue recibido por el general Andrés Rodríguez a quién le explicó su situación legal. El presidente Rodríguez y su ministro de Defensa el general Adolfo Samaniego pusieron el mayor empeño para reparar el daño causado a su recordado jefe.

En realidad, el caso de Enrique Jiménez se trataba de una novela de ficción, sin pies ni cabeza, que sin embargo, a partir del 7 de febrero de 1989 comenzó a correr con celeridad para alcanzar un merecido sobreseimiento.

Surgió un inconveniente, faltaban nueve meses para su jubilación completa. Para salvar el obstáculo, el ministro de Defensa Adolfo Samaniego decidió reincorporarlo, de acuerdo con la ley, al servicio activo, en situación de disponibilidad, hasta completar algunos meses faltantes requeridos.

Pero lo que más me llamó la atención fue su absoluta carencia de rencores y mucho menos odios. Al rencoroso general Stroessner, como la gran cosa, lo llamaba “El Alemán”. De Edgar Ynsfrán siempre se acordaba bien, a su hijo mayor lo llamó Edgar. Y cuando entrábamos en profundidades siempre me recordaba: Así es la política, compañerazo, yo fallé porque nunca aprendí a digerir sapos, por eso sufrí tantos y prolongados exilios.

A pesar del daño recibido, ninguna pizca de rencor afloraba en él. Y esa manera de ser se las trasmitió a sus hijos, Edgar, Enrique, Carlos y Miguel.

Estaba casado con Matilde Meza Caballero, sobrina nieta del general Bernardino Caballero y nieta de Juan Alberto Meza, ministro del gabinete de Bernardino Caballero. Falleció el 6 de junio de 1990.

3- Conclusión

Para el regreso triunfal del Partido Colorado participó también el Jefe de Policía de la Capital, mayor Rogelio Benítez. La coordinación entre la Policía de la Capital y la 1ª DC fue de capital importancia para el logro del éxito.

En ABC Color, del 13 de enero de 2008, el periodista Alberto Candia reseñaba al respecto:

“…Rogelio Benítez se encargó de convencer al presidente (para) que vaya a la división (1ª DC) la noche del 12 (de enero de 1947). Consecuentemente, la Caballería marchó sobre la capital y tomó con la Policía los puestos claves”.

Según Víctor Morínigo, uno de los protagonistas más conspicuos del operativo retorno, “Entre las medidas tomadas estuvieron el apresamiento del comandante en jefe general Vicente Machuca y de los otros altos jefes que en la reunión de Mburuvicha Róga habían “sugerido” constituir exclusivamente un gabinete militar, excluyéndonos por completo a los colorados” (ABC Color 13 de enero de 2008).

En la breve reseña, mucho se habló del proceso que posibilitó la vuelta del coloradismo al poder. Algunos asuntos poco difundidos fueron expuestos a la consideración del lector corrigiendo versiones que no se corresponden con la realidad. El ensayo contiene todos los condimentos para seguir analizando este acontecimiento trascendental para la historia del país.

Pero lo que queda como enseñanza sobre este hecho, digno de ser recordado como una gesta por su heroicidad y trascendencia, es la vocación de poder del partido republicano nacido de las entrañas mismas de la patria.

Es más, sin derramarse una sola gota de sangre se logró regresar al poder la Asociación Nacional Republicana.

Enrique Jiménez y Emilio Díaz de Vivar, en armonía con el pensamiento de numerosos demócratas , encausaron al país hacía una Asamblea Nacional Constituyente, por la vía del Partido Colorado y no por el atajo militar, para redactar una Constitución Nacional o ley fundamental que organice el Estado. Lamentablemente, la Revolución de 1947 frustró esta noble intención.

Estos próceres colorados, dedicaron su vida en la promoción de los valores republicanos de patria, libertad, justicia, honestidad, austeridad para un sostenido progreso.

Con esas premisas retornaron al poder a la Asociación Nacional Republicana, Partido Colorado, un instrumento político con bases éticas al servicio del bien común. Un partido nacional republicano que reconoce como centro de su atención al ser humano, particularmente al campesino, al obrero y a los excluidos sociales por el sistema liberal, responsabilizando al Estado de su especial cuidado.

Pero en los tiempos que corren, se aprovecha al Partido Colorado para encumbrar nuevos liderazgos, no por la voluntad popular sino por votos comprados, forzando al pueblo más carenciado aceptar como un hecho consumado y práctico sus victorias fraudulentas.

“Hablamos del principio moral como piedra angular del proyecto de gobierno. Si bien la institucionalización es absolutamente imprescindible, no es suficiente para garantizar la estabilidad política, el progreso económico y el desarrollo social armónico. Si la mejores instituciones, incluidas las más democráticas no son vividas por hombres dignos de ellas, fracasarán irremediablemente” (ARGAÑA, Nelson. Pensamientos y sentimientos colorados. 2002. Pág. 105).

Sin estas condiciones será imposible reeditar un nuevo 13 de enero.

General (R) Juan Antonio Pozzo Moreno

juanantoniopozzo@gmail.com

Anexo 13 de enero

(i) Acta de Fundación del Partido Colorado

“En la Ciudad de Asunción, a los once días del mes setiembre de mil ochocientos y ochenta y siete, reunidos en Asamblea General los socios y los que se adhieren al patriótico pensamiento de la Asociación Nacional Republicana, a invitación de la Comisión Provisoria nombrada en la primera reunión del 25 de Agosto del mes próximo pasado, con el objeto de discutir y aprobar los Estatutos y el Programa confeccionados por dicha Comisión; abierta la sesión, y dada la lectura a de cada uno de los expresados documentos, fueron aprobados sucesivamente por aclamación y sin modificación alguna”.
“En seguida y a moción del Señor Don Carlos Rojas, fueron propuestos y electos para componer la Junta Directiva los ciudadanos siguientes: Presidente: Bernardino Caballero; Vicepresidente 1º. José Segundo Decoud; Více Presidente 2º. Higinio Uriarte; Secretario: Juan González; Pro Secretario: Remigio Mazó; Tesorero: Santiago Cardozo; Vocales: Miguel Alfaro, Ángel Benítez, José González Granado, Juan C. Centurión, Zacarías Samaniego, José R. Mazó, Federico Muñoz, Juan de la Cruz Jiménez, Germán Miranda, Cantalicio Guerreros, Esteban Rojas, Miguel Viera, Félix de los Ríos y Jaime Peña”.
“Acto continuo se resolvió por aclamación que todos los socios presentes recorrieran en procesión cívica las calles Palma y Progreso hasta la quinta del General Don Bernardino Caballero, como una manifestación de la importancia de esta Asociación, y la popular y general aceptación del patriótico pensamiento que le sirve de credo y de norma para sus futuros trabajos políticos.
Con lo que terminó el acto firmando a continuación todos los ciudadanos presentes”.

“BERNARDINO CABALLERO, Presidente — JOSE S. DECOUD Vice Presidente 1º. – HIGINIO URIARTE, Vice Presidente 2º. – JUAN G. GONZALEZ, Secretario — REMIGIO MAZO, Pro Secretario – SANTIAGO CARDOZO, Tesorero — Vocales: MIGUEL ALFARO – ANGEL BENITEZ – JOSE GONZALEZ GRANADO — JUAN C. CENTURION – ZACARIAS SAMANIEGO — JOSE R. MAZO — FE DERICO MUÑOZ — JUAN DE LA CRUZ GIMENEZ — GERMAN MIRANDA — CANTALICIO GUERREROS – ESTEBAN ROJAS – MIGUEL VIERA — FELIX DE LOS RIOS — JAIME PEÑA — Siguen las firmas”.

(ii) Manifiesto del 11 de Setiembre de 1887, al pueblo de la República.

El Partido Nacional Republicano es una agrupación de ciudadanos, que animados de un sentimiento común, el de la prosperidad y engrandecimiento de la patria, dirigirá todos sus anhelos a hacer efectivos los grandes propósitos consignados en el bello preámbulo de la Constitución de la República.
No nace nuestro partido obedeciendo a principios de afección pasajera y personal; ni tampoco data su existencia de ayer; cuando resolvimos constituirnos en asociación política. Los elementos que lo componen han mancomunado más de una vez sus fuerzas dispersas para mantener la bandera de los principios, a cuya sombra se han cobijado los buenos para defender la libertad, la justicia y el derecho. He ahí su gloriosa cuna en el pasado, he ahí su más legítimo timbre en el porvenir para aspirar al aprecio y simpatía sincera del noble y heroico pueblo paraguayo.
Vinculados por tradiciones honrosas, confundidos en un sólo propósito para levantar el país de su penosa y prolongada postración, consagrados a las arduas tareas de una labor común para asegurar el bienestar general de la comunidad, no hay poder que pueda quebrantar la cadena de unión que nos liga, porque ella está afianzada por los deberes del compañerismo en la persistente lucha por el bien, está alimentada por los sentimientos de la misma fe y fortificada por los indisolubles lazos de la concordia y la fraternidad.
Nuestro programa se resume en dos palabras: paz y respeto a nuestras instituciones.
El mantenimiento del orden y la tranquilidad pública que sólo se puede conseguir mediante el acatamiento del principio de autoridad basada en la justicia, es la causa más poderosa de los progresos que hemos conquistado en estos últimos tiempos. La paz interna es una necesidad imperiosa para desenvolver el comercio, la industria y la agricultura, como fuentes más preciosas de nuestra riqueza y prosperidad; la paz es una garantía efectiva para la seguridad, el trabajo y el capital, y es también uno de los baluartes de la libertad. Exceptuando los raros casos en que se justifican las revoluciones, las conmociones intestinas, siempre serán un peligro permanente para los intereses públicos bien entendidos y una amenaza a las libres instituciones.
Al adoptar la forma de Gobierno republicano, hemos consagrado, en un sublime código los principios eternos que deben regirnos en nuestra organización política y allí están claramente enumerados los deberes y derechos del ciudadano. La Constitución es el sagrado decálogo de los pueblos libres: venerar este Evangelio político, cumplir estrictamente sus prescripciones, es amar y servir a la causa verdadera de la libertad, es rendir el más señalado servicio al país dando ejemplo elevado de virtud cívica y patriotismo.
La soberanía popular es el gran fundamento de la República. El pueblo se ha reservado el derecho de designar los mandatarios que han de dirigir sus destinos elevando a los puestos públicos a ciudadanos honestos e idóneos, capaces de hacer su felicidad y de establecer en el país el reinado de la justicia y la moralidad política.
Consecuente con este principio democrático que impone a cada ciudadano el deber de velar por la buena marcha de la administración y de defender las libertades públicas nos proponemos llevar a la representación aquellos que respondiendo a las ideas enunciadas, sean la expresión genuina de la voluntad popular, haciendo que predomine la opinión pública, antes que las influencias de elementos ilegítimos ejercidas por círculos de dudosa significación política, sin títulos ni antecedentes a la consideración pública.
Para la consecución de estos propósitos mantendremos firme e inviolablemente la libertad del sufragio, de la palabra, de la prensa, de la reunión, como condiciones esenciales para asegurar el ejercicio tranquilo de los derechos políticos, en la esfera de la ley y el orden, para alcanzar a realizar la gran divisa republicana “el gobierno del pueblo por el pueblo”.
Asegurar las conquistas del progreso, a que felizmente ha cooperado nuestro partido con decidida constancia y fe en el porvenir, promoviendo todas aquellas medidas que favorezcan al comercio, la agricultura y la inmigración; el planteamiento de nuevas industrias, la construcción de ferrocarriles y telégrafos; el mejoramiento de nuestra campaña por medio de leyes sabias y protectoras; y, finalmente, toda reforma que tienda a operar un cambio benéfico en nuestra situación económica y en el bienestar moral y material del pueblo, serán los objetos preferentes de nuestros trabajos, emprendidos ya con tan buen éxito en obsequio a los intereses públicos y dispuestos ahora más que nunca a proseguirlos con incontrastable voluntad.
Agrupemos, pues, nuestras fuerzas para que unidos todos bajo una misma enseña podamos realizar las santas aspiraciones de nuestros programas, en bien del pueblo a cuyas filas nos honramos de permanecer, conservando en nuestra fe, pura e inextinguible, como grandiosa es la excelsa idea de la patria”.

Asunción, 11 de Setiembre de 1887

Juan G. González, Secretario Bernardino Caballero, Presidente

(1) Para dibujar el escenario, recopilamos varios textos bajo un criterio de unidad, entre ellos, la ponencia de Carlos Castells, de la Universidad Nacional de Rosario-Centro Altos Estudios, “El Partido Comunista Paraguayo durante la década infame paraguaya (1937-1947): entre la revolución nacional y la lucha contra el fascismo” (Mesa 27 América Latina, entre el autoritarismo y el antifascismo en la dinámica de la entreguerras). Informe Final CVJ 2008:125

(1b) El corporativismo es un sistema de organización o pensamiento económico y político que considera a la comunidad como un cuerpo basado en la solidaridad social, la distinción funcional y las funciones sociales entre los individuos. Un caso de corporativismo económico colaborativo con sindicatos débiles existe en Japón. La versión japonesa difiere en gran medida del corporativismo europeo que incluye a los sindicatos como una parte integral del corporativismo.

(1c) La Universidad Popular es una organización o institución educativa y cultural creada por grupos, asociaciones y organizaciones sociales para promover la educación del pueblo en los saberes teóricos y prácticos. Está dirigida a toda la población que no tiene acceso a la educación. Las universidades populares, asociaciones sin ánimo de lucro, se originaron y desarrollaron en Francia a finales del siglo XIX y principios del XX extendiéndose por otros países de Europa y por el resto del mundo.

(1d) “Cuando era ya atacada la Policía por tropas del Batallón 40, el capitán Juan Alonso de la Guardia de Seguridad llegó hasta su despacho y le insistió en salir a la calle. ‘Ya están entrando sobre la calle Presidente Franco’, le dijo, añadiendo: ‘Yo me repliego a la plaza, no voy esperar a morir en este local’ y se retiró. El doctor Petit también se dispuso a retirarse y saliendo éste por la Secretaría al zaguán que da a la calle y yendo al frente de ellos el Jefe de Orden Público, Caballero Zavala, éste recibe tres impactos en el pecho y cae en la puerta. El doctor Petit inmediatamente saca el brazo y lo toma del traje introduciéndolo dentro de la pieza. En ese momento recibe un tiro ocasional en la axila del lado derecho recostándose por la puerta y en el umbral. Los acompañantes se dispersaron en las piezas interiores y ambos heridos quedaron abandonados. Cuando Ortega llegó junto a él, estaba aún con vida, pero ya no hablaba. Se lo traslado a Primeros auxilios con vida, pero ya era tarde” (ESTECHE TROCHE, Abrahan. 4 de mayo de 1954.2012. Pág. 86)

(2) El Primer Mandatario se encontraba jugando al fútbol con algunos amigos aquella noche del jueves 18 de Mayo del 2000, en el Club Deportivo Sajonia. Culminado el partido, a las 21:15 aproximadamente, se trasladaron a la casa de un amigo vecino del club para servirse un asado cuando recibió la llamada del contralmirante Julián Paredes, jefe de la casa militar del palacio de gobierno, para avisarle sobre un posible movimiento en la caballería. Paredes le sugirió ganar una unidad militar de la marina ubicada a tres cuadras. Paredes concurriría allí para informarle con más detalles sobre el levantamiento.

Llegado Paredes le informó que el comandante de las Fuerzas Militares, almirante José Ramón Ocampos Alfaro, estaba en su despacho tratando de comunicarse con él. Ya en contacto telefónico, Ocampos Alfaro manifestó a González Macchi que estaba en su presencia el comandante del ICE, general Santiago Quiñones Imas. Le informó Quiñones que aproximadamente a las 19:30 fue atropellado su cuartel por camaradas suyos en inactividad y que tenían controlada la guardia. También le comunicó que un vehículo blindado Cascabel venía dirigiéndose de Cerrito con destino a Asunción.

A las 9:45 aproximadamente, el coronel López, Jefe de la Seguridad presidencial, contactó con el coronel Aguada, comandante del Regimiento Escolta Presidencial, para coordinar el traslado de la familia presidencial de Mburuvicha Róga al sitio en que se encontraba González Macchi.

Coincidente con la llegada del vicealmirante Miguel Ángel Candia, comandante de la Armada, el presidente se puso en comunicación con el ministro de Defensa, Nelson Argaña, para suministrarle la información disponible hasta ese momento. De igual modo, procedió con el ministro del Interior, Walter Bower. El ministro Bower le informó que en el Cuartel Central de Policía había un gran revuelo y que hasta allí se desplazaría para enterarse de primera fuente de los acontecimientos.

Poco después el comandante de la Armada aconsejó al presidente trasladarse hasta la Infantería de Marina, para mayor seguridad. Estando allí el presidente González recibió la información que la unidad de la caballería ubicada en Cerrito estaba bajo control de los sediciosos. Ocampos Alfaro le informó que había ordenado a la Fuerza Aérea aprestarse para intervenir, aclarando que ninguna otra unidad militar se plegó al levantamiento. No obstante una docena de blindados Cascabel se estaba dirigiendo de Cerrito hacia la capital…

(2a) Se dice nacionalismo de la doctrina y movimiento políticos que reivindican el derecho de una nacionalidad a la reafirmación de su propia personalidad mediante la autodeterminación política;”el nacionalismo surgió en Europa en el siglo XIX”.

(3) Miembro de la Corte Suprema de Justicia, Dr. Eugenio Jiménez y Núñez, quien se desempeñara posteriormente como integrante de la Comisión Nacional de Codificación, contribuyendo directamente a la emancipación jurídica del Paraguay, juntamente con otros destacadísimos juristas que deben ocupar un lugar destacado en la historia nacional.

(4) Para ampliar el escenario recurrimos a: GOMEZ FLORENTÍN, Carlos. Higinio Morínigo el soldado dictador. Editorial El lector. Protagonistas de la historia Nº 15; PAMPLIEGA, Amancio. Misión cumplida. Colección histórica 14. Editorial El Lector.1984 y al Informe Final, Comisión Verdad y Justicia. 2008

(5) Artículo 58. En caso de renuncia, inhabilidad o muerte del Presidente de la República, el Ministro del Interior convocará inmediatamente al Consejo de Estado y a la Cámara de Representantes a Asamblea Nacional plena para designar al Ministro o funcionario que deba ejercer la Presidencia hasta la terminación del período, salvo que la renuncia, inhabilidad o muerte se produzca dentro de los dos primeros años de un período presidencial, en cuya circunstancia el Presidente Provisional convocará al pueblo a elecciones dentro del plazo de dos meses. Si la inhabilidad fuese temporal, la Asamblea Nacional designará a uno de los Ministros para ejercer provisionalmente la Presidencia de la República.

(5a) Movilización militar es la movilización de recursos disponibles para que un país consiga su máxima capacidad militar. La movilización puede ser parcial o total según la intensidad del conflicto. Las medidas típicas en una movilización de un país es llamar a los reservistas a filas. El Gobierno de Morínigo utilizó esta figura para controlar a los díscolos a su régimen.

(6) República Corporativa, es el nombre del régimen político autoritario y corporativista que estuvo en vigor durante 48 años en Portugal sin interrupción. También llamado Salazarismo, por el gobierno que lideró entre 1932- 1968 Antonio de Oliveira Salazar. Fue la dictadura más duradera del siglo XX en Europa solo superada por la de la Unión Soviética.

(7) En la Argentina se conoce como Revolución del 43 al golpe militar producido el 4 de junio de 1943, que derrocó al gobierno de Ramón Castillo. Se instaló como dictadura militar hasta la asunción del gobierno constitucional de Juan Domingo Perón, el 4 de junio de 1946. En su transcurso emergió la figura del coronel Perón originando el peronismo.

(7a) Después de cuatro meses de guerra civil, se celebró el Pacto del Pilcomayo el 12 de diciembre de 1904, entre el Gobierno colorado y los revolucionarios liberales. El 19 de diciembre de 1904, el Congreso aceptó la renuncia del Presidente coronel Juan Antonio Escurra y del Vice Presidente Manuel Domínguez nombrando a Juan Bautista Gaona como presidente Provisorio. Se iniciaba la era de los gobiernos liberales después de largos años de hegemonía del Partido Colorado (Kallsen, Osvaldo. Historia del Paraguay contemporáneo 1869-1983. Ed. Imprenta Modelo. 1983)

(8) De acuerdo con el Informe Final de la Comisión Verdad y Justicia del 2008, durante los gobiernos del general Estigarribia y del general Morínigo “la policía paraguaya encarceló, confinó a campos de concentración en el Chaco, mantuvo en el exilio o controló las actividades de unas 2.800 personas… obreros y dirigentes sindicales (45,6% del total), liberales (10%), comunistas (7,7%), dirigentes estudiantiles (6,7%), jefes y oficiales militares (4,5%) y franquistas (3,2% del total). Las razzias represivas más importantes se dieron en 1940, 1944 y 1947”.

(8a) Con el nombre de “Operación Barbarroja”, la Alemania nazi invadió la Unión Soviética el 22 de junio de 1941, en lo que fue la operación militar alemana más grande de la GM II.

La destrucción de la URSS, la eliminación permanente de la amenaza comunista hacia Alemania, la confiscación de tierras dentro de las fronteras soviéticas para asentamientos alemanes fue una política central nazi desde la década de 1920. Adolf Hitler siempre había considerado el pacto alemán soviético de no agresión, firmado el 23 de agosto de 1939, como una maniobra táctica y temporal.

(9) Resumen de la visión de Alcibiades González Delvalle, en “Hegemonía colorada 1947-1954”, editado por El Lector en 2010.

(10) Saturnino Ferreira Pérez (1919-2000), autor de varias obras sobre la historia política del país. “Nanino” Ferreira tuvo importante actuación en los hechos que condujeron la caída del presidente Federico Chávez. Afiliado al Partido Colorado en 1937.

(11) Juan León Mallorquín (1880-1947), décimo tercer presidente de la Junta de Gobierno del Partido colorado. Abogado, defensor de los humildes. Dirigente respetado por su integridad y vocación de justicia. Como parlamentario promovió la reivindicación a favor del Estado de extensos bosques y yerbales en poder de los oportunistas. Presidió la Corte Suprema de Justicia en 1947. Casado con Rafaela Volpe, son sus hijos el doctor Mario Mallorquín, Licenciado Numa Alcides Mallorquín y el coronel César Mallorquín.

Decía el doctor Mallorquín: “El colorado debe ser realista, debe distinguir los fines y objetivos de acción de los dirigentes de un partido populista como el colorado…los fines son la felicidad de nuestro pueblo…”

“Pero los enemigos de estos fines son nuestros propios dirigentes moralistas que creen basta con querer para obtenerlo…creen que al no claudicar de los fines y salvar los principios, todo está salvado. Pero no se dan cuenta que eso no altera la realidad…Debemos evitar por todos los medios las divisiones partidarias y personales que buscarán los moralistas y los cínicos de nuestro partido…” (ESTECHE TROCHE, Abrahan. 4 de mayo de 1954.Ed. Litocolor. 2000. Pág. 77).

Cabe señalar que su hijo, Numa Alcides Mallorquín, renunció a su afiliación al Partido Colorado luego de la convención del año 2011 en donde se modificaron los estatutos de la ANR para candidatar a Horacio Cartes. Señalaba Numa, en su carta renuncia, a los miembros de la Junta de Gobierno:

“La histórica trayectoria democrática del partido se viene desfigurando, al punto de convertir una nucleación política de hondo arraigo en las mayorías populares del país en un  turbio  juego de característica casi comercial, tirando al olvido la límpida trayectoria de los  grandes conductores de pueblos cómo fueron los que en el pasado dieron lustre y absoluta  respetabilidad al coloradismo.

(12) Ángel Florentín Peña, fue un activo dirigente de la ANR. Abogado, catedrático, ministro de Agricultura y Ganadería, embajador en Chile y en Argentina, falleció en Asunción en 1996. La seccional Nº 3 lleva su nombre.

Con respecto a su actuación en los prolegómenos de los sucesos del 13 de enero de 1947:

“El Partido Colorado, a pesar de sufrir sus dirigentes numerosos exilios desde 1931 y empastelado su vocero ‘Patria’ en varias ocasiones, accede enviar un representante para discutir una supuesta ley electoral. En esta calidad concurre el doctor Ángel Florentín Peña. Unos días después cuando se dirige a cumplir sus labores es apresado. Protesta y hace unos llamados a las autoridades. Lo sueltan y a las dos cuadras lo vuelven a apresar. Todos los detalles de sus apresamientos y sus comentarios de la época se encuentran en la obra de Alfredo Seiferheld, Conversaciones Cívico – Militares, hasta la fecha jamás refutados por nadie. Esta era la patria soñada” (Parte de la Conferencia de Osvaldo Bergonzi el 13 de enero de 2009 a ex presidentes de seccionales sobre los sucesos del 13 de enero 1947).

(12a) Aníbal Miranda conceptúa a Morínigo y a Natalicio en “Crimen organizado en Paraguay”, Portal Guaraní, año 2001:

“Higinio Morínigo pudo atesorar durante sus últimos meses como gobernante una suma respetable lo que le permitió vivir holgadamente después en Buenos Aires.

Por otro lado, Natalicio González se hizo de otra suma también respetable durante su breve función presidencial.

Pero ni uno ni otro lograron agenciarse gran fortuna. Era limitada la disponibilidad de dinero público por la aguda inestabilidad política y el desorden administrativo. Lo concreto es que se extinguieron las reservas y hasta la caja del Banco del Paraguay resultando en una notable devaluación de la moneda, en el racionamiento de alimentos esenciales, de combustible y el recrudecimiento de las operaciones en el mercado negro.

Las numerosas pruebas documentales inculpaban al ex-presidente González por el vaciamiento del banco estatal. En el curso de aquel proceso y dado que no se presentó a las citaciones, la Corte Suprema tramitó el exhorto de extradición vía Ministerio de Relaciones Exteriores. Antes de ser aprehendido por las autoridades argentinas viajó a México y ahí quedó. La casa editorial que abriera en Buenos Aires la trasladó a Ciudad de México. Seis años después Alfredo Stroessner nombró a González embajador ante el Gobierno Mexicano”.

(13) El general Amancio Pampliega en su obra “Misión cumplida” describe sobre los sucesos del 13 de enero de 1947. Breve reseña.

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6 Responses to EL 13 DE ENERO DE 1947

  1. Walter Fretes dice:

    Sr. Director: Éste sí es un trabajo, serio, completo, pleno de erudición y sapiencia; no como ese mamotreto insulso que solía endilgarnos año tras año el masón y ex-pyragüé “Dr.”(ja, ja) Andrés Humberto Zaracho. Felicitaciones al Grtal Pozzo y a ud. por publucarlo. Así se hace patria y se sirve al Partido.

    • Humberto Zaracho dice:

      No entiendo como una persona que dice ser colorado alberga en este foro a un cobarde que se escuda en nombre ficticio. Por lo visto los anticolorados y bolches que escriben en este foro son bien recibidos por Ud. Dr. Osvaldo Bergonzi. Qué lástima tratándose de alguien que ocupa un cargo importante en la estructura partidaria. Como diría el inefable Benítez: Y ASI NOS VA.

  2. Eduardo Darina. Magister en Ciencias Políticas por la UNA. dice:

    Sr. Director: Todavía se atreve a dar la cara este sinvergüenza, ex-compalero mío del Post-Grado de Ciencias Políticas en el Rectorado de la UNA que tuvo que abandonar por inútil y “akâ né”. Ahora lo ataca a Ud. porque es un demócrata y respeta el derecho a disentir y la libertad de expresión. Cómo se nota la diferencia entre Uds. dos: Usted sigue fiel a los postulados democráticos por defender los cuales fue perseguido y apresado durante la era stronista, mientras ANDRÉS HUMBERTO ZARACHO, “Doctor” de universidades “Kañy”, sigue igual de autoritario fiel a su ideología dictatorial que no admite críticas como en su época de servil servidor del tirano desde su cómodo y lucrativo Cargo como Oficial de Justicia Militar y “ex-pyragüé” como lo denunciara su ex-compañero de la Facultad de Derecho el Dr. Víctor Sámchez Villagra, quien tiene credibilidad porque nunca fue un “ñe-é reí”.
    Por favor, rompa Ud. todo vínculo con este malevo que se atreve a ofenderlo por ser democrático. Contéstele con una punzante respuesta.
    Saludos y respetos por su conducta y trayectoria.

  3. Eduardo Darina. Magister en Ciencias Políticas por la UNA. dice:

    Por favor, Dr. Director, publique mi comentario.

  4. Eduardo Darina. Magister en Ciencias Políticas por la UNA. dice:

    Por favor, Sr. Director, publique mi comentario sobre Zaracho.

  5. Eduardo Farina. Magister en Ciencias Políticas por la UNA. dice:

    Se deslizó un error: soy EDUARDO FARINA. Queda hecha la salvedad con las disculpas del caso.

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