LA REVUELTA ESTUDIANTIL


Escribe Federico Narváez Arza

Toma_de_la_Bastilla: Conversación de Luis XVI con un Duque francés: «Pero¿es una rebelión?» preguntó Luis XVI. «No, Señor, no es una rebelión, es una revolución.«

Así pues entendemos que la rebelión es oponer resistencia para que se ejerza alguna medida por desarrollarse o ya existente, pero que no busca un cambio en las formas existentes de vida, es decir no busca trasformar el orden jurídico en el cual se vive. La revuelta se desarrolla de manera espontánea, se busca un objetivo inmediato, es de muy corta duración y generalmente es de carácter local, todo ocurre tras el calor del momento. La revolución es un proceso, es decir regularmente es de muy larga duración, los cambios se pueden ir proyectando poco a poco hasta llegar a una transformación radical de la forma de existencia de vida y ese cambio radical va acompañado de la violencia. 

El Mayo Francés: Serie de sucesos que tuvieron lugar en Francia durante el mes de mayo de 1968 y que han sido definidos de forma variada: crisis, revuelta, huelga y revolución. Este último término, no obstante, no se aplica en sentido estricto puesto que la situación política quedó simplemente modificada y no transformada por completo.

A comienzos de 1968, a pesar de la asignación de sustanciales partidas presupuestarias para el Ministerio de Educación, surgió una creciente inquietud entre los estudiantes franceses, quienes criticaban la incapacidad del anticuado Sistema Universitario para dar salida al mundo laboral a un número, cada vez más elevado, de Licenciados. Al mismo tiempo, diversos grupúsculos inspirados por las ideologías Anarquista, Trotskista y Maoísta, manifestaron su oposición a la sociedad capitalista y al consumismo. Estudiantes de Sociología de la Universidad de Nanterre, próxima a París, fueron particularmente activos y proclamaron que la Universidad debía convertirse en el centro de la revolución contra el capitalismo; su ocupación del campus provocó la clausura de la Universidad a finales de abril, por lo que decidieron reunirse en la Sorbona. La magnitud de las protestas no había sido prevista por el Gobierno francés, y puso contra las cuerdas al Gobierno de Charles de Gaulle, que llegó a temer una insurrección de carácter revolucionario tras la extensión de la huelga general. Sin embargo, la mayor parte de los sectores participantes en la protesta no llegaron a plantearse la toma del Poder ni la insurrección abierta contra el Estado, y ni tan siquiera el Partido Comunista Francés llegó a considerar seriamente esa salida. El grueso de las protestas finalizó cuando De Gaulle anunció las elecciones anticipadas que tuvieron lugar el 23 y 30 de junio. La mecha encendida por los jóvenes del Barrio Latino de París corrió como la pólvora por todo el planeta en un año revolucionario, 1968, que vio cómo los jóvenes luchaban por romper los cimientos de la sociedad corrupta en lugares como Berlín, México, Chicago o Praga. Los movimientos estudiantiles de 1968 rompieron costumbres y métodos autoritarios.

Movimiento Estudiantil Mexicano: Antes y durante (del 26 de julio al 2 de octubre de 1968) se registraron importantes batallas estudiantiles en varios Estados mexicanos y en la UNAM (Universidad Autónoma de México), pero también a nivel internacional: el Mayo Francés como la chispa, la Alemania que reclama al padre, los EEUU y la contracultura, pero también una importante lucha en Checoslovaquia que se libera fugazmente de los tanques soviéticos. Pareciera que en 1968 se concentró la gran revolución cultural, económica y política de la década de los años sesenta. México fue sólo una escala de las grandes revueltas libertarias que hicieron temblar a Gobiernos y Partidos oficiales, superaron la burocracia de los Partidos de pseudo-izquierda y sus Líderes, y lanzaron las masas a las calles con demandas contraculturales de liberación política, religiosa y sexual.

El Movimiento Estudiantil de 1968 fue un movimiento social en el que además de estudiantes de la UNAM, IPN, y diversas universidades, participaron profesores, intelectuales, amas de casa, obreros y profesionistas en la Ciudad de México y que fue reprimido el 2 de octubre de 1968 por el Gobierno de México en la «matanza en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco» y finalmente disuelto en Diciembre de ese año. El hecho fue cometido por el grupo paramilitar denominado Batallón Olimpia, la DFS y el Ejército Mexicano, en contra de una manifestación convocada por el Consejo Nacional de Huelga, órgano directriz del movimiento. De acuerdo con lo dicho por sí mismo en1969 y por Luis Echeverría Álvarez, el responsable de la matanza fue Gustavo Díaz Ordaz, Presidente de la República. Posteriormente fueron acusados Echeverría, Díaz Ordaz y otros altos funcionarios de haber trabajado para la CIA.

Debido a la acción gubernamental al pretender ocultar información, no se ha logrado esclarecer exactamente la cantidad oficial de asesinados, heridos, desaparecidos y encarcelados. La fuente oficial reportó en su momento 20 muertos, pero las investigaciones actuales deducen que los muertos podrían llegar a varias centenas y responsabilizan directamente al Gobierno de México. El corresponsal de la BBC de Londres en México, Julian Petiffer, quien presenció los hechos, mencionó en un despacho noticioso que «en una destacable demostración de estupidez, brutalidad, o ambas juntas, el ejército y la policía pasaron fuego de ametralladoras por miles de manifestantes pacíficos y gente que iba de paso por el lugar…» y estimó el número de estudiantes asesinados en, al menos, 200.

El Mayor Antecedente: Se conoce por  Reforma Universitaria de 1918, Reforma Universitaria de Córdoba, Reforma Universitaria Argentina o simplemente Reforma Universitaria, el movimiento estudiantil que se inició en la Universidad Nacional de Córdoba de Argentina en 1918, liderado por Deodoro Roca y otros Dirigentes estudiantiles, y que se extendió luego a las demás Universidades del País y de América Latina. La Reforma Universitaria dio origen a una amplia tendencia del activismo estudiantil, integrada por agrupaciones de diversas vertientes ideológicas, que se definen como reformistas. Entre sus principios se encuentran la  autonomía universitaria, el cogobierno, la extensión universitaria, la periodicidad de las cátedras y los concursos de oposición. En 1918 hacía ya dos años que había asumido en Argentina el primer Gobierno democrático (sufragio universal masculino) liderado por el Presidente Hipólito Yrigoyen de la Unión Cívica Radical. Córdoba tenía una antigua Universidad, fundada por los Jesuitas en tiempos de la colonia española, en la que se mantenían aún groseras características elitistas y clericales que chocaban con los nuevos tiempos. Los estudiantes universitarios de Buenos Aires, La Plata y Córdoba, pertenecientes a familias de una reciente clase media formada a partir de la gran ola de inmigrantes europeos o sus descendientes, venían organizándose en Centros de Estudiantes por Facultad desde principios del siglo XX y comenzaban a exigir reformas que modernizaran y democratizaran la Universidad. . A fines de 1917, una ordenanza de la Universidad de Córdoba suprimiendo el internado en el Hospital de Clínicas dependiente de la Universidad, desató el descontento de los estudiantes cordobeses que solicitaron a las autoridades universitarias la revisión de la medida. El 20 de marzo el Consejo Superior resolvió «no considerar ninguna solicitud» y el 31 de marzo los estudiantes declararon una huelga general y pidieron la intervención de la Universidad por el Gobierno Nacional. Los estudiantes lograron su propósito y el Presidente Hipólito Yrigoyen nombró como interventor en la Universidad de Córdoba al Procurador General de la Nación, José Nicolás Matienzo. Luego de comprobar diversas irregularidades, Matienzo propuso democratizar el Estatuto universitario. Declaró vacantes los cargos de Rector de la Universidad y Decanos de las Facultades y dispuso un nuevo sistema para la elección de las autoridades por parte de la totalidad de los docentes, reemplazando la elección por docentes vitalicios. No obstante los avances que implicó la nueva normativa, los estudiantes quedaban excluidos del proceso de elección de las autoridades.

El 15 de junio fue el día del estallido. Elegidos ya los Decanos, correspondía a la Asamblea Universitaria integrada por la totalidad de los docentes, designar al Rector. El candidato estudiantil era Enrique Martínez Paz y el de los sectores tradicionales de la Universidad de Córdoba Antonio Nores, miembro de la asociación ultra conservadora conocida como “Corda Frates”. Hubo dos votaciones y ninguno obtuvo mayoría absoluta. Se hizo una tercera en la que resultó ganador Nores, lo que desató la rebelión de los estudiantes que ingresaron a la sala de reuniones obligando a interrumpir la Asamblea, sosteniendo que había sido manipulada por los Jesuitas, que constituían el Poder de hecho en la Universidad.

Los estudiantes tomaron la Universidad y con apoyo de los Partidos Políticos populares y del Movimiento Sindical, rechazaron la elección de Nores, quien intentó mantenerse en el rectorado, con apoyo de los grupos conservadores y la Iglesia Católica. El 17 de junio el movimiento estudiantil cordobés hizo conocer su reclamo (publicado el 21 de junio en «La Gaceta Universitaria») mediante el famoso Manifiesto Liminar, redactado por Deodoro Roca, que comenzaba con la frase: La juventud argentina de Córdoba a los hombres libres de Sud América.

Finalmente Nores renunció e Yrigoyen volvió a intervenir la Universidad de Córdoba. El nuevo interventor fue José S. Salinas, Ministro de Justicia e Instrucción Pública del gabinete de Yrigoyen, mostrando así la importancia nacional que había adquirido el conflicto. Se suscribió un decreto de reformas el 12 de Octubre de 1918, que contempló ampliamente los reclamos estudiantiles. Muchos de los Líderes estudiantiles, como Deodoro Roca, ingresaron a la Universidad.

La Reforma se extendió rápidamente en las Universidades de Buenos Aires, La Plata y Tucumán, únicas argentinas con la de Córdoba en ese momento (al año siguiente se fundó la Universidad del Litoral), y luego por toda América Latina. En Perú, por ejemplo, la Reforma encontró un líder estudiantil, Víctor Raúl Haya de la Torre, que dio renovado impulso al movimiento.

Los principales postulados de la Reforma Universitaria de Córdoba fueron:

1. El cogobierno estudiantil;

2. La autonomía política, docente y administrativa de la universidad;

3. La elección de todos los mandatarios de la universidad por asambleas con representación de los profesores, de los estudiantes y de los egresados.

4. La selección del cuerpo docente a través de concursos públicos que aseguren la amplia libertad de acceso al magisterio;

5. La fijación de mandatos con plazo fijo (cinco años generalmente) para el ejercicio de la docencia, solo renovables mediante la apreciación de la eficiencia y competencia del profesor;

6. La gratuidad de la enseñanza superior;

7. La asunción por la Universidad de responsabilidades políticas frente a la Nación y la defensa de la democracia;

8. La libertad docente;

9. La implantación de cátedras libres y la oportunidad de impartir cursos paralelos al del Profesor catedrático, dando a los estudiantes la oportunidad de optar entre ambos;

10. La libre asistencia a las clases.

Respecto a la Revuelta Estudiantil de ahora en Paraguay, las inquietantes perspectivas pueden ocultar realidades muy diferentes, como ya hemos tenido oportunidad de subrayarlo en otros artículos. Resulta entonces indispensable calificarlas con mayor precisión, si es posible. Ahora bien, ocurre que, tanto en las crisis de gobernabilidad interna como en los conflictos extra-partidarios, la evolución psicológica y política crea condiciones muy apremiantes que, en la mayoría de los casos, parecen capaces de imponer un estilo nuevo, muy diferente de las crisis y de los conflictos precedentes. El fenómeno central que actualmente se observa es el desarrollo de la “disuasión moral”, es decir de poderosas inhibiciones tendientes a limitar estrechamente el campo del empleo de la fuerza represiva porque demostraron a la ciudadanía, que el empleo de la fuerza hasta sus consecuencias extremas es fundamentalmente inmoral y no conduce a la victoria decisiva a largo plazo en la práctica. Ha resultado de ello una conciencia más neta de la necesidad de rescatar un cierto “democratismo” aún en las crisis más graves. Esta tendencia no puede ser soslayada porque sus consecuencias catastróficas para el transgresor de los principios democráticos se hallan siempre presentes e incitan a la mayor prudencia. En suma, todo transcurre como si la evolución democrática hubiese logrado una cierta mutación moral, según la cual el empleo de procedimientos considerados como “normales” hace unas décadas en nuestros países, estuviera ahora interdicto.

Pero tenemos un largo camino por delante hasta que las crisis generales y los conflictos colaterales se desenvuelvan de un modo realmente democrático. Ahora la coerción se ejerce preferentemente por medios indirectos, mucho más sutiles o insidiosos, “con florete despuntado” pero sin ninguna caballerosidad. El condicionamiento psicológico (el “Poder Psico-social” que menciona constantemente el Dr. Rachid Lichi), que antes se alcanzaba por el empleo de la fuerza brutal, lisa y llana, ahora se concreta mediante acciones que se cubren de una gran hipocresía.

Remontándonos al hecho histórico que arriba recordamos, la experiencia de Mayo de 1968 en Francia (el famoso “Mayo Francés”) ha demostrado que era posible y fácil ocasionar a los Poderes Públicos la pérdida de su prestigio tradicional y por ese medio atraer a numerosos simpatizantes hasta ese momento neutrales. El método empleado y que se reveló muy eficaz, consistió en provocar de continuo, y en disuadir a las autoridades de llevar a cabo una represión, con una propaganda bien orquestada. Como vemos, en consecuencia, la “disuasión moral” es poderosa; las acciones contra un Gobierno parecen destinadas a desarrollarse dentro de un gran control recíproco, pero en la atmósfera apasionada y tensa que permiten los medios modernos de difusión.

En conclusión: Ante esta revuelta universitaria hay sensibilidad de la opinión pública, fragilidad de la economía para resolver los problemas estudiantiles, inhibición y falta de “muñeca política” de los gobernantes, maquiavelismo de los opositores, arsenal eventual de ideas nuevas; todo concurre a otorgar a esta crisis un carácter de “violencia contenida” así como la necesidad de acciones maduramente sopesadas y ajustadas para alcanzar el resultado psicológico deseado: la adhesión o la pasividad de las masas. Bajo una apariencia romántica destinada a apasionar a la opinión pública, es un juego muy estricto y calculado el que en la sombra llevan a cabo las organizaciones y élites restringidas que manipulan acontecimientos aparentemente fortuitos. En la vereda de enfrente, el Gobierno está atrapado en un dilema difícil: resolver el problema o ver desmoronarse su prestigio. No es posible permanecer neutral (hacerse el “ñembotavy”) ni cometer una sola falta. La prudencia le ordena ante todo “ver cómo vienen las cosas”; pero el movimiento puede extenderse y terminar por crear situaciones irreversibles si intervienen directamente los poderosos “factores de presión” o “Poderes Fácticos” y los Partidos Políticos, como en el “Marzo Paraguayo” de 1999.

En nuestro caso, ante el deterioro generalizado de nuestra situación política, social y económica, los estudiantes rebeldes del comienzo pueden ser las primeras víctimas; sus sueños no se realizarán, pero pueden alcanzar en cambio su primer objetivo: poner fuego a la pólvora, y eso puede llegar a producir una explosión social hasta derribar el Régimen existente. Más tarde, a través de numerosas pruebas, otros equipos llegarán a reorganizar el caos y a construir un régimen estable. Ya veremos qué pasa; estemos expectantes.-

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