NOTA EDITORIAL: LA PACIENCIA TIENE SUS LÍMITES


Los estudiantes universitarios   no aceptan la intervención del ministerio público. Han perdido toda confianza en las instituciones. En este caso piden la destitución del rector de la UNA. cosa que no se produce ni a cañonazos pues el consejo superior universitario duda.

Posiblemente no tenga la facultad de destituirlo. Pero eso ya no significa nada para los afectados. Perdieron la paciencia. Los tomaron del pelo y quieren cobrarse la injuria. Se ha comprobado con documentos que personas sin currículo gozan de ingresos de primer mundo sin merecerlo y nadie escucha las protestas.

En balde pueden invocar la ley el ministerio público y el poder judicial dado que los mismos se hallan infectados del mismo mal, la corrupción desembozada. Ningún pez gordo va a parar a la cárcel. Solo los ladrones menores atosigan los penales del país. Un matutino viene publicando un folleto semanal con los casos judiciales. Dan pena o lástima los ejemplos diarios. Se suceden las chicanas de abogados avispados y sedientos de dinero sin que un poder del Estado reaccione. Las prescripciones de acciones con este mecanismo procrean como chinches.

Venimos reproduciendo día a día informaciones periodísticas que nos informan que entre más de 300 imputaciones nadie o muy pocos son condenados. Esta clase de cosas mueve a la juventud. Por fin se dio cuenta que los cambios nunca vendrán de arriba para abajo sino de abajo para arriba.

Por otra parte, la autonomía universitaria tan anhelada y peticionada dio de bruces al basurero. Su tan mentado reclamo cayó en lo más bajo. Estamos peor que antes, con una entidad totalmente descontrolada salvo honrosas excepciones como el caso de la facultad de Odontología. Y quizá otras facultades. Pero el asunto no reside en ello sino en la colmatación de la paciencia.

Recordemos que existen en nuestro país excesos de egresados en diversas disciplinas. Sin ser precisamente lumbreras aguardan una oportunidad. Pero he aquí que meros egresados del sexto grado, ciclo básico o del bachillerato siguen siendo los predilectos para ocupar funciones de las cuales carecen de conocimiento alguno. En tanto otros estudian y estudian pero solo el eco de sus afanes le recuerdan su impotencia.

El camino está llegando a su fin y da la impresión que volvemos a la ley de la selva donde el más fuerte se impone. Los estudiantes universitarios necesitan una señal para creer. Sin duda, han violentado el Estado de Derecho al impedir la salida de los integrantes del consejo universitario. Pero hay que reconocer que las autoridades universitarias – con sus hechos – perdieron el mínimo respeto no solo del estudiantado sino de la opinión pública en general.

Recordemos los escraches a congresistas. El pueblo también perdió la paciencia y acompaña al estudiantado. El rector, si es consiente del peligro en que empuja a nuestra juventud, debe renunciar inmediatamente. En igual sentido el vice rector. Llegó la hora de los hombres buenos, de aquellos patriotas que hoy día ya  no se ven. Pero que observan desde sus hogares con horror los sucesos. No debemos esperar que ellos vengan de buenas a primeras sino que las autoridades deben ir a  buscarlos para que nuestra pujante juventud vuelva a creer en un mañana mejor.

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