DIVERGENCIAS IDEOLÓGICAS DEL COLORADISMO CON EL LIBERALISMO Y EL SOCIALISMO


Respondiendo a la amable como democrática invitación del Sr. Director de que “nuestro portal queda abierto para ampliar el debate” respecto al Artículo “Estirando las orejas…” presento a consideración del mismo y de los lectores de EL COLORADO el siguiente trabajo. (Federico Narváez Arza).

Aunque hemos ya expresado brevemente las diferencias ideológicas que separan al Nacionalismo Republicano del Liberalismo al analizar el Conservadurismo Ideológico, vamos a puntualizar algo más en forma muy esquemática para rematar la cuestión, para luego ocuparnos del Socialismo en ambas vertientes:

1) La característica principal del liberalismo es el individualismo, frente a la solidaridad republicana.

2) El internacionalismo Liberal ante el nacionalismo Republicano.

3) El laicismo liberal, fruto del racionalismo; y la defensa de la religiosidad, la tradición y el sentido de trascendencia que hace el social-republicanismo colorado.

4) La “audacia”: el Liberal es audaz, lo que lo hace ir a políticas de “shock” tanto en lo económico como en lo social; en cambio, la “prudencia” domina la conducta del Nacionalismo Republicano, con una política “paso a paso” contraria a un planteo radical de los problemas políticos, económicos y sociales.

5) Estado reducido al mínimo: El Liberalismo conceptúa al Estado como un peligro potencial para la libertad del individuo y de la sociedad. Un crecimiento del Estado –dice– genera una “clase”: la Burocracia, que tiende a ampliar su poder y privilegios en detrimento de las libertades e intereses ciudadanos; esa burocracia tiende a la corrupción y busca crecer cada vez más llevando al gigantismo estatal; es una clase perversa y totalitaria. El Coloradismo propende a un Estado regulador fuerte; la realidad del Estado encuentra justificación en la aspiración de organizar socialmente la libertad. El Estado existe para que el Poder no sea el simple dominio de los intereses de un sector, partido, clase o grupo sobre el resto de la sociedad.

6) El liberalismo busca un Estado meramente subsidiario, “mirón”. El coloradismo, un Estado benefactor, asistencial, conservador de las conquistas antes que reducirlas.

7) El Liberalismo cree en el “Darwinismo social” y en el “Malthusianismo” mientras que el Republicanismo los rechaza por pesimistas y cree en un Estado más compasivo y asistencial. Recordemos que el Estadista Conservador Bismarck fue el primero en instaurar el Seguro Social obligatorio en Europa al hacerlo en la Alemania imperial del último tercio del siglo XIX (1870).

8) El Liberalismo es partidario de la “libertad negativa”; en contrario el Coloradismo lo es de la “libertad positiva”. Esta distinción se la debemos a un sabio Profesor de la Universidad de Oxford: Isaiah Berlin (fallecido en 1997), que la esbozó en su discurso inaugural del año académico, en Oxford, en 1958. Esta tesis ha sido universalmente aceptada, aunque muchos de los que usan estos conceptos ignoren a su autor. La libertad “negativa” es aquella que se entiende en función de lo que la niega o limita: la coerción. “Soy más libre cuando menos entes o personas se encuentren para decidir mi vida de acuerdo al criterio propio”. “Mientras menos autoridad se ejerza sobre mi conducta, más libre soy”. Éste es un concepto más individual que social y absolutamente moderno. Nace en sociedades que han alcanzado un alto nivel de civilización y una cierta afluencia. Quienes defienden esta noción de libertad ven siempre en el Poder el peligro mayor y proponen por eso que su radio de acción sea mínimo, el indispensable para evitar el caos. La libertad “positiva” no quiere limitar la autoridad, sino adueñarse de ella, ejercerla. Esta noción es más social que individual pues sostiene que la posibilidad que tiene el individuo de decidir su destino está supeditada a causas sociales. ¿Cómo puede un analfabeto disfrutar de la libertad de prensa? ¿De qué sirve la libertad de viajar a quien vive en la miseria y no puede salir de su casa? Para esta noción “positiva” hay más libertad en términos sociales cuando menos diferencias se manifiestan en el cuerpo social, cuanto más homogéneo es el nivel económico y cultural de una comunidad.

Lo importante de estas dos concepciones de la libertad no es la sutileza intelectual que ha permitido diferenciarlas; son los horrores que cada una ha producido cuando ella sirvió para organizar a la sociedad de manera exclusiva, prescindiendo totalmente de la otra libertad. El “Archipiélago Gulag” (1) de los “paraísos socialistas” es el resultado de una libertad meramente social, que desprecia la libertad negativa, aquella que defiende al individuo contra la autoridad. Y las monstruosas desigualdades sociales y económicas y las iniquidades de la explotación de ciertas sociedades, son la consecuencia de cifrar todo el progreso en la libertad “negativa”, desdeñando por entero la “positiva”. Para Isaiah Berlin ambas libertades son incompatibles, como el agua y el aceite. El verdadero progreso, sin embargo, está en no permitir que una suprima del todo a la otra, en mantener a ambas vivas, vigentes, en una difícil transacción, que debe irse remozando sin tregua.

9) Durante el predominio Liberal en la Inglaterra del siglo XIX existía el “voto censitario” según el cual sólo podían votar quienes superaban cierta cuantía económica, con lo que cinco de seis adultos varones quedaban excluidos de este derecho; pero el Conservador Disraeli consiguió, en 1869, que el Parlamento aprobara la “Ley de Reforma Electoral”, que permitía votar a todos los varones mayores de edad; era el comienzo del “voto universal”.

En fin, para el Coloradismo la verdadera libertad es colectiva. La cuestión no reside en ser un individuo sino en pertenecer a un grupo que sea libre. La libertad no consiste, entonces, en liberarse de los otros sino en liberarse con los otros y cambiar las estructuras de la sociedad. La idea que la libertad no pueda ser sino colectiva se ha vuelto hoy una verdad fundamental: o la libertad es un hecho de la colectividad o bien ya no se la considera como un valor importante, porque el individualismo es esencialmente reaccionario, y es también evidente que la libertad no puede jamás ser una propiedad individual; lo colectivo es, al mismo tiempo, la ocasión de la libertad y la posibilidad de la libertad. Por otra parte, es un error pensar que la libertad pueda ser institucionalizada: en esta dirección han actuado los Liberales. No hay que olvidar que el liberalismo político es, en definitiva, la tentativa de inscribir la libertad en las instituciones; pero la institución es por sí abiertamente negadora de la libertad, en la misma medida en la cual tiende a ser organización, sistema, autoridad; en esa sociedad no puede haber otra libertad que no sea aquella admitida por el Poder. Los liberales, en cambio, han creído que es posible incluirla en el sistema institucional, y se esfuerzan por idear mecanismos institucionales de autocontrol; pero éstos están integrados en el sistema del poder y pueden siempre ser cambiados; por eso la libertad institucionalizada es la más frágil de todas, conocemos bien el apotegma famoso:ninguna libertad para los enemigos de la libertad”, como suele repetir siempre el hasta hace poco Presidente del Senado, Alfredo Luis Jaegli.

En cuanto a las divergencias con el Socialismo, primero es menester referirnos a las distintas clases de Socialismo. Al principio todos se llamaban “Partidos Social Demócratas” y en ellos, la influencia de Marx se extendió desde el “Manifiesto Comunista” (1848) hasta inclusive la formación de la II Internacional en 1889, pues la I Internacional, fundada por Marx en 1864, había prácticamente desaparecido por sus fracasos tácticos; pero la II Internacional también adoptó la tesis marxista que pregonaba la lucha de clases y la revolución. Ya entonces existió la diferencia entre “Socialismo” y “Comunismo” expuesta por Marx en su “Crítica del Programa de Gotha” y fue explicitada por Lenin en su obra “El Estado y la Revolución” en 1917. Pero en sus orígenes la influencia revolucionaria marxista fue considerable y la encabezaba el “Partido Social Demócrata Alemán”, en el cual, sin embargo, pronto se planteó la polémica entre Revolución o Reformismo. El teórico de esta última concepción fue Eduard Bernstein (1850-1932), quien había sido secretario de Engels, y en 1899 publicó “Problemas del Socialismo y las Tareas de la Socialdemocracia”, obra en la que manifestó su desacuerdo con las tesis marxistas que pronosticaban la creciente concentración industrial en el capitalismo, la agudización de las crisis económicas y la creciente miseria de la clase obrera. Bernstein observó que a fines del siglo XIX se estaba produciendo lo contrario a una polarización de clases y estaba surgiendo una importante clase media junto a una elevación del nivel de vida de los obreros. Basado en estas ideas, descartaba la salida revolucionaria y la “Dictadura del Proletariado”, proponiendo una labor reformista a través de la lucha parlamentaria, afirmando que el Capitalismo puede ser reformado desde su interior. Las teorías de Bernstein, rechazadas en un principio, fueron adoptadas por la Social-democracia alemana en la década de 1920. Así fue que Lenin, después de la revolución rusa de 1917, llamó a su Partido: “Comunista”; para diferenciarlo de los reformistas Social-Demócratas.

Y ahora llegamos a las divergencias ideológicas: Con respecto a los Partidos Comunistas, el Nacionalismo Republicano rechaza enfáticamente la concepción marxista enunciada en el “Materialismo Dialéctico” y el “Materialismo Histórico” por hacer del ser humano un ente sin trascendencia espiritual donde la materia es anterior a la conciencia y lo convierte en un producto meramente terrenal, ateo y condicionado por la economía (la infraestructura) que determina el intelecto (la supraestructura). Tampoco acepta la lucha de clases, “Motor de la Historia” como lo afirmaba Marx, por ser Policlasista; ni la revolución violenta, porque la Democracia Social Republicana es evolucionista en el marco de una reforma paso a paso pero cuidadosamente estudiada dentro de los marcos legales y constitucionales. No acepta la “Dictadura del Proletariado” por ser democrático, ni tampoco la socialización total de los medios de producción y de consumo por ser partidario de la iniciativa individual en el marco de un “capitalismo social”. Y, para ser breve, digamos que no acepta ningún totalitarismo ni la “exportación de la revolución”. El Estado no lo es todo en la concepción republicana aunque importante por su papel de regulador y equilibrador de la sociedad.

Y con respecto a la Social-Democracia –con la que el Nacionalismo Republicano tiene bastante afinidad– sin embargo sus diferencias estriban en que aquélla se define como Partido de la Case Obrera, y tiene sus base principal en los Sindicatos; siendo el Republicano un Partido Policlasista y “Agrarista” con su base en la gran masa del campesinado. Tampoco está de acuerdo con la injerencia excesiva del Estado ni en la subvención generalizada de bienes y servicios que implica altos impuestos y una gran carga tributaria, siendo que nuestro país aún no ha llegado siquiera a los umbrales de la “Economía impulsada por la Inversión” como para intentar políticas económicas de aquellos con un alto grado de desarrollo. Tampoco acepta el desprecio a los valores religiosos tradicionales ni un consumismo materialista exagerado. El Nacionalismo moderno del Coloradismo no acepta sujeción a ninguna “Internacional” que signifique injerencia en su accionar. En resumen, la Social-democracia europea y en especial la de los países Nórdicos son ideales socioeconómicos a alcanzar pero sin abjurar de nuestros valores sociales, tradicionales y espirituales.

N O T A.

(1) Aleksandr Soljenitsin: “Archipiélago Gulag”; obra en que el escritor ruso describe los campos de concentración de la época de Stalin; Plaza & Janés S.A. Editores, Barcelona, 1976.-

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