HISTORIAS REPETIDAS DE JOVENES APURADOS CON SED DE PODER (1935–1937) (3)


Corre principios de 1935. El coronel Eugenio A. Garay se halla camino a Charagua, Bolivia. El ejército de ese país fue destruido por el segundo cuerpo del ejército paraguayo, y su comandante, coronel Rafael Franco, goza de mucha estima y prestigio en el ejército paraguayo.  Los coroneles, Juan Bautista Ayala y Luis Irrazabal han abandonado el escenario.

El primero de ellos ,injustamente, cuando ultimaba los más mínimos detalles del envolvimiento de varias divisiones bolivianas en Campo Vía, a principio de diciembre de 1933. Fue sustituido por el propio General Estigarribia para cosechar gloria ajena. El segundo cayó por su propia boca enviando al comandante en jefe de las fuerza paraguayas en operaciones (Estigarribia) un telegrama fuera de lugar (“El tercer cuerpo de ejercito seguirá cosechando glorias para su general”.). Antes Irrazabal lo tiró a la cuneta a su amigo, el teniente coronel, Arturo Bray.

Pero quedaba el coronel, Rafael Franco, a quién Estigarribia lo impuso ante el presidente Eusebio Ayala a pesar de su historial nada recomendable por su intento de golpe de Estado contra el presidente José P. Guggiari en abril de 1931. Previamente Franco se había solidarizado con su jefe con motivo de las famosas maniobras de 1930 cuando éste se retiró airado y luego destituido de su cago de Jefe de Estado mayor del comando en jefe del ejército y sustituido por Juan Bautista Ayala.

El ambiente se halla dispuesto para una conspiración no precisamente por la idea de Rafael Franco sino de jóvenes apurados en todo el ejército. Uno de los pretextos era que Estigarribia había tenido 4 ascensos, a coronel, 1 de octubre de 1932 (Boquerón), a general de Brigada luego de Pampa Grande y pozo favorito (abril de 1933) a general de división luego de la batalla del Carmen, (noviembre de 1934) y a general de ejército a poco del final de la guerra. Una carrera impresionante en tan solo 3 años. El segundo en ascensos fue, Rafael Franco, de mayor a teniente coronel y a coronel entre otros pocos. Los demás ascendieron tan solo un grado en toda la guerra.

Pero en esos momentos en que ya abiertamente se hablaba de un golpe de Estado,  Franco más bien deseaba que Estigarribia se hiciera cargo de la presidencia ante las actitudes dubitativas del presidente Eusebio Ayala años atrás luego de Campo Vía que, según ellos, perdió la  gran  oportunidad de liquidar el pleito como más tarde se hizo luego de la batalla Del Carmen con 4 violentas persecuciones que destruyeron al segundo ejército Boliviano y con el epílogo del desbande del cuerpo del orgulloso corone,l David toro.

Pero nadie se animaba a tomar iniciativa alguna. Y así se llegó al armisticio del 12 de junio de 1935. Entre tanto, la conspiración continuaba entre la oficialidad más joven. Al fin de la guerra, el futuro mariscal le pidió al teniente Edmundo Tombeur su retiro en la ayudantía dado que en adelante ese cargo lo debía ocupar un jefe. Pero lo admitió en el desfile de la victoria donde aparece en las fotografías.

El 15 de febrero el General Estigarribia parte para el Chaco al efecto de condecorar a quienes custodiaban nuestras fronteras en el noroeste. Pero antes de partir, el jefe de policía, el ministro del interior y su propio ayudante militar le advirtieron de la gestación de un golpe de Estado. El 2 de febrero de 1936 Estigarribia lo destituyó como director de la Escuela militar, al coronel Rafael Franco y apresado por por su orden el mayor Mushuito Villasboa y más tarde exiliado a la Argentina.

Pero la pregunta que hasta hoy se hace constituye su viaje el 15 de febrero dejando la capital a sabiendas del golpe en ciernes. ¿Por qué lo hizo? ¿Acaso porque él era el destinado a ocupar la presidencia? ¿Por qué recién regresa a Asunción el 21 de febrero de 1936. ¿Habrá sido porque ya estaba enterado de la asunción de Franco a la presidencia? Los cierto es que los jóvenes apurados del ejército, colorados y liberales renegados se lanzan a alabar al nuevo astro del frente revolucionario, Rafael Franco. Entre tanto dos vivarachos, los hermanos Gomes y Luis Freire Esteves llenan de zurdos el gobierno y fuerzan la venta de 13.0009 fusiles, 150 ametralladoras pesadas y livianas y un tanque a la España comunista.

Ahí se produce el desbande colorado y liberal a más de algunos jefes como el coronel Ramón L. Paredes que decide derrocarlo a Franco. El caso de Paredes es notable pues fue llevado preso con la mayoría de los jefes leales al gobierno luego del golpe del 17 de febrero de 1936. Es más, hace unos meses, su hijo publicó un libro donde aparece su padre rodeado de compañeros de prisión en Peña Hermosa.

Por razones de parentesco, quizá, Franco lo rescató y lo nombra comandante de las fuerzas del Chaco y por ahí le vino el golpe del 13 de agosto de 1937 en que asume un gobierno universitario presidido por el doctor Félix Paiva que los promocionará a otros jóvenes apurados a los cuales los identificaremos en la siguiente entrega. Los cierto es que en el atropello,  fruto de la juventud apurada, muchos jóvenes pierden su carrera en el ejército y los civiles se quedan en el camino o en un tranvía hasta hoy  como gustan decir a los febreristas sus detractores.

El nuevo gobierno de Paiva, de corte universitario pero de influencia militar asume el poder aunque los uniformados son los que designan a los ministros y dictan las órdenes al apocado presidente.

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