CAUSAS Y EFECTOS DE LA MASACRE DEL 23 DE OCTUBRE DE 1931


Dr. ANDRES HUMBERTO ZARACHO

El 25 de febrero de 1927 fallecía en el Fortín Sorpresa, Chaco paraguayo, el Tte. ADOLFO ROJAS SILVA, asesinado por el cabo boliviano Froilán Tejerina, convirtiéndose en el primer mártir de la epopeya chaqueña. Era hijo del ex presidente Liberato Rojas, y muy querido por la sociedad asuncena. Tejerina fue ascendido a Sargento y declarado Héroe Nacional por Bolivia. El crimen aumentó la tensión ya creada por el continuado avance boliviano en nuestro territorio, en abierta violación del “Statu Quo” pactado en 1907 mediante el Protocolo Soler-Pinilla. A raíz del crimen se realizaron fervorosas manifestaciones de repudio y protesta en Asunción.

En el mes de setiembre de 1928 Bolivia fundó –en territorio paraguayo- un Fortín al que bautizaron con el nombre de Vanguardia. Una vez llegado a conocimiento del mayor Rafael Franco, jefe de la guarnición de Bahía Negra y comandante del R.I.5 “Gral Díaz”, ordenó el desplazamiento de un contingente que el 5 de diciembre atacó y ocupó el Fortín, expulsando a los invasores. Luego de ser destruida las instalaciones del Fortín las tropas paraguayas se replegaron a Bahía Negra. Sin embargo, más tarde, ante el asombro de la ciudadanía, el presidente José P. Guggiari ordenó la reconstrucción del Fortín y su entrega posterior al ejército boliviano.

Como represalia de la acción de Vanguardia el gobierno boliviano destacó una fuerza de 2000 hombres al mando del TCnel Carlos Gumucio, que atacó los Fortines Boquerón, Mariscal López, Valois Rivarola y Gral. Genes. En el enfrentamiento perdió la vida el Tte. 1º Aparicio Figari, quien mereció el ascenso póstumo al grado de Capitán. Ante la probabilidad del desencadenamiento de una guerra el gobierno paraguayo decretó la Movilización General de todos los reservistas comprendidos entre las edades de 18 a 29 años. El recurso fue infructuoso debido a que terminó en un total fracaso por la falta de cuarteles para albergar a la tropa, por lo que se desconvocó a los reservistas.

El 6 de setiembre de 1931 fuerzas bolivianas atacaron y capturaron el Fortín paraguayo Samaklay, muriendo en la acción 8 soldados paraguayos y 15 bolivianos. A pesar que el gobierno liberal negaba la gravedad del avance boliviano en el Chaco Boreal, los estudiantes asuncenos se vieron afectados en su fibra interna por las noticias publicadas en los diarios argentinos y por emisoras del altiplano que hacían referencia a soldados paraguayos heridos y evacuados de los fortines chaqueños donde se verificaban sangrientos enfrentamientos. “La ruta sangrienta de Samaklay agravó la tensión de los espíritus. El pueblo ahogó, como de costumbre, su indignación y su dolor. Pero la juventud velaba. Y un día del Colegio Nacional partió la orden. El Centro Estudiantil, de honrosas tradiciones resolvió organizar una manifestación. Se determinó claramente el objetivo: se iba a expresar la protesta del pueblo ante el desarrollo de los sucesos en el Chaco; se iba a pedir, con algunas medidas concretas, la intensificación de los trabajos de la defensa nacional. Nadie fuera de los colegiales, intervino en la iniciación ni en la organización del movimiento” (1).

En aquellas circunstancias el Centro Estudiantil del Colegio Nacional convocó a una Asamblea el día 20 de octubre, a las 10 horas, la cual resolvió realizar una gran manifestación el 22 de octubre, en horas de la tarde, para protestar por el ataque boliviano al Fortín Samaklay y reclamar la adopción de medidas urgentes para defender la soberanía y el territorio nacional. La marcha debía comenzar en la Plaza Uruguaya y culminar en el Palacio de Gobierno.

Presentada la nota respectiva por los organizadores al Jefe de Policía Dr. Luis Escobar éste autorizó la marcha. De inmediato se constituyeron ante el Secretario General de la Presidencia Dr Efraín Cardozo, a quien entregaron el pedido de audiencia. Luego de conversar con el Dr. José P. Guggiari, respondió a los dirigentes estudiantiles que el Presidente de la República no recibiría a los estudiantes.

No obstante, contando con el permiso policial los estudiantes decidieron congregarse en la Plaza Uruguaya e iniciaron la marcha ya programada en dirección al Palacio de Gobierno. A medida que la columna estudiantil avanzaba se iban agregando centenares de estudiantes universitarios, de instituciones educativas oficiales y privadas de nivel secundario y numerosos adultos. Una vez llegado al Palacio fueron notificados que el Presidente de la República no se encontraba en el edificio. Entonces la multitud entonó el Himno Nacional y se retiró hacia la Escuela Militar. Hicieron uso de la palabra varios estudiantes pidiendo que el Ejército se interesase en la preparación de la defensa territorial, haciéndole presente al Gobierno su voluntad inquebrantable de defender el Chaco. Grande fue la sorpresa cuando el Director de la Escuela Mayor Arturo Bray, se dirigió a los estudiantes ordenándoles en tono ofuscado que se retiraran a “hacer barullo en las plazas públicas”. Esto significó un paso hacia la extinción de la fe que hasta entonces el pueblo guardaba hacia las instituciones armadas.

De la Escuela Militar continuaron hacia la casa del Mayor Rafael Franco, de allí a la Plaza Independencia y finalmente llegaron hasta el domicilio particular del Presidente Guggiari, ubicado en la calle Yegros y Aquidabán (hoy Manuel Domínguez), exigiendo su presencia. Un grupo de estudiantes profirieron gritos hostiles y algunos más exaltados lanzaron piedras. Pero un grupo montado a caballo del Escuadrón de Seguridad llegó en forma sigilosa que atacó con saña a los estudiantes, sable en vano. Hubo varios heridos por los sablazos recibidos, y los policías montados persiguieron a los fugitivos hasta que fueron dispersados.

A la mañana del día siguiente 23 de octubre los estudiantes volvieron a reunirse en Asamblea. Luego de la participación de los oradores resolvieron iniciar una nueva marcha desde la Plaza Uruguaya hasta el Palacio. El objetivo era el mismo: pedir la defensa inmediata del Chaco ante el avance continuado de las tropas bolivianas invasoras. La marcha se realizó en forma espontánea. Era una inmensa columna compuesta casi exclusivamente de estudiantes, en su inmensa mayoría alumnos del Colegio Nacional y de la Escuela Normal, de colegios privados y un numeroso núcleo de estudiantes de medicina. Durante el trayecto se unieron numerosos hombres y mujeres adultos, entre ellos profesores y maestros. En medio de hurras y vítores los manifestantes llegaron hasta los jardines del Palacio de Gobierno.

“Con la bandera nacional a la cabeza, los manifestantes llegaron frente a la explanada de la Casa de Gobierno. Hallando el paso obstruido por la policía y el Escuadrón de Seguridad, intentaron por un rato, romper la valla. Se luchó a empujones, a codazos, en algunos lugares a puñetazos. De pronto ocurrió lo increíble. Sin una voz de advertencia, sin intimaciones de ningún género, las fuerzas apostadas en el Palacio rompieron el fuego sobre la manifestación. Las ametralladoras, que desde la noche anterior habían sido premeditadamente emplazadas en la terraza, hicieron luego oír su tableteo siniestro. Presa de angustioso pánico, la multitud solo atinó a arrojarse al suelo, para eludir los proyectiles. Y luego, en el momento de levantarse e iniciar la fuga las máquinas mortíferas prosiguieron su obra. Se hacía fuego por la espalda sobre los que huían; se hacía fuego sobre los que se detenían para intentar socorrer a los muertos y heridos; se hacía fuego sobre los que buscaban refugio en bocacalles y zaguanes. Se disparaba sobre los que intentaban huir hacia el río; se disparaba sobre los que buscaban salvarse por el callejón que va hacia la Avenida República. Despejado el frente del Palacio, soldados de la guardia de cárceles avanzaron, haciendo siempre fuego sobre los dispersos, abrumando a sablazos y culatazos a los rezagados. Diecisiete muertos y más de sesenta heridos, individualizados, cayeron en ella. El grupo directamente expuesto al fuego no se compondría de más de cuatrocientos manifestantes.” (2)

Los heridos que lograron escapar de los jardines del Palacio buscaron llegar por sus propios hasta la sede de Primeros Auxilios, mientras que otros clamaban para ser transportados por diversos medios para ser atendidos. A dos de ellos, Vicente A. Zayas y Marcial G. Cáceres, los conocí con el correr de los años. El primero hizo su relato de la forma siguiente: “Yo llegué hasta más o menos tres a cuatro metros de las columnas del peristilo y allí un Tte. López (José Félix, a cargo de la compañía de Guardiacárcel) sacó el sable y pareció con ello dar la señal de fuego. Comenzaron los primeros disparos y, lógicamente, comenzamos nosotros a correr y a caer ya algunos” (3).

Otra de las víctimas rememora: “La ametralladora emplazada en la terraza del Palacio, con una intempestiva ráfaga, que acribilló las paredes de la sede del Ministerio de Justicia, Culto e Instrucción Pública, dio el fatídico inicio a la disuasión por la que ominosamente se había optado. El Dr. Justo P. Prieto, titular de dicha cartera, dimitió de inmediato siendo reemplazado por el Dr. Alejandro Arce… A la ráfaga de advertencia, que había surtido plenamente sus efectos dispersantes, siguieron, inconcebiblemente, otras, con el total apoyo de un nutrido fuego de los fusileros de la compañía de la Guardia Cárcel. En esta demencial etapa los disparos fueron dirigidos contra los manifestantes, a matar, como se dice en el léxico militar. Muchas de las víctimas fueron baleadas por sus espaldas, estando en franca y precipitada retirada. La terrorífica instancia afectó con gérmenes de perennidad a la juventud que jamás esperó merecer un recibimiento tan brutal…Cupo en la humeante y sangrienta emergencia a una espigada normalista de glaucos ojos, Josefina Adelaida Rodi, abanderada de la manifestación, protagonizar actos de singular valentía y altivez. Desplomados sus compañeros por la muerte, siguió avanzando, impertérrita, en medio de la siniestra cerrazón causada por las homicidas descargas, sobreponiéndose a los angustiados gemidos de los heridos. No la detuvieron tampoco los sablazos del Tte. López, comandante de la compañía de la Guardia Cárcel, empeñado a fondo en la matanza. Se dirigió por propia iniciativa a la planta alta del Palacio, haciendo flamear su desflecada bandera, con el asta rota, como empujada por cientos de lealtad a sus pares abatidos. Al término de los escalones se enfrentó inopinadamente con el presidente Guggiari quien, con semblante demudado, reflejando una violenta alteración, la increpó sin miramientos a su sexo y a su condición de estudiante: “Vuestras manos no son dignas de tener esa bandera”, expresó. “El indigno es Ud.”, contestó Adelaida, sin vacilar, retirándose luego para reunirse con sus hermanos de causa” (4)

Ese día se disparó a discreción con armas automáticas y fusiles contra la masa de estudiantes que llegó hasta el Palacio de Gobierno para reclamar la defensa del Chaco. Se presentaron a reclamar un derecho constitucional, sin más arma que el patriotismo y sin más norte que el sagrado cumplimiento de sus deberes de paraguayos. Diez minutos duró el intenso tiroteo hecho sobre la multitud indefensa. La ametralladora emplazada en lo alto del Palacio disparó dos ráfagas al aire y los impactos dieron en el frontispicio del local ocupado por el Ministerio de Educación y Culto. El crimen de lesa humanidad trajo como resultado la muerte de 10 estudiantes y un anciano no identificado. Los heridos atendidos en la Asistencia Pública fueron 29, y los que asistieron a centros privados y fueron asistidos en sus propios domicilios se estima fueron una treintena de estudiantes.

Perpetrada la masacre el presidente José P. Guggiari, acompañado de algunos Ministros y legisladores de su partido, buscó asilo en la Escuela Militar donde encontró la protección cómplice del Mayor Arturo Bray quien, de inmediato, fue designado Jefe de Plaza, con poderes absoluto sobre el honor, la vida y la propiedad de los habitantes de la capital, constituyéndose en el hombre fuerte del momento. Inmediatamente adoptó como Cuartel General de la Jefatura de Plaza la Escuela Militar. En la noche dictó el dictatorial y bárbárico Bando Nº 1 que prescribía: “Artículo 2º Toda persona que atente contra los miembros del Ejército, Armada y Policía o que intente, provoque o realice actos hostiles contra cuarteles, comisarías, etc. SERA PASADO POR LAS ARMAS SIN OTRO REQUISITO QUE LA PRESENCIA DE UN OFICIAL DEL EJERCITO O DE LA ARMADA.- Artículo 3º LAS PATRULLAS HARAN FUEGO A LA PRIMERA INTIMACION SI ESTA NO ES OBEDECIDA EN EL ACTO”. Con este Bando se implantó la Ley Marcial y caducaron sine die todos los derechos y garantías constitucionales. Se impuso el toque de queda a partir de las 19 horas y se ordenó el oscurecimiento total de la ciudad. Se ordenó el acuartelamiento del Ejército en todo el territorio. Tropas militares bajo su mando, de todas las armas, ocuparon la capital, creando retenes y puestos de vigilancia, ocupando las sedes estudiantiles y universitarias. Fueron secundados por patrullas policiales que a pie y a caballo recorrían la ciudad de día y de noche, deteniendo a los ciudadanos sin consideración alguna. Nadie podía ausentarse del país sin autorización de la Jefatura de Plaza. El pueblo comenzó a vivir horas, semanas y meses dentro del terror y bajo la sombra de la muerte.

Toda la prensa nacional estuvo contra la bárbara masacre de los estudiantes frente al Palacio de Gobierno. El diario “El Orden”, de propiedad del dirigente liberal Policarpo Artaza, en su edición extra escribió en la tarde de ese mismo día 23 de octubre: “La patria está de duelo. La juventud estudiosa, con la bandera nacional al frente, FUE MASACRADA POR LA GUARDIA PRETORIANA, apoyada por los fuegos de ametralladoras. Cayeron en la refriega niñas y escolares. La juventud ha salvado la dignidad nacional…

Por su parte el diario “La Tribuna”, órgano oficial del opositor Partido Liberal del Llano presidido por el ex presidente Eduardo Schaerer, escribía al día siguiente: “Un día de luto para la Patria. La juventud estudiosa ha sido masacrada con las armas de la Nación. Mujeres y niños han caído en la jornada de ayer frente al Palacio de Gobierno Y EN PRESENCIA DEL PRIMER MAGISTRADO DE LA NACION. Las metrallas funcionaban admirablemente para matar a nuestros niños y jóvenes. Las madres paraguayas están de luto y la Nación llora sobre sepulcros tempranamente abiertos…” Rato después que la edición de La Tribuna ganara la calle el local fue allanado por tropas del Ejército, y sus redactores y los humildes empleados y obreros de las máquinas fueron apresados y conducidos en los tortuosos calabozos de la Policía y en la tenebrosa División de Investigaciones.

No obstante, los miembros del Partido Liberal del LLano lograron publicar al día siguiente, en una hoja clandestina, un documento que decía: “Frente al fusilamiento de ancianos, niños y mujeres ordenado por el Primer Magistrado Dr. José P. Guggiari, el Comité Nacional del Partido Liberal se reunió ayer en sesión extraordinaria para considerar la actitud que deberá tomar el Partido frente a los graves acontecimientos provocados por el GOBIERNO DEL REGIMEN. Se tomó la siguiente Resolución, por aclamación: 1º.- Ponerse de pie en señal de protesta por la masacre de la juventud estudiosa ordenada por el Presidente de la República y sus Ministros, y, en señal de protesta, duelo por las víctimas inocentes caídas ante el plomo homicida.- Lanzar un Manifiesto de Protesta por los acontecimientos de ayer.- Decretar la abstención electoral en vista de la falta de garantías de los derechos ciudadanos bajo el imperio de la SITUACION DE FUERZA EMPLEADA POR EL REGIMEN”.

Varios exponentes del liberalismo condenaron el crimen y a sus autores morales y materiales, presentando sus renuncias al Partido. Entre ellos estaban los Dres. Félix Paiva y Adolfo Aponte, presidente y miembro respectivamente del Superior Tribunal de Justicia; los Dres. Ricardo Caballero, Victoriano Abente, Luis Ruffinelli, Anselmo Jover Peralta, Roque Gaona, Julio Michelagnoli, Inocencio Lezcano, Diosnel Marín y muchos otros.

El día 25 de octubre el diario “El Orden” publicó una carta de los dirigentes del liberalismo criollo Dres. Carlos R. Centurión, Alejandro Marín Iglesias, Vicente Rivarola Coelho, José Campos Tellez, Juan Guillermo Peroni y Juan Esteban Carrón, dirigida al Presidente del Partido Liberal, condenando la masacre y solicitando al Directorio la sanción de los responsables de la barbarie.

Ni José P. Guggiari ni ningún otro jerarca del Partido Liberal asumió su culpabilidad. Es más, a tenor de lo dicho por el Dr. Efraín Cardozo, Secretario General de la Presidencia de la República, según la información de un agente confidencial (pyragué) “los comunistas fueron los autores de la masacre del 23 de octubre”. Esta manifestación lo hizo en base a un información anónima (5). Desde entonces, para evadir su responsabilidad política y jurídica, los jerarcas liberales emplearon dicha expresión como un slogan. A esto se sumó otro: “Nadie dio la orden de fuego”.

Minutos después de conocerse la masacre los legisladores opositores presentaron en bloque su renuncia en las cámaras del Congreso. El Partido Nacional Republicano decretó la total abstención de su actuación en repudio al régimen liberal. Al mismo tiempo, por intermedio de un pronunciamiento firmado por el Arq. Tomás Romero Pereira y el Dr. Leandro Prieto, Presidente y Secretario, respectivamente, el Partido condenó el alevoso crimen cometido por el régimen del Dr. José P. Guggiari, disponiendo la abstención absoluta y la desobediencia civil. En consecuencia, el Poder Legislativo quedó integrado exclusivamente por miembros adictos al régimen guggiarista, pues hasta los legisladores de otras corrientes interna del liberalismo presentaron sus renuncias.

Fueron detenidos en la Cárcel Pública, confinados y desterrados numerosos estudiantes, políticos, periodistas, profesores, militares, funcionarios públicos, obreros y dirigentes sindicales, y decenas de personas sospechosas para el régimen. La represión alcanzó a miembros del Partido Nacional Republicano, de la Liga Nacional Independiente e, inclusive, a miembros del sector schaerista del Partido Liberal.

Instantes más tarde del crimen se abocó el Juez de 1ª Instancia en lo Criminal Dr. Eusebio Ríos, conocido miembro del Partido Liberal, quien dictó una providencia como cabeza de proceso determinando instruir el sumario correspondiente por “haberse producido esta mañana un episodio sangriento frente al Palacio Nacional, A CONSECUENCIA DE UN MOVIMIENTO SUBVERSIVO PROVOCADO POR UN GRUPO DE MANIFESTANTES QUE INTENTO PENETRAR EN EL PALACIO A VIVA FUERZA, FORZANDO EL CORDON PLICIAL…” De esta manera el magistrado sindicó a los manifestantes como los responsables de la comisión del hecho delictuoso, incurriendo en un prejuzgamiento inadmisible, y exhibió claramente una manifiesta parcialidad para apañar a los verdaderos responsables del crimen. Nunca llamó a prestar declaración testifical o informativa a ninguno de las docenas de heridos, a los militares y agentes policiales, soldados y marineros. El Dr. José P. Guggiari, principal responsable del luctuoso acontecimiento, jamás fue llamado a indagatoria. Sin ahondar en ningún momento la investigación el sumario tomó un ritmo cansino e intrascendente, tal vez cumpliendo directivas partidarias. Al estallar la guerra el procedimiento fue paralizado y nuca más se habló del mismo.

Pero hubo un episodio bastante sospechoso. Epifanio Vázquez Riveros, Maquinista de 3ª en Comisión y encargado de la ametralladora instalada en la terraza del Palacio y, por tanto, hombre clave en la investigación murió poco días después del crimen en un presunto altercado pasional, llevándose a la tumba informaciones que habrían aclarado sobre la identidad de quien o quienes dieron la orden de fuego. Se habló que había sido una “quema de archivos”,

Días después, el presidente Guggiari delegó el Poder Ejecutivo en el Vicepresidente Emiliano González Navero y, a su pedido, la Cámara de Diputados le sometió a juicio político. La Comisión Investigadora Parlamentaria, presidida por el Dr. Gerónimo Riart, inició sus tareas el 21 de diciembre, es decir, 59 días después de la matanza. Esto favoreció aun más al presidente Guggiari debido a que todos los legisladores pertenecientes al Partido Colorado y al Partido Liberal opiositor ya habían renunciado con anterioridad en repudio al crimen. Por lo que sus juzgadores pertenecían a su misma corriente. Paralelamente a la farsa del Juicio Político continuaba el imperio del terror. El 23 de enero de 1932 la Comisión Investigadora dio por finalizada su comisión elevando su informe a la H. Cámara de Diputados. Esta, a su vez, en su sesión del día 27 del mismo mes y año, o sea, cuatro días después resolvió “Que no hay lugar a formación de causa contra el Excmo. Señor Presidente de la República Dr. José Patricio Guggiari”. La nación toda se resignó impotente a la brutal injusticia del hecho consumado. “El tal Juicio Político fue una grosera farsa jurídica, un burda parodia, una escandalosa pantomima. Su objetivo real no fue otro que tratar de aplacar con la torpe argucia de una mascarada, la encrespada indignación nacional” (6)

Aunque el presidente Guggiari resultó absuelto de cargo alguno y se le declaró inocente de la masacre de estudiantes, no consiguió eludir su responsabilidad ante la historia. Ha quedado por siempre marcado con el mote de “asesino del 23 de octubre” por las generaciones sucesivas Y fue el responsable principal del inicio de la decadencia del liberalismo paraguayo.

Como corolario podemos afirmar que el estudiantado “creyó sinceramente que la guerra podía evitarse sobre la base de un radical cambio de frente de nuestra política internacional, que propugnó resueltamente…No sugirió la guerra por ser ella contraria a sus sentimientos. Pero no aceptó que por devoción a un falso pacifismo se continuara dopando al país con las larvas del entreguismo, que lo iba conduciendo a los inicuos estrados de la humillación y del despojo. No consintió que el Gobierno siguiera echando por la borda de la indignidad los gloriosos legados que forman el resplandeciente entramado de nuestra historia de pueblo civilizado y con elevado sentido del honor” (7).

Finalmente, sin temor a incurrir en un error histórico y político, podemos afirmar que el 23 de Octubre de 1931, en los jardines del Palacio de los López los estudiantes paraguayos iniciaron la defensa de nuestra soberanía y heredad territorial.

(1) Enrique Volta Gaona. 23 de Octubre. Caireles de sangre en el alma de la Patria Paraguaya, pág. 294, 2ª edición, EL ARTE S.A., 1957, Asunción.

(2) Enrique Volta Gaona, op. citada

(3) Alfredo M. Seiferheld, Conversaciones Político-Militares (Volumen IV) Entrevista al Dr. Vicente A. Zayas, pág. 106).

(4) M. Agustín Avila, 23 de octubre de 1931, pág. 18, Edit. EL FORO, 1981, Asunción.

(5) Efraín Cardozo. 23 de Octubre, pág. 341.

(6) M. Agustín Avila, op. citada, pág. 43

(7) M. Agustín Avila, op. Citada, pág. 46

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9 Responses to CAUSAS Y EFECTOS DE LA MASACRE DEL 23 DE OCTUBRE DE 1931

  1. Eduardo Farina dice:

    El abogado Humberto Zaracho ya nos ha demostrado suficientemente que es un estudioso de la historia del Paraguay; ahora debe dedicarse a estudiar la historia del Partido Colorado y su ideología para no decir más imbecilidades como que nuestro Partido tiene origen Liberal y parecida ideología. Tiene que recomendárselo Usted, Sr. Director, pues es su editorialista y no debe ser tan ignorante en esa cuestión.

  2. Darío González Palacios dice:

    Humberto, recordado amigo:
    Vengo siguiendo, paso a paso, tus brillantes contribuciones para con nuestro querido amigo Osvaldo, Director de EL COLORADO.
    Tu prosa y redacción es magnífica!.
    Debo confesarte que, ya muchos años atrás, para mi, nada hacia presagiar sobre tu futuro, teniendo en cuenta tus (nuestras) frecuentes “cabezudeadas” perpetradas en pandilla, durante nuestra “pasada” por el Colegio Internacional. Te acuerdas?.
    Si bien en aquellos tiempos, ya tus dotes de “caudillo”, luego
    dieron sus frutos, en tu paso por la carrera militar, en lo que hace a tu ahora también como afirmo, dotes de escritor, he quedado grata-
    mente sorprendido!.
    Sigue así mi estimado amigo!. Tus artículos siguen siendo, “uno mas interesante que el otro”!
    El fuerte abrazo,
    Darío González Palacios

    • Humberto Zaracho dice:

      Estimado Darío: gracias por tus apreciaciones. En realidad, aunque no llegué a ser un alumno distinguido, sin embargo te confieso que siempre me fascinó la historia, en especial nuestra historia nacional. Recordarás que tuvimos muy buenos profesores de esa disciplina, como Federico Callizo, Miguel Angel Pesoa, Capurrito. Con ellos aprendí bastante y tuve la suerte de debatir en algunas ocasiones, y siempre respetando mis opiniones. Como eran liberales no siempre nos poníamos de acuerdo. Ahora bien, siempre continúo leyendo textos sobre temas históricos y políticos. Pero me sorprende tu opinión, que desde luego me halaga, sobre mi estilo del relato. Y me pone contento sea de tu agrado, esperando que también lo sea de los lectores. Finalmente, gracias por recordar de nuestras sanas travesuras de la época del Inter, que nos lleva a evocar momentos gratos de nuestra pasada juventud. Hasta siempre estimado compañero y amigo.

  3. osvaldobergonzi dice:

    Humberto: Leí el comentario de nuestro común compañero y amigo Darío González Palacios definiendo claramente tu fina prosa..
    En este tema quiero aportar algo. El teniente Adolfo Rojas Silva fue compañero de remesa del general Amancio Pampliega, 1924 – 1925. Me recordaba Amancio que luego del cumplimiento de un año de estada por el Chaco fundando fortines bajo las órdenes del entonces Capitán Arturo Bray entre 1926 y 1927,.lo comisionaron a Concepción. En el puerto de esa ciudad en 1927 lo despidió a su entrañable amigo Adolfo con otros militares sin pensar siquiera que jamás lo volvería a ver. A menudo recordaba la escena brotándole lágrimas, razón por la cual yo cambiaba de tema anunciando una noticia truculenta. Saludos a ambos.

  4. LOS MAS GRANDES CRIMINALES Y TRAIDORES A LA REPUBLICA DEL PARAGUAY SON: JOSE P GUGGIARI, EFRAIN CARDOZO, EUSEBIO AYALA, FELIX ESTOGARRIBIA, EL PARTIDO LIBERAL RADICAL Y ARTURO BRAY, NO ASI EL AUTENTICO PARTIDO LIERAL QUIEN CONDENO LA MASACRE DEL 23 DE OCTUBRE

  5. Antonio Ferreira dice:

    Dr. Andrés Humberto Zaracho

    En homenaje a su excelente escrito, acabo de enviar a Osvaldo una carta manuscrita del archivo de mi Padre, don Saturnino Ferreira Pérez con referencia a este suceso.

    Usted lo analizara con mayor profundidad y de seguro sacara de ella un mayor provecho, para informar a los seguidores de nuestro semanario.

    Y es también en homenaje a este Tribunal Partidario, que no dudo en sentar una postura bien colorada. Así hablan los COLORADOS.

    Dr. Zaracho muchas gracias por no privarnos de su maravillosa pluma; felicitaciones.

    • Humberto Zaracho dice:

      Estimado amigo y correligionario Antonio Ferreira: Le agradezco por sus conceptos. Además, le comento que leí el artículo enviado a la Dirección de El Coloó, el cual contiene datos de sumo interés para la historia política partidaria. Con un abrazo nacionalista y republicano.

  6. Gladys Alida Urunaga Yaluff dice:

    Dr José P. Guggiari Dirigente liberal gubernamental durante la Revolución de 1922. Nombrado Delegado de Gobierno de la rebelde Encarnación. El 22 de junio de 1922 llega a la ciudad e íntima rendición a la plaza. Rechazada esta, ordena el bombardeo de la ciudad, hecho desde la nave “Adolfo Riquelme”. Fuente : Revolución de 1922. Enciclopedia histórica del Diario La Nación.

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