IMPERIALISMO ARGENTINO


Editorial de ABC Color: Una notable síntesis histórico, político económica que desnuda la maldad secular de un vecino ponzoñoso con el Paraguay. En tanto, el noble pueblo argentino de las provincias interiores que se negaron a pelear contra nosotros, nos piden perdón por el genocidio cometido. Sin embargo, sus posteriores gobiernos centralistas porteños, prosiguieron, luego de nuestro Holocausto en que quedaron tan solo 5.000 hombres sanos, su campaña imperialista ora alegando llaves de esclavitud por no poseer salida al mar, ora tretas, prepotencia y ataques propio de las fieras. Menos mal que el noble pueblo argentino en el año 2015 los desalojará del poder a estas sabandijas que igualmente los perjudica  ellos en su seguridad y bienes y quizá podamos barruntar mejores años de convivencia a un pie de igualdad respetando tratados y ayudando a un país sin litoral marítimo como lo hace la Unión Europea con numerosos de ellos.

Más allá del contencioso debate actualmente en curso acerca de la próxima renegociación del Anexo C del Tratado de Yacyretá con el objeto de regularizar la desprolija administración de la usina hidroeléctrica binacional y sacarla del atolladero financiero y administrativo en que se encuentra, ahora una nueva preocupación –otra más– de la ciudadanía se centra en el recrudecimiento de la política de hostilidad del Gobierno argentino hacia nuestro país con las recurrentes y arbitrarias trabas comerciales impuestas al comercio paraguayo en flagrante violación, no solamente del Tratado del Mercosur, sino de otros acuerdos bilaterales plenamente vigentes, en particular los referentes a la libre navegación de los ríos Paraguay y Paraná.

La inquietud de los productores, industriales y comerciantes paraguayos y, por añadidura, del pueblo trabajador que con su esfuerzo impulsa la vida económica del país, ha subido de punto con la preocupante advertencia lanzada recientemente por el subsecretario de Puertos y Vías Navegables de la Argentina, Horacio Tettamanti, en el sentido de que “habrá crecientes tensiones por la Hidrovía con Brasil, Paraguay y Bolivia, como la que hoy hay con Uruguay (…) porque vamos a defender nuestra soberanía fluvial”. De hecho, como país mediterráneo, la principal salida al exterior del comercio paraguayo –por no decir la única– es la vía fluvial, por lo que históricamente el boicot económico de los Gobiernos argentinos de todos los tiempos contra nuestro país se ha materializado preferentemente con obstrucciones arbitrarias a la libre navegación de embarcaciones y productos paraguayos con destino a ese país y a mercados de ultramar. No debe sorprender, entonces, que el alto funcionario argentino haya exhortado a grupos de interés de su país a aprovechar las crecientes necesidades logísticas de las producciones del interior brasileño y del Paraguay para hacer valer “la llave” que tiene la Argentina para permitir su salida al mar.

Para comprender mejor la génesis de la secular política de trabas al comercio paraguayo por parte de las autoridades argentinas, que vuelve a recrudecerse en nuestros días, debemos retrotraer al presente la dura porfía sostenida por el doctor Gaspar Rodríguez de Francia con la Junta de Buenos Aires tras la revolución libertadora del 25 de mayo de 1810 que destituyó al virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros.

En la época colonial, el Paraguay poseía el monopolio natural de algunos productos de gran demanda, como la yerba y el tabaco, que se consumían en toda América y sobre los cuales las leyes impositivas bonaerenses cargaban la mano con excesivo rigor en forma de sisas, alcabalas y arbitrios. A esto se sumaba la imposición del puerto preciso de Santa Fe, hasta donde se les permitía llegar a los buques mercantes procedentes del Paraguay. Desde ahí las mercaderías debían ser trasladadas en carretas hasta Buenos Aires, desde donde eran derivadas a sus destinos finales, dentro y fuera de los límites del Virreinato.

Este fue el primer escollo al comercio paraguayo, que el doctor Francia se empeñó en remover tan pronto asumió el poder. Para ello desarrolló una forma competitiva de diplomacia –mezcla de condescendencia y astucia– explotando hábilmente el temor inicial de la Junta de Buenos Aires a una inminente rebeldía españolista por parte de las provincias del Alto Perú (actual Bolivia), Paraguay y Uruguay, que se negaron a aceptar su autoridad y que conformaban un potencial semicírculo reaccionario capaz de sofocar la revolución libertadora argentina. La atemorizada Junta buscó atraer a su favor con halagos económicos al Paraguay, aceptando suprimir el odioso puerto preciso de Santa Fe y las restricciones a la libre navegación del río Paraná.

Pasado el peligro de una reacción realista, la Junta, como ya no necesitaba del auxilio del Paraguay, retomó su inicial actitud de someterlo a su dominio mediante la reimplantación de trabas a su comercio internacional destinadas a asfixiar su economía, primero, y por la fuerza después, con la expedición militar del general Manuel Belgrano, derrotado en las batallas de Paraguarí y Tacuarí. Así, desde su independencia y hasta la caída del dictador Manuel de Rosas en 1852, el Paraguay sufrió un sistemático y duro bloqueo económico por parte del gobierno de Buenos Aires.

Tras la muerte del dictador, tomó la emblemática posta de la defensa de nuestra independencia y de la libre navegación fluvial Don Carlos Antonio López, gobernante igualmente tenaz e inteligente como su antecesor, que reabrió el Paraguay al mundo e impulsó su progreso a pesar de la persistencia de las trabas argentinas, las que logró capear mediante una hábil diplomacia pendular entre el Imperio del Brasil y la Confederación Argentina, rivales geopolíticos que se disputaban hegemonía en el Río de la Plata. Luego de su muerte, la infame Triple Alianza nos trajo la guerra de exterminio, con el resultado de la ruina del país y el despojo de parte importante de su territorio.

Tras la hecatombe de Cerro Corá, era de esperar que la Argentina, más que Brasil, adoptara una postura, si no de reparación histórica, al menos de generosa cooperación para mitigar las lacerantes secuelas de la infame guerra genocida por ella propiciada, habida cuenta de tener el candado y la llave del acceso del Paraguay al mar. En tal sentido, no deja de ser una amarga ironía que, en vez de ayudar a nuestro país a superar su trágico infortunio por ella provocado, la Argentina optó más bien por sacar provecho de su desgracia, convirtiendo al Paraguay en su feudo económico mediante la vil apropiación por parte de capitales argentinos de miles de kilómetros cuadrados de sus mejores tierras y estableciendo industrias meramente extractivas con la mano de obra semiesclava de la paupérrima generación de paraguayos de posguerra, como los “mensú” de los yerbales y obrajes.

A la luz de la historia, la persistencia de la hostilidad comercial de la Argentina hacia el Paraguay hasta el presente constituye un doble error de esa República hermana: político y económico. Político, porque fatalmente la agresión provoca resentimiento y desconfianza, haciendo difícil acreditar en la buena fe de nuestros vecinos para acomodar intereses comunes en un contexto de cooperación económica, como Yacyretá y los otros emprendimientos binacionales potencialmente estratégicos, como la represa de Corpus, o la propia Hidrovía a que ha hecho referencia el subsecretario Tettamanti. Error histórico, porque pretender obtener beneficios económicos a expensas de un país vecino más pobre y pequeño es una mezquindad condenada a pagar un alto precio en el largo plazo, directa o indirectamente, como le sucedió con la Triple Alianza que selló por siempre la pérdida de su hegemonía geopolítica en el Cono Sur.

Por tanto, para merecer la confianza del Paraguay para la concreción de futuros emprendimientos económicos de interés común, Buenos Aires debe garantizarnos que respetará los tratados soberanamente contraídos con nuestro país y con otros de la región, rectificando su anacrónica política de mala vecindad.

2 Responses to IMPERIALISMO ARGENTINO

  1. Este comentario ya lo publiqué en el Facebook pero lo voy a repetir aquí, como sigue:

    Desde que tengo uso de razón, pasando por toda mi vida, hasta hoy, escucho el mismo ‘plagueo’ y reclamos que hacemos los paraguayos a las autoridades argentinas. Reclamos más que justos que nunca hemos podido resolverlos. “Ahora una nueva preocupación –otra más– de la ciudadanía se centra en el recrudecimiento de la política de hostilidad del Gobierno argentino hacia nuestro país con las recurrentes y arbitrarias trabas comerciales impuestas al comercio paraguayo en flagrante violación, no solamente del Tratado del Mercosur, sino de otros acuerdos bilaterales plenamente vigentes, en particular los referentes a la libre navegación de los ríos Paraguay y Paraná”. Las autoridades de turno no han logrado supercar los abatares y atropellos del “hermano país” No creen que ya deberíamos tomar medidas más drásticas, más concretas, aplicando la medidas de reciprocidad o llevar este problema a cortes internacionales de justicia, así nos lleve tiempo y dinero?.

  2. osvaldobergonzi dice:

    Myrian: Es los que los parguayos esperan. Tus juicios son elocuentes. Pero, parece que tanto periodistas como funcionarios venden su pluma al mejor postor. Saludos extensivos a tu marido e hijos. Un abrazo.

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