EL INTENTO DE GOLPE DE ESTADO: SUMARIO (3)CONCLUSIÓN


La investigación (continuación)

Por eso Ramírez fue llevado a un calabozo aunque el “considerado” General Yegros ordenó que se lo trasladara a una pieza cercana a su unidad. Preguntado Ramírez acerca de las medidas que adoptó, contestó satisfactoriamente identificando a los oficiales que se plegaron a los sediciosos dado que la propia guardia se cambió a las 24:00, como si nada hubiese sucedido. – Todo el personal de la guardia de mi unidad continuaron como si nada hubiera ocurrido, remarcó el coronel Porfirio Ramírez. (Folio 201 y vto.)

La situación, en cambio, del coronel Santiago Jiménez es más comprometida que la del General Franco Verdún debido a que obedeció órdenes de un militar en situación de retiro como lo es el Coronel Varela, uno de los directores de la conjura. El declarante Giménez a su vez lo comprometió a su jefe cuando respondió. – Lo hice por orden de mi comandante de división Coronel Collante, para que yo lo acompañe a Varela a Cerrito. Allí vio el despliegue de los tanques. Allí se abrazó con Woronieski a quien dijo en tono irónico – Estarás contento por el éxito.

Encontrándose el declarante en Cerrito se comunica por celular con el comandante del cuerpo General Quiñónez Imas a quien trata de explicar su embarazosa situación pero éste no entiende sus explicaciones. – Usted, ¿con quien está?, le increpa. – Con usted, mi general, responde el coronel Santiago Giménez. – ¿Qué es lo que está haciendo ahí entonces?, replica. Sin duda Giménez tiene su cuota de responsabilidad como su superior el Coronel Collante. Debieron preferir ser apresados que cumplir tamaña orden de acompañar a un sublevado, el uno, y el otro, de ordenarle que lo haga. (Folios 203 y vto. y 204)

El Coronel Collante explica a la comisión que el factor “Arma” prevaleció para que los sediciosos dominaran la gran unidad. Debido a ello varios jefes, oficiales, suboficiales, sargentos y cabos se plegaron al golpe. Pero en su informativa dejó varios puntos en el tintero dando como pretexto el no haber tomado otras medidas por el corte de teléfonos. Pero al saber la cantidad de gente que los acompañaba optó por la recomendación de sus oficiales de hablar con Woronieski quien ya le había pedido dialogar con él. – Soy Woro, tengo un problema grave en la guardia y le necesito, le dijo y Collante le colgó el teléfono. Finalmente habló con él. Afirma que lo increpó a Woronieski y este le hizo proposiciones. – Decidite, o morimos hoy todos acá o mañana sos general, le propone. – Mbae general, piko, le responde Collante. (Nota: Expresión despreciativa en el sentido que el proponente no era nadie para determinar ascensos.) (Folios 205, Vto. y 206) El coronel Diosnel Guerrero Martínez, comandante del regimiento de caballería blandada Nº 2, con sede en Cerrito, queda sorprendido, según sus palabras, de verlo en su unidad al jefe de Estado mayor divisionario coronel Santiago Giménez. Finalmente accede a hablar con los sediciosos. La secuencia es la misma. Creo que varios de los jefes que fueron desfilando en estas líneas tuvieron en cuenta la presencia de sus respectivas familias dentro de la gran unidad. Quizá esto influyó mucho en el ánimo de ellos para actuar como actuaron. (Folios 207, vto. y 208)

Conclusión

No pretendo erigirme en juez de nadie. Pero puedo afirmar que quienes se vieron envueltos en la dirección de tan descabellada acción no pensaron en el perjuicio ocasionado no solo al arma de caballería sino a tantos jefes y oficiales jóvenes como a suboficiales que perdieron su carrera en el ejército. No pensaron en sus familias especialmente, las de los suboficiales, algunos con algunos años a cuestas, y demás clases dentro del escalafón que no pudieron completar sus haberes para adquirir el derecho a una jubilación digna. Se dejaron llevar por la pasión y el odio que todo lo destruye. Asimismo complicaron o pusieron en sospecha a altos jefes, camaradas suyos, que debieron dar mil vueltas para demostrar su inocencia. Muchas causas continúan o siguen abiertas conforme a noticias periodísticas. Posiblemente muchas se extinguieron. Lo sucedido luego del 15 de agosto de 2003, fecha en que entregué el poder, desconozco en detalles, pero tengo entendido que por su volumen algunas deben continuar.

Las declaraciones informativas de algunos jefes son reveladoras, y si no estuvieron metidos en el entuerto por lo menos no supieron cómo controlar la situación. Tal el caso de varios de ellos. Respecto a la indagatoria de los detenidos y procesados no me detengo por ser tan numerosas las causas. Además, solo pretendo rescatar en este capítulo su aspecto político. No deseo entrar en mayores profundidades – repito – porque el expediente por demás frondoso contiene numerosos tomos solamente en la justicia militar, sin contar los casos que fueron a parar a la justicia ordinaria. Simplemente examino la primera parte de la investigación que yo mismo ordenara en su oportunidad. Tan minuciosa fue como se habrá podido apreciar, que resulta imposible de creer que una cosa así se puede idear desde el poder. Las declaraciones en la esfera militar fueron claras. Nadie señaló que fue torturado para decir lo que dijo en tan voluminoso expediente en el que desfilaron cientos de procesados y no procesados.

La sublevación, sugestivamente madura en unos meses, de diciembre a mayo, justo después que el General Oviedo abandonó la Argentina. Al mismo tiempo llama poderosamente la atención que en esos días el matutino La Nación de Buenos Aires publicó un laudatorio articulo del referido militar. La mayoría de las acciones de dicho medio de prensa pertenece en la actualidad a los hermanos Saguier Mitre, y su madre, la viuda del Saguier que fuera intendente de la capital porteña hace varios años. El apellido materno de esta familia se origina en el Paraguay. Es decir, existe un parentesco aunque lejano entre los Saguier paraguayos y argentinos. El entonces canciller Miguel Abdón Saguier en ese tiempo viajó en numerosas oportunidades a ese país, y su hermano Hermes Rafael, como quedó apuntado, se convirtió en uno de los abogados del militar prófugo. A diferencia de su hermano, éste vivió y se crió en la Argentina y habla con el tono usado por los naturales de ese país. Asimismo en páginas anteriores quedó aclarada la circunstancia por la cual lo tuve que separar del cargo a su hermano el Canciller Saguier, y la guerra sin cuartel que ambos comenzaron a desarrollar en el seno del PLRA para apartar a esta añosa agrupación del gobierno de unidad nacional.

Por otra parte el lugarteniente del General Oviedo, teniente coronel Vladimiro Woronieski, aparece en numerosas declaraciones. Me remito aunque solo en algunas de ellas para demostrar al lector su activa gestión en aquella patriada y sus elocuentes como alocadas proposiciones de ascenso a general como lo hizo con el Coronel Collante. Lo destaqué al personaje a pesar de su deshonroso papel para consignar que uno de los visibles lugartenientes del General Oviedo fue una de las piezas claves de la intentona de golpe, ora amenazando con destrozar gente y vehículos, ora yendo y viniendo de Campo Grande a Cerrito. Surge así una interrogante: ¿Acaso Woronieski fue dirigido por González Macchi y su gavilla para realizar tamaña cuan burda tropelía?

Creo haber demostrado en este capítulo quiénes fueron los cabecillas de los hechos de mayo de 2000. Además, tomé en consideración no solo las versiones de los que defendieron al gobierno sino de aquellas personas del campo contrario, que participaron pasivamente pero por su franqueza dan plena credibilidad al relato. Deseo destacar que la firmeza de carácter del general Santiago Quiñónez Imas, del coronel Porfirio Ramírez y del Comandante Osorio fortalecieron a los que flaquearon lo cual fue decisivo para recuperar el primer cuerpo del ejército pues como se puede apreciar, si ellos hubiesen claudicado, posiblemente otra hubiera sido la historia.

Nota: Hace unos días el ex senador Alfredo Jaeggli reconoció su participación en el intento de golpe de estado de los días 18 y 19 de mayo de 2000 y se arrepintió. Pero confesó e implicó a terceros. En el mismo sentido lo hicieron Blas N. Riquelme y Juan Carlos Galaverna respecto a las elecciones del 27 de diciembre de 1992. Así obran los hombres de bien. No tiran la piedra y esconden la mano como muchos. Jaeggli lo acusó enfáticamente a Acero Zucolillo de haber sido uno de los financistas del intento de golpe.

En los días anteriores y siguientes al hecho afirmaba en su diario que el gobierno de González Macchi era ilegítimo. Pero no decía quien debía ocupar el cargo. Seguramente los golpistas. Incluso le daba un amplio espacio al cabecilla de la rebelión, Rambo Saguier, filmado por los medios de comunicación y con prisión domiciliaria. Jaeggli afirma que Zucolillo no confiesa su participación en calidad de financista por indicación de sus abogados. De cualquier modo la constitución prescribe que a falta del presidente (renunció), lo sustituye el vicepresidente (asesinado el 23 de marzo de 1999) y a falta de éste el presidente del congreso, y a falta de éste el presidente de la cámara de diputados y a falta de éste el presidente de la suprema corte de justicia y a falta de éste  PERURIMÁ.

EXPRESAN ILEGITIMIDAD PERO SE GUARDAN DE DECIR QUIEN DEBIÓ OCUPAR LA PRIMERA MAGISTRATURA DEL PAÍ,S DE AHI NUESTRO REMOQUETE  PERURIMÁ, QUIZÁ LOBISON  Y POR QUÉ NO EL MISMÍSIMO, YACYJATERÉ.

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