ESTE ARTICULO ME RECUERDA LO QUE USTED NOS RECORDABA EN LAS AULAS DE FILOSOFÍA


De representación y recuerdos

Por Ana Rivas

Enviado por un alumno mío:

¿Está secuestrada la voluntad popular en el Paraguay? Es una pregunta que aparece cada vez que hay una reunión de periodistas o de personas a quienes simplemente les interesa la realidad nacional. Algunos consideran que es una pregunta tonta. ¿Cómo es posible que exista tal cosa, si hay elecciones cada dos años? Y es más, para algunos hay demasiadas elecciones a cada tanto. Nos aseguran siempre que hace años dejamos atrás los comicios amañados, las trampas electorales y la compra de votos. Hemos madurado y es probable que tengan razón.

Pero el punto está en que, cuando vemos a quienes nos representan, no lo podemos creer: ¿Esos somos nosotros? ¿Somos los ciudadanos iguales a esos que se sientan en el Parlamento, en las legislaturas municipales? ¿Cómo es posible?

Corría el primer lustro de la década de los 90 cuando comenzó el primer Parlamento posdictadura. Varios éramos además los periodistas que nos iniciábamos con ellos en el deleite de la libertad de expresión y, quizá por eso mismo, debo reconocer que éramos implacables y que, muy posiblemente, exagerábamos. Perseguíamos a sol y a sombra a cuanto parlamentario integraba las comisiones o la mesa directiva, buscábamos todo lo que oliera a autoritarismo o abuso de poder. Torturábamos a preguntas a personas como Waldino Ramón Lovera, Mario Mallorquín, Alberto Nogués, Federico Zayas, Evelio Fernández, Rodolfo y Carlos Alberto González Garabelli, Rodrigo Campos Cervera o la propia Carmen Casco de Lara Castro, doña “Coca”.

Ese era el Parlamento: horas y horas de aprendizaje en los debates, de niveles intelectuales impensables hoy. Las sesiones eran a la tarde y el menú era una chipa crocante y absolutamente deliciosa que alguno de los menos de cien funcionarios compraba de un supermercadito que estaba ubicado frente al edificio Zodiac. Los periodistas escuchábamos parados, prácticamente encima de los legisladores, que no tenían el menor problema en compartir el debate con prensa y público, porque defendían posiciones reales de gente real, que estaba allí mismo, simple y tangible. Se construía República. Por supuesto que había operadores, punteros, paniaguados y zoqueteros iguales a los de ahora, pero entonces eran los menos. El sistema de representación funcionaba.

Con el correr de los lustros, la clase política partidaria se percató de que podía distorsionar las normas y a los operadores hasta convertirlos prácticamente en un cónclave: es decir, al igual que en la Iglesia el Papa elige cardenales que, a su vez, eligen al Papa, los operadores trabajan por los caudillos políticos para que sean electos diputados y senadores que, a su vez, mantienen a los operadores políticos. Así es como se consolida el divorcio con el resto de la sociedad: el que no está en esta intrincada y truculenta trama, simplemente no tiene representación. Se ha capturado la voluntad de la gente, de la ciudadanía. Y no se puede vislumbrar, a corto plazo, una forma de romper el círculo vicioso de este secuestro.

ana.rivas@abc.com.py

Nota: A un brillante alumno le pareció oportuno comparar el artículo de la señora Ana Rivas, con mis dichos en las aulas de   FILOSOFÍA DEL DERECHO. Y me lo envió por correo.  A él le digo que por lo visto y leído entendió mi mensaje. Espero que Ana no se haya roto algunos de sus dientes de jovencita tenaz con la crujiente pero a veces dura chipa que le ofrecíamos solo ablandada con un rico cocido. Para mi satisfacción, la de aquellos auténticos congresistas y la de su marido, gracias a Dios, ella se conserva tan lozana como durante aquel histórico  lustro luego de la caída de Stroessner. Quizá por un lapsus olvidó en sus recuerdos a Carlín Romero Pereira, Gustavo Díaz de Vivar+, Julio C. Vasconcellos, José Félix Fernández Estigarribia, Augusto Brun+, José Antonio Moreno Rufinelli, Juan Manuel Benítez Florentín, Fernando Vera+ y Ricardo Lugo Rodríguez, entre otros tantos colorados, liberales y febreristas notables. Pero comprendemos, tarea imposible constituye publicar el nombre de 72 diputados y 36 senadores de tan buena calidad. Varios de sus colegas periodistas ya no están pero pasaron por el martirio de las chipas dado que en las discusiones de proyectos en comisión o en plenaria  participaban ellos casi mesclados entre nosotros. Los debates de esos tiempos, en ambas cámaras, no tuvieron parangón. Las mejores espadas del tradicionalismo y los llamados ex contestatarios como del PLRA y PRF estuvieron allí, sancionando 4 códigos en 4 años, en plenas vacaciones, a chipa y cocido limpio. Eso se sintió en la discusión durante el tratamiento de  la Ley del Divorcio Vincular.Durante meses en las radioemisoras se afrentaban los adeptos de uno y otro sector. Los insultos subían de punto porque las anti divorcio obligaban a sus maridos a acompañarlas incluso a cintarazos, nos informaron algunos malhablados. Los más cautelosos se abstenían de hablar acerca del tema. Aquello fue una guerra que duró meses.  Nenín Sandoval+ me apoyaba e indicada a sus amigas para cuidarme mi camioneta luego de la golpiza a paraguazos recibida por mí de aquellas señoras tan ofuscadas, quizá alentadas por Monseñor Blujaky, de la catedral aunque esto a mí no me consta. Mi contendor anti divorcio era por entonces el joven juan Carlos Galaverna. Ambos teníamos hinchada. Pero Nenín+ se encargó en el momento crucial que la mía se triplicara lo cual volcó el voto decisivo para su sanción que venía de la cámara de senadores cuyo proyectista fue un médico colorado, Carlos Zayas Vallejos, vivo y coleando hasta hoy. Los hijos extramatrimoniales cuyos padres pasaron toda una vida juntos nos alzaron en andas.  Finalmente no vino ningún zunani como pronosticaban los agoreros pues los divorcios disminuyeron al año siguiente. El que esto suscribe tuvo el honor de salir en el lugar  Nº 7 entre los 72 miembros de la cámara de diputados conforme a una encuesta realizada entre periodistas publicada en Ultima Hora entre fines de junio  y principios de julio de 1993. El director

PD: Le ofrezco a Ana Rivas una fotografía de la vieja cámara de diputados donde ocupábamos nuestros sitios y donde se le declaró la guerra a la República  Argentina en marzo de 1865, si desea sacar una copia. Y como colofón una anécdota. Corre mediados de enero de  1990. Como todos los días luego de la fiestas de fin de año, desde la 8 de la mañana, veníamos discutiendo el código electoral. Yo era vocero de las dos comisiones, de asuntos constitucionales y codificación pero en minoría y Ángel Roberto Seifart lo era en mayoría. Por momentos nuestros enfrentamientos eran algo acalorados acompañados de hinchadas que obligaban al presidente a pedir silencio. La extraña paradoja constituía la integración de los sectores en pugna. En ambos sitios lucían la camiseta de Cerro Porteño. Es decir, colorados y liberales por un lado y colorados y liberales por el otro, a tal extremo que hubo un empate y de no ser por el viaje de Persio Da Silva+ los ortodoxos ganaban pues hubo un empate y el presidente, Miguel Ángel Aquino, nos acompañó el voto directo que más tarde nos enteramos era un sistema para millonarios (listas sábanas) votado por pobretones. Nosotros, influenciados por la prensa, igualmente convencida que ello constituía un bien para la patria, votamos por el voto directo, es decir, por las listas sábanas, y los llamados ortodoxos o chicos malos, pedían que los cargos a llenar se votara en cuarto obscuro por los convencionales de lo partidos y movimientos políticos. A tanto llegaron nuestras trifulcas que luego de comer la dura chipa y el cocido nos entró un sopor a todos. Y casi nos quedamos dormidos cuando – de pronto – el diputado, Mauri Arza, por el PLRA dice: – Señor, presidente, solo para una corrección de forma. – Señor diputado, haga llegar su propuesta por escrito para que sea leída por secretaría. – Como no, señor presidente. Acto seguido el secretario lee “EL PRESIDENTE DE MESA LE TOMARA EL DEDO INDICE derecho AL ELECTOR Y SE LO METERA EN EL…………!? En ese momento estalló la cámara con prolongadas risotadas a cuales más pintorescas. Los estallidos de risa concursaban entre uno u otro sector sin distingos de colores. Pero sirvió para despertarnos y continuar la marcha hasta fin de mes o primeros días de febrero cuando  enviamos la primera sanción al senado que lo aprobó, y pocos días después fue promulgado por el entonces presidente de la república, general Andrés Rodríguez. El director

One Response to ESTE ARTICULO ME RECUERDA LO QUE USTED NOS RECORDABA EN LAS AULAS DE FILOSOFÍA

  1. rolo-arpea@hotmail.com dice:

    ERA UN VERDADERO LUJO TENER PARLAMENTARIOS COMO USTED DR, SALUD,,

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