LOS COLECTIVOS ARMADOS VENEZOLANOS


Estos colectivos, guardianes de la revolución o fuerzas paramilitares adiestrados en Cuba, los hemos observado movilizándose en motos y disparando a mansalva, normalmente por la espalda. Por Juan José Monsant Aristimuño /Exembajador venezolano en El Salvador y en el Paraguay.

Viernes 21, febrero 2014 | 8:38 pm

Los veía allí, de pie, recostados a la pared, bajo un toldo o fuera de él, en la esquina La Torre, frente a la Plaza Bolívar y la Casa Amarilla, sede de la cancillería venezolana, situada entre la esquina Principal y Las Monjas. Ese cuadrilátero de la Caracas colonial donde confluyen el Concejo Municipal, la Asamblea Nacional, la Catedral, el Palacio Episcopal y lo que fuera la sede de la Gobernación de la ciudad capital, que hoy no sé ni cómo se llama, pues de ese edificio sacaron a Antonio Ledezma cuando ganó la Alcaldía Mayor, y Chávez  le quitó la sede, el presupuesto, la policía, las escuelas y le dejó el título, que no pudo despojárselo porque fue electo por los caraqueños.

La esquina caliente la llamaban, a las cuatro en realidad, porque allí se reunían a entonar canciones de la revolución cubana, vender camisas del Che, libros, CDs, bustos de yeso de Negro Primero, Chávez y Fidel. Primero molestaban a los que pasaban por allí vestidos de corbata si eran hombres, o arregladitas como para una audiencia si eran mujeres. El caso es que los identificaban como oligarcas, insultaban y algunas veces golpeaban, según su aspecto exterior. Así que nunca más me puse un saco o una corbata para ir al centro, ni siquiera a la Corte Suprema de Justicia, donde atendía un caso personal y era, era, obligatorio que los abogados vistieran según la majestad del llamado Palacio de Justicia y los sabios del Derecho que allí sentenciaban. Hoy, ya se puede ir hasta en camiseta.

Luego los organizaron en círculos bolivarianos, a imitación de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) cubanos, para organizar al pueblo, decía Chávez. Se quedaron en el adoctrinamiento, la insurgencia y contrainsurgencia, ataque y repliegue, intimidación y acción. Les proveyeron scooters y motos ensordecedoras, la caballería ligera, movilización inmediata, sin identificación. De la Plaza Altamira hasta Miraflores, donde se requiera su presencia antes de que lleguen los uniformados después de la acción, o si están allí, convenientemente mirando hacia otro lado.

Un día, en la Plaza Altamira, cayeron una española de visita y una joven estudiante. Dos hombres se bajaron de las motos de alta cilindrada, apuntaron, dispararon y se largaron, pero fueron fotografiados. Allí hicieron su debut siniestro. Hoy deben ser capitanes, oficiales del SEBIN, alcaldes, diputados o embajadores y ministros.

Colectivo sugiere grupo, conjunto de personas unidas en torno a un interés común. Una porción dentro del total. Ya existían en Venezuela antes de Chávez, pero eran grupos comunistas insertados en  repartos populosos, como el denominado 23 de enero, que al ser derrotadas las guerrillas a finales de los 60 se dedicaron a controlar su territorio, traficar drogas, imponer disciplina, proteger a los habitantes del barrio de los extraños y pactar con las fuerzas del orden: yo cuido, tú no entras.

Chávez tomó la ocasión que se le presentaba cuando estos grupos se sumaron al proyecto y se declararon” Guardianes de la Revolución”, iniciándose así un proceso de institucionalización o reconocimiento implícito de su existencia y actuación por parte del poder público. La Piedrita, Tupamaros, Alexis Vive y una decena más de estos grupos se asientan en Caracas, se calcula otros 40 en todo el territorio de la República. Uno de ellos La Piedrita, por ejemplo, con sede en el 23 de enero, su líder Valentín Hernández ha sido fotografiado portando armas de guerra, condecorado por el Concejo Municipal, del régimen del fallecido Kadaffi, y se ha atribuido atentados contra bienes públicos y privados, entre ellos canales de televisión (cuando eran independientes), la Nunciatura Apostólica, la sede del Palacio Arzobispal, proferido amenazas de muerte contra personalidades venezolanas de la oposición y, en su territorio se erigió una busto de Marulanda, en tanto que gigantes murales de un Cristo y una Virgen con el Niño Jesús en su regazo portando fusiles AK-47, amenazan desde sus paredes.

Estos colectivos, guardianes de la revolución o fuerzas paramilitares adiestrados en Cuba, los hemos observado movilizándose en motos y disparando a mansalva, normalmente por la espalda, como lo hicieron al asesinar a la joven Génesis Carmona en la ciudad de Valencia. Baste observar la posición corporal adoptada y el agarre del arma al disparar, para constatar la instrucción profesional en su manejo. No solo el régimen se apoya en los colectivos, sino que funcionarios del SEBIN, el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional, el equivalente del G2 cubano o la extinta STASI de Alemania, está utilizando esos métodos para masacrar a su pueblo.

Por ello, cuando se expresan deseos de paz y diálogo, más allá del descafeinado saludo a la bandera, hay que precisar que existe  un gobierno, unos colectivos armados disparando contra una población civil inerme ante la acción de un arma de fuego, o de jueces al servicio de una dictadura amoral y sanguinaria.

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