¿FIASCO O SABOTEO?


No fue un fiasco la Cumbre Iberoamericana de Panamá, fue el resultado de una estrategia que se ha venido llevando a cabo, paso a paso, desmantelando las estructuras tradicionales para ser sustituidas por otras desde Cuba y Venezuela.

Juan José Monsant Aristimuño / Exembajador venezolano en El Salvador

El Mundo, SV. Viernes 25, octubre 2013 | 7:23 pm

No solo los diarios españoles  catalogaron como fiasco la XXIII Cumbre Iberoamericana celebrada en la ciudad de Panamá el pasado 18 y 19 de octubre, bajo el lema “El papel político, económico, social y cultural de la comunidad iberoamericana en el nuevo contexto mundial”.

El título en sí fue prometedor, fue como situar en el contexto de la comunidad multicultural la realidad de los pueblos de habla española y portuguesa; verificar si algún elemento histórico, lingüístico, económico o cultural une realmente a esa grande comunidad esparcida en los seis continentes. Y si les une, por qué y para qué la necesidad, la opción, la búsqueda del encuentro, básicamente compartido en el origen de una historia, un tiempo y hecho común: la conquista y colonización de los siglos XV y XVI.

Hablamos de dos presupuestos pero de un solo nombre identificador, comunidad iberoamericana, no hispanoamericana. Porque a partir del Tratado de Tordesillas, firmado entre los reinos de España y Portugal en 1494, dos años después del descubrimiento de América, decidieron repartirse el mundo trazando una línea imaginaria de polo a polo, situada a 370 leguas al oeste de las islas de Cabo Verde (actual meridiano 46° 37’ longitud oeste) a partir de la cual todo lo que descubriese al oeste de esa línea pertenecería al reino de España. Ese meridiano pasaba entonces hasta la que es, hoy en día, la ciudad de Sao Paulo en Brasil), el resto queda a la imaginación del lector.

La Cumbre Iberoamericana nació en la ciudad de Guadalajara, México, en 1991 con la participación de 22 países, a la cual posteriormente se  agregaría como miembro asociado Puerto Rico, y luego Andorra, Haití, Timor Oriental y Guinea Ecuatorial. Surgió en coincidencia de aspectos económicos, culturales, históricos y geopolíticos que prometían un futuro de desarrollo, libre competencia, estabilidad política e institucional y  seguridad jurídica.

Y tal como se esperaba, los Estados Unidos y la OEA reaccionaron con la iniciativa de la Cumbre de las Américas, en realidad un Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), matizado con la profundización de la democracia que, a diferencia de la Iberoamericana, excluía a Cuba por su carencia de libertades y derechos civiles. Ya podemos captar que en el fondo se daba continuidad a la Guerra Fría, pero no en términos militares o ideológicos sino comerciales y políticos, porque la libertad de mercado  supone la existencia de un orden  institucional y jurídico que solo se da en democracia.

Entre contradicciones, discursos, protocolos y burocracias, ambas Cumbres, la Iberoamericana y de las Américas fueron convirtiéndose en foros inofensivos, frustrantes, sin resultados concretos para los pueblos de la región, con algunos avances en el enraizamiento de la democracia, la alternancia del poder, elecciones, respeto a los derechos humanos y alguno que otro crecimiento económico sostenible; pero con pocos, muy pocos, en la calidad de vida de sus habitantes, atados aún a un modelo de elites heredado de la colonia.

Y en ese ambiente de espera, modorra y frustración, se presentó un relanzamiento sustentado en el suculento y apetecible petróleo, a precios jamás soñados ni administrados por una Venezuela cooptada por un militar marxista y aventurero cuyo ego incontrolable fue manipulado y dirigido desde Cuba por Fidel Castro, que vio en su pupilo la oportunidad y vía de convertir la región en uno, dos, tres Viet Nam, hasta instaurar la sociedad comunista por la que había luchado y fracasado; esta vez no por la insurgencia desde la montaña, sino desde la misma entraña del capitalismo.

Así nacieron ALBA, Petrocaribe, CELAC, UNASUR, mientras que asolapada y abiertamente se minaban las bases de la OEA, ONU, Mercosur, de las democracias representativas y valores culturales de Occidente, para ser sustituidos por un modelo estatista de producción y vivencia de corte marxista, pero saludando la bandera de la legalidad, mediante continuos procesos electorales, prácticamente la única exigencia de la OEA y la Unión Europea para legitimar los gobiernos, cualesquiera fueren sus contenidos.

No, no fue un fiasco la Cumbre Iberoamericana de Panamá, fue el resultado de una estrategia que se ha venido llevando a cabo, paso a paso, desmantelando las estructuras tradicionales para ser sustituidas por otras manejadas desde Cuba y Venezuela, en las cuales la libertad y los derechos humanos tal como las conocemos y luchamos por perfeccionar, se redimensionan en función del contenido ideológico. La reflexión da para varias entregas, porque también comienza a tambalearse la pretensión estatista, falla el petrodólar, los líderes se convierten en autócratas ineficientes y, los pueblos comienzan a rebelarse más allá de la falta de imaginación, bizarría y voluntad de los líderes demócratas del mundo, a quienes les correspondería sustantivar la democracia y la guía y defensa de la libertad.

jjmonsant@gmail.com

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