HISTORIAS REPETIDAS: JOSÉ FÉLIX ESTIGARRIBIA EN 1940 Y HUGO CHAVEZ EN 1999


Por Osvaldo Bergonzi

En este medio siempre sostuvimos que nada nuevo existe bajo el sol. En agosto de 1940 se promulgó una carta política así llamada dado que violó la constitución de 1870 vigente hasta entonces. El máximo héroe de la guerra del Chaco, José Félix Estigarribia, mediante un decreto asumía, en febrero del referido año, la suma o la totalidad de los poderes del Estado.

Renuncian en forma obligada los miembros del congreso. En agosto de 1940, mediante un plebiscito no contemplado en la constitución y en las leyes supuestamente aprueba la nueva constitución así llamada por sus ideólogos. En cambio, hasta hoy se la conoce como carta política por no haber sido el fruto de una deliberación, debate, sanción y promulgación de convencionales constituyentes.

Sus mentores recibieron peyorativamente  el nombre de  CUARENTISTAS, así llamados por propios y extraños dado que una porción de  liberales no estuvo de acuerdo con una medida que solo buscaba la reelección indefinida de José Félix Estigarribia. Tanto es así que ni siquiera previeron la existencia de la figura de un vicepresidente.

Pero como siempre sucede, el hombre propone y Dios dispone. Impensadamente Estigarrtibia fallece en un accidente de aviación a escasas dos semanas de la vigencia del nuevo instrumento jurídico cuando se disponía pasar con su esposa un fin de semana en San Bernardino. Un vuelo previsto de 15 minutos resultó fatal. Ese trágico sábado 7 de septiembre la noticia inesperada corre como reguero de pólvora en asunción.

Los autores del engendro,  LOS CUARENTISTAS, intentan un golpe de estado a través del prestigioso general, Paulino Antola. Pero éste lo comenta con el flamante presidente electo por medio de una caja de fósforos tirada al azar entre jefes militares pues no existía norma prevista alguna. (Ver declaraciones de mayor de  aviación, Urbieta Rojas, Alfredo Seifergeld, conversaciones cívico militares tomo III)

Al mes, es decir, en septiembre, Morinigo, luego de escuchar la confesión de Antola, acepta la renuncia de todos los ministros CUARENTISTAS quienes a partir de ese año desaparecen para siempre de la vida pública. (Ver declaraciones del ex presidente Higinio Morínigo, Alfredo Seifergeld, conversaciones cívico militares tomo I)

Justo Pastor Benítez recaló en el Brasil donde ejerció la enseñanza. Pablo Max Ynsfran se radicó en los Estados Unidos y ejerció la docencia en la universidad de Austin Texas. Juan Guillermo Peroní ejerció con gran solvencia la profesión de abogado en Buenos Aires y más tarde regresa a su país en 1973 y funda la edición profesional LA LEY, con gran éxito. Justo Prieto se refugia en Buenos Aires, escribe importantes libros en tanto su esposa, brillante educadora, Beatriz Mernes, abre un secretariado de niñas que más tarde se convertirá en la  UNIVERSIDAD COMUNERA.

La lista sigue con otros no menos destacados. Pero lo enunciado demuestra que a pesar de ser gente brillante, LOS CUARENTISTAS, fueron jóvenes apurados que quisieron usar el prestigio de Estigarribia para construir un nuevo orden de cosas en el Paraguay, un Estado autoritario de derecha con un ejecutivo fuerte dado el fracaso rotundo de la constitución de 1870, dictada por los aliados y distante de la realidad social del pueblo paraguayo.

Sin embargo, lo único que no previeron, sucedió. El heroe del Chaco y su esposa fallecen en forma insólita y el plan se viene abajo. Pero la receta  de  LOS CUARENTISTAS la usarán otros como Stroessner que logró reformar la carta política de 1940 con algunos afeites en 1967. Pero esa vez con la participación de cuatro partidos políticos: La Asociación Nacional Republicana, El Partido Liberal, El Partido Liberal Radical y el Partido Revolucionario Febrerista. Nace así una auténtica constitución que le permite gobernar a Stroessner por 10 años más gracias a tan enorme colaboración.

Hoy tal historia se repite en Venezuela. Por eso publicamos a continuación la nota editorial del diario ABC Color de la fecha 02-01-13 con el título:

EL DIABLO METIÓ LA COLA

En la Venezuela dominada por el “Socialismo del Siglo XXI” fabricaron una Constitución a la medida del conductor mesiánico; la diseñaron para Hugo Chávez, para sus proyectos personales, para su modelo ideológico agresivo y excluyente, resumido en su rudo grito de guerra “¡socialismo o muerte!”.

Sus juristas instalaron en su herramienta legal todos los resortes para que el teatro en el que Chávez actuara sea aceptable para los países con gobiernos auténticamente democráticos, con varios de los cuales Venezuela concierta grandes negocios de venta de petróleo y compra de armamento, tecnología, toda clase de mercaderías, incluyendo los alimentos que el incapaz socialismo chavista no logra producir.

Al mandamás venezolano le gustaba mostrarse ante las cámaras de TV, en actos públicos, en actitud sobradora, prepotente, amenazante, anunciando medidas violentas contra opositores, contra empresas, medios periodísticos y hasta contra extranjeros, esgrimiendo siempre en la mano una edición minúscula de su Constitución. Lo exhibía como un fetiche, intentando instalar en el inconsciente popular un símbolo de poder omnímodo, temible, con la misma maña que durante décadas se dio Fidel Castro pronunciando discursos vestido de uniforme militar y gesticulando histriónicamente.

Pero si a los Castro las cosas les fueron bien sin necesidad de montar un teatro seudodemocrático, a su correligionario venezolano el destino le jugó una mala pasada, pues ahora todo hace suponer que su grave enfermedad no le va a permitir cumplir con la solemnidad legal de jurar como presidente electo de Venezuela, acto previsto para el próximo 10 de enero. Los bolivarianos contaban con un presidente Chávez vitalicio, como Castro. Contaban con que al finalizar el período presidencial que debía iniciarse ahora modificarían su Constitución para reelegirlo una y otra vez, como hacía Stroessner; pero el diablo metió la cola.

Quienes más desorientados están ante la situación son los estrategas chavistas, desesperados por lograr acomodar el texto legal a la circunstancia, de torcer el sentido de la Constitución que ellos mismos hicieron para ver cómo salen del jaque mate en que le puso el infortunio. Resulta extraño que no hayan previsto la eventual inhabilidad de Chávez, sabiendo –como el mundo entero sabía– que su jefe supremo padecía cáncer, una dolencia de la que, una vez que se la contrae, nadie puede sentirse confiado.

El drama de los estrategas chavistas es que la toma de posesión del mando es un trámite que no se puede cumplir de cualquier modo, al menos si van a respetar lo que dice el “librito”, el cual exige que dicha formalidad se realice ante la Asamblea Nacional o, en su defecto, ante el Tribunal Supremo de Justicia. En la desesperación, hasta podrían terminar interpretando que Chávez debería jurar ante cualquier Asamblea Nacional, por ejemplo la asamblea cubana, que no sería tan raro, ya que últimamente Venezuela se gobierna desde La Habana, donde ahora mismo sesiona la mitad del gobierno venezolano.

Si Hugo Chávez no puede jurar el próximo 10 de enero, los chavistas tendrán que cumplir su propia Constitución y convocar a nuevas elecciones generales, con las complicaciones que esta necesidad comportará. Si Chávez ya no es el candidato, la competencia electoral podría ser más riesgosa y el régimen hegemónico y excluyente del bolivarianismo chavo-marxista podría comenzar a ver su decadencia.

Hay una salida aparentemente tranquila del problema, pues, así como Fidel Castro nombró sucesor de la corona socialista cubana a su hermano Raúl, Hugo Chávez designó como su heredero dinástico a su canciller Nicolás Maduro, a quien ya se lo ve ante las cámaras con el “librito” en alto, bien posesionado de su nuevo papel. Si no se produjera el acto de posesión al cargo presidencial y se convocará a nuevas elecciones, la ciudadanía venezolana ya sabe quién será el candidato bolivariano y los chavistas a quién tienen que votar; en “democracias” como esas no hay muchas sorpresas.

Por su parte, los presidentes latinoamericanos que se hicieron neo-chavistas y vergonzosamente se aprovecharon de la megalomanía y de los petrodólares del gorila manirroto, están visiblemente consternados. Correa ya fue a despedirse del generoso propietario de la gorda billetera venezolana.

Mujica lagrimea recordando las “salvadas” que le hacía y las ganancias económicas que arriesga con la inhabilidad o la muerte del correligionario. Todos están preocupados porque, quienquiera sea el que reemplace a Chávez, posiblemente va a reconsiderar la posibilidad de continuar despilfarrando los petrodólares del pueblo venezolano en pos de un ilusorio y quimérico liderazgo tercermundista, antiguo e irrenunciable delirio de dictadores mesiánicos.

La eventual inhabilidad o desaparición física de Hugo Chávez no cambiará un milímetro el curso de la historia en Latinoamérica, aunque sí, posiblemente, la de Venezuela y los países satélites del bolivarianismo. Ojalá sea para bien, para que este país hermano retome la senda de su libertad y recupere el dominio de sus recursos naturales a fin de destinarlos a su propio progreso y bienestar y no más a solventar proyectos personalistas, sueños hegemónicos y dictaduras disfrazadas, dentro y fuera de Venezuela.

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