NO SE PUEDE CREER QUE CRISTINA F.K. SEA DEL PARTIDO DEL GENERAL, JUAN DOMINGO PERÓN


Por Osvaldo Bergonzi

Corre el año 1972. Alejandro A. Lanusse, presidente de Argentina, no lo deja ingresar a Perón a su país luego de un prolongado exilio en España. En consecuencia, el indeseado se dirige a Asunción. Se aloja en el Hotel Guaraní, en la Suite Presidencial. Supongo la intervención para ello del gobierno. Entre tanto, un viejo general paraguayo, a quién Perón colocó a su derecha por encima de presidentes de gobiernos amigos en su asunción al mando presidencial en junio de 1946 luego de barrer en las elecciones, me llama muy agitado por teléfono (ver en diarios argentinos de la época para comprobar la veracidad.)

Se trataba del envío de un telegrama deseándole feliz estada en Asunción y poniéndose a sus órdenes para lo que necesite. Luego del dictado dejé mis datos personales a la telefonista y la confirmación de mi número pues difería el nombre del firmante del texto. Al medio día me llama la telefonista diciéndome que el señor Lorenzo Bittel quería hablar conmigo y me conecta a su teléfono.

– Soy el gobernador de Corrientes – me informa -, y el general Juan Domingo Perón, por mi intermedio, me pide lo invite al señor general Amancio Pampliega a desayunar con él en su Suite mañana. Me deja su teléfono y al rato le confirmo la presencia del invitado. Me indica que un señor apellidado Poggio irá al lugar de donde íbamos a partir  para acompañarnos.

El día señalado partimos, llegamos al hotel,  subimos por el ascensor al último piso, y una vez allí, se abre de par en par una puerta. Con los brazos abiertos y una amplia sonrisa nos recibe el general Juan Domingo Perón. – Mazorquero, tantos años sin vernos. El abrazo entre ambos militares fue muy prolongado mientras Bittel, Poggio y quien esto escribe quedamos muy asombrados. – De manera que este pebete es otro mazorquero – exclama – tras darme una palmadita cariñosa en la mejilla.

La risa fue generalizada. Pero salvo los dos amigos, los demás no entendíamos la razón de llamarnos mazorqueros. Ya en el restaurante de la planta baja donde desayunamos los tres que bajamos de la Suite, Bittel me dice. – El general me contó que tu tío es bisnieto del médico de la hija de, Juan Manuel de Rosas, y que ella, lo recuerda con mucho cariño a su galeno en sus memorias. 

Ya de regreso Perón a España mi interés por conocer mejor aquello de “mazorquero” indago con Pampliega. Me cuenta en detalles que al llegar a principios de junio de 1946 a Buenos Aires en calidad de embajador extraordinario para participar en la asunción del presidente electo al rato recibe una nota del futuro canciller, Tucho Paz, en que Perón y su esposa, Eva Duarte, lo esperan para tomar el te a las 5 de la tarde. Digo Tucho pues siempre lo llamamos así al que fuera uno de los cancilleres de Perón e incluso tío Tucho.

Era un amplio departamento del centro el lugar del envite. El embajador paraguayo extraordinario esperó encontrarse con otros colegas. Pero cual no fue su sorpresa cuando ingresa Perón con su esposa y lo saludan muy amablemente. El servicio de te era solo para tres. – Leí su nombre en la lista de enviados extraordinarios de países amigos y lo subrayé. – A que se debió tal honor, señor presidente, le contesta el invitado. – Disculpe mi curiosidad: ¿Que es usted del doctor Baldomero Pampliega?. – Es mi bisabuelo, pero debido a la caída de Rosas debió refugiarse en España. Perón al escuchar eso se dirige a su escritorio y trae unos papeles. – Doctor, Tatita me dice que se embarque con su familia, hoy a más tardar. Era el 3 de febrero de 1852 pasado el medio día.

– Conozco parte de esta historia, señor presidente. Pero nunca imaginé leer de puño y letra de Manuelita Rosas una nota de este carácter. Perón le informa que hay muchas así, de los buenos tiempos, en que el médico era invitado a almorzar en Palermo. – Pues ve, usted es un mazorquero, porque su bisabuelo fue muy amigo de uno de los jefes de policía de Rosas, Leandro Alem.

Pasan los años. Pampliega decide radicarse por unos años en Buenos Aires (1947 – 1952)  debido a que se había negado a participar de la revolución de 1947 tanto a pedido del gobierno como de los revolucionarios. Antes, en septiembre de 1939, le había pedido el gobierno francés pelear por Francia. – Peleé en un enfrentamiento entre hermanos (1922 – 1923) y en una guerra internacional (1932 – 1935), considero suficiente, fue su respuesta. Así también le respondió a don Federico Cháves y a su tío Ángel florentín Peña y al representante de los revolucionarios y se marcho en un paquete de la carrera en mayo de 1947.

Ya en Buenos Aires alguien le informa a Perón de su estadía. A temprana hora de la mañana le llaman de la Casa Rosada. Un coche fue a buscarlo. La amistad se vuelve cada día más sólida. Le designa liquidador de una empresa alemana. Perón le comenta sus planes para hacerle  justicia al Paraguay. Además, le anuncia la repatriación de los restos de Rosas “NI EL POLVO DE TUS HUESOS LA AMÉRICA TENDRÁ”, Marmol, reza la tapa del diario La Prensa a modo de respuesta. Perón retrocede. Cuando finalizó la guerra civil de 1947 los revolucionarios le piden a Pampliega para que le pida a Perón una reunión con él al afecto de pacificar a la familia paraguaya. No es ningún secreto, se halla consignado en su libro MISIÓN CUMPLIDA.

Las conversaciones semanales entre estos amigos prosiguen. De sus labios solo brotan palabras de amor al Paraguay. Más tarde, devolvía la totalidad de los trofeos de guerra y un barco cargado de juguetes para los niños pobres del Paraguay. Todos sus actos de gobierno apuntaban a favor del Paraguay. Deseaba lavar la afrenta de su patria aliada a un Imperio de Esclavos para destruir a un republica hermana como exclamaba en sus clases cuando fue profesor de Historia Militar. “Hemos destruido a un pueblo hermano a quien debemos resarcir”, repetía. Con justicia se le otorgó por decreto el grado de general de división honorífico paraguayo – Para mi será un honor morir al frente de una división paraguaya exclamó levantando la suya. Más de 100.000 personas en Asunción vibraron “Perón, Perón, Peron, Perón”.

Apoyó al revisionismo histórico. El pueblo argentino luego de 100 años se entera que el general José de San Martín, el máximo héroe de la independencia, legó su sable a Juan Manuel de Rosas. Cuantos planes tenía Perón para ayudar a sacar de la pobreza al Paraguay hasta que llega el día fatal de septiembre de 1955.

Unos meses después de su regreso triunfal a su patria en 1973, en junio de 1974 decide visitarnos. – Pero por qué se encapricha este señor en venir por el puerto, refunfuñaba  Pampliega. – Seguramente por qué allí acuatizó  el  CATALINA que lo trajo de Buenos Aires en 1955, le respondí. – Pero hoy debe ser uno de los días más fríos de Asunción y él ya tiene sus años y para más llueve, me replicó. Y lamentablemente tenía razón. Aquí contrajo un fuerte resfriado que terminó en una pulmonía que lamentablemente nos arrebató al único gobernante argentino que deseó siempre hacernos justicia y por sobretodo, nos quiso de verdad.

Hay un relato publicado en este medio por el hijo del embajador del Paraguay en esa madrugada lúgubre de Buenos Aires en que derrocan a unos de los mejores sino al mejor presidente de la Argentina. Busquen en “Paraguay una isla de tierra y de malos vecinos”, ya refiriéndose a la actualidad.

Por eso, cuesta creer que una mujer que se dice admiradora y seguidora de Perón atropelle a un país amigo sin costa marítima. La mayoría de los paraguayos se halla muy sorprendida por la actitud hostil y belicosa de esta señora  contra su soberanía y a su derecho legítimo de salida al mar suscripta por tratados internacionales. El pueblo no puede creer que alguien que se dice peronista actué de esta manera. El peronismo a nosotros nos sonó siempre como sinónimo de paraguayismo.

Con razón un sindicalista argentino llamado Moyano recientemente exclamó ante una multitud: “SI EL PERONISMO NO ESTÁ AQUÍ, DÓNDE ESTÁ? No hace falta tener muchas células grises para entender el mensaje de Moyano. En la actualidad no gobierna el peronismo químicamente puro sino una burda caricatura mentirosa que se anida en un gran partido político para adherirse al socialismo del siglo 21 creado por el venezolano bolivariano, Hugo Chávez. Es más, los argentinos al parecer narcotizados por esta señora, hasta olvidaron  la señera figura del general José de San Martín, el conductor de los famosos granaderos, cuyos cañones de bronce de la independencia fueron fundidos para acuñarlos y revivirlos en ese metal a aquellos valiente héroes del continente con la leyenda:  DE BUENOS AIRES A QUITO.  Y hay más, un famoso compositor paraguayo le rindió honores componiendo  SESENTA GRANADEROS. Tengo el alto honor de poseer uno de ellos.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: