ESTA VEZ LOS PARTIDOS MAYORITARIOS REACCIONARON Y DENUNCIAN A LA PRENSA


Nos reconforta que nuestra prédica haya alertado a los partidos políticos, mayoría en el congreso. Si los periodistas desean presentarse en las elecciones nadie les prohíbe. Es cuestión de decidirse, como en el caso de Ferreiro. A propósito, hemos visto una foto de él al lado de uno de los organizadores de los atropellos al congreso y a la sede de dos partidos centenarios.

Si el periodismo supone que con violencia se van a resolver los problemas del Paraguay está muy equivocado. Lo único que puede traernos es luto. Lo que se vivió días pasados en el congreso es jugada calcada de lo sucedido en Venezuela y Ecuador.

Por eso llama la atención la complacencia de ciertos medios de comunicación incluso algunos asociados a la Sociedad Interamericana de Prensa que en forma constante denuncia los atropellos a la libertad de prensa en los países señalados al igual que en Bolivia y Argentina. Qué pretenden, ¿sufrir igual suerte?

La reacción de congresistas contra la prensa estuvo acorde con  la realidad. Varios medios acompañaron estas manifestaciones dando aliento a los manifestantes, algunos de ellos sanos de propósitos y convencidos que apostaban por el bien y no por el mal. Se cuidaron de advertirles del peligro. Ningún medio transcribió las partes del proyecto que demuestran la imposibilidad de su cumplimiento. De manera que los parlamentarios tienen razón de sospechar de sus intenciones.

Tiran la piedra y esconden la mano. Ninguna exclamación de protesta respecto de los daños ocasionados a las sedes del PLRA y la ANR al igual que el estudio jurídico de un diputado, hemos oído, leído y escuchado. Eso si, gran destaque a las aclaraciones del P- Mas y otros sectores acusados de los desmanes.

En cuanto a la policía nos remitimos al manifiesto de la juventud colorada. Carlos Filizzola dejo librada a su suerte la sede de los partidos Colorado y Liberal. Los dichos del diputado Tuma son graves pues  acusa a la policía directamente de hacer la vista gorda e incluso colaborar para que los hechos vandálicos se perpetraran.

Por eso los partidos mayoritarios no deben bajar la guardia. Si alguna virtud poseen los zurdos es  LA TENACIDAD

NOTA: MENOS MAL QUE ABC COLOR CAMBIÓ A SU INSOLENTE EDITORIALISTA QUE AYER POR POCO NO ASUMÍA LA BANDERA DE LOS MANIFESTANTES Y EN EL DÍA DE HOY VIERNES 8 DE JUNIO DE 2012 GIRÓ 180 GRADOS  RESTAURANDO EL RUMBO CORRECTO. LEAN LA MENCIONADA NOTA EDITORIAL.

Los actos vandálicos que siguieron a la manifestación del pasado día martes en la plaza Independencia de Asunción, cuando una turba proveniente de dicha movilización atropelló los locales del PLRA y de la ANR, así como la residencia particular de un diputado, constituyeron la peor culminación que podía darse a una expresión colectiva que hasta ese momento reunía las virtudes cívicas deseables, a saber, tenía motivos justos, era lícita, pacífica y ordenada.

Es dable pensar que los vándalos no hacían parte de los ciudadanos que se habían convocado al acto cívico. Tal vez ni siquiera eran personas comprometidas con su propósito principal, cual era lograr que la Cámara de Senadores aprobara una reforma de la ley electoral para eliminar las “listas sábana”. Pero por su resultado, lo más probable es que se trató de agitadores profesionales que fueron enviados al acto aprovechando la oportunidad con órdenes de generar violencia para desacreditar el acto y a los dos partidos atacados.

Es digno de atención que los atentados se hayan dirigido hacia los locales de los dos partidos más fuertes, los llamados tradicionales, aun sabiéndose que en dichos lugares no estaban sus autoridades ni sus representantes ante las cámaras legislativas. Se diría que el atraco tenía una finalidad oculta como mensaje, una advertencia que los atracadores querían enviar a la opinión pública.

La cuestión que se plantearía en este supuesto –muy peligroso para nuestra democracia– es que estas saludables reacciones críticas que están mostrando ciertos sectores de nuestra ciudadanía en forma pública puedan ser manipuladas, instrumentadas, desviadas hacia otros fines completamente opuestos, ocultos y espurios, como serían la demolición o el debilitamiento de los partidos más fuertes de nuestro sistema democrático; quizás provocar un enfrentamiento civil de características ilícitas, violentas y destructivas.

En el caso concreto que nos ocupa, hasta podría pensarse que la Policía actuó en consonancia con los vándalos, pues algunas de sus unidades los acompañaron todo el trayecto que caminaron entre el sitio de la manifestación y los lugares de los atentados, supuestamente para vigilar sus actos, pero sin intervenir para evitar los desafueros. Es de esperar que esta más que sospechosa actitud policial no resulte después avalada por otras pruebas, porque si así ocurriera, estaríamos ante una amenaza contra el orden democrático mucho más grave y cercano, por cuanto involucraría al Gobierno mismo, cuyos planes, sea por casualidad o no, son beneficiados por lo acontecido.

Si designios siniestros como estos llegaran a prosperar, podemos estar seguros de que tendríamos ante nosotros una nueva dictadura en ciernes. Cada vez habría más gente desilusionada, atemorizada y dispuesta a ceder gran parte de sus libertades civiles y políticas a cambio de la garantía de que le devuelvan la “paz social” y la seguridad personal perdidas, y como muchas personas creen que estas garantías solamente las puede proporcionar un régimen de fuerza, cualquiera que sepa aprovechar estas circunstancias –o que las esté creando– tendría en sus manos la posibilidad de desmontar el sistema democrático y reemplazarlo por otro de signo autoritario.

De ahora en más, aprendiendo la lección, los ciudadanos que convocan a manifestaciones pacíficas –que debe continuar siendo derecho inalienable de quienes viven en democracia– tienen que tomarse el cuidado adicional de vigilar su desarrollo, a fin de frustrar los intentos de degenerarlas que puedan poner en práctica quienes quieran aprovecharse de ellas para provocar desmanes y otros actos dirigidos a desacreditar la expresión de civismo responsable, o atentar contra las instituciones fundamentales para el sistema, como son los partidos.

La libre posibilidad de presencia en los espacios públicos, por parte de ciudadanos conscientes y responsablemente críticos, personas que persiguen el bien común por los medios lícitos a su alcance, que cuestionan a sus representantes y que les presentan demandas, constituye uno de los ejes principales de toda sociedad que se precie de democrática. Por algo es que las manifestaciones cívicas están prohibidas bajo los regímenes de fuerza como los de China comunista, Cuba, Corea del Norte, Irán y otras dictaduras del mismo corte, y hasta se dispara alevosamente sobre los manifestantes, como ocurrió en la famosa protesta de Tiananmen en Pekín y como está sucediendo en este momento en Siria.

La opinión pública, reunida y dándose a expresar de esa manera, puede llegar a adquirir la fortaleza moral y poder de convicción como para provocar el derrumbe de regímenes dictatoriales, como se vio recientemente en las experiencias de Túnez, Libia y Egipto.

Pero en nuestro país no tenemos dictadura y no rige un sistema opresivo. La violencia en las manifestaciones callejeras está injustificada, es inapropiada, ilícita y, al contrario de las realidades políticas mencionadas anteriormente, no tendrá por resultado la conquista de las libertades, sino la pérdida de ellas.

Por todo esto, hay que lamentar doblemente que un encuentro cívico de sobrados méritos democráticos, como el realizado el pasado día martes en la plaza Independencia de Asunción, haya sido desvirtuado por personas que tenían designios de valor y finalidad muy distintos, y a los que, si no se toma el cuidado de mantenerlos apartados, podrían constituir el ariete de un eficiente intento por restaurar una dictadura en nuestro país, aunque no precisamente de derecha.

Los paraguayos no debemos olvidar que aun la más imperfecta democracia siempre será preferible a la dictadura menos rígida. Por tanto, quienes amamos la libertad en este país debemos estar alertas ante cualquier intento de atentar contra ella.

One Response to ESTA VEZ LOS PARTIDOS MAYORITARIOS REACCIONARON Y DENUNCIAN A LA PRENSA

  1. olivia González dice:

    Apoyo la forma en que Lilian Samaniego está manejando esta crisis.

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