DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO


Título extraído del libro de nuestro director LOS HEREDEROS DE LA ESPADA publicado hace dos años. Se vendieron ejemplares en  Montevideo, Buenos Aires y Asunción. En Punta del Este, Uruguay, se agotaron los ejemplares enviados en la reciente temporada de veraneo. El material que ahora publicamos se halla sin las correcciones de galera de modo que se pueden encontrar algunos errores en las mayúsculas y minúsculas y el apellido Gelly pero que en nada afectan a la lectura. Lo hacemos debido a un extenso debate en facebook acerca del personaje y a modo de colaboración con las redes sociales.

Domingo Faustino Sarmiento, el instigador

Llega al Paraguay en 1887 como resultado de una recomendación médica. Sufre del corazón, y en consecuencia, no es bueno pasar el invierno en una ciudad como Buenos Aires, muy humedad y fría durante esa estación. Se lo recibe en Asunción muy afectuosamente tanto de parte de las autoridades como del pueblo en general. Se instala casi pegado a la llamada Cancha Sociedad (hoy Gran Hotel del Paraguay) hogar de descanso que fuera de Elisa Linch, la irlandesa que le dio 7 hijos a López. Los que la adquirieron son un matrimonio italiano. El esposo, el Doctor Andreuzzi, es médico. Enseguida traba amistad con su renombrado vecino a la vez que lo atiende profesionalmente y le recomienda a otros galenos como el médico alemán Hassler, entre otros.

Vinculado Sarmiento con varios paraguayos traidores de la legión paraguaya, pronto comienza a enviar artículos a El Independiente, diario de la época. José Segundo Decoud es uno de sus amigos así como el teniente coronel Juan Bautista Eguzquiza y el de igual clase, Juan Gualberto González, todos ellos pertenecientes al ejército argentino durante la guerra de la Triple Alianza. El ministro residente de ese país lo acompaña en forma casi permanente. El clima le sienta bien, descansa y duerme placidamente según cartas dirigidas a sus familiares en Buenos Aires. Cuenta con 76 años, época en la vida de los hombres públicos en que las pasiones ceden paso a la prudencia y a la indulgencia. Pero he aquí que nuestro personaje de marras no puede dominar su naturaleza y al poco tiempo se despacha en forma furibunda contra el doctor José Gaspar de Francia, fundador de la nacionalidad paraguaya. Esa época del Paraguay así como la de los López está siendo puesta en tela de juicio dado que los vencedores indican cual debe ser la nueva historia del país. Su amigo Decoud fundó en 1869 un diario llamado La Regeneración tomando prestadas las palabras de Sarmiento en el sentido de regenerar de la barbarie al Paraguay para civilizarlo. De manera que el comentario sobre Francia hubiera pasado casi desapercibido de no ser por la presencia del nieto del prócer aludido, Agustín Cañete, ministro en el gabinete del presidente de la república, general Patricio Escobar.

Agustín Cañete, se siente ofendido, no por la crítica al gobierno absoluto de su abuelo, sino particularmente por los gruesos e innecesarios adjetivos calificativos empleados por Sarmiento. Renuncia a su alto cargo y lo desafía a duelo a su ofensor. El gobierno de Escobar se desespera y trata de disuadirlo al ofendido pero no impide que Cañete envíe sus padrinos. José Segundo Decoud, Senador y alternativamente ministro de ese gobierno, interviene en favor de su anciano amigo alegando que un hombre de su edad no puede ser obligado a batirse. Los vecinos se alarman. Recién se enteran que el ministro es nieto de Francia. No se habla de otra cosa en la vieja y derruida Asunción. Interviene el ministro residente de la Argentina quien conjuntamente con Decoud tratan de amansarlo a Cañete pero este se mantiene firme como una roca. Se trata de un hombre de gran dignidad quien durante la guerra demostró mucho coraje siendo teniente. Se negó a la capitulación de Isla Poí pero tuvo que aceptarla pues los coroneles Martínez y Cabral así lo decidieron el 7 de agosto de 1868. Lo embarcaron en un buque argentino con otros oficiales cuando de pronto aparece un niño que lo encuentra a su padre entre los prisioneros. El comisario del buque trata de arrebatárselo alegando excusas pueriles. Cañete desenvaina su espada y alienta a los demás a hacer lo mismo. El comisario argentino se retira indignado y va a protestar a sus superiores. Viene una chalupa de Humaitá con el representante del general Juan Andres Gelly y Obes. En la capitulación aludida el General Rivas le juró al Coronel Martínez, besando su espada, que la misma permitía la tenencia de las armas de los jefes y oficiales y que podían elegir el lugar de su residencia, en consecuencia, el hijo debía continuar con el padre. Cañete y los demás labran un acta y certifican que el niño es hijo del oficial. Seguidamente el buque zarpa con padre e hijo rumbo a la capital porteña.

Pero regresemos al entuerto. Finalmente se llega a un acuerdo entre los padrinos en que se mantiene el comentario del artículo en sus partes sustantivas retirándose los adjetivos injuriosos cuestionados. El ministro argentino y José Segundo Decoud por fin pueden pegar los ojos. En unos meses de residencia nomás el visitante ya causa un alboroto de proporciones en un país que lo recibe tan cariñosamente. Menos mal que se marcha al acercarse el verano. Pero al otro año regresa y se instala nuevamente. Ha decidido pasar los veranos en la Argentina y los inviernos en Paraguay. Pero poco antes de la llegada de la primavera, el 11 de septiembre de 1888, fallece en Asunción. Días atrás una junta médica de 6 galenos extranjeros y paraguayos envió, a instancias del ministro residente, un informe médico al presidente argentino, Juárez Celman, en que le señalan la afección cardiaca que padece el enfermo a la que califican de “gravísima”.

El gobierno paraguayo decreta 3 días de duelo con bandera a media asta. Su vecino, el Doctor Andreuzzi, lo embalsama. En el puerto de Asunción se suceden los discursos laudatorios mientras las fuerzas armadas le rinden honores con los cañones de salva correspondiente. Iguales o mayores honores recibe en su patria hasta el depósito de sus restos en La Recoleta previo desfile por la calle Florida de Buenos Aires rumbo al cementerio. El gobierno y el senado de la Argentina decretan la erección de un gran monumento en su homenaje en la residencia que fuera de Juan Manuel de Rosas así como se designa una calle importante de la capital con su nombre, además de otros monumentos y homenajes en las provincias. En Asunción, la calle de la residencia donde fallece, cambia su antigua denominación por la de Domingo Faustino Sarmiento. En su solar funciona la Escuela República Argentina sostenida por la embajada de ese país hasta hoy. Transcurren los años, hasta que un buen día, por ordenanza Nº 4854 del año 1963, esa calle cambia nuevamente de denominación. En adelante se llamará De la Residenta, en homenaje a las mujeres paraguayas que donaron sus alhajas, sus esfuerzos e incluso hasta sus vidas durante la guerra de la Triple Alianza.

Cuál la razón de este bofetón a la memoria de un prócer reconocido en la Argentina puesto que ni siquiera se denominó a otra arteria con su nombre como compensación como sucedió con la Avenida Colombia, hoy Mariscal López, que se traslada como primera paralela al norte de la avenida Rodríguez de Francia. En esta ocasión se explicó la causa a la embajada de ese país. La avenida más importante de la ciudad debía ser del Mariscal. Durante mucho tiempo lo fue de Colombia en homenaje a su gallarda postura durante la Triple alianza. En igual sentido la avenida Perú, la calle del canciller Toribio Pacheco de ese país, la avenida Venezuela, la calle Chile en pleno centro, constituyen homenajes a estas naciones, por su comportamiento fraterno durante el holocausto paraguayo. Según la propuesta de varios concejales del año 1963 el nombre de Sarmiento desentonaba en la ciudad. Varios fueron los oradores que desempolvaron los archivos tan bien guardados aunque algunos historiadores ya habían aludido al personaje que nos ocupa.

Domingo Faustino Sarmiento nace en la ciudad de San Juan, República Argentina, el 15 de febrero de 1811. Su padre, Juan clemente Quiroga Sarmiento y su madre, Paula Albarracín, son del lugar. Lo que no se explica a pesar de haberse hurgado muchos documentos es el nombre que aparece en su partida, Faustino Valentín y no Domingo Faustino. Lo mismo sucede con su apellido Quiroga. En realidad debe llamarse Faustino Valentín Quiroga. Qué coincidencia, un Quiroga escribirá sobre otro Quiroga. Queda para el misterio aunque no reviste importancia.

En su juventud participa en las luchas entre federales y unitarios. Al principio elige el buen sendero al enrolarse con los primeros, pero de pronto cambia como suele suceder con los jóvenes atropellados. Se dirige a las carpas de los unitarios en el peor momento político de los mismos en que va emergiendo en el firmamento la señera figura de Juan Manuel de Rosas para quedarse por muchos años en el poder.

Con tan solo 20 años, Sarmiento, se ve obligado a emigrar a Chile. Corre el año 1831. Allí consigue distintos trabajos dentro de las humildes pretensiones de un joven extranjero para mantenerse. Logra un puesto de maestro de escuela. Más tarde se convierte en minero, no patrón sino peón. Estas tragedis sucedidas en plena formación agrian el carácter. Lo debe haber vivido y más tarde rumiado en varias cartas pues su familia pide su regreso. Así, en 1836 lo tenemos nuevamente en su ciudad natal. No ha realizado estudios superiores, en consecuencia no adquirió conocimientos sistematizados en ninguna disciplina. El peligro constante en estas latitudes, el de los intérpretes de las obras de los filósofos de la ilustración que venimos señalando en este libro, se dará con Sarmiento como se dio en Francia con Marat, una verdadera destilería de odio en pleno París. Solo que al francés lo acallaron pronto de una puñalada en su bañadera, de lo contrario hubiera rivalizado con Robespierre en el empleo de la violencia, la instigación y el crimen. Ambos, Marat y Sarmiento, proceden del campo y por tanto con resentimientos sociales. Quizá por eso el sanjuanino se pasa a los unitarios. Quiere ser un hombre, ilustrado, superior. Le quedan muy chicos sus compueblanos. Tiene aspiraciones, sin duda, y bastante talento para escribir pero lamentablemente al estilo de los revolucionarios jacobinos. Y el odio….solo produce muertes y más muertes.

Toma contacto con la sociedad literaria, La Asociación de Mayo, una institución de carácter político y no cultural donde milita Bartolomé Mitre. A partir de ahí nace la amistad entre ellos. Funda en 1839 un diario como Marat. Lo llama El Zonda. Algunos supondrán por un valle que lleva ese nombre en la provincia de San Juan. Pero analizando mejor se trata de un viento fuerte, cálido y seco proveniente de los contrafuertes andinos de la provincia de Cuyo que lleva ese nombre y provoca inquietud y desazón en la gente, como el Ibytu tarová de agosto (el viento loco) del Paraguay que lo irritaba al Supremo Dictador al extremo de sacarlo de sus casillas. Quizá con este nombre desee irritar al restaurador. Y lo consigue. Pero la aventura dura poco, pues en lugar de escribir sus críticas empleando el sustantivo como lo hará más tarde Juan Bautista Alberdi, su estilo propende al uso indiscriminado del adjetivo lanzado a quemarropa y cuanto más ordinario y soez mejor. El 18 de noviembre de 1840 es apresado. De vuelta al exilio en chile, pero esta vez tiene mejor suerte dado que encuentra en el presidente Manuel Montt un amigo. En realidad lo que encontró Montt no es un amigo sino un argentino capaz de escribir a favor de los derechos territoriales de Chile en el sur de las pampas razón por la cual en algún momento Sarmiento será acusado de traidor. Lo cierto es que Montt, en 1845, lo envía a estudiar pedagogía en Europa y los Estados Unidos. En Francia lo conoce a San Martín y vimos la reacción de éste como quedó apuntado. Regresa en 1948. Esta etapa parece de estudios, auque no hay consignación de ningún un título académico.

Luego del pronunciamiento de Urquiza en 1851 se ofrece como gacetillero del entrerriano al igual que lo hizo en su momento con Manuel Montt. En suma, un escriba ofrecido al servicio de una espada luminosa y con futuro en ese momento. Pero a Urquiza no le gusta para nada el sanjuanino. Al ver que no consigue ganarse su confianza regresa de nuevo a Chile. En 1853 cuando Buenos Aires se constituye en una suerte de república aparte respecto de la confederación argentina, regresa y logra un escaño como senador de esa provincia, cargo que ejerce 4 años. Más tarde permanece en el empleo pero con la provincia de Buenos Aires ya integrada a la confederación partir de 1859, por obra del despistado gobierno del Paraguay como quedó apuntado. Su antiguo amigo Mitre ha escalado alto luego del extraño caso de la batalla de Pavón donde el perdedor resulta ganador. Así, se convierte en su gacetillero. Pero esta vez su pluma da frutos pues cuando el citado amigo asume la presidencia de la confederación argentina en 1862, Sarmiento se convierte en gobernador de San Juan, su provincia natal.

Es en este momento que lo vamos a conocer al hombre en su verdadera dimensión – aunque ya vimos parte de su personalidad en el arranque de este subtítulo – dado que ya no se trata de un furibundo periodista combativo sino alguien con poder efectivo. Y en estas circunstancias se conoce mejor a los hombres. La violencia que hasta el momento no iba más allá de su pluma se va materializar en hechos criminales. Vayamos a las pruebas:

“Ambrosio Sandes, después de la victoria de su ejército en Las Aguaditas, en marzo de 1862, enfurecido por la muerte de un ayudante, asesinó a siete oficiales. Recorrió todo el interior de La Rioja persiguiendo montoneros reales o imaginarios. En la batalla de Lomas Blancas, un gaucho enemigo lo derribó y lo dejó tirado en el campo, perdonándole la vida. Pero logró una victoria y, enfurecido, hizo matar a todos los prisioneros e incendiar sus cadáveres. Volvió a derrotar a Peñaloza en la batalla de Salinas Grandes, donde repitió sus hazañas criminales. En todos los casos, mató a todos los oficiales que cayeron en sus manos, y a muchos soldados. Si bien no era algo que le disgustaba, obraba así por orden de su superior, el gobernador sanjuanino y futuro presidente (y prócer nacional) Domingo Faustino Sarmiento. Éste le había ordenado matar a todos los prisioneros de guerra; Sandes, al menos, perdonó a algunos gauchos, por mero capricho. (Bazán, Armando R., Historia de La Rioja, Ed. Plus Ultra, Bs. As., 1991)

Ambrosio Sandes es uno de los tantos caudillos surgidos en el interior de la argentina desde su independencia. Acostumbrado a matar, encontró por fin un jefe a quien también le gusta el olor a sangre, incluso más sanguinario que él, pues no perdona a nadie. La lucha está dirigida contra Vicente Chacho Peñaloza, personaje mítico al igual que en su oportunidad lo será Felipe Varela.

Sarmiento ha sido nombrado, aparte de su cargo de gobernador, director de la guerra contra el caudillo. Entre Mitre y él idearon un plan para obtener impunidad. Lo declaran fuera de la ley a sus enemigos, en consecuencia se los puede matar donde se los encuentre sin piedad alguna. Durante la dictadura de Rosas nunca se vio algo parecido. El restaurador de las leyes guardaba las formas. Sus enemigos podían caer en lucha franca pero nunca una vez rendidos. Lo Demostró con José María Paz y varios otros. Estos en cambio, enfermos de civilización contra la barbarie, se muestran más bárbaros que los supuestos bárbaros. Finalmente El Chacho se rinde ante tanta desigualdad de fuerzas. Esta vez no se encuentra con Sandes sino con otros no menos peligrosos:

“El vencedor lo persiguió hasta Los Llanos, y Peñaloza se rindió al comandante Vera, entregándole su puñal, la última arma que le quedaba. Pero Irrazábal llegó una hora más tarde y lo asesinó con su lanza, e hizo que sus soldados lo acribillaran a balazos. Era el 12 de noviembre de 1863. Su cabeza fue cortada y clavada en la punta de un poste en la plaza de Olta. Una de sus orejas presidió por mucho las reuniones de la clase "civilizada" de San Juan. Su esposa fue obligada a barrer la plaza mayor de la ciudad de San Juan, atada con cadenas”.

Un final así era de suponerse entre forajidos que no respetan la vida de un hombre indemne que ya no puede defenderse. Pero se hallan amparados por el gobernador Domingo Faustino Sarmiento que así nos anuncia lo que tiene reservado para el futuro con los bárbaros del Paraguay. Si con sus compatriotas obra así que se puede esperar de él. Por eso no debe extrañar su declaración al recibir el informe del asesinato:

"No se que pensaran de la ejecución del Chacho, yo inspirado en los hombres pacíficos y honrados he aplaudido la medida precisamente por su forma. Sin cortarle la cabeza al inveterado pícaro, las chusmas no se habrían aquietado en seis meses" (Chávez, Fermín. Vida del Chacho. Buenos Aires: Ediciones Theoria, 1974. Bazán, Armando R., Historia de La Rioja, Ed. Plus Ultra, Bs. As., 1991.)

Esta vez el crimen tendrá connotaciones de carácter nacional. Al conocerse los detalles del asesinato en las circunstancias antedichas, se produce una indignación general. El Chacho, personaje pintoresco de poncho y facón al servicio de los humildes, molesta a los terratenientes y a las autoridades corruptas. En cierto modo los caudillos de su clase luchan por el derecho de las mayorías explotadas por Buenos Aires a través de su aduana y de sus terratenientes. El libre cambio propiciado por los unitarios beneficia a los grandes países manufactureros en perjuicio de las provincias. Ya no existen las leyes aduaneras de la época de Rosas. Tanto el Chacho como Quiroga, Saa y Varela, entre varios otros, se convertirán en personajes míticos en las provincias andinas de la Argentina y sus hazañas se cantarán a los sones de voces y guitarras.

A Sarmiento, ni bien le dieron poder ya muestra su verdadera naturaleza. A su pluma le reemplazan los hechos concretos. Es decir, lo que escribe cumple, mata. Pero esta vez no le saldrá barata la matanza. El presidente Bartolomé Mitre le sugiere alejarse del país dado que mucha gente se la tiene jurada al gobernador de San Juan. Sarmiento acepta y se marcha a los Estados Unidos como ministro residente de la Argentina en aquel país. Mucho daño causa esta muerte que tendrá connotaciones para el futuro durante la guerra contra el Paraguay cuando las provincias se nieguen a pelear y organicen alzamientos en contra de la alianza con el Brasil.

Para Sarmiento existen dos clases de argentinos los bárbaros y los civilizados, siendo los primeros la gran mayoría y los segundos un grupo de notables alejados de la realidad. Pero una nación la conforman todos sus habitantes con iguales derechos a la vida, al bienestar y a la búsqueda de la felicidad. Como bien se expresa Alberdi sobre Sarmiento, éste cuando invoca valores, los mismos deben hallarse condicionados a sus intereses políticos, de lo contrario, pierden su sustancia. En el caso de Peñaloza esos valores se pierden pues el remedio resulta peor que la enfermedad. Si al Chacho se lo tilda de bandolero ¿como deberíamos llamarlos a sus matadores? Tales contrasentidos dañan a un país todavía en formación que busca afanosamente la unidad nacional cosa que tan claramente lo tuvo el visionario San Martín.

Durante su estada en Washington comienza la guerra de la triple alianza. Desde allí le escribe a Mitre “aquí nos es todo adverso”. El sanjuanino tan admirador del país donde reside sufrirá el desprecio de su secretario de Estado, William Henry Seward cuyo partido republicano desde el gobierno puso fin a la esclavitud en una cruenta guerra civil que el argentino la ve en su final cuando es asesinado el presidente Abraham Lincoln. En estas cosas el gobierno no tiene pelos en la lengua y a cada momento le hacen notar que su país se alió a una corona esclavista europea para destruir a una república. La prensa americana no se da sosiego en señalar al Brasil como una “monarquía exótica” cuyos propietarios de esclavos pretenden llevar al Paraguay la civilización. “El Brasil, por una necesidad tradicional en su sistema de agricultura, usa del medio horrible, pero necesario allí, de la esclavatura” (Sarmiento. La política de Rosas. Periódico el Progreso. Santiago de Chile, 5 de octubre de 1844.) Así defendía Sarmiento la esclavitud 20 años atrás. Quiere a ese país. Pero ahora, cada vez que el argentino pretende justificar esta condición esclavista de su aliado le salen al paso los funcionarios en forma sarcástica y furibunda. Por eso le señala a Mitre “aquí nos es todo adverso”. En tanto su par brasilero debe sufrir humillaciones a cada momento pues corre la voz que los Estados Unidos luego de ayudarle a Benito Juárez a rechazar a los franceses y ejecutar a Maximiliano de Austria en México, pondrá sus ojos en el Brasil dado que la doctrina del Presidente Monroe ha sido puesta de nuevo en el tapete y a nadie convence que se trata de un país americano sino de una corona portuguesa disfrazada de brasilera. Maximiliano es pariente muy cercano del monarca brasilero y el padre de éste el rey de Portugal. La prensa le echa leña al fuego con aquello de la “monarquía exótica de dueños de esclavos”. Es posible que la tremenda deuda de guerra como resultado de la guerra civil haya impedido a los americanos invadir el Brasil. Esta es la política de Seward que en plena guerra civil le propuso a Lincoln atacar México y proseguir luego en Sudamérica con el otro imperio. Por eso en Río de Janeiro lo cortejan como a un virrey al ministro norteamericano residente allí, general Watson Wedd. Entre tanto, el secretario de la marina, Gideon Welles, fortifica a la flota americana del atlántico sur. Son varios acorazados, cruceros y cañoneros que comienzan a aparecer en Río de Janeiro poco después del conflicto doméstico americano. Si antes Inglaterra bloqueaba el puerto de esa ciudad exigiendo indemnizaciones por cualquier motivo ahora son otros los guapos. Por su parte, Pedro II debe soportar el agrio carácter de un viejo general que ha cada momento protesta contra el trato dado en ese país a ciudadanos americanos así se trate de truhanes de la peor calaña a la vez que golpea la mesa del emperador con alguna frecuencia. Los americanos se sienten dueños de América. Sarmiento, por eso, pone violín en bolsa y casi no frecuenta los círculos oficiales de Washington porque allí – decir que se es argentino – constituye una mala palabra. No hay que olvidar que murieron más de 500.000 americanos por la causa de la libertad de esclavos y las heridas se hallan muy frescas. La misión diplomática del argentino es un rotundo fracaso. Para mayor contrariedad recibe la penosa noticia de la muerte de su hijo, el capitán póstumo Domingo Faustino Sarmiento (h), caído ante las trincheras de Curupayty. En realidad no es suyo sino del primer matrimonio de su esposa pero lo considera como un hijo muy querido. Escribe una biografía de Dominguito. Su sufrimiento es inmenso y sin consuelo. Algunos autores sostienen que luego de la muerte del joven capitán, su padre, Domingo Sarmiento, fue otro muy distinto. Otros señalan que a partir de ahí nace en él un odio extremo al Paraguay. Es posible que eso constituya una verdad parcial, pero no se puede desmentir que de suyo la naturaleza del hombre, es violenta y sanguinaria como lo acabamos de ver.

El periodismo le ayuda mucho. A través de los medios ha construido su figura de educador y de hombre de Estado. Las matanzas son ocultadas. Se sabrán muchos años después. Sus amigos gobiernan, y Juan Bautista Alberdi, el que lo tiene bien calado como manipulador, se halla exiliado en París. Este sí que hubiera competido con éxito contra Mitre y Sarmiento. Por eso fue perseguido.

Durante su estada en Washington, al hallarse tan apretado por causa de su misión de apoyar a un aliado indeseable, se dedica a enviar cartas a su amigos políticos y a mover sus hilos. Sobretodo cuando se entera que Mitre lo ha hecho a un lado eligiéndolo a Elizalde como su sucesor y no a él. El sanjuanino mueve el tablero. La gente le teme. Se trata de alguien de cuidado capaz de empañar reputaciones y de llegar incluso al crimen político con tal de alcanzar el poder. Le facilitan su trabajo los enfrentamientos y la suerte de la guerra en que todos tienen su cuota de responsabilidad por no haber derrotado a López después de haber prometido llegar en tres meses en Asunción y ya han transcurrido casi 4 años. En esta ocasión fue apoyado por un militar de prestigio, como el teniente coronel Lucio Víctor Mansilla, héroe de la guerra en el Paraguay y sofocador de incendios con los indios ranqueles. Además, el citado militar es aficionado al periodismo y le gusta Sarmiento. Decíamos que los conflictos internos lo ayudan mucho pues su viejo conocido el General Paunero ha debido regresar del frente de guerra para sofocar los levantamientos contra el gobierno. En cierto modo le favorece hallarse alejado de tanta discordia. Su candidatura cae bien porque se halla ausente, pues todos los presentes tienen un pero para ser objetados. No obstante, hay que reconocerle muñeca política. No cualquiera se hace elegir presidente fuera de su patria.

Asume la primera magistratura en octubre de 1868. Si Mitre luego de la entrevista con López comienza a pensar seriamente en la paz pronto es disuadido por su poderoso aliado. No obstante, se lo ve mejor posicionado de llegar a un acuerdo. Esto flota en el ambiente. Se clama por la paz. Pero con la elección del sanjuanino el Brasil queda más tranquilo. En primer lugar lo cambia poco dotado Juan Andrés Gelly y Obes, que nada hizo sino escribir cartas a su esposa y a Mitre que no viene al caso recordar pero que lo pintan como al perfecto tonto que se cree un sabio. Y siempre yerra. Se nota que no lo formó su progenitor. Dijo que López no podría escapar nunca por el Chaco, y por allí justamente escapó en marzo de 1868 con todos sus efectivos y armas. Y este un ejemplo entre los tantos desaciertos escritos por Gelly. No obstante se debe rescatar en Gelly y Obes de no haber tenido propósitos genocidas y de haber protestado por el premeditado escape otorgado por Caxias a López. Su sucesor, Emilio Mitre, es no solo mejor que Nelly y Obes sino también respecto de su hermano, el ex presidente. Con esto el nuevo mandatario demuestra cintura política. El nombramiento le cae mal a Gelly y Obes pero se las guarda. Por su parte el ex presidente nada puede protestar, porque se trata de su hermano. Estas cosas tiene Sarmiento, dignas de destacar. Mientras le impida escapar al lobo que lleva dentro es un maestro en esa clase de juegos. Nicolás Avellaneda, un sabio en materia de educación es designado ministro de este ramo con lo cual culmina la construcción de la personalidad de Sarmiento ligada a la educación y al progreso. Los rimbombantes decretos firmados por el nuevo mandatario promulgando leyes que crean nuevos planes educativos, bibliotecas populares y colegios industriales son difundidos profusamente por la prensa en tanto su auténtico autor debe callarse porque sabe que el presidente se hizo el auto bombo o el artículo de educador supuestamente formado en París donde fue enviado por el Presidente Montt en 1845. En cambio Avellaneda todavía es un don nadie en ese terreno. Un notable manipulador es su jefe pero que más tarde será desenmascarado por él, muchos años después cuando alcanza la presidencia de la nación sucediéndolo justamente a Sarmiento. En 1910 se publican sus apuntes redactados en 1874.

"Bajo mi ministerio – dice Avellaneda – se dobló en número de los colegios, se fundaron las bibliotecas populares, los grandes establecimientos científicos como el Observatorio, se dio plan y organización a los sistemas escolares, y provincias que encontré como La Rioja sin una escuela pública llevaron tres mil o cuatro mil alumnos… Es la página de honor de mi vida pública y la única a cuyo pie quiero consignar mi nombre. ¿Cuál fue la intervención del señor Sarmiento en estos trabajos, que absorbieron mi vida por entero durante cinco años? El nombre del señor Sarmiento al frente del gobierno era por sí solo una dirección dada a las ideas y a la opinión en favor de la educación popular; su firma al pie de los decretos era una autoridad que daba prestigio a mis actos. Su intervención se redujo, sin embargo, a esta acción moral. Supo el señor Sarmiento que había bibliotecas populares y una ley nacional que las fundaba cuando habían aparecido los primeros volúmenes del Boletín de las Bibliotecas, y éstas convirtiendo en una pasión pública. El señor Sarmiento no se dio cuenta de la ley de subvenciones y de su mecanismo sino en los últimos meses de su gobierno. Esto es todo y es la verdad". (Nicolás Avellaneda, Escritos y discursos, VIII, 397. )

Sarmiento apoya decididamente al emperador y a Caxias en la campaña de las Lomas donde los aliados prácticamente liquidan la guerra. Nelly y Obes todavía se hallaba allí. Pero a fines de diciembre de 1868 llega su remplazarte. El marqués declara terminada la guerra el 14 de enero de 1869 sin órdenes de los países signatarios del tratado. Sarmiento lo apoya al emperador en su idea fija de extinguir al pueblo paraguayo. Una carta del 12 de octubre de 1869, a Manuel R. García, nos indica que el lobo ha escapado nuevamente de su cubil.

“La guerra no está concluida, aunque aquel bruto (Solano López) tiene todavía veinte piezas de artillería y dos mil perros que habrán de morir bajo las patas de nuestros caballos. Ni a la compasión mueve ese pueblo, rebaño de lobos” (Arturo .Bray. Solano López. Soldado de la Gloria y del Infortunio). El lenguaje es brutal y descarnado. Nos recuerda el asesinato del Chacho Peñaloza. Ambos son considerados bárbaros sin distingo de nacionalidades. Se trata de la barbarie contra la civilización que le llevan Sarmiento y Pedro II al Paraguay. Este último incorpora esclavos con el dolor de su alma pues debe manumitirlos para contentar a la opinión pública. Y eso le costará mucho dinero dado que hasta entonces trabajan sin salario. Pero el odio de ambos mandatarios es más fuerte, aun a costa del endeudamiento de la Argentina y el Brasil cuyos agentes en el exterior cada vez reciben mayores exigencias de nuevas garantías. Entonces empeñan las que les robarán al Paraguay. Por eso es preciso exterminar y matarlo a todo trance a López, para firmar los tratados de límites con las marionetas de Asunción que entrarán en acción en el escenario movidos por José María de Silva Parahnos. Pero eso recién sucederá una vez que el tirano desaparezca de la faz de la tierra dado que las naciones lo reconocen solo a él como el legítimo presidente. Y si es posible, que con López caigan la mayor cantidad posibles de perros paraguayos que lo acompañan. Ese es el mensaje de Sarmiento. “López sigue de derrota en derrota por los bosques, con mil o dos mil animales que le siguen y mueren de miedo” (L.A. Herrera: El drama del 65.p.86)

Lo dicho por avellaneda ahora constituye una gran verdad. Una persona que habla de este modo no puede llevar bajo ninguna circunstancia el rótulo de educador. Resulta notable el lenguaje. Pero lo que más asombra es que haya quedado oculto tanto tiempo. Al parecer existe un propósito, no solo de falsificar la historia de la guerra llevada al Paraguay sino de la propia República Argentina. No obstante, todo lo que se tiene apuntado entre tanta documentación hay una que llega al paroxismo y que es digna de detenerse a leer varis veces:

“Estamos por dudar de que exista el Paraguay. Descendientes de razas guaraní­es, indios salvajes y esclavos que obran por instinto a falta de razón. En ellos se perpetúa la barbarie primitiva y colonial. Son unos perros ignorantes de los cuales ya han muerto ciento cincuenta mil. Su avance, capitaneados por descendientes degenerados de españoles, traerí­a la detención de todo progreso y un retroceso a la barbarie… Al frenético, idiota, bruto y feroz borracho Solano López lo acompañan miles de animales que le obedecen y mueren de miedo. Es providencial que un tirano haya hecho morir a todo ese pueblo guaraní­. Era preciso purgar la tierra de toda esa excrescencia humana: raza perdida de cuyo contagio hay que librarse”. (Carta de Sarmiento a Mitre, año 1870)

La prueba final que el propio Sarmiento nos facilita para quedar bien probada su calidad de genocida confeso. Al mismo tiempo queda demostrado fehacientemente que la guerra, no es solamente contra López sino también contra el pueblo paraguayo entero. De modo que lo consignado en el tratado, en el que se expresa que la guerra no va dirigida contra el pueblo paraguayo sino solo contra su gobierno, constituye una burda mentira puesta en evidencia por el propio presidente de la nación Argentina de su puño y letra. Mitre se salva por un pelo debido a que entrega la presidencia poco antes del comienzo del genocidio. Ya no existe el paraguay, la tierra donde nací nos dirá el hijo de Tomás Guido quien durante la conflagración combate con pasión la maldita guerra. Su pluma sigue la trayectoria de la espada de San Martín que solo se desenvaina para defender la libertad de América y no para matar pueblos hermanos. La enseñanza y el ejemplo de vida le han sido transmitidos por su insigne padre. Más tarde vendrán otros publicistas e historiadores de su país que desempolvarán los archivos ocultos y darán a luz tanta ignominia. Sienten vergüenza. Uno de ellos, Atilio García Melid, insta a rendir homenaje a los héroes paraguayos anónimos que ofrendaron sus vidas, algunos muertos en las batallas, pero otros pasados al degüello o fallecidos por inanición. Esta prédica tiene eco. Se devuelven los trofeos de guerra. El Uruguay es el primero en presentarse en 1913 para el efecto. Le sigue la Argentina con su presidente, general Juan Domingo Perón, al frente de la comitiva. Solo el Brasil se empecina hasta la fecha en no reconocer el genocidio ni devolver trofeos y menos abrir sus archivos como lo hicieran los otros aliados. Nuevamente San Martín acierta. De ese lado debemos cuidarnos, no sea que nos coman como empanadas al decir de su simpática expresión.

En los tiempos que vivimos: Pedro II, Gastón de Orleáns, José María de Silva Paranhos y Domingo Sarmiento hubieran sido juzgados en cortes internacionales como lo fueran los criminales nazis o más recientemente, el carnicero de la guerra de Bosnia. No obstante, el gesto los ennoblece al Uruguay y a la Argentina, pero es bueno hacer notar que todas las matanzas innecesarias cometidas a partir del 1 de enero de 1869 en adelante aun no han sido resarcidas, Y deben ser objeto de indemnizaciones como sucedió con el pueblo judío. Sin duda el Brasil deberá hacerse cargo del 90%, y por lo que le toca a la Argentina por las instigaciones de Sarmiento el 5%, en tanto el Uruguay el resto, por la responsabilidad respecto de su “ínclito” hijo de triste memoria, Coronel Hipólito Coronado. Recién cuando llegue ese día el Paraguay podrá decir que la trayectoria de la espada de San Martín ha retomado su buen sendero, antes nunca.

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3 Responses to DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO

  1. Emilia Canstat de Macías dice:

    necesitaba datos sobre la donación de muebles utilizados por Sarmiento en asunción de la señora Emilia Canstat de Macías

  2. Humberto Zaracho dice:

    Estimado amigo Dr. Osvaldo Bergonzi: Antes que otra te hago llegar mis congratulaciones por haber alzado este acapítulo del libro de tu autoría. Registra hechos dolorosos vividos por nuestro país, producto del infortunio que lo acometió en el siglo XIx. Y más que nada, los planes de un hombre excéntrico y brutal llamado Domingo Faustino Sarmiento. Ahora bien, solo me falta consultarte sobre quienes fueron los padrinos del Ministro Agustín Cañete, nieto del Padre de nuestra Nacionalidad, que tuvo la valentía y patriotismo de identificarse como descendiente de Francia y desafiar al genocida argentino a batirse a duelo caballeresco por sus ofensas contra los paraguayos. El odio enfermizo y demencial de Sarmiento a los paraguayos se debía a que su hijastro, el capitán Sarmiento, fue una de las bajas experimentadas por el ejército argentino en la batalla de Curupayty Paradógicamente, su destino fue morir en la tierra al que, en carta dirigida al también genocida Bartolomé Mitre, lo calificó como “…Descendientes de razas guaraní­es, indios salvajes y esclavos que obran por instinto a falta de razón. En ellos se perpetúa la barbarie primitiva y colonial. Son unos perros ignorantes de los cuales ya han muerto ciento cincuenta mil…”.

  3. osvaldobergonzi dice:

    Humberto: No te respondí porque desconozco quienes fueron los padrinos de Cañete. Pero aprovecho esta oportunidad para expresarte que al fin los argentinos adoptaron lo propuesto por Sarmiento de matar a paraguayos en el seno materno. Con la media sanción en la cámara de diputados ya se puede matar argentinos en el seno materno. Que pena, verdad. Y pensar que a esta clase de sujetos se le levantan estatuas..

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