DOÑA MELCHORA DA A LUZ UN NIÑO


Extracto de  “BERNARDINO CABALLERO, EL AUTÉNTICO, LIBRO PRIMERO”, de nuestro director

Más al sur, en el pueblo de Ybycuí, Doña Melchora Melgarejo y Genes de Caballero está dando a luz un niño. Ese día 20 de mayo, su padre festeja alborozado la llegada de su único varón a quien bautiza con el nombre de Bernardino. Sus hermanas María de la Cruz, María Luisa y Basilia lo precedieron y le siguieron Asunción y Juana Isabel. En total 6 mujeres para mimar a un varón.

Este constituye el ambiente en que viene al mundo un niño campesino destinado a lograr grandes cosas. El padre y su mujer pertenecen a antiguas familias de la época colonial. Descendiente del capitán Juan Caballero de Añazco, que fuera gobernador de Asunción e incluso de Pedro de Valdivia, prócer de Chile. (Henry Pitou. “El General Caballero”) Entre sus abuelos se encuentran capitanes y gobernadores de linajudos blasones. (Oleary, “El Centauro de Ibycuí”.) Pero hay un detalle curioso. Tanto el recién nacido como sus hermanas poseen el característico tipo sajón. Sin embargo en la investigación genealógica no aparecen los tales apellidos que sirvan de sustento para probar ese origen. No obstante, sus facciones, el color del pelo y los ojos azules lo delatan sin lugar a ninguna duda. Pudo haber sucedido que la línea la trajeran directamente de Europa y sean de origen visigodo o vizcaíno como sostienen algunos pero con apellidos españoles que los hay hasta hoy en España. Puede también que la carga genética se haya transmitido por vía natural dado que no se encuentran en los archivos los ascendientes antes de 1750. Y tal cosa lo prueba el hecho que ninguno de sus biógrafos traspuso en forma ascendente más allá de la tercera generación. En el Paraguay era común que las mujeres rechazaran anotar a sus hijos con apellidos raros de difícil pronunciación. Tanto una unión permanente como una furtiva daba como resultado la aparición de un niño o una niña con apariencia sajona. A extranjeros residentes o publicistas del siglo XlX, como el norteamericano Charles Washburn, les llama la atención esta característica en no pocos paraguayos.

Nos detenemos en esta digresión porque 34 años más tarde, nuestro niño recién nacido de Ybycuí se irá a Inglaterra y allá será confundido en un restaurante nada menos que con Bertie, así llamado cariñosamente por sus súbditos el heredero de la corona, Principe Alberto de Gales, hijo de Alberto de Sajonia y de la Reina Victoria. Aunque no existen pruebas concluyentes que tal cosa sucedió, el notable parecido parece apoyar lo relatado. Pero no lo será solamente con Bertie Windsor sino con quien más tarde llegará a ser Presidente de Alemania, el Mariscal Paul Hindemburg.

Bernardino se vuelve un jinete

La familia Caballero posee campos de pastoreo en la zona y el niño recién nacido crece, se desarrolla y se hace un mocetón elegante. Sobre todo, le gusta montar a caballo en pelo, es decir, sin nada encima, lo cual le permite alivianar peso y ganar en velocidad. En poco tiempo se hace un experto jinete que maneja a los jamelgos como quiere. Es el orgullo de su madre, Doña Melchora, mujer de un carácter de hierro que conduce a su familia con la mirada. La muerte de su esposo le exigió asumir la jefatura del hogar que la ejerce como una gran matrona.

El hijo heredó ese carácter y se benefició de estar rodeado desde joven por cinco mujeres. Es sabido que el hijo varón único con muchas hermanas a su lado tiene la ventaja o el privilegio de conocer a través de ellas la astucia femenina. Es sabido también que las mujeres maduran mucho antes que el varón y que más tarde perciben ciertas cosas que a los del sexo opuesto se les pasa por alto. La mujer, más desconfiada que el hombre descifra gestos, actitudes y miradas como un telegrafista receptor. Especialmente la intuición o el sexto sentido que posee Doña Melchora. Bernardino las ama entrañablemente a su madre y a sus hermanas. Son una unidad granítica como más tarde se verá.

Comienza la era de los López

Entre tanto Carlos Antonio López es el Presidente que sustituye al Supremo. Antes de él, luego del suicidio desesperado de Policarpo Patiño tras la muerte de Francia, hubo un interregno sin relevancia alguna. Pero aquellos contactos militares de Don Carlos dieron su fruto como lo fue el teniente Mariano Roque Alonso con quien compartió el poder durante un breve consulado al estilo romano.

Francisco Solano López, el hijo mayor, viaja a Europa en 1853 con una frondosa delegación. En la misma hay militares de su más entera confianza pero que nunca alcanzarán el grado del mocetón de 13 años que recorre las campiñas de Ybycuí.

Bernardino hace sus primeras letras en su pueblo natal, las pocas oportunidades que un muchacho puede obtener. Otros jóvenes de su edad fueron a estudiar al viejo mundo como Cándido Bareiro, Juan Crisóstomo Centurión y otros, pero hay algo en él que inspira. Por otra parte, las llamadas familias pudientes se negaron a solventar los estudios de sus hijos lo cual obliga al Estado Paraguayo a hacerse cargo de los gastos de los mejores hijos del país, seleccionados sin distinción de jerarquía social alguna. Caballero no pudo por imperativo de su circunstancia acceder a ello pero es un hombre hecho a sí mismo como dicen los ingleses y americanos. De joven tuvo que asumir responsabilidades con su familia y eso forja un carácter.

Francisco Solano ni sabe de la existencia de quien muy pronto unirá su nombre al suyo. Bernardino por su parte, cabalga despreocupado, o mejor, solo agitado en la faena de la marca y cuidado del ganado de su familia. Su horizonte, supone, no traspasará como el de su padre y sus vecinos, más allá de los límites de las cordilleras. Trascurren los años felices de la juventud en tales tareas. Se habla ya que muy pronto un caballo de hierro llegará a Paraguarí. Muchos ingenieros, médicos, farmacéuticos, constructores, arquitectos y técnicos diversos son contratados por el gobierno. Se establece una fundición de hierro no muy lejos de su propiedad. En Asunción ya se botan barcos de ultramar. Un mundo nuevo se les abre a esas personas que hasta ese momento solo conocían al buey Cabayú como único medio de transporte de carga, de mercaderías diversas y pasajeros. Pocas son las diligencias u otros transportes más cómodos tirados por caballos. Contadas familias lo poseen.

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