EL ROBO MÁS ALEVOSO EN LA HISTORIA DEL PARAGUAY


Extractado del libro inédito de nuestro director: BERNARDINO CABALLERO, EL AUTÉNTICO, EL POLÍTICO Y EL ESTADISTA, LIBRO SEGUNDO

Finalmente ya con Gill dominando el nuevo congreso llegan las 600.000 libras esterlinas, es decir, el saldo luego de las mordidas de los comisionistas, corredores de bolsa y de otros pasamanos en Londres. Aquí vamos a transcribir la apreciación del historiador norteamericano Harris Gaylord Warren porque es suya propia y no opiniones de terceros que recogen rumores como lo hace al analizar cuestiones políticas que evidentemente no sabe apreciar muy bien, más aun tratándose del Paraguay. Analiza los hechos con mentalidad de norteamericano como algunos de nuestros paisanos suelen emular. Los mismos, al parecer, creen haber nacido en Boston y no en el Paraguay. Pero la obra de Warrem destaca cuando aborda temas económicos con cifras concretas respecto a los empréstitos de Londres. Afirma este autor: “El dinero, por supuesto, fue a parar a los bolsillos de los hombres del gobierno y otras personas influyentes entre los cuales se contaban Salvador Jovellanos, Benigno Ferreira, Eduardo Aramburu, Pedro Recalde, Carlos Loizaga, Francisco Soteras y Gregorio Benites. Como presidente del senado, Juan Bautista Gill se encontraba en una posición desde la cual podía beneficiarse”. Desde luego en ese órgano de gobierno se aprueban las partidas presupuestarias y según una cita de un autor apellidado Valdez sobre una acusación concreta contra Gill que igualmente transcribimos. Le cedemos la palabra a Gill conforme a la cita de Valdez:“E moi cheve coape 1.000 onzas, jhae ereico cutune(Ponganme aquí 1.000 onzas de oro y usted puede hacer lo que quiere” (Harris Gaylord Warrem, pag. 207, obra citada.) Si nos fijamos bien, los nombres de los ladrones son los mismísimos de la legión paraguaya fundada en Buenos Aires para venir contra su patria, salvo el caso de Gregorio Benítes encargado de negocios en Paris durante la guerra quien más tarde defenderá con una profusa documentación su inocencia. Los demás nunca negaron los cargos. Murieron multimillonarios.

Muchos investigadores caen en el error de lanzar muchas citas pero sin asumir un juicio. Esta vez el investigador lo hace pero con el aporte de numerosas pruebas contundentes, cifras, fechas, remisiones, sumas concretas, imposible de refutar. Por eso en su juicio agrega “por supuesto”.

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