DESECHAR LA POLITICA CERRIL


Por Cándido Silva

El proselitismo colorado mirando los comicios primarios de renovación de autoridades partidarias, previsto para marzo del año entrante, gana aceleradamente en efervescencia a medida que transcurren los días y la excitación se abulta gracias a la inyección de un alcaloide político que bien podría entonar las pasiones republicanas hasta el paroxismo: la inminente Convención Extraordinaria en la que se tratará, cual punto primordial, la modificación de determinados y molestos artículos del Estatuto Partidario, entre otros asuntos de interés institucional, como el cupo de las mujeres en las listas de candidatos y las alianzas electorales.

Visto que el coloradismo continúa gozando de aplastante supremacía en el país, muy por encima incluso del semi oficialista PLRA, es por completo lógico que cuando el internismo sacude los ánimos en la ANR todo la comunidad nacional resulta contagiada por ese dínamo humano que transforma el habitual sosiego ciudadano en ardor cívico, síntoma inequívoco de la presencia de ese factor que confiere sustancia y vigencia a las genuinas democracias: la competencia leal y ajustada a las reglas del Estado de Derecho.

De ahí que deviene sencillo concluir que las festividades de la Virgen de Caacupé, las algazaras de fin de año, la natividad de Jesús, la celebración del Año Nuevo, y el ansiado día de Reyes estarán, no precisamente opacados, pero sí matizados por el componente político que junto a la religión, el fútbol y los placeres mundanos constituyen los temas comunes obligados en cualquier círculo social local, sin importar abolengos familiares u opulencias económicas.

Ah, y las soñadas vacaciones estivales, siempre en campamento republicano, tendrán que posponerse para los albores del otoño o definitivamente trasladarlas al verano del 2012, si las faltriqueras no quedaron exhaustas, obviamente.

Salvando la digresión, es congruente recomendar a los correligionarios de la comarca paraguaya de las ciudades y las campiñas, particularmente a aquellos enfrascados en el electoralismo del momento, a que prediquen con el ejemplo exhibiendo y practicando urbanidad y respeto al semejante en sus respectivas colectividades.

Y esa urbanidad y ese respeto al prójimo abarcan no solo al adversario circunstancial sino también a las franjas poblacionales ajenas al frenesí colorado, porque en toda competencia, certamen o concurso en que intervienen los bípedos dotados de inteligencia y voluntad habrá de observarse escrupulosamente las normas básicas de la tolerancia, el comedimiento y el recato, vocablos sinónimos que distancian a los mamíferos pensantes de las especies instintivas.

Lo que promovemos en esta columna es que si bien el ajetreo doméstico del coloradismo se incrusta significativamente en la vivencia cotidiana de la sociedad compatriota, deben ser los propios afiliados y simpatizantes de la enseña nacionalista los más comprometidos en ofrendar modelos de conducta que capten el asentimiento unánime de sus congéneres extraños al febril correteo de entrecasa.

Si se obsequiasen a los foráneos del internismo pautas de comportamiento asonantes con la continencia verbal y física, la rectitud de las convicciones, las conciencias insobornables, el debate ilustrado y el pacifismo a ultranza, se estarán predicando prototipos que, sin dilaciones ni titubeos, prenderán en la ponderación de gringos y nativos, proporcionando al Partido Colorado

el señalado lucro político que le tenderá a su paso el tapiz persa, en su fatigoso peregrinar hacia el 2013.

Siendo latosamente reiterativos, lo que se busca y pretende, en términos simples y comprensivos, es que durante la campaña proselitista -que extraoficialmente arrancara apenas contabilizado el último voto de los recientes comicios municipales-, se depongan actitudes hostiles, sean de talantes orales como gestuales y corporales; se reverencie la privacidad de los no involucrados, y se privilegie la puja de propuestas e iniciativas en tribunas públicas y abiertas a la participación de los potenciales sufragantes.

Recapitulando, untar de la inexcusable y esquiva credibilidad a la próxima asamblea extra, ametrallada reciamente por sus censuradores, que, esclarezcamos, hacen uso de su legítimo derecho de resistencia, y arribar a unas compulsas internas donde se acaten honorablemente los resultados proclamados por el Tribunal Electoral Partidario surgido del consenso, sintetizan los retos a corto plazo que de sortearse con felicidad sostendrá solitariamente al coloradismo al tope de las puntuaciones cuando todavía restan varias fechas para la clausura campeonato político paraguayo.

 

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