PATETICA COBARDIA POLITICA


Por Cándido Silva

Que paradójico y patético espectáculo el que viene escenificando la élite liberal en Asunción, en el marco de las cada vez más cercanas elecciones municipales.

Temor, confusión, ineptitud y vaya uno a saber cuántos adjetivos más podríamos endosar a los desorientados rectores de la superior asociación política de gobierno, que en actitud incongruente con los laureles cosechados por Facundo Machain, Manuel Gondra, Cecilio Báez y Eligio Ayala, entre otras egregias individualidades del liberalismo paraguayo, deambulan en el más absoluto laberinto existencial a raíz del julepe cerval que concita en ellos el postulante colorado a la Jefatura comunal de la capital.

O, hablando con mayor propiedad, será que el miedo no es precisamente al candidato sino a la misma organización política que patrocina al aspirante, pues en ese caso la situación se torna alarmante para los compatriotas del oficialismo del momento, visto que las candidaturas son pasajeras pero las instituciones perduran, tal cual sucede con la ANR y su centenaria adversaria, cuya añeja rivalidad arranca en el último cuadrante del siglo XIX, allá por 1887.

Reanudando, como consecuencia del pánico político que los atormenta, los azules pactan alianzas electorales con selectos Partidos minoritarios de escaso predicamento en la comunidad sufragante, componendas circunstanciales que benefician a éstas minúsculas entidades en grosero menoscabo de la tradición, la historia y el testimonio de vida de la segunda agrupación política en importancia del país.

Lo reprensible de estos acomodos, a más de deslustrar la trayectoria de una de las partes, es que se conciertan a espaldas de afiliados y simpatizantes e, incluso, de dirigentes de relieve, o sea que los acuerdos no son de consuno pues solo comprometen a un sector de la conducción, probablemente el mayoritario, es cierto, mientras que una nada despreciable minoría, por si fuera poco, vocera del inerme electorado, se opone a enjuagues que enturbian la imagen del Partido, desnudando la nula capacidad de poder de encumbrados miembros del Directorio liberal.

Tanto lucharon los liberales para retornar a la cima política, aunque fuese parcialmente, como ahora, que resulta sorprendente y hasta necio ver a sus principales autoridades, no a todas, aclaramos, correr impotentes en busca de trapicheos que los salve de una debacle electoral que ellos mismos lo admiten y lo pregonan con su pusilánime conducta o diríamos, inconducta política.

Al presente, a menos de dos semanas de la fiesta comicial que convoca a todas las colectividades de las República, conocidos exponentes del liberalismo capitalino exteriorizan formalmente su protesta por el adefesio en que incurrieron varios de sus prominentes correligionarios, encabezados por el propio presidente de su Partido, exigiendo la revocatoria, por ilegal, aseveran, de la atolondrada transada que elimina de la carrera al candidato liberal, quien, contradictoriamente, es el menos interesado en batallar cívicamente en las urnas. Aunque usted no lo crea, parafraseando a un programa televisivo foráneo.

De prosperar a la postre el compromiso electoral convenido en Asunción, que pinta definitivo, a juzgar por el cariz de los acontecimientos inmediatos, el PLRA estaría arriando su añil pabellón, humillando la memoria de sus próceres y sus principios doctrinarios, a la par de burlar la confianza no exclusivamente de sus adeptos de la máxima urbe nacional sino, por extensión, de los miles y miles de hombres y mujeres que por convicción u otros atendibles motivos escogieron enrolarse en las filas de la agrupación partidaria fundada por Antonio Taboada.

El coloradismo, obviamente, de parabienes; no obstante, y pese al anodino mentís de los detractores consuetudinarios, los militantes de la línea nacionalista de ayer, mañana, siempre, apostaron, apuestan y apostarán en el futuro por competir sin más herramientas que la fuerza de su electorado, desechando cualquier arreglo político que desdore su prestigio institucional y merme su caudal de votos. Y ni pensar siquiera en declinar candidaturas consagradas por el pueblo en favor de aspirantes faltos de calor ciudadano, apuntalados por obsequiosos agentes sociales, auxilio engañoso que de manera alguna se traduce en votos contantes y sonantes.

En fin, el certamen comicial se aproxima y los colorados, trabajando cohesionados y a conciencia en proselitismo, aguardan prestos el domingo 7 de noviembre, fecha que, así como se suceden los hechos en la arena política, supondrá el punto de partida de la repatriación liberal a la acre llanura, estado del que emergieron a medias luego de 61 años, lo equivalente a tres generaciones de pataleos al viento.-

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